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miércoles, 3 de septiembre de 2014

Barenboim en Ronda

Daniel Barenboim en Ronda




Es un privilegio poder asistir a un concierto de estas características. Un privilegio, que  la brisa serrana acaricie las gradas de una Plaza de Toros tan hermosa como la de Ronda. Lo es aun más cuando la Orquesta Wets-Eastern Divan nos invita a la concordia (una orquesta formada por músicos Palestinos e Israelíes) proyecto personal de Barenboim y del intelectual palestino Edgard Said. Y es un privilegio poder escuchar estas partituras desgranadas por excelentes (y jóvenes) intérpretes abarcando del más puro clasicismo al espíritu del romanticismo. Frente al atril, Barenboim es puro fuego, es todo su cuerpo el que dirige. Un espectáculo no tan sólo sonoro. Hay fisicidad en la lectura de las obras, incluso una cierta socarronería interpretativa que arranca las simpatías del público. La noche tenía embrujo. Gracias a la Fundación Pública Andaluza Barenboim-Said, se podía degustar un espectáculo irrepetible cuyos siguientes puertos eran ciudades como Pekín (Ciudad Prohibida), Salzburgo, Berlín o Seúl. Todo un lujo. El programa arrancó con la Sinfonía Haffner de Mozart una expresión puramente clásica, dónde ya se adivina la intención mozartiana de elevarse sobre las convenciones a que estaba obligado en su ciudad natal, con un dominio del contrapunto y la búsqueda de una rotundidad dramática, interpretada por la orquesta Al Ándalus. A destacar el Presto conclusivo donde se adivina la teatralidad que más tarde hará aparición en El Rapto del Serrallo o la obertura de Las Bodas de Fígaro. Tras los atronadores aplausos al director (y al genio de Salzburgo), Barenboim regala a la humanidad su concepto de la Sinfonía número 4 del genial sordo (más de 30 minutos de duración) Es este un Beethoven lleno de luz, con un Allegro Vivace agilísimo, poderoso, donde la orquesta tiene ocasión de desgranar un enorme virtuosismo. Sin olvidar el hermosísimo y doloroso Adagio. La Sinfonía numero 7 del mismo autor, fue incomprendida en su época, quizás por su carácter dionisiaco y la duración de la introducción. Aquí el alemán utiliza los metales en un adelanto temporal a su época. El Allegretto de la misma se convirtió en una de las obras más populares del genial sordo, no así el resto de la obra, aunque a juzgar por los aplausos en el coso Rondeño, el público actual sabe apreciar los atrevimientos sonoros y el ímpetu rítmico que con maestría transmitía la orquesta y la genialidad del conductor que (literalmente) interpretaba con su cuerpo la partitura. Carpe Diem. Aprovecha el instante. Noche inolvidable. Todo un privilegio, Don Daniel…

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