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domingo, 21 de septiembre de 2014

El Corredor del Laberinto

La Distopía  como género, se ha consolidado entre en las sagas teenagers y forma parte de rabiosa actualidad; como consecuencia de sus adaptaciones; del mundo del celuloide. Algunas de ellas de gran éxito como Los Juegos del Hambre, aunque todo esto comenzó mucho antes. Entre los mundos distópicos se encuentran clásicos como 1984 (Orwell nunca imaginó a que degradación llegaría su creación del Gran Hermano), La Naranja Mecánica, que en versión audaz (y controvertida) realizo Kubrick de la corrosiva novela. También obras de culto como Blade Runner, según la narración de Phillip K Dick, o la profética: Un Mundo Feliz de Huxley. Ya el cine, se había aproximado a estas sociedades donde el bien común se obtiene con el perjuicio de los ciudadanos y sin su consentimiento (suena familiar), en La Fuga de Logan; después convertida en serie; donde a los ciudadanos a los 30 años, edad limite, se les induce al sueño eterno y se les  entregaba un pasaporte sin visado de retorno. Tampoco la idea del ser humano que despierta en un entorno desconocido; sin saber como y porque ha llegado allí; es novedosa. La excelente cinta  canadiense CUBE, nos mostraba un grupo de personas atrapadas en un desconocido entorno lleno de trampas. En otro nivel, y en los años sesenta, una serie de culto: El Prisionero, mostraba a un agente secreto misteriosamente recluido en un lugar conocido como La Villa. De aquí parte la premisa de este film. El protagonista sube a través de un extraño ascensor, a un lugar habitado por otros jóvenes que han ido arribando allí a lo largo del tiempo. Lejos de desesperarse han organizado una sociedad bastante funcional, y aceptado su situación. El lugar está rodeado por las altas murallas de un gigantesco laberinto que cambia de forma constantemente. Su llegada altera notablemente la forma de ver el entorno de la comunidad y comienzan a plantarse la posibilidad de salir de allí. En este tipo de cine lo de menos son los fallos de raccord, el sospechoso parecido del argumento con otros en boga, o la falta de carisma de los interpretes. Tiene un puñado de escenas de acción entretenidas, aunque sobra la machacona banda sonora, es mucho más oscura que otros productos para adolescentes al uso. Y por último no recurre al tirón sentimentaloide, la única chica que aparece no tiene ninguna empatía con los personajes masculinos. Además el casting ha huido claramente del atractivo físico de los protagonistas, quizás para dar credibilidad al conjunto. Tiene; como cabría esperarse; un esquema plano, pasa de puntillas por la densidad argumental y la intensidad de personalidades. Es previsible en algunos momentos, pero al menos intenta ser voluntariosamente diferente. Cierto que no es El Señor de las Moscas postapocaliptico, pero el hecho de ver el cine lleno de adolescentes, que también han comprado y leído el libreo compensa de sobras estas carencias. Después de todo las películas hay que juzgarlas con los parámetros de su género, y no buscarles coartadas intelectuales. Añadir que algunas de ellas están tienen una factura técnica y artística superior a las chorradas conceptuales que tratan de hacernos tragar en ocasiones. Es lo que hay.

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