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lunes, 8 de septiembre de 2014

Las Diferencias. Barroco en El Real Alcázar de Sevilla

Las Diferencias. Barroco en las noches del Real Alcázar


Causa al melómano, profunda y sana envidia, enfrentarse a una cartelera del nivel de estas Noches en los Jardines del Real Alcázar, pero cada ciudad cuenta con sus presupuestos y economía. El plantel de interpretes a diario, a lo largo de todo el verano, es para quitar el hipo. Añadan a esto que tras terminar estos ciclos; dónde la música antigua se da la mano con el jazz o la música celta; comienza sin más otro mes dedicado a la Bienal de Arte Flamenco. Y con precios asequibles para los tiempos que corren. Sevilla es mucho. Y la cartelera, una gozada para las noches de estío. Si a esto le añadimos el enclave privilegiado del Real Alcázar, se harán una idea de la experiencia de asistir a un concierto ofrecido por una formación con el currículo musical de Las Diferencias, especialistas en música antigua, llenos de talento y frescura. Un programa elegante y de un profundo sabor barroco que pasaba desde Rameau hacia Emmanuel Bach, para deleitar con un recorrido por la Trío Sonata en tiempos de Luís XV. Perfecto el empaste entre los instrumentos del cuarteto, los tempos deliciosos en un dialogo continuo, en fraseos encadenados (y endiablados) como todo buen Barroco que se precie. Deliciosa la interpretación del Cinquiéme Concert de Rameau en el que; como es habitual en el compositor francés; el clavecín no se contenta con asegurar el bajo continuo, acompañando a los instrumentos melódicos -violín, flauta, viola- en el caso de éste concierto, un violone, sino que «concierta» en igualdad con ellos. En alguno de los movimientos consigue desprenderse por completo de la arquitectura barroca y las florituras al uso para definir una melodía de una belleza calma y casi anacrónica. La novedad de estas piezas radica en que incorporan una parte obligada “solista” para todos los instrumentos, incluso para la viola da gamba y el clavecín, cuya función normalmente era la parte de bajo continuo, de ahí que Rameau de título a la colección de: Piezas de clavecín “en concierto” es decir; clavecín obligado en concierto con otros instrumentos. Y los interpretes de Las Diferencias saber extraer de cada uno de sus  aparejos sonoros, un aire evocador y certero del sentimiento de la época. La noche sevillana se llenó del hedonismo cortesano que Raemau o Leclair llevaron al Palacio de Versalles, del refinamiento afrancesado y ¿por qué no? de la artificiosidad de una música, que puede ser criticada por su pulcritud (o amaneramiento), pero que no está exenta de emoción y complejidad técnica. Y los músicos de Las Diferencias superan el reto con excepcional maestría, en esta evocación de danzas, fiestas reales y despreocupación conceptual que caracterizaba la época prerrevolucionaria -también en lo musical, ya que estos compositores andan a caballo entre el barroco y el clasicismo- Un programa excepcional, para unos interpretes también excepcionales, en un entrono envidiable. ¿Se puede pedir más? Por supuesto un bis de Leclair, como regalo para el público, y la sustitución de la densidad. la calidez del sonido de  la flauta barroca, por otra con siglos de antigüedad, y un mayor número de  llaves que aporta un sonido cristalino, potente y de mayor agilidad. Después los espectadores hubieron de abrir los ojos.Comprender que habían despertado de un sueño de tapices, alfombras y pelucones. De rostros blanqueados con polvos hechos de harina y arroz. Grandeza y miseria del Barroco. Recordaremos mucho tiempo a este cuarteto. !Mercie Beaucoup¡ a Las Diferencias por esta música inolvidable.

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