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miércoles, 1 de octubre de 2014

Retrato de un asesino. Jack el Destripador .Caso Cerrado de Patricia Cornwell



Dentro de las teorías que rodean al asesino de siete mujeres en otoño de 1888, que sembró el pánico en Londres, e hizo volver la mirada hacia la miseria de Whitechapel, el hogar de la “gente del cubo de la basura”, donde las desdichadas; como se les conocía vulgarmente; luchaban por sobrevivir y alimentar a sus hijos con la profesión más antigua del mundo, se encuentran de las más racionales, a las más descabelladas elucubraciones. Por menos de un penique se podía gozar de los favores de estas infelices que atendían a marineros, borrachos y morralla, ocultándose en callejones húmedos y sombríos, habitados de moscas. Mujeres desnutridas que en patios y escaleras lejanos, atendían a clientes que, afortunadamente, estaban tan alcoholizados como ellas, y eran fáciles de engañar. La policía era ineficiente con sus medios. Desconocían cualquier técnica actual de investigación científica, ni siquiera eran capaces de distinguir la sangre de un animal de la de un humano, o aplicar  el descubrimiento realizado por el argentino Vucetich, sobre las huellas digitales. Un coto de caza excepcional para el sicokiller que campó a sus anchas por las calles del East End, donde la niebla impedía la visión de alguien unos metros más allá. En una zona donde las trifulcas, las peleas domésticas y las bandas delincuenciales campaban a sus anchas, nadie se preocupaba por lo que sucedía. Este era un campo de recreo para un depredador inteligente y frío como el hielo. De haberse utilizado en la época las técnicas de que disponía la autora durante la elaboración de este libro, es posible que la identidad del merodeador londinense hoy en día no fuera un secreto. Los análisis actuales y los avances en criminología hubieran facilitado el acercamiento al criminal. Y así es como Patricia Cornwell intenta resolver una de las mayores incógnitas, la identidad, el nombre que se ocultó bajo el apodo de Jack el Destripador. Y lo hace como si se tratase de una novela de Kay Scarpetta, su detective novelesco, pero aplicando las más modernas técnicas en el campo de la investigación criminológica. Todo ello tras un objetivo (o una obsesión) huyendo de las teorías conspiratorias; tan cinematográficas; que implican a al Casa Real en los crímenes, la autora trata de demostrar que tras la fachada de este  monstruo se ocultaba el pintor Walter Sickert. Para demostrar su teoría gastó una fortuna en la adquisición de cuadros, correspondencia, documentación, archivos, etc, que analiza con la eficiencia de un detective. Estas páginas son un estudio caracterológico del pintor,  basado en declaraciones de la época, notas y cartas, que revelan un personaje de rasgos sicopáticos, narcisista y mentiroso patológico. La investigación transcurre como una novela, progresivamente. La aportación de datos, grafología, ADN, etc termina llevando a una cierta lógica. El estudio de los cuadros del pintor con sospechoso parecido a las escenas de crímenes o patéticos rostros de prostitutas, presentan cuando menos una sombra de extrañeza sobre las elecciones artísticas de Sirkert.
Varias son las aportaciones al imaginario del Destripador, que añade la autora. La más destacada, es su afirmación sobre que los crímenes no terminaron con los llamados “canonicos”, que consideran que el último fue la orgía demencial que realizo sobre la infortunada Mary Kelly. Para esto añade documentación  sobre otros posteriores no resueltos y datos que aclaran donde podía encontrarse el pintor en esas fechas. Incluso en aquellas callejuelas, acostumbradas a todo tipo de violencia y miserias, estas muertes impactaron por su crueldad inaudita e incomprensible. A pesar de presentarnos un sospechoso manipulador, embustero, falto de empatía, esto no lo convierte necesariamente en el asesino que aterrorizó aquel otoño las desventuradas callejuelas del inframundo londinense. Algunos de los descubrimientos realizados, destacan por que en su día escaparon a la investigación policial: el papel utilizado en las supuestas cartas era caro y extraño en una sociedad donde el analfabetismo y la miseria campaban a sus anchas. Si algo queda claro tras esta lectura (entretenida, bien documentada y estructurada) es que todavía queda mucho por decir sobre Jack The Ripper.

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