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jueves, 27 de noviembre de 2014

La Biblioteca de los Muertos. Glenn Cooper



Glenn Cooper es un licenciado en Arqueología y Medicina, reciclado en creador de Bets-Sellers, oficio de resultados más lucrativos que el primero y menos estresante que el segundo. Su saga de los extraños monjes pelirrojos ha vendido millones de ejemplares. Utilizando recursos habituales en este tipo de literatura alterna varias épocas históricas en la trama, con un enlace común. Desde la Bretaña del  siglo VIII, hasta la actualidad pasando por la Europa de la Segunda Guerra Mundial. Policías, monjes medievales o el mismísimo Churchill, se pasean por este thriller de lectura leve y resultados acomodaticios. La literatura fast food, ha adquirido unas características clónicas, que son del agrado del lector de este tipo de creaciones. Los esquemas se repiten, con pequeños cambios, y la fidelidad del lector nunca se ve sorprendida por introducciones foráneas que alteren su ritmo digestivo de lectura. Son libros que entretienen si uno se deja llevar por la marea. El truco en esta variedad de lectura, consiste en no hacerse demasiadas preguntas de tipo técnico o lógico. Aunque es cierto que algunos autores manejan con soltura determinados parcelas de conocimiento, por haber ejercido profesiones afines, o por mor de una  investigación exhaustiva (Grisham y sus thrillers judiciales, Noah Gordon en su saga sanitaria, Douglas Preston con sus detectives) la mayor parte de las aportaciones al género, parten de una idea brillante para evaporarse a mitad del camino. 
Este es el caso de estos monjes escribanos compulsivos, que van dejando constancia en sus pergaminos, de fecha y hora del nacimiento y muerte de todos los humanos que han existido y existirán. El argumento entretiene, se lee fácilmente, ya que utiliza otro de los lugares comunes del género: la escritura cinematográfica. Capítulos rápidos en forma de guión, muchos diálogos y dejando en suspenso cada espacio temporal en el siguiente, para atrapar al lector. Los más exigentes tan sólo encontrarán un pasajero entretenimiento, con vocación de continuidad, y de saga millonaria. El final se antoja algo precipitado. El  deseo de continuar la historia, quedaba patente en este volumen. Una simple, descafeinada y entretenida lectura cuando se está disfrutando de un mojito bajo el sol y no queremos que las neuronas trabajen en otra dirección.



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