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viernes, 12 de diciembre de 2014

TOCANDO FONDO (SMASHED)


                                           


Año: 2012
Duración: 78 min.
País: Estados Unidos Estados Unidos
Director: James Ponsoldt
Guión: Susan Burke, James Ponsoldt
Música: Andy Cabic, Eric Schuman
Fotografía: Tobias Datum
Reparto: Mary Elizabeth Winstead, Aaron Paul, Octavia Spencer, Mary Kay Place, Nick Offerman, Megan Mullally
Género: Drama | Cine independiente USA.

Cuando se enfrenta a una película como Tocando Fondo, el primer temor del espectador es encontrarse frente a lugares comunes, o rancios discursos sobre temas una y mil veces vistos en pantalla. El alcoholismo ha sido visitado por el cine en obras notables como Días de Vino y Rosas de Blake Edwards o Días sin huella (1945) de Billy Wilder. Leaving las Vegas mostró la vertiente más cruda de la mano de Mike Figgis y su descenso a los infiernos, sin concesiones comerciales, que sí estaban presentes en 28 días, con la Bullock intentando desencasillarse de su imagen de comedia banal. Cuando un hombre ama a una mujer (1994) de Luis Mandoki,  mostró a una Meg Ryan con aspiraciones a Oscar. Nada de esto es Tocando Fondo. Las intenciones del director de desmarcarse del drama desgarrado, o de la comercialidad de productos como los referidos, quedan patentes en el fondo (y en la forma). Sus vestiduras claramente Indies, su premio en el Festival de Sundance o la nominación a mejor actriz para Mary Elisabeth Winstead para el galardón Independent Spirit Awards, nos indican por dónde van los tiros. El guión es arriesgado.  Las posibilidades de patinazo en este espinoso foro, son saldadas por el director sin entrar a matar al toro. El matrimonio formado por Mary  Elisabeth Winstad y Aaron Paul (Breaking Bad) pasas los días envueltos en la alegría de los vapores etílicos, hasta que ella comienza el descenso y despierta en un descampado; entre vagabundos; después de haber fumado crack. El director opta por una puesta en escena que evita síndromes de abstinencia, escenas excesivamente abruptas, huyendo de lo escabroso y carga las tintas sobre las relaciones humanas y sus consecuencias. El marido de la protagonista es un inmaduro con el Síndrome de Peter Pan, que pasa sus días entre juergas, videoconsolas y alcohol, sin apoyar para nada a su esposa. 


En la visita a la madre (también alcohólica) para contarle su superación y buscar apoyo, esta les ofrece como respuesta unas copas y una falta de empatía que causa pasmo. Incluso las posibles nefastas consecuencias de conducir una bicicleta borracho, se saldan con un pequeño susto. No descendemos a los abismos de la destrucción moral y física, a la sordidez de la enfermedad, como en algunas de las referidas cintas. El peso de toda esta arquitectura descansa sobre a interpretación convincente, fresca y natural de Winstead. Los elementos dramáticos están dosificados y ese aire independiente y espontáneo, beneficia a una narración que basa la fuerza en su propia modestia. La valentía y sinceridad del director para abordar sin adornos, sin efectismos falsos de cara a la comercialidad, esgrimiendo interpretaciones histriónicas o pasadas de rosca. 
Otra obra más para añadir a esa interesante corriente del Cine Indie  que se refiere al desamor, abanderada por filmes como Blue Valentine (2010), Rabbit Hole (2010) o Like Crazy (2011). En el lado positivo la magia que destila la sensible interpretación de Mary Elizabeth Winstead, una actriz a tener en cuenta, y que ya destacó en el papel de Ramona V. Flowers en Scott Pilgrim contra el mundo (2010), o el claro progreso del director hacia ese renovador y fascinante fresco de infancia y adolescencia que resultó en Aquí y Ahora (2013). El balance menos positivo nace de esa creencia, común, de que los movimientos de cámara al hombro (steadycam) facilitan un lenguaje de aproximación cotidiana, o dan pátina de independencia, cuando en la vida real nuestro cerebro equilibra para que no se mueva todo alrededor. Los partidarios del DOGMA, que cabalguen sobre una montaña rusa, si ello les place. Para completar el aroma Indie de la cinta, el soundtrack abarca desde Andy Cabic y Eric Schuma:, autores de una composición musical con tinturas folk; junto a temas de Dark Meat o Sonny and the Sunsets. Bill Callahan firma los créditos finales con su hermosa canción: Our Anniversary




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