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viernes, 23 de enero de 2015

PARA ELISA.2014


                                                      


Cada vez hay más jóvenes realizadores que se decantan por el fantástico o el terror para elaborar sus operas primas, iluminados por el faro de aquellos que han obtenido sus laureles como neófitos en un difícil, y a la vez gratificante, género que acoge gran número de aficionados y seguidores. Arriesgarse forma parte del juego y el resultado puede suponer el lanzamiento del director o la indiferencia, pese a que el esfuerzo para poner en pie el edificio es el mismo en ambos casos. Para Elisa se halla a medio camino entre el cortometraje y la cinta estándar, ya que no encontramos ante un extraño híbrido infrecuente en la pantalla: el mediometraje. En sus 70 minutos, la película es oferente y prometedora de otros menesteres, para luego coquetear con el lugar común y el adocenamiento. La historia de una estudiante, que como fuente de ingresos, recurre a un anuncio para ejercer de canguro, la llevará a un mundo paralelo, donde una antigua pianista sicotica mantiene a su hija vestida como una muñeca de porcelana, en tanto le busca otras compañeras para su colección. Con referencias a The House of the Devil  o joyas como A L´interieur, la cinta esta dotada de una fotografía apreciable y maneja el tema musical principal (Para Elisa) como un instrumento más de inquietud y desasosiego. La promesa inicial se va transmutando en cliché a pesar de la notable interpretación de Diamantina (la pianista sicotica) y las esforzadas perfomances de las jóvenes Ona Casamiquela y Ana Turpin, con un reto como es equilibrar la desmesura con la naturalidad, particular reservado para actores muy curtidos. Lo peor es cuando la trama se introduce directamente en el “gran guignol” con ramalazo gore, cuchillo de carnicero y miembro amputado como toda referencia. Cierto es que se evita convertir a la protagonista en un “scream queen”, y esta falta de gritos se debe en parte a la pócima paralizadora que la pianista echa en la bebida, por lo que el “tour de force” de la protagonista se basa en comunicar la angustia de esa parálisis a la hora de escapar. Bebiendo claramente de fuentes como ¿Qué fue de Baby Jane?, Psicosis, Muñecos Infernales, o de Misery en la escena de quebrantamiento de las piernas, el resultado final deja insatisfecho al espectador. Por no faltar, se nos regala el consabido plano de muñeca de porcelana victoriana para crear inquietud. Destacable la secuencia en la comisaría donde el novio de la joven acude a denunciar su desaparición y se encuentra con dos policías (Pep Antón Muñoz y Enrique Villén) dos émulos de Pepe Gotera y Otilio; mezclando café con el boligrafo; que ningunean la situación y le mandan a freír espárragos, basándose en el protocolo. Esto si que es verdaderamente terrorífico. Sin perder el aroma de cortometraje engordado, este producto fallido contiene sin embargo el germen de lo que podrá dar de si en un futuro Juanra Jiménez. Hay creación de atmósfera. En ciertos momentos se transmite la angustia, pero se desaprovecha dotar a los personajes de psicología y se abusa del lugar común. Como curiosidad reseñar que la composición llamada Para Elisa, tan conocida por los alumnos de preparatorio, se denomina así por una errónea trascripción ilegible del autor y debería titularse Para Therese. Si en alguna ocasión le invitan a café en un caserón repleto de muñecas de porcelana, tules y puntillas, utilice su mejor excusa. No acuda.


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