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martes, 24 de febrero de 2015

Lucy. Fállida pirotecnia Bessoniana

                             


La última aportación del más americano de los directores franceses deviene en ridículo thiller scifi, con esforzados intérpretes, desperdiciados entre la pirotecnia y el exceso conceptual, sin que la estimulante presencia de la señorita Johansson, salve del naufragio la incoherencia narrativa y el dislate formal. Desde los ridículos insertos: vía Discovery Channel, hasta la violencia chulesca e innecesaria de producción menesterosa, para desembocar en un final mostrenco y ruborizante. Ni siquiera la presencia icónica de Morgan Freeman; omnipresente en tantas producciones que en aquellas películas donde no forma parte del elenco, el espectador se pregunta si se habrá equivocado y estará en el teatro; consigue salvar o canalizar este despropósito. Desaprovechado también el camaleónico Choi Min.Sik (Old Boy, Mr. Vengeance, Encontré al Diablo) como un malo de manual, sin aristas, perfiles ni opciones de interpretación. El diseño lisérgico de un film, que parece rodado estando en ácido, provoca irritación, especialmente esa ridícula escena con la señorita Johansson convirtiéndose en un ordenador de última generación, como adivina milagrosamente un Morgan Freeman desnortado. Ni funciona como thriller, ni como mensaje seudofilosofico new age. La lluvia de efectos especiales termina por agotar y no oculta un inexistente contenido dentro del envoltorio. Salvando las secuencias de acción pura y dura donde Besson demuestra su dominio del género, el resto del desatino que desemboca en un "deux ex machina" con claros referentes (Scanners, Tetsuo, El Cortador de Cesped) y, por supuesto: Sin Límites de Bradley Cooper, o el Trascendente con Johnny Depp. Aquí el espectador se pregunta si la droga que ha producido esta alteración en la protagonista, también ha sido ingerida por el director. 




El papel de Freeman es el de un prescindible maestro de ceremonias que nos va explicando lo que ya estamos viendo. Esta salida de tono del otrora director de obras como El Gran Azul, Nikita, El Profesional, está arropada musicalmente por su músico de cámara: Eric Serra. Partitura donde la electrónica y los sintetizadores campan a sus anchas en una obra difícil, dado que el argumento no permite desarrollar melodías propiamente dichas al que fue premio César por la banda sonora de El Gran Azul. Destacar la voz femenina coral de Melt Into  Matter. Con la misma formalidad científica que una predicción de la bruja Lola y un guión escrito por Chiquito de la Calzada, los insufribles y prescindibles primeros planos de la protagonista no captarán siquiera la atención de los Johansonfílicos que no desean ver a su musa en aquestas lides. Aventuremos la posibilidad de que Morgan Freeman esté endeudado con alguna mafia, y se vea obligado a aceptar este tipo de papeles surrealistas (en el sentido patético del término).

 Deudora del anime (Elfen Lied) mas desquiciado, este pastiche de filosofia de saldillo, interpretaciones robóticas, carente de pudonor, con Freeman rememorando su Secretos del Universo, deviene un Matrix descafeinado y liofilizado. El resultado hace desear el regreso del director de Angel-A, La Fuerza del Amor, El Quinto Elemento, incluso la relamida Juana de Arco o Transporter. Que se olvide de hacer cameos (es uno de los médicos en la película) y retorne al cine. Aunque sea con sus heroínas de diseño de los 90, implacables y justicieras. No este mejunje descafeinado, que no satisface ni a los numerosos adoradores de Scarlett, y que deja a Freeman preguntándose ¿Qué he hecho yo para merecer esto? La protagonista desarrolla entre otros increíbles poderes (hasta convertirse en una suerte de Dr Manhattan de Allan Moore) la memoria infinita en un giro borgiano a Funes el Memorioso. El espectador deseará acceder al olvido infinito tras su visionado. 


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