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jueves, 23 de abril de 2015

El Quinto Jinete (IV) Capitulo 5. Coppelius de E.T. A. Hoffman

                                                     








Coppelius es la adaptación uno de los más prestigioso relatos de E.T.A. Hoffman, escritor adscrito al romanticismo, y músico, reconocido por sus aportaciones al mundo de la literatura fantástica, especialmente por sus cuentos de hadas y su obra “Los Elixires del Diablo” Con las correspondientes licencias, los guionistas insertan la historia en un Renacimiento primerizo, lo que permite al directo mostrar escenarios de ciudades medievales en una ambientación bastante bien cuidada. Aquí aparece uno de los defectos de esta serie: la falta de información en los créditos acerca de las localizaciones y sobre la banda sonora. Desconocemos cual es la ciudad donde se realizó el capítulo, así como el título del concierto para oboe que suena insistentemente durante el relato visual. 

El relato original se desarrolla en forma epistolar, con la correspondencia entre Nataniel y sus amigos, y un narrador omnisciente que se va intercalando en la historia. Nataniel nos relata su terror en la infancia hacia el hombre de arena, que en la versión de Hoffman es un siniestro abogado; ignoro porque eligió esta profesión; de aspecto repulsivo. En la versión televisiva, Coppelius es un alquimista, oculto bajo la querencia por el exceso del excelente Narciso Ibáñez Menta. Este actor, amante de personajes extremos y las caracterizaciones barrocas, no en vano imitaba al gran Lon Chaney (El Hombre de las Mil Caras), es también conocido por ser el padre de Narciso Ibáñez Serrador. Su hijo también realizaría una obra mítica, la reconocida serie “Historias para No Dormir”, que robaría el sueño de los televidentes en un mundo en blanco y negro. Ibáñez Menta protagonizó un hito televisivo como “El Asfalto” tan solo comparable en tensión a la celebrada “La Cabina”, interpretada por José Luis López Vázquez. 
También sería uno de los actores que se introducía la narración y la cultura en aquellos años en el famoso y añorado Estudio 1, dónde las mejores obras de la dramaturgia universal, acompañaban semanalmente al españolito de a pie. Nataniel está interpretado por Eusebio Poncela, uno de los actores más representativos de las postrimerías del franquismo. Forjado en el teatro, el cine de autor y las series de tv, es uno de los más relacionados a nivel de espectador, con la Transición y los balbuceos de la democracia. Camaleónico, capaz de integrarse en experimentos visuales innovadores cono “Arrebato” (1979) de Iván Zulueta o lucirse en un Estudio 1 junto a primeras espadas, como Juan Diego y Marisa Paredes en “Los Bandidos”, adaptación televisiva del drama histórico de Schiller. El gran éxito le llegó con su papel de Carlos Deza en una celebrada adaptación de Gonzalo Torrente Ballester: Los Gozos y las Sombras (1982). Nataniel está comprometido con su prima Clara, mujer práctica y de gran belleza que le sirve de equilibrio, pero vive obsesionado con el temible Copellius, quien en su infancia le quiso sacar los ojos, para sus experimentos alquimistas con el padre de Nataniel. Después de la muerte del padre por una explosión en el laboratorio, Coppellius desaparece y la vida sigue adelante. Hasta que años después, Nataniel cree verle reencarnado en la persona del mercader Coppola, aunque sus amigos le explican que es imposible porque ya era un anciano, cuando ellos eran niños y no puede ser el temible Hombre de Arena de sus pesadillas. 
Clara está interpretada con eficiencia por Mercedes Alonso, otra veterana de la plantilla de Tve, dotada de una peculiar belleza que la encasilló como mujer fatal. Tras vivir éxitos como Las Chicas de la Cruz Roja (1958) o Quince Bajo la Lona, años después iniciaría una etapa televisiva (Estudio 1, Suspiros de España). Clara trata de convencer, inútilmente a Nataniel de lo absurdo de sus  creencias. El mercader Coppola consigue vender a Nataniel un catalejo. En el original literario, se trataba de unos binoculares, pero la adaptación histórica, así lo requería. A través de ellos, descubre al amor de su vida, Olimpia, en la ventana del profesor Spalanzani, que organiza una fiesta para presentar en sociedad a su hija. 
Aquí encontramos el mayor distanciamiento de la génesis literaria con la ficción televisiva. Si en el relato la mayor parte de los estudiantes se percataba de que había algo extraño en la actitud de Olimpia, en sus movimientos automáticos y falta de expresividad, el capítulo pasa por encima de esta aspecto tan importante, dejando que Nataniel se enamore locamente de una mujer inexpresiva y de movimientos automáticos. 

Nataniel vive una extraño romance con Olimpia (Maria Rubio, habitual en las películas de Jess Franco), dejando a Clara y enfrentándose a sus amigos. Un día al ir a visitarla oye gritos en casa de Spalanzani. Al entrar en la habitación ve como éste lucha con el siniestro mercader Coppola, disputándose el cuerpo de Olimpia, que comienza a deshacerse, ya que se trata de un maniquí animado. Spalanzani pierde el sentido y le dice a Nataniel, que el realizó todos los mecanismos de relojería que animaban el autómata, pero que los ojos eran los de su padre, robados por Coppelius en la explosión. 


Tras una crisis  Nataniel parece restablecerse y vuelve a los brazos de Clara. Un día durante el paseo, Nataniel y clara suben a la torre donde Clara le dice que mire a lo lejos. En la narración de Hoffman la catarsis se produce al mirar Nataniel por los binoculares, pero aquí Nataniel vuelve a la insanía de repente y atrapa a Clara gritándole “Baila, muñequita de madera”. La mujer logra zafarse. Al contemplar Nataniel; desde la torre; como Coppelius le observa desde abajo, se lanza la vacío gritando “Hermosos ojos, hermosos ojos”. Aunque no es excesivamente fiel al argumento original y se disgrega demasiado tiempo en bailes, o escenas de laboratorio de colores sicodélicos y surrealistas, es uno de los capítulos mejor adaptados a nivel de vestuario y ambientación. No llega a conseguir el clímax trágico que se requería, quizás lastrado por la insistencia en detalles tangenciales o superfluos. 
Colaboran a la calidad dramática, la austriaca María Perchy, icono del terror setentero europeo y adscrita a la nómina carpetovetónica de Paul Naschy (Exorcismo) o a la Trilogía de los Templarios sin Ojos, de Amando de Ossorio (El Buque Maldito). Perchy llegó a participar en la excelente comedia “Su Juego Favorito” con Rock Hudson. Aunque en breve papel de padre, encontramos a Ramón Corroto, otro habitual de la época procedente del Teatro Español Universitario, de inconfundible dicción, que se recuerda por su interpretación en la serie Los Tres Mosqueteros; tristemente irrecuperable; donde interpretaba a  Luis XIII, y que fué el bautizo televisivo de un joven Sancho Gracia en el papel del gascón D´artagnan. Corroto participaría en otro episodio de El Quinto Jinete, interpretando a  Gil en la mejor entrega de la serie “Los Dados”, basada en Tomas Quincey, que fue emitido independientemente, años después de finalizada ésta, en septiembre de 1977

 

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