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domingo, 24 de mayo de 2015

El Desastre de Anual. Ricardo Fdez de la Requera y Susana March. 1963




El matrimonio formado por Ricardo Fernández de la Reguera y la poetisa Susana March abordan en 1963 la realización de unos nuevos “Episodios Nacionales” en la línea de los que escribió Benito Pérez Galdós. De sus plumas surgieron estos viaje histórico a los que denominaron “Episodios Nacionales Contemporáneos”, y que llegaron a ser doce: “Héroes de Cuba”, “Héroes de Filipinas”, “El fin de una regencia”, “La boda de Alfonso XIII”, “La Semana Trágica”, “España neutral (1914-1918), “El desastre de Annual”, “La Dictadura”, “La caída de un rey”, “La república”, “La guerra (1936-1939) y “La postguerra”. En el libro dedicado al hundimiento del ejército español en Annual y sus consecuencias políticas, se narra la tragedia de unos hombres que fueron enviados a la muerte por un conglomerado de incompetentes y corruptos, con el beneplácito de un monarca más preocupado en sus cacerías, carreras de galgos y películas marranas, que en la realidad del país. 10.000 hombres encontraron una muerte; horrible en la mayoría de los casos; entre las arenas inhóspitas de un país en donde a España no se le había perdido nada, salvo mantener las apariencias de un agonizante imperio de cartón-piedra, favorecer el ascenso de los militares africanistas, o alimentar el sueño de explotación minera de un grupo de empresarios que veían los toros desde las tablas.

Actualmente descatalogada, cuando se escribió la novela el Expediente Picasso estaba oculto, de modo que los autores desconocían parte de la historia. El hecho de que no aparezcan algunas situaciones históricas no afecta a la calidad literaria. La narración está llevada cronológicamente con pulso firme y amplio trabajo de buceo documental, pero sin perder el brío narrativo que convertiría una notable obra narrativa en un ensayo o en periodismo de investigación. Ricardo Fernández de la Reguera, dedicó su vida a la docencia. Su relación con Susana March dio como fruto la serie de libros que recorren algunos de nuestros periodos históricos desde la Guerra de Cuba, hasta nuestra contienda fratricida. Con el fallecimiento de Susana, abandonó el mundo literario. Bebiendo de un realismo galdosiano, introduce a sus personajes en lo cotidiano, el absurdo de la guerra, la manipulación del ser humano por los acontecimientos, aunque se le ha criticado su limitada convicción al desarrollar los personajes femeninos. Entre sus obras mas interesantes se encuentran “Perdimos el paraíso” (1955)
















Esta novela  obtuvo el Premio Internacional Club de España. Protagonizada por  dos niños que observan el mundo adulto desde su perspectiva. En “Cuerpo a Tierra” regresa al absurdo de las contiendas en la piel de un personaje que va a la guerra sin conocer siquiera los motivos, como una oveja al matadero. Su esposa, Susana, llegó temprano al mundo de las letras, ya que con catorce años publicó su primer libro de poemas. En 1946 publica “Ardiente Voz”, obra que la consagra como un clamor que canta al deseo o trata de complementarse con el otro. Se apartó de este tema en su obra “Esta mujer”, donde aparece una crítica a la burguesía de su época. La historia desarrollada en el “Protectorado” de Marruecos, extraño eufemismo para camuflar la colonización y explotación de recursos de la zona, nos relata con notable brío los días precedentes a la masacre que se llevó las vidas de tantos españoles. Desfila por sus páginas aquel ejército en alpargatas, temeroso de los belicosos rifeños, formado por tropa de reemplazo que no tenía medios para pagar la exención del servicio como los hijos de las clases pudientes. Arrojados al infierno por un gobierno de mediocres, rodeados de oficiales ineptos o corruptos, mal entrenados y peor pagados, eran presa fácil para unos guerreros milenarios, por cuyas tierras los invasores pasaron de largo en los siglos anteriores. 



Los oficiales pagaban a las cabilas por  realizar pequeños simulacros de combate, les vendían municiones, armas, y negociaban con las caballerías. La corrupción llegaba hasta el rancho de la tropa, mermado para enriquecimiento de oficiales innobles. A lo largo de las páginas desfila el sufrimiento de unos hombres perdidos y abandonados a su suerte, que debían beber sus propios orines para sobrevivir un día más, que eran castrados por los rifeños, mientras Alfonso XIII alentaba al general Silvestre a seguir adelante con aquella locura. El asedio de Igueriben, la terrible matanza de Monte Arruit, la traición en Monte Abarrán, desfilan ante los ojos del lector en un prosa certera y elaborada que dota de vida a los protagonistas, sin perder el sentido de certeza histórica, pero  no se deja arrastrar por la prolijidad informativa. En cuanto a la descripción de los naturales del país, sus motivaciones y percepción de la situación; que hubiera sido recomendable; perjudica el excelente ritmo narrativo. 
Los rifeños, no adquieren el matiz de personajes necesarios para redondear la obra. Tan solo unas pinceladas destacando su crueldad con los vencidos. Quizás por que en la época en que se escribió, aún no aún existía la conciencia de que ellos eran los defensores de una tierra invadida por nuestras tropas. La perspectiva de la narración parte desde la cotidianeidad del soldado raso. Los sufrimientos, las carencias, la crueldad de una naturaleza a la que no estaban acostumbrados. Analfabetos, sin preparación militar, los llamados “borregos”, morían como tales entre las milenarias arenas del Rif. Durante años estos héroes no fueron reconocidos como debían. El Régimen Franquista se encontraba ocupado narrando su versión de la historia, donde se obviaban los bombardeos con gas sobre poblaciones marroquíes, o la utilización de mercenarios sanguinarios para combatir a las cabilas. Una página olvidada durante muchos años. Las víctimas de aquella insanía aún no han obtenido el reconocimiento que se merecen.





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