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miércoles, 16 de diciembre de 2015

Condenados. Miedo a lo diferente

                                     




 ¿Dónde está Atom Egoyan? Es la pregunta que le surge al cinéfilo desde las entrañas tras concluir el visionado de esta acomodaticia realización, con envoltorio de telefilm y desgana narrativa. El director, de capa caída desde su; ausente de riesgo; Clhoe (2009), o la irregular “Adoration”. En Clhoe, realizaba el innecesario remake de la francesa “Natalie X” (Depardieu, Fanny Ardant), acusaba cobardía en el tratamiento del submundo de la pareja, y dejaba escapar la oportunidad de ser un film perturbador, bajo el engañoso envoltorio de la puesta en escena preciosista. Pese a la esforzada interpretación de Julianne Moore, la correcta (como siempre) de Liam Nelson y el añadido de una Amanda Seyfried que desnuda su piel, pero no su alma, y desaprovecha las opciones sicológicas del personaje, desbarrando en su tramo final con las peores influencias de bodrietes como “Atracción Fatal” y similares. 
No hay nada en “Chloe” del antaño realizador de obras notables como “Next of Kin” “Exótica”, “El Liquidador,” “Ararat”, “El Viaje de Felicia”, o su obra mas notable “El Dulce Porvenir”. Nada de la insanía, de la sexualidad heterodoxa o la ambigüedad perversa de aquellas. El argumento peca de políticamente correcto. Es éticamente lo opuesto a las anteriores apuestas del autor armenio-canadiense. Un argumento prefabricado envuelto en papel celofán, música de Vivaldi, y énfasis en lo visual, con detrimento de lo conceptual. A diferencia de la tensión que el original creaba entre los actores, Egoyam deja escapar lo mejor en cuanto a jugar al despiste narrativo, y dilapida el juego erótico de la palabra desarrollado en el original francés, que no precisaba de piel expuesta. Nunca terceras partes fueron buenas. 
Por ello la versión de Egoyam de “Atracción Fatal” que a su vez es un plagio del “Escalofrío en la Noche” del ínclito Eastwood, no figura entre lo mejor del antaño ganador en Cannes. Un envoltorio correcto y minucioso, pero alejado del cromatismo de la riqueza visual y el “nada es lo que parece” de “Exótica” su obra/bandera. 
El reverso de lo cotidiano, la normalidad morbosa, tan hábilmente manejados en otras cintas, se escamotean al espectador en la trama de “Condenados”, siendo tan sólo una leve insinuación en los títulos finales que siembran el desencanto. La historia prometía. Unos hechos reales conocidos como “Los Tres de Memphis”, abordados en el recomendable documental “West of Memphis” (2012), que podrían haber devenido en un estudio antropológico sobre el “hecho diferencial”. 
O en un análisis de la religiosidad extrema, del fanatismo o del rechazo a los que se consideran “diferentes” en estas pequeñas comunidades, donde los redneck (paletos) campan a sus anchas. El ritmo narrativo lento, se dilata innecesariamente. Toda la película está imbuida de una profunda e innecesaria tristeza (también narrativa) El desaprovechado personaje de Colin Firth, no termina de explicar su anodina presencia en el argumento y Resee Whistempoor no posee precisamente el registro dramático que requiere un suceso de estas características. El eje argumental, basado en hechos reales, nos muestra la desaparición de unos niños que entraron al bosque en bicicleta y la posterior acusación de homicidio a unos jóvenes marginados. Los adolescentes góticos fueron relacionados con cultos satánicos. La ignorancia y los intereses ocultos hicieron el resto. Lástima de potencial desaprovechado en aras de construir un telefilm de sobremesa, con los actores vagando de un lado a otro, sin saber muy bien cual es su situación en el drama. La película parece haber sido concebida desde el bostezo o la atonía, desde lo confuso y la desgana autoral.  

En manos de Fincher o algún otro, este thriller podía haber dado mucho juego, pero inexplicablemente se deja sumergir (y ahogar) en las procelosas aguas donde encontraron los cuerpos de los niños. La sensación de contrariedad cinéfila, de insatisfacción ante la falta de respuestas, es total en el epílogo del film. Incluso se hubiera agradecido un añadido ficticio en el guión, que eliminara el desasosiego de este viaje a ninguna parte en que nos embarca el canadiense. Es un puzzle del que se han perdido las piezas finales para completarlo, y se remata con convención y parámetros acomodaticios al uso, que hacen naufragar en el pantano de la mediocridad y la condescendencia, esta caza de brujas de los que no encajan en la comunidad. En “Furia” (1936) Spencer Tracy llegaba a una población donde también le acusaban de algo que no había cometido, pero el desarrollo narrativo se encuentra a años luz (filmicamente hablando) de esta película. Quienes deseen profundizar en el misterioso suceso pueden bucear en la trilogía “Paradise Lost”, una de ellas nominada al Oscar al mejor documental, dónde se repasa exhaustivamente, con ritmo soberbio, aquellos terribles (e inexplicados) sucesos. Realizada por Joe Berlinger y Bruce Sinosky, producida por HBO. Un repaso al truculento caso de “Los Tres de Menphis” desde la calidad narrativa. Certera crítica al fanatismo y al sistema judicial. Acertado retrato del país de las “oportunidades”.

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