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jueves, 17 de diciembre de 2015

Turn: Espías de Washington

                      




La oferta de AMC tiene su génesis en un libro de Alexander Rose, que ha sido adaptada por los creadores de Nikita (Craig Silverstein y Barry Josephson). Original propuesta dentro del subgénero de series históricas, ya que se aproxima a unos hechos escasamente conocidos y nunca tratados en la pantalla. Durante la guerra de Independencia Norteamericana, un grupo de granjeros se convierte en la primera cadena de inteligencia militar, influyendo en el desarrollo de la contienda. Difícil lo tenía la aventura para salir adelante teniendo como referentes en la cadena series del éxito de “Breaking Bad”, “Walking Dead” “The Killing” o la aclamada “Mad Men”, su alto nivel de calidad y número de seguidores. 

Las cartas que desvelaron la trama de espías no fueron descubiertas hasta 1930, lo que añade un plus a lo novedoso del argumento. Apasionante recodo de la historia apenas explorado, consigue aumentar la densidad de la trama cada capítulo, a pesar de no presentar un inicio espectacular (actitud muy inteligente) con promesas vanas o pirotecnia que después agonizase a lo largo de los capítulos. Jamie Bell (escapado de la piel del niño bailarín Billy Elliot) asume un protagonista torturado por las circunstancias, que en los inicios no termina de cuajar por sus modos interpretativos.
 










Los siguientes capítulos asientan al personaje y sus hábitos dubitativos, su aparente inexpresividad (diríase que carece de sangre) se van olvidando cuando se hace con el personaje y lo moldea hasta convencer. AMC mima sus series y el diseño de producción es de lo más destacable. La ambientación histórica y el detalle están cuidados. Los estudiosos de la uniformología podrán comprobar la verosimilitud y trabajo de archivo realizado. 


Estos espías se encuentran en Las Antípodas de los remilgados James Bond y los adrenalínicos Bourne (indespeinables y glamorosos) Sufren en sus carnes los avatares de la contienda y la miseria del anonimato. No pueden confesar a nadie lo que hacen. Los equívocos y circunstancias empiezan a hacer mella en sus vidas familiares y caracteres. Armados de poco más que tinta invisible, se enfrentan al ejército más poderoso de la época; una ironía que el protagonista sea británico; las tropas de Su Graciosa Majestad que no debían hacer ninguna gracia a los colonos. Rodada en Virginia, aprovecha localizaciones de la película “Lincoln” y utiliza uno de los parques históricos estadounidenses en Williamsburg (barrio multirracial y hipster) o el casco antiguo de Petersburg, lo que da una idea del esfuerzo por realizar una producción certera y ambiciosa. Turn mantiene el clasicismo conceptual de la narración histórica al uso, con la desventaja de enfrentarla a otras ofertas de criterio más contemporáneo y tratamiento menos puritano. 

Quizás su excesivo academicismo formal la haya relegado de las grandes ligas, frente a propuestas más asimilables por un público ávido de incorrecciones políticas, violencia y sexo explícito, como los que pululan en las series de máxima audiencia. El primer episodio lo dirigió Rupert Wyatt, el británico que sorprendió con la notable “El Origen del Planeta de los Simios”. La utilización de la luz nos remite a aquellas escenas iluminadas con velas que Kubrick rodara para otra producción de época, la excelente “Barry Lyndon”. Las interpretaciones son potentes, destacando el carisma de actores como el escocés Angus McFayden (Saw), que interpretase a Robert Bruce en “Braveheart”. Aquí dota de vida a Richards Rogers, comandante de los irregulares Rangers de la Reina, de presencia icónica. Excelente recreación del jefe del destacamento británico, la que oferta Burn Gorman (Torchwood, Rises, The Dark Knight) plena de matices. 

Notable el descubrimiento de Samuel Roukin, que recrea al retorcido villano británico (Capitan Simcoe), o el mismo torturado e hierático Georges Washington, interpretado por Ian Kahn (Dawson Crece, Castle), el militar que encabezó el levantamiento de las 13 colonias en 1776, contra los ocupadores británicos, con el resultado que todos conocemos. Completa el elenco primordial, el correcto Kevin McNally (Piratas del mar Caribe, Yo, Claudio) de físico ideal para el personaje del padre de Jaime Bell. Aunque peca el conjunto de un cierto maniqueísmo en cuanto a la presentación de las distintas nacionalidades, manteniendo los roles clasicistas de malo/malísimo y héroe abnegado, pero no exento de la humorada que ya se encontraba en las obras de Cecil B de Mille como “Policía Montada del Canadá” o “Los Inconquistables”, pero con matices de sadismo que no permitiría el rígido Código Cinematográfico de aquellos años. 

El enfrentamiento verbal y el duelo psicológico, son casi tan importantes como las espectaculares escenas bélicas, rodadas con oficio y utilización correcta del paisaje. La cabecera de la serie es un notable trabajo de sombras chinescas y recortables de gran creatividad, con una melodía obsesiva. La segunda temporada potencia la trama de espionaje y dota de entidad a los personajes, culminando en una espectacular batalla donde el final abrupto (cliffhager) deja al espectador pendiente de la habilidad de los guionistas en la siguiente entrega.  El desarrollo de la historia busca más el sedimento, el estrato moral de los personajes y su desarrollo, que la espectacularidad bélica y el derroche de hemoglobina. En el capítulo “croma”, destacar algunos excesos visuales en las escenas portuarias o con barcos, que devienen artificiales. Recomendable escucharla en versión original. Para aquellos interesados en continuar disfrutando de esta época, existe otra excelente producción (ahora las llaman “fresco histórico”) de la HBO sobre los “casacas rojas”: llamada John Adams con Paul Giammatti (Sideways, El Ilusionista) y Sarah Poley (La Vida Secreta de las Palabras) basada en la biografía del que llegó a ser presidente de E.E. U.U y que arrasó en los Globos de Oro.




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