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martes, 5 de abril de 2016

XXI Ciclo de Música Sacra. Orquesta VI Jornadas Barrocas


                                           


Cuando una formación elige obras del “cura rojo” (Il Prete Rosso) para su programa, lo hace apostando sobre seguro, apoyándose en el maestro veneciano que cimentó el género del concierto. Mayor acierto; si cabe, cuando se elige un programa ecléctico y diverso, donde los instrumentos solistas van cambiando, hasta encontrar atípicas manifestaciones como la mandolina o la trompeta. Vivaldi empezó a tocar el violín a una edad temprana. Dispensado del oficio religioso debido a problemas de salud, dedico su vida a la música. Los conciertos de Vivaldi siguen la estructura típica de la Obertura Italiana (Rápido/Lento/Rápido) destacando el uso del ritornello y los solos, que funcionan como episodios modulantes, estableciendo otros tonos, que quedan confirmados con la entrada del ritornello en la nueva tonalidad. La agrupación ejecutó con cuerdas de tripa (que proporciona un sonido cálido y profundo) y arco barroco, lo cual dio lugar a repetidas afinaciones, ya que la variación de condiciones ambientales obliga a su ajuste. Todo sea por la veracidad histórica interpretativa.


Abrieron el programa los trompetistas Juan Fco Chávez y Antonio Escalera, con una obra de la que no se sabe mucho: el Concierto para dos Trompetas en Do mayor Rv 537. Una obra del repertorio “trombettistico” del sacerdote veneciano, cuya única fuente es un manuscrito de la Biblioteca nacional de Turín, donde ya se encuentra esa costumbre de los maestros barrocos de reutilizar partituras anteriormente escritas. Zonas del segundo movimiento aparecen en su “Concierto per Archi”, concierto para violín Rv 110. Es esta una obra muy espontánea, cuyo manuscrito está lleno de rectificaciones y/o adaptaciones en su hoja habitual de diez pentagramas. Los músicos desarrollaron el carácter brillante del instrumento (a la manera de fanfarria) en un diálogo imitativo que fue resuelto con técnica certera y sentimiento, para la única incursión de trompetas solistas en el corpus vivaldiano.

Vivaldi incluyó dentro de L´Estro Armónico; una colección de conciertos agrupados por orden cronológico; la siguiente obra del programa: Concierto para dos violines en la menor Rv 522, que se cataloga como el nº 8, fue interpretado con fluidez y calidez por Jorge Almansa y Laura Ferrera.
Los “Conciertos” del veneciano son una expresión musical sin precedentes. Él no es un discípulo de Veracini, ni de Corelli, ni de los Tartini. Su inventiva y genialidad discurren por otros senderos. La emoción es el cuño de la partitura. Partiendo de conceptos que aúnan las reglas de la música instrumental con los de la teatral, tomando recursos de la música operística, consigue hibridar lo mejor de cada mundo (rasgos rápidos, unísonos de la orquesta, supresión de los bajos, pizzicato) para simbiotizar ambos conceptos
El Concierto nº 24 en sol menor RV 531 para dos violonchelos, fue probablemente compuesto durante su permanencia en el Hospicio de La Piedad de Venecia, donde realizaba representaciones con las niñas asiladas. Este concierto posee una extraordinaria belleza. Dramático y tempestuosos el 1º Movimiento, destacable en su melancólico 2º movimiento; que fue desgranado con sentimiento y técnica; por los  solistas Guillermo Turina y Elena Domínguez, abriendo enérgicamente el “allegro", recreándose en el hermoso largo para concluir en un allegro habitado de un barroquismo de manual. Durante el Largo los violonchelos exponen su melancólica cantinela, con el apoyo discreto del bajo continuo al modo de una sonata en trío. Se ofrecen algunos instantes de virtuosismo: escalas rápidas, arpegios, diálogos entre los solistas y en relación con el tutti.
Concierto para dos mandolinas en Sol Mayor Rv 532. Existe un escaso repertorio para la mandolina. Vivaldi escribió dos (sin contar las partes para dos mandolinas del Rv 558) cuyo resultado fue extraer de la música popular un instrumento que apenas se había utilizado en otro género. Vivaldi se acercó a la mandolina sin referencias ni tradición, como la abundante que existía para otros instrumentos. El resultado que extrajo de su sonido metálico y melancólico, sus colores agudos, sus armónicos es de una profunda melancolía. Los mandolinistas Héctor M Marín Téllez y Eduardo Marín Téllez (pulsación certera, dominio del plectro) ejecutaron un estribillo ágil, esplendente que envolvió en textura barroca en ese curioso juego de repeticiones del diálogo que escribió Vivaldi. 


Casi como aspirando a evocar el ausente clavecín (eliminado de la partitura por semejanza tímbrica). La creación de confusión, al introducir en el bajo continuo un instrumento de timbre similar al solista, no estaba permitida. La melancólica belleza del segundo movimiento (biseado al final del concierto) es excepcional, y los intérpretes supieron arrancar de las metálicas cuerdas y del sencillo fraseado, evocaciones sonoras donde para construir un movimiento pellizcado, arropado por los suaves “pizzicati” de la orquesta. En el tercer movimiento retorna la energía a los tañedores y la danza de tonalidades conducidos por una técnica trabajada y certera. El ingenio del compositor evita que la mandolina quede sumergida por las voces orquestales. De modo que suelda las partes de viola y violín en una sola línea, o reduce el acompañamiento al bajo continuo. El estilo puramente Veneciano del presbítero es decisivo en la evolución del violín, no en vano él era un gran instrumentista que llega a escribir 22 conciertos para este instrumento, donde el lucimiento del virtuoso sería una de las características, junto a la consolidación del concierto “per soli” Las dos últimas obras interpretadas por la orquesta eligen el violín como solista.
El Concierto para dos violines en sol menor Rv 517 es casi un “estándar” muy interpretado en todo el mundo. Marcado en su Primer Movimiento por un carácter anacrúsico; ejecutado por todos los violines al unísono; se desarrolla con trinos endiablados. En el segundo movimiento el tema lento pasa de un violín al otro y retorna tras unas progresiones ascendentes. Es breve y desemboca en el carácter polifónico del tercer movimiento. Interesantes pasajes como cuando los solistas simulan una polifonía en cada instrumento, con alternancia de trinos y notas pertenecientes a una melodía. Ejecución correcta y exquisita de Joseph Martinez Reinoso y Fabián Romero.
Este cierre de ciclo en el que participaron 30 músicos es el broche final de técnica o didáctica con profesores especializados en Música Antigua (Joseph Martínez Reinoso, Santiago Pereira y Guillermo Turina) en el ciclo de Música Sacra que organiza La Sociedad Filarmónica de Badajoz. 

Como obra postrera la orquesta regaló el Concierto para cuatro violines en si menor Rv 580 en un prodigio de digitaciones y diálogos. Una emocionante propuesta donde era difícil evaluar cual de los ejecutantes (Sara Álvarez, Marutxa Vázquez, Miguel A. Navarro y Joan A. Ferrer) descifraba más intensamente la partitura. Un epílogo pleno de barroco arrebatador y envolvente, de majestuosa estructura, con el trazo genial que extrajo Vivaldi de la paleta de las armonías. Un deleite para los sentidos.




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