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lunes, 9 de mayo de 2016

The Lodger. 1944




          
                        

Curiosamente este proyecto llegó del brazo del entrañable Mr.Alfred. Aprovechando un periodo de inactividad del sátrapa David O. Selznick, intentó que algún estudio se interesara por un remake de su obra “El Enemigo de las Rubias”. El creador británico pretendía rodar; esta vez en color y con sonido; otra versión de su primer éxito comercial del mundo silente. Solamente consiguió vender a la Fox los derechos de la novela. Esta productora asignó a John Brahm la realización de una obra sobre la que, no podemos hacer especulaciones, en caso de haberla guiado con sus riendas el buen “Hitch”. Sobre todo teniendo en cuenta el notable resultado destilado por un director con escasa gloria hasta ese momento. La historia de Mr. Slade, el huésped acogido por una familia en su ático, procede de la notable novela (la mejor de esta autora) de Marie Belloc Lowndes, titulada “El Huésped” publicada en 1913. El argumento estaba basado (remotamente) en los crímenes de “Jack el Destripador” en el otoño de 1888. La lista de adaptaciones de esta historia, capaz de captar el horror psicológico más inclemente para instalarlo en la cotidianeidad fue aprovechada por el cine en varias ocasiones. Fue el mismo “Hitch” quien en 1927 dirigió una de las mejores películas de terror de la etapa muda: The Lodger. A Story of the London Fog. 


En este “proto-noir”, el orondo cineasta, sentó las bases estilísticas y temáticas de sus futuras creaciones, incluyendo su “cameo” en la misma. Fue el ínclito Jack Palance quien en 1953 se introduciría en la piel del serial killer más mitificado de la historia. “Man in the Atic” devino en una esforzada interpretación del característico. La novela era difícil de conseguir en el mercado castellano hasta su publicación por ediciones “Menoscuarto”. Publicada primeramente por entregas, define un personaje cercano a la mitología de “Jack the Ripper”, ya que no es exactamente este personaje histórico. Se trata de un investigador (asegura ser Antropólogo) que alquila habitación en una mansión venida a menos, que necesita los ingresos. Los propietarios comienzan a sospechar. 

El espectador conoce desde el principio quien es el asesino Esta es una de las características del film: la ausencia del hitchconiano Mc Guffing, o del clásico y recurrente whodunit (¿Quién lo ha hecho?). Marie Belloc ya era una importante escritora antes de pergeñar este siniestro asesino entre la niebla. Escribió 70 libros, aunque en nuestras fronteras no es demasiado conocida. También pesa sobre ella la sombra de su hermano Jean-Hilaire Belloc, una de las figuras más destacadas del pensamiento y literatura británica, amigo de Chesterton, opositor al capitalismo y al socialismo. Incluso desarrollaron la teoría del “distributismo”, entre tardes de té pasadas con Bernard Shaw (Pygmalión), semilla grecolatina de “My Fair Lady” y HG Wells (La Guerra de los Mundos, El Tiempo en sus Manos). Este cuarteto se pasó la vida (mientras Wells creaba los Morlocks y el barbudo Shaw el origen de Elza Doolitte), lanzándose alfilerazos humorísticos, corrosivos e ingeniosos en un sano ejercicio de tolerancia política que deberíamos tratar de imitar. 

Jean resultó un notable autor de biografías sobre personalidades como Robespierre o Napoleón, pero fue la fémina de la familia quien pasaría a la posteridad por las versiones que la gran pantalla haría de su novela. Antecedente de todas las damas del crimen literario, con una construcción psicológica de personajes acertada e intensa creación de atmósferas. En el 2009 una apreciable versión de “El Huésped” fue realizada por el director canadiense David Ondaatje. The Lodger, es un estudio sobre la sombra de la sospecha y las apariencias. Sobre la supervivencia de los Bunting, a quienes el huésped paga generosamente, frente al miedo a su personalidad dudosa. Hay que aclarar que la situación de miseria en la novela es reflejada muy suavemente en esta versión de “The Lodger” (1944). 


La primera diferencia apreciable sobre los crímenes canónicos de “Jack” se encuentra en la recreación del entorno y uso de decorados. 
Nos encontramos en Whitechapel, una zona misérrima que el escritor Jack London reflejó en su libro “La Gente del Abismo” (1903), un lugar donde la miseria habita las paupérrimas calles, las prostitutas sobreviven en callejones insanos. La enfermedad y la delincuencia de las bandas señorean las calles. Nada de eso hay en esta visión de John Brahm, que juega acertadamente con una fotografía casi expresionista. Brumas inquietantes, farolas con halos y empedrados en claroscuro. Pero las casas, los habitantes y (sobre todo) ese local de music-hall donde trabaja Kitty (excelente Merle Oberon), no guardan ninguna relación con el terrible barrio infrahumano del mundo real. Ni las zonas mejores del East End habrían soñado con una vivienda o un mobiliario como los de la casa donde alquila habitación Mr Slade. Sin olvidar el aparatoso vestuario de la “cantante” Kitty. Un influyente crítico estadounidense valoró la obra como “el mejor relato de crímenes escrito”. 




Exageraciones aparte, esta historia remotamente inspirada en los crímenes de “Jack the Ripper”, ha servido para realizar un notable ramillete de películas en su vertiente canónica. La del psicópata, habitador de callejones. Antes de la invasión de teorías conspiratorias teorías de “familias reales inglesas”, “médicos alienados”, “masonería” y demás ramillete imaginativo cuyo culmen lo constituye la notable realización “Asesinato por Decreto”, hasta llegar a “Desde el Infierno”, fallida (pero esforzada) adaptación de la suprema novela gráfica de Alan Moore y Eddie Cambell. De imposible adaptación a la pantalla, con la teoría de la conspiración como bandera. 

La versión de Moore cuenta a su favor con la inclusión del personaje real que dirigió la investigación. El inspector Frederick Abberline (Johnny Deep).Esta es la primera edición en lengua castellana de la novela, salvo una edición de 1944 en Argentina con el curioso titulo de “El Huésped Excéntrico”. A saber que entendía por “excentricidad” el traductor. En el capítulo de curiosidades cinéfilas reseñar que la identificación con el papel del extraño Mr Slade, por parte del intérprete Laird Cregar fue tan intensa, que cuando a Otto Preminger (que andaba preparando Laura) el productor Zanuck le presentó el plantel de artistas que iban a interpretar la mítica producción de cine negro, se negó a admitirlo. Zanuck le comunicó a Preminger el actor que había elegido para interpretar al carismático Waldo en la película, éste entro en cólera. << ¡Laird Cregar! Todo el mundo lo identificara como The Lodger…>>A Clifton Webb le vino de perlas la exclusión de Laird, ya que le cayó uno de los papeles emblemáticos de la mítica cinéfila. A su favor hay que decir que lo bordó y que el tormentoso rostro de Cregar; más cercano a la interpretación expresionista y al amaneramiento; no hubiera superado la sutil ironía y la acidez corrosiva del elegante “Waldo” dibujado por Clifton Webb. La mayoría de los asesinatos del film se producen en fuera de campo. No es el objetivo de la cinta el exceso de morbo. La tensión narrativa se sostiene sobre las sospechas, la duda, el inevitable y profético desenlace que se cierne sobre la encantadora cantante de music-hall interpretada por Merle Oberon (Cumbres Borrascosas, The Dark Angel). 


La perfomance de Lair Cregar convierte a este “inquilino” en un notable ejercicio de estilo, muy al uso de los correspondientes villanos o perturbados que se asocian con este actor, que también desgranaría el pianista atormentado del film de culto “Concierto Macabro”. En esta obra coincidiría de nuevo con el característico Georges Sanders (Eva al Desnudo, El Retrato de Dorian Gray), que en “The Lodger” interpreta al inspector de policía a la caza de este “quimérico inquilino”. Cregar consigue sesgos de empatía en su personaje y lo humaniza. Incluso en la memorable escena final, el director lo presenta como un animal acorralado por la policía (remite al Peter Lorre de “M”), que es también una víctima de sí mismo, antes de la fatal poesía visual del desenlace. 

El malogrado Lair Cregar era también capaz de interpretaciones como la del encantador demonio de “El Cielo Puede Esperar”, acompañado de una esplendorosa Gene Tierney (con la que repetiría en “Anillos en sus Dedos”), antes de morir por una dieta de adelgazamiento llevada al extremo. A lo largo del guión aparecen las razones por las que el enajenado misógino odia a las actrices. A diferencia del asesino original que mataba “desdichadas”, adjetivo utilizado para designar a las prostitutas en aquella época. El film se encuentra encuadrado dentro del terror victoriano-gótico, su estética remite con frecuencia al expresionismo alemán como coartada estética con profusión de luces de gas, contraluces, siluetas y el protagonismo de la arquitectura de callejones, esquinas, etc. Kitty Langley (Oberon) representa esa inocencia que el tarado no es capaz de soportar, apareciendo aquí un personaje que luego sería tótem en el terreno del cine negro: la inocente virginal que aboca a la destrucción a los hombres sin ser consciente.También juega con los  convencionalismos sociales y la misoginia acostumbrada en la época (actriz-mujer-fácil-prostituta), tópico infame que la doble moral mantenía soterradamente. Si añadimos que en el baile del can-can, Kitty ofrece un “terrible” panorama de muslamen y ropa interior de encaje a los ávidos espectadores, comprenderemos la turbación del “inquilino”, que sólo puede buscar una solución drástica. El juego de palabras de la canción “Trote de Paris”, interpretada por Kitty en el escenario, enciende los instintos homicidas del justiciero misógino.
               
              “¿Está cansado de su esposa?,
                   Entonces venga conmigo y nos vamos a Paris.
                   En Paris bailamos mucho el “trote”
                   Le estoy invitando a que me permita enseñarle
                   Todo lo que sé

Demasiada provocación para el perturbado…



Sara Allgood (Dr. Jeckyll y Mr. Hyde) perfila una casera de clase media victoriana con acierto y oficio en su sempiterno rol de matriarca. Todos los secundarios contribuyen a subir el listón del film, como el excéntrico marido de la casera Bonting, interpretada por Sir Cedric Hardwicke y su interesante juego de teorías sobre el asesino. La cámara juega a mostrar parcialmente el rostro del depredador, aislándolo. Como en la vida Cregar quedó aislado de papeles como el Waldo de “Laura” o el Lord Wotton de “El Retrato de Dorian Gray”, debido a sus características físicas. Fue la misma Merle Oberon quien le aconsejó que perdiera peso para convertirse en actor principal. Cregar tras perder a su pareja homosexual y presionado por Zanuck, trato de “normalizar” su vida. Sometido a cirugía bariátrica para perder peso, murió durante el post-operatorio a los 31 años. Los papeles que hubieran sido asignados a Cregar fueron aprovechados por el canadiense Raymond Burr, también homosexual (Ironside, La Ventana Indiscreta) quien nunca desmintió su falsa relación familiar con el finado, con el fin de obtener contratos. 

Curiosamente en esta cinta, el whodunit (¿Quién lo ha hecho?), que tanto juego diera a la novelística de Agatha Christie, John Dickson Carr o G. K. Chesterton; es conocido desde el inicio. Por esto el peso se asienta sobre la estructura dramática y el poco previsible final. Es, por tanto, una inversión del misterio tradicional para averiguar quien es el culpable. La recreación de Londres, el interior de las tabernas, los reflejos en espejos, las siluetas, los callejones, se convierten en un personaje más de la mano de Lucien Ballar, que también iluminó el “Atraco Perfecto” de Kubrick. El pasado en el teatro expresionista del director, antes de huir del horror real de Alemania, se deja vislumbrar en todos los fotogramas. 

El director de fotografía no desperdicia planos. Juega con los elementos que tiene (nieblas, quinqués, calles húmedas) y los exprime con acierto, influenciado en su estética por obras como “El Fantasma de la Opera” y “El Retrato de Dorian Gray”. El éxito de la alienada interpretación de Laird Cregar, le valió una nueva película dentro del género, también dirigida por John Brahm, la mítica “Concierto Macabro” (Hangover Square. 1945), donde interpreta a un pianista atormentado. Brahm se convertiría en un eficiente director de televisión, mas de 150 filmes, que terminó realizando episodios de la serie de culto “La Dimensión Desconocida” o “Alfred Hitchcock Presenta”, en una vuelta de tuerca cinéfila, ya que “Hitch” había dirigido la primera versión de esta novela. 



El guión de Barré Lyndon (La Guerra de los Mundos) es eficiente, de diálogo ágil con irreverencia “british”, donde las prostitutas se convierten en “actrices” o coristas (Código Hays) para suavizar la trama. Destacar que Lyndon también escribiría el guión para “Man in the Aticc. 1953) donde el hierático Jack Palance sería un nuevo Mr Slade. La verdadera enjundia se mantiene latente, pero lo suficientemente oculta. Aunque los espectadores más avispados sabían entrever en las conversaciones de Mr Slade, mostrando el cuadro de su hermano, y hablando de la belleza, las connotaciones subterráneas de la trama.

"...El hombre puede destruir lo que odia
...y amar lo que destruye.
Sé que hay maldad en la belleza,...
...pero, si la belleza se destruye..."


Es recomendable ver la V.O. aunque los subtítulos distraigan del disfrute visual que proporciona ese claroscuro certero, gótico y melancólico. La presunta resolución del caso basándose en el estudio de las huellas dactilares que realiza el inspector (George Sanders), era imposible en la época de “Jack the Ripper”. La dactiloscopia se empieza a utilizan en Inglaterra en 1901. La escasamente preparada policía que patrullaba en los callejones de Whitechapel, ni siquiera podía distinguir la sangre humana de la de un animal. 


La banda sonora, contundente, con toques ocasionales de disonancia, poderosa, acompaña en todo momento la intensidad de la trama y las percepciones distorsionadas de Mr. Slade. Hugo Friedhofer (Los Mejores años de Nuestra Vida, Tú y Yo, La mujer del Obispo. El Baile de los Malditos), firma la partitura. También hay canciones incidentales como ese “What Cheer, Ria” (Que alegría Ría) de 1885, que los borrachos están cantando en la calle, escrita por Bessie Bellwood y Wild Herbert para el Music Hall.. Bessie fue una popular cantante de variedades y persona altruista, que hizo famoso este “What Cheer Ría” y que aparece como personaje en películas como el musical “Champagne Charlie” (no confundir con la película de Hugh Grant de 1989) dirigida por el ex-documentalista Alberto Cavalcanti (1944), producida por los míticos estudios Ealing, interpretada por Betty Warren, que era un producto destinado a elevar la moral en tiempos de guerra. Ciertamente es una película atípica de la Ealing, uno de sus pocos musicales, con un toque de ligereza ausente en sus otras obras del periodo bélico. También aparece en “El Hermano más Listo de Sherlock Holmes” (1975) donde era el alias que utilizaba el personaje interpretado por Madeline Kahn, y que le canta a Gene Wilder: Mi Name is Bessie Bellwood…
   

¡Que alegre es Ría. Ría esta trabajando,
 Especulando para ganar un chelín.
¡Oh Ría es estupenda y tiene muy buen aspecto!,
Y todos gritaron ¡Que alegre es Ría!

La música diegética corre a cargo de las canciones que Kitty (Merle Oberon) interpreta (posiblemente doblada) en el escenario al alegre ritmo del can-can. Una de ellas es fundamental en el desarrollo de la trama. Cuando la corista interpreta “The Parisian Trote”, escrita por Lionel Newman y Charles Henderson; un expresionista foco ilumina (aislándolo del mundo) el rostro cada vez más torturado de Mr Slade (Laird Crear), que palidece ante lo equívoco de la letra y la mostración lujuriosa de carne de Kitty. Esta inocente canción es demasiado para el extraviado Slade, siendo el detonante de sus posteriores actos psicóticos. Otro de los temas de música es el alegre “Tink-a.Tin”, escrito por John Crook y Albert Cheva

Curiosidades: En el inicio un ciudadano lee a un ciego el cartel de “se busca”, en donde no aparece por ninguna parte la mención de Jack the Ripper, que surge fugazmente en la prensa sensacionalista que reparten en el barrio. Pese a los cual los imaginativos hacedores de títulos hispanos, llamaron al film “Jack el Destripador” para su distribución. El asesino obtiene su nombre del cartel de una calle que lee antes de llegar a la casa/pensión “Slade Street”. Cierto que Jack cortaba la carótida como se asegura en la conversación de los doctores en el teatro, pero también lo hacía tras una estrangulación que no se nombra en ninguna parte. Los grupos de policía a caballo son pura fantasía, como lo son los carruajes lujosos utilizados en las películas “Desde el Infierno” o “Asesinado por Decreto”


Lo mejor: La mirada torva de Laird Gregar, en contrapicado, sobre los cuadros de actrices que adornan la pared y que termina tapando para no verlos. “A veces llego muy tarde a casa”. Pues sí, tarde y con prisas.



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