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jueves, 9 de junio de 2016

American Me. Sin Remisión.1992.

                                 




La idea de "American Me" (Sin Remisión) había nacido dos décadas antes, cuando Edward James Olmos leyó el guión de esta historia sobre el submundo chicano del delito, unido a la desesperanza de un destino que te marca. Para entonces; el muchacho que había querido ser jugador profesional de béisbol y músico; ya tenía una larga trayectoria a sus espaldas. La notable producción “Lobos Humanos”. Un falso thriller que deviene “fantastique” con ramalazo ecologista y atávico, excelente fotografía y banda sonora, dirigido por Michael Wadleigh (director del mítico documental filohippie “Woodstock”. Aunque muchos espectadores todavía le recordaban únicamente como el taciturno “Teniente Castillo” de la exitosa serie “Corrupción en Miami” (1984), por el que recibió un Globo de Oro y un Premio Emmy. Para entonces ya había interpretado un papel que le situó en la mitología (Gaff en Blade Runner), el misterioso personaje ¿quizás el verdadero replicante?, que le habla a Deckard en  una jerga Cityspeak (inventada por el propio Olmos)  mientras elabora sus figuritas de  unicornios Origami, metáfora del subconsciente de Deckard. Su frase: Es una lástima. La chica no vivirá… hermoso epílogo de esta obra maestra. 




Edward Olmos también habitó la biografía del profesor boliviano Jaime Escalante, que consiguió que sus estudiantes marginales destacaran en matemáticas, en la película “Con Ganas de Triunfar” (1988), nominación al Oscar incluida. Comienza con una larga toma metafórica del río de Los Ángeles, que se va convirtiendo en un canal que gobierna el agua. La cinta es una estimulante historia sobre superación personal, basada en la gran interpretación de Olmos. Un profesor que para enseñar matemáticas utiliza manzanas o se viste de cocinero, para captar la atención de los alumnos. Esta película ya contaba con “latinos” que años después destacarían en el cine como Andy García o Lou Diamon Philips, con interpretaciones memorables. Olmos llegaría a trabar amistad con el profesor Escalante y le acompañó en sus últimos días. El escritor norteamericano Jay Mathews escribió un libro (del que surgió el guión cinematográfico) sobre la fascinante vida de Escalante “The Best Teacher in América”, su superación personal, y el sistema de enseñanza que aplicó. El profesor llegó a tener dos series televisivas sobre matemáticas y se le homenajea en un capítulo de los Simpsom, donde se le presenta como candidato a maestro del año (Especial Edna) por enseñar que “las ecuaciones son más poderosas que las balas”.



 Existe un enorme mural, realizado por Juan Héctor Ponce, en el noroeste Los Ángeles (frente a parque Mc Arthur) con el profesor y Edward Olmos (luciendo el look de la película) abrazados. Es un hermoso mural, si consiguen esquivar los vendedores ambulantes y los comales móviles que cocinan las sabrosas pupusas.  


La película aplica una interesante filosofía como cuando un empleado de la LTS dice que hay dos clases de racismo: “Diferenciar a un grupo por formar parte de una minoría y diferenciar a un grupo por no formar parte de una minoría”. Hay mucho de esto en “American Me”. De esa fatalidad que supone nacer formando parte de una subcultura que basa su supervivencia en el hermetismo, los juramentos, las normas paralelas al resto de la sociedad o una jerga que distancia aún más del entorno. “American Me” es la historia de un descenso al infierno que comienza en la adolescencia por un error y que planea durante toda la vida de los afectados. Gran parte del trabajo de Edward Olmos ha tenido relación con el mundo chicano. 


En su vida privada se involucra en temas sociales de esta comunidad, visitas a reformatorios, embajador de UNICEF, protestas anti-sistema, etc. En el ámbito puramente cinematográfico ha tomado parte en “My Family” una historia multigeneracional; ha interpretado al padre de la malograda cantante “Tex-Mex” Selena (Susanne Bier.1997), un biopic a mayor gloria de Jennifer Lopez, o la película “The Wonderful Ice Cream”, que rompe los estereotipos y estigmas habituales en las películas para público “latino” y que estaba basada en un relato del escritor Sci/Fi, Ray Bradbury. “American Me. Sin Remisión” solicita un visionado en VO. No hay otra forma de disfrutar ese “slang”de la comunidad chicana, las inflexiones de los actores, la musicalidad del verbo, que termina incrustándose en el espectador al final del film: Oralé, carnalito…Si alguien quiere acercarse con precaución, a esta jerga particular, puede hacerlo en la novela “Peregrinos de Azlán”, de Miguel Méndez. Aunque la dificultad es alta para los no nativos que encontraran infinidad de unidades léxicas que no comprenderán. El slang mexicano-chicano utiliza en la cinta términos como: carnal (compañero, amigo), vatos (colegas), pinche (maldito), ace kool (quien te cubre las espaldas). Aunque mezcla el slang cotidiano, de uso común en personas no afiliadas a pandillas con el “gangster talking” relacionado con el crimen, la droga o el turf (territorio del gang): veteranos (los miembros antiguos), base-head (adicto), jale (trabajo para las pandillas), etc.  El mito de Azlán (el origen perdido de los aztecas) es una de las constantes de las bandas callejeras. La cultura chicana incorporan motivos indígenas en las artes, toman a Frida Kalhlo como referente o  Sor Juana Inés de La Cruz., reivindicando también la figura de la “Adelita” (combatiente de la Revolución Mexicana), la mujer de origen campesino, rechazando el “malinchismo”, derivado de “La Malinche”, que traicionó a su raza con los conquistadores españoles. “American Me” es un film crudo, sin concesiones. A pesar de navegar entre las procelosas aguas del lugar común, las interpretaciones, la puesta en escena y (sobre todo) los primeros planos del rostro volcánico y pétreo de Olmos que reflejan la imposibilidad de cualquier redención, la redimen del cine de cárceles al uso. “No hay futuro”, podría haber sido el título alternativo. 

El terrible e inesperado epílogo es un hachazo en el alma del espectador, aunque real y cotidiano en el mundo de estas sociedades paralelas. El viaje iniciático de Santana (Olmos) desde que comete un “escruche”, entrada ilegal con violencia en propiedad privada; su ingreso en el infierno de la prisión, hasta llegar a ser líder de la EME (mafia mexicana) tras 18 años que le han marcado para el resto de su vida, es narrado con sobriedad no exenta de una terrible violencia. Aquí no hay tiroteos al estilo del Tony Montana de “El Precio del Poder”. Ni chascarrillos del tipo: “Os gusta mi juguetito” con Al Pacino tirando de AK-47. Edward Olmos desglamouriza la violencia al estilo hollywoodiense. No hay ostentación ni derroches visuales. No hay pomposidad. Tan sólo el terror bajo la piel, bajo la superficie, en la mirada de un hombre incapaz de acometer su primera relación sentimental con una mujer, condicionado sexualmente por su pasado entre rejas. La mirada de un hombre que se pierde en el infinito. Esta es una de las secuencias más tremendas del metraje, el ser humano intentando recuperar lo que ya es irrecuperable, junto aquella en que un coche de policía se detiene sin razón aparente junto Santana y Julie; una certera Evelina Fernández; (Línea Mortal, Hollywood Confidencial) cuando pasean. 





El policía le pregunta “cuando tiempo has pasado en prisión”. Nada más terrible que alguien pueda detectar el aura de derrota en una mirada. La tristeza y desolación de quién ya no tiene sitio en un mundo que esta cambiando. La explosión de la heroína en los 90, cambió por completo los modos y usos de aquella sociedad. Ni siquiera Julie con su dulzura es capaz de arrebatarle a Santana su componente terriblemente machista, a pesar de descubrirle el otro lado de su personalidad. Prefiere seguir buscando el afecto y la seguridad de la “clika” y es incapaz de distinguir los espacios dentro/fuera, lo que en ocasionas diversos percances en la vida cotidiana. Hay una escena en que Santana; acompañado de Julie; va a comprar zapatos y trata de agredir al empleado, porque le pide que espere a que termine con el otro cliente. Santana se siente ofendido según las reglas de su mundo cerrado.

 Este es uno de los instantes donde la escisión del personaje y la imposibilidad de Julie de acercarlo a la luz quedan patentes.  Julie optará por los estudios y la educación en el epílogo, como modo de lucha contra su “fatum”. El montaje paralelo en que los miembros de la banda cometen una violación colectiva sobre el hijo de un jefe rival, con el acto frustrado de amor entre Santana y Julie, es desasosegador y terrible. Santana es un producto mestizo, directamente extraído de “Los Hijos de la Malinche” de Octavio Paz. Un arquetipo de dos culturas que se unen violentamente y donde no hay escapatoria. La denuncia de un sistema que carece de paridad. La marginación racial y económica que conduce a estas personas a situaciones delictivas. Edgar G. Olmos opta por la introspección de su personaje atormentado, cuyos pensamientos se antojan lejanos y compone un antihéroe taciturno, encerrado en su propio laberinto, conocedor de que no hay futuro, apoyado en una dirección solemne y pausada, de claro discurso masculino. La estética del film en su primer tramo está basada en la moda “Zoot Suit”. 


Precisamente estos acontecimientos (los Zoot Suit Riots. 1940), donde marineros norteamericanos atacaron y humillaron a latinos, es el arranque de una subcultura de búsqueda del respeto por parte de los “pachucos”. Hay un mensaje de pueblo conquistado que no ha conseguido liberarse de su legado. De una raza que quiere escapar “de abajo”.  En la primera parte del film se presentan los sucesos de esos Zoot Suit Riots. La estupidez humana, representada por los marineros americanos blancos, que pensaban que los chicanos eran antipatriotas por utilizar la moda ”Zoot Suit”, fueron en parte el origen de las bandas. De la necesidad de agrupación y protección de colectivo. Santana es producto de una violación colectiva de su madre en esos días. Su padre, que nunca le ha dado nada parecido al cariño, le dice cuando sale de la cárcel que “al mirar su rostro siempre se preguntó por la cara del marinero que será su padre”. El estilo sofisticado de los “Zoot Suit” desapareció. Se olvidaron los peinados “Ducktails”, las cadenas, los tatuajes, las medias de red, los calcetines “Bobby” y los zapatos plataforma. El llamativo dandismo dio paso al uniforme paracarcelario de las bandas: camisetas y pantalón caqui. El aporte de dos destacables actores como William Forsythe y Cary-Hiroyuki Tagawa (El Último Emperador, Memorias de una Geisha) eleva el listón dramático con personajes densos que utilizan la mirada como arma. 





Las reminiscencias con el cine negro terminan en el uno del flashback para narrar la historia. Ninguna película de este género se hubiera atrevido a ir tan lejos. Ningún guión de los 50, narraría tan secamente el tormento interior de alguien desubicado, un outsider al que el mundo sólo ofrece continuar con los usos y costumbres de tantos años pasados entre rejas. Julie se dirige a él en uno de los momentos más intensos de este drama chicano: 

"Ustedes son como dos personas, el que no sabe bailar o cómo hacer el amor... que es la que me importa. El otro que odio... el que se ejecuta drogas y sabe cómo matar a la gente."
Imposible definir mejor esa dualidad, esa escisión de la personalidad del estoico personaje, que terminará llevándolo al abismo y la destrucción. Y es que los protagonistas de “American Me” nunca tuvieron oportunidad de remisión…


   Curiosidades: La película está filmada en la Prisión de Folson, con la colaboración de prisioneros reales. En esta prisión se han filmado películas como: Hombre Libre, 48 Horas más, Heat (1995), etc. Fue la primera cárcel del mundo con energia eléctrica, lo cual no agradaba demasiado a los condenados a pena capital. Se pactó con las bandas para el rodaje, incluso algunos pandilleros hacen de extras. Los pachuchos llamaron a su jerga “Caló”. La EME llegó a chantajear y amenazar a los implicados en la película porque no les agradó “la imagen” que se daba de ellos.
Si quieren empaparse de cultura latina. Las siguientes películas acercaran a esta cultura.

 El Norte. Gregory Cava. (1983) Historia de inmigrantes guatemaltecos perdidos en una sociedad que no les apoya. En un lacrimógeno y conmovedor drama sobre dos eternos emigrantes. Un guión sin respiro, enormes interpretaciones y bofetada al “sueño americano”

La Bamba. Luís Valdez, (1987). Lou Diamon Philips es Ritchie Valens, en un lacrimógeno biopic del cantante. Un sólido guión apoyado en interpretaciones notables hace olvidar su concepto “biopic” Eso si, los pies no paran de moverse en una cinta; que por sus cifras; despertó el interés por el mercado hispano en Hollywood
 
Nacido al Este de L.A. Cheech Marin. 1987. Comedia, nada ligera,  sobre intentos de inmigración a EE.UU por parte de un chicano. Atención al momento en que unos músicos mexicanos confunden el “Twist and Shout” de los Beatles con “La Bamba”…

A Million for Juan. 1994. Basada en una historia de Mark Twain que ya había sido interpretada por Gregory Peck: El Billete de un Millón de Libras (1954), comedia titulada en España “El Millonario” Nuevamente Edward James Olmos como el extraño personaje de la limousine, que regala un cheque de un millón de dólares, con la condición de que debe dar todo el dinero en un mes.

Mi Familia. 1995. Una de las mejores aportaciones al subgénero con nueva interpretación de Olmos. Gregory Nava consiguió llamar la atención con esta trama a través de la historia de tres generaciones de mexicanos inmigrantes. Notable lienzo de recuerdos y enseñanzas transmitidas, tocando temas como la identidad cultural y la difícil asimilación. Con interpretaciones potentes de Edward Olmos, J L, Jimmy Smith o Esai Morales. Narrada al modo del realismo mágico, con toques de documentalismo, consigue personajes vivos y reales en su viaje iniciático a través de un tortuoso camino.
 
Selena. 1997. Biopic sobre la cantante Tex-Mex Selena Quintanilla. Aunque con instantes de telenovela, fue bien recibida por los fans. Gregory Nava eligió a J L para el papel de la malograda artista. Éxito de taquilla en el mercado hispano.


Mi vida loca. 1993. La problemática de pandillas de cholos en L.A. Debut de Salma Hayek y Jason Lee. Drogas, sórdido sentido del honor, lazos de sangre y ningún futuro para los protagonistas envueltos en la red de las bandas.


Sangre por Sangre. 1993. Del que después sería director de “Pactar con el Diablo”. Una de las películas más cercanas a la problemática chicana con Jesse Borrego, con fuertes connotaciones del machismo en esta sociedad y en las pandillas, la familia disfuncional, el stress de sobrevivir en  la cultura americana, etc.


Zoot Suit. 1981. Adaptación por su mismo director de la obra de Broadway (bastante brechtiana) sobre los sucesos racistas y la condena por el asesinato de Sleepe Lagoon. Edward Olmos repitió el papel que había desarrollado sobre los escenarios. La música es de Daniel Valdés y Lalo Guerrero, padre de la música chicana. Nominada en 1982 a la mejor película musical en los Globos de Oro, después de un calvario de rechazos de productoras que pretendían inmiscuirse en la creación y sustituir al director por otro. Hasta encontrar como mecenas a la Universal.
 

La banda sonora es un conglomerado de cultura Tex-Mex y temas de los 70. El director utiliza el soundtrack al estilo de Scorsese para subrayar momentos y espacios, relaciona música con la imagen para marcar las distintas contextualizaciones Los temas, de lo más variado, están mixturados con las secuencias y sirven de apoyo. La banda sonora es un desfile de la cultura Tex -Mex con “Los Lobos”, Carlos Santana, Ike y Lana Turner, Bobby Day, Kid Fros, The Animals. Un catálogo de Sonidos Urbanos de los 70 con hermosos “oldies” de la década de los 50.



Órale, carnalito. No se me apendejen que los vatos van a traerse una carrucha para hacerse un banging… Póngase el tacuche p’a sentirse bien padre….tiene todas las chances de su parte..






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