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miércoles, 17 de agosto de 2016

Festival de Música de Marvao. Gala Lírica. Pasajes de las óperas de Mozart

          


Fotografías; Francisco Collado
Quizás como precaución a las bajadas de temperaturas que en la pasada edición sufrieron los espectadores de la Gala Inaugural, este repaso lírico por la obra de Mozart, comenzó a las siete de la tarde. Esto provocó que los más rezagados ocuparan localidades donde tuvieron que protegerse del sol, que no acababa de ocultarse tras el lienzo del castillo, con los programas de mano. Para este recital en el nido de águila de Mârvao, su creador; el director Christoph Poppen; había seleccionado un ramillete de la obra operística del genio de Salzburgo. Para la ocasión los oficiantes eran la soprano germana, especializada en “lieder”: Juliane Banse, que hizo su debut operístico como Pamina en “La Flauta Mágica”, y el barítono (y rabino) nacido en Londres: Samuel de Beck Spitzer, con un amplio repertorio a sus espaldas.




Comenzó el programa con la conocida obertura de “La Bodas de Fígaro” K492. Una obertura en Re Mayor, con tempo “presto”, que no usa ninguno de los temas propios de la ópera como acostumbraba un Mozart ya adulto. Esta es la primera gran ópera cómica alemana y esta trufada de logrados pasajes y melodías enriquecedoras difíciles de destacar entre ellas. La orquesta acometió con precisión esta conocida obra que se utiliza con frecuencia independientemente de la ópera como un “estándar” orquestal, arrancando los aplausos de un público heterogéneo, formado por españoles, lusos y alemanes. Con esta ópera, Mozart supera las convenciones del género bufo y el virtuosismo latente en el estilo italiano del XVIII. Rica en escenas galantes, que permite arias como la del conde “Hai Gia Vinta la Causa” que sucedió a la obertura. Es frecuente en el autor contar en algunas arias con una estructura basada en recitativos. Las frases se alternan con la aparición de los instrumentos que aportan la preocupación, la sorpresa y la rabia del conde, en un ejercicio verdaderamente “mozartiano”. 


Esta es un aria de enfado defendida con técnica y precisión por Samuel de Beck Spitzer. La belleza sublime del “aria de la condesa”, de progresión ceñidísima en intervalos, teñida de la tristeza del personaje y su resignación, sucedieron a la anterior en el programa: “E Susanna non vien/ Dove Sono”, del Acto III. El sufrimiento del personaje se refleja en estas arias. ¿Dónde han ido mis momentos mas bellos, de dulzura y placer?, se pregunta la condesa. Juliane Banse supo imprimir la emoción necesaria y la depurada técnica que requieren estas emociones musicadas, con largos legatos que solicitan una respiración especializada y técnica vocal correcta, como todo buen repertorio “mozartiano”. Mozart tomó el motivo del Agnus Dei, de su “Misa de la Coronación” KV 317, cambiando la tonalidad a do mayor, en lugar de la original en fa mayor. Mientras el conde reflexiona sobre los acontecimientos, Susana acude a pedirle un frasco. 

Esta es la excusa argumental para el lucimiento del “duettino” del Conde y Susanna “Crudel, Perché Finòra”. El concierto dio un giro con la obertura de “Cosí Fan Tutte” y la obertura de “Don Giovanni”. “Cossi Fan Tutte” es un drama jocoso en dos actos. Considerada como la menor de sus obras operísticas. La Obertura interpretada por la orquesta, ya revela el tono juguetón que sucederá en el argumento de esta obra tardía del compositor, con una lenta y majestuosa introducción, aparentemente trivial, como ejercicio de armonía, con un diálogo juguetón entre los instrumentos, seguido de temas vivaces con agilidad virtuosística para los vientos, dentro de la ópera más incomprendida y problemática del genio salzburgues. A pesar de ser una obra compacta sin altibajos, compuesta en la cumbre de su genio. 

A continuación la formación atacó otra Obertura, en esta ocasión comenzaron en re menor, antes de un allegro en Re mayor alegre para introducirnos en el mundo de “Don Giovanni”. Estamos ante una obertura dividida en dos partes: un andante y un molto allegro. A estas alturas, el público, preferentemente el germano, se encontraba ya del lado de los intérpretes incondicionalmente. Lo cual elevó los aplausos en la conocida “Aria de Madamina”, también conocida como “aria del catálogo”. Esta partitura del primer acto, donde se van enumerando las “conquistas” del seductor libertino, arranco sonrisas entre el respetable que conocía la obra. Cantadas por Doña Elvira, y conocidas como: “In Quali Eccessi” (recitativo) mas el Aria “Mi Tradi quell´alma ingrata”, se desgranaron a continuación. 
Una pieza donde todo el tormento de sentimientos, ira y resentimiento hacia el traidor Don Giovanni se desencadenan. La soprano Juliane Banse, desató todo el vendaval de sensaciones, con uso intensivo de coloratura, apoyada en una correcta expresión corporal. Después se dio paso a la Obertura “Finta Giardianiera” K 196, una obra en tres actos del austriaco, que resultó de un encargo para el carnaval de Munich de 1775, compuesta a los diecinueve años. Esta breve opertura está formada por un Allegro Molto, un Andantino Grazioso y un Finale, cuyos temas distan de relacionarse con el resto de la partitura. Sirvió como excusa para dar paso al dúo “La ci darem la mano”, aunque la pieza aparece etiquetada realmente como un “duettino”. Se trata de uno de los dúos más populares de la historia operística, a menudo utilizado en el cine. Otros compositores han realizado versiones de esta hermosa obra. Compuesta en dos actos “La Clemencia de Tito”, fue encargada para la coronación de Leopoldo II de Austria. 

La agrupación interpretó la Obertura de esta ópera histórica, con destacada intervención del clarinete, ya que en la orquesta lo tocaba un amigo de Mozart: Antón Stadler. Solemne como buena concepción italiana, ennoblecida y depurada por el genio del autor. Constanze, la viuda del austriaco, realizó incansables esfuerzos para rehabilitar esta última obra incomprendida, que compuso estando enfermo. Una potente obertura con especial papel para los vientos. Amplia participación de las cuerdas, con efectos marcados en el timbal, después flauta y oboe toman la iniciativa jugando con fagot y cuerdas y una reexposición final de los temas adquiriendo forma de sonata. A estas horas, la noche se había apoderado del nido de águilas de Mârvao. Las piedras del Castelo se habitaban de oscuridad. Algunos espectadores decidieron aprovechar el “fresquito” para cenar junto a las piscinas naturales de Portagem, donde también se relajó el cuerpo orquestal. Un fin de fiesta adecuado para una noche mágica.


 Fotografías: Francisco Collado

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