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jueves, 17 de noviembre de 2016

XI Festival de Cine Inédito de Mérida

                    

 A estas alturas la propuesta del Festival de Cine Inédito de Mérida y su apuesta por ese cine de difícil distribución, o de morosa aproximación a las pantallas, se ha convertido en una de las mejores ofertas (o la mejor) del panorama exhibidor extremeño y apuesta cultural de "qualité". La selección de filmes para esta edición sigue los cauces de calidad, originalidad y eclecticismo que caracterizan esta apreciable aventura. Si en la anterior edición el notable cartel anunciador (de reminiscencias davinchinanas) fue realizado por Crash Estudio Gráfico, en esta ocasión ha sido realizado por las alumnas de la Escuela de Arte y Diseño de Mérida, Zielo Díaz, Almudena Bermejo y Patricia Borrallo, con fondo pétreo de la Alcazaba.
 
Para la abertura, este certamen, se ha seleccionado la última obra de Xavier Dolan “Solo el fin del Mundo”. Dolan maneja a Cotillard, Seydoux, Ulliel y Cassel por espacios de concepto casi teatral, (no en vano la génesis esta en la obra de teatro de Jean-Luc Lagarce), de asfixia vocacional, de visceralidad a flor de piel. La verborrea es el escudo para ocultar las verdades. El primer plano es el arma elegida para eviscerar y radiografiar los personajes, con un manejo proverbial del timing y el flash back, en clave de parábola del hijo pródigo. Autocompasión, idolatría, maltrato psicológico, para el único de los finales posibles con puerta (y horizonte) abierto. Tanatofilia, imposibilidad de comunicación o envidia son alguno de los temas humanos a que se acerca Dolan, entre tonalidades azules y ocres para revelar los estados de ánimo, e interludios vieocliperos para los recuerdos y la huída mental. Gran premio del Jurado de Cannes.
 
La propuesta finlandesa llega de la mano de “El día más feliz de la vida de Olli Mäki. Atípica narración de agilidad narrativa y querencia boxística. La fotografía documental en blanco y negro, los diálogos duros y la huída del cliché caracterizan esta producción que huye de la estructura ya clásica derrota/entrenamiento/victoria que ha caracterizado otras aproximaciones al subgénero. Buen manejo de la cámara en las coreografías, delicadeza en la dirección para la relación amorosa de los protagonistas (Olli y Raija) A Olli le desespera el mundo mediático (entrevistas, focos) que rodea a los combates. La búsqueda de la felicidad del protagonista está únicamente en vivir, no en servir a las ideas de los demás.  Juho Kuosmanen elimina todo el adorno, toda la medallería, toda la narrativa visual del protohéroe pugilistico para mostrar un Olli Máki con un look alejado de los iconos de la narrativa de mamporro al uso. Ganadora del primer premio en la sección “Una cierta mirada”, este paseo por los años sesenta (pero de concepto atemporal), plena de humanidad, con un concepto sublimado del amor. Un antihéroe, afortunadamente lejano de los parámetros (fundamentalmente yanquis) del mundo del boxeo. Trasgresora y con una carga de profundidad de humanidad de la que carecen sus referentes. No ser el mejor, no es necesariamente un foco de infelicidad para el protagonista.
 
Acerca de la existencia, los deseos, las decisiones, las obligaciones sociales y esa palabreja tan al uso: procastinar. Estos son los elemente con que una excelente Barbara Lenni (que ya pasara por el festival con la notable “Magical Girl”, se aproxima, plena de registros, a un personaje cotidiano y claramente identificable con cualquier espectador. Nely Reguera se ha acercado a sus ancestros rodando exteriores gallegos con un notable naturalismo y una poesía de lo cotidiano. La autora utiliza el humor como acercamiento a situaciones vitales, casi minimalistas, como la indecisión la duda, la incomunicación, el estancamiento en la vida, las autoexcusas, etc. Tras su corto “Pablo”, un recital de miradas dialogantes y transmisoras de emociones, la directora se asienta con esta propuesta cínica, aguda, apuntalada sobre el humor, donde habla del largo y cálido sendero hacia la madurez. Atención a esta “María (y los demás)” posible candidata para las alfombras del Goya…

“Lady Macbeth” nos acerca a una Inglaterra rural en 1865. Drama sobre pasiones adulteras, desesperación y femme fatal en un entorno victoriano. El cortometrajista William Oldroyd elimina la penitencia postrera del drama shakesperiano, creando una heroína antipatriarcal y vocacionalmente amoral. Estructura minimalista en un entorno decimonónico. Fotografía de planos fijos, propuesta austera, neblinosa, mansiones rurales donde crece la rebelión de una protagonista maquiavélica (Florence Pugh), frente al patriarcado, frente a la sumisión marital. Una transformación que también se efectúa a nivel de vestuario. Del corsé y camisón eduardiano a la desnudez disfrutada como catarsis con el amante. La protagonista evoluciona cual mantis religiosa frente a la falocracia, con ambigüedad moral y un punto de perversión y crueldad. La película no esta basada en la obra del ilustre bardo ingles, nace desde el cuento ruso “Lady Macbeth de Mtensk”, de Nikolai Leskov, ya adaptada por Andrej Wajda. 1965. Shostakóvich escribió una ópera, que es un experimento escénico de acción cinematográfica. El film huye del academicismo y la formalidad del “cine de época”, evitando la adaptación “prestige”, mostrándonos una dramática seca, carente del romanticismo desaforado tan caro a la literatura de esta época. Psicología ruda, planificación reposada con conductas inquietantes, que no acusa los orígenes teatrales del director. Esta sequedad abarca hasta la ausencia de “score”. Una opera prima profética y prometedora con ecos bergmanianos y dreyerianos.
 
The Handmaiden
Inspirada en la novela “Fingersmith” (convertida en serie por la BBC), esta mezcla de thiller erótico, policiaco y ficción histórica esta dirigida por Park Chan Wook.. Dividida en tres partes como su referente literaria es una obra de fotografía poética, que no rehuye denuncias sociales, (ni elaborados entremeses eróticos) La huida del yugo de la masculinidad, el erotismo de qualité, estampas de un esteticismo elaborado, para elaborar una oda al amor y la sexualidad femenina. La búsqueda de la sensualidad (en lo visual y lo orgánico) levitan sobre esta hermoso film. Planos pictóricos, denuncia de los dogmas patriarcales, narrador omniescente, que le otorgaron el premio del público del Festival de Sitges. Esta producción, cuidada en lo externo hasta la extenuación, no se queda en la epidermis del celuloide. Es demoledora (con escenas rompedoras), pero sin perder el tacto o la sutileza, incluso en los momentos más eróticos. La adaptación de “Falsa Identidad” deviene un producto de estética extrema, moralidades abruptas, erotismo oral que descolocará a los “palomiteros” compulsivos.
 
Mared Ade dio el campanazo en Cannes con su tercera película “Tony Erdmann”, en la que el personaje finge vivir en una comedia constante para su hija adicta al trabajo. La búsqueda de la felicidad, el deterioro de lo afectivo, el sentido de la vida son el eje de esta premiada oferta. El film es una broma inmensa, dulzura y amargura con influencias de Cassavetes limitando (pero equillibrando) con el exceso y salvando el abismo de lo desconcertante, la incomodidad y lo ambiguo, gracias a las enormes interpretaciones de Sandra Hüller y el austriaco Peter Simonischek y el dominio del timing. El comportamiento del padre (auténtico bufón) convertido en catarsis, creando un personaje inexistente para salvar de la vida artificial a su hija, mediante recursos del teatro del absurdo. Sorpresa continua para el espectador, que desconoce que puede suceder en cada momento. En lo (levemente) negativo, el excesivo metraje.
 
La aportación gala llega de la mano de “Une Vie”, dirigida por Stephanie Brizé, premiada en Venecia. La adaptación de la primera novela de Guy de Maupassant, calificado por Tolstoi como la mejor novela después de “Los Miserables”, es un retrato naturalista sobre la vida de una mujer acaudalada en una casa aislada de Normandía. Desde el cortometraje y el mundo del teatro, el director llega hasta esta obra tras haber madurado su universo en obras como “Mademoiselle Chambon” (2009) o “La Ley del Mercado”, un alegato sobre la dignidad del proletariado (2015). “Una Vida” inauguró el Festival de Cine Europeo de Sevilla en su XIII edición. No es la primera vez que este cuento del  depresivo autor francés se refleja en pantalla. Maria Schell protagonizó, en 1958, a esta mujer engañada y humillada, en la película de Alexandre Astruc. El personaje de Jeanne Le Perthuis de Vauds, está interpretada; arrebatadoramente; por Judith Chemla. Al igual que en otra propuesta de este festival “Lady Macbeth”, la protagonista se ve envuelta en los convencionalismos decimonónicos y un matrimonio desafortunado. La habilidad de Maupassant para los refinados estudios sicológicos y las descripciones de la naturaleza humana están presentes en este film, alejado también de la pompa histórica y que huye de los encuadres grandilocuentes y la puesta en escena solemne de este subgénero historicista. El autor apuesta por la oscuridad, las sombras, los silueteados junto a una vela. Constriñe al espectador en 4/3 para resaltar la opresión, la claustrofobia, la falta de horizontes del personaje. “Una Vida” navega por los detalles cotidianos, las luces y las sombras, lo agridulce, lo bucólico, la dialéctica retrospectiva, el naturalismo tan caro al escritor francés, ofrecidos en un formato casi cuadrado. Es un retrato en grises, donde la protagonista trata de enfocar la vida con un “no todo es tan malo”, enfrentándose a todo a base de un amor ciego. Excelente fotografía cámara en mano, planos largos; casi prescindiendo del plano/contraplano y escasa profundidad de campo para acentuar la extrañeidad movimientos bruscos o seccionamiento de partes del fotograma,. Los grandes saltos temporales, son la apuesta visual y estética de esta película de banda sonora destacable. También acentúa la utilización de la elipsis narrativa para aquellos sucesos que se dan por sobreentendidos. El premio FIPRESCI de la “Mostra de Venecia”, fue más que merecido para esta austera, minimalista y deliciosa propuesta, que si bien no es completamente “inédita”;  hubo dos proyecciones de esta asfixiante historia en el Lope de Vega, para continuar en los Cines Nervión; hasta este momento era desconocida en nuestros lares. Esta antihéroina que muestra su vida; negativo fotográfico de las mujeres Brönte o las protagonistas del mundo de Jane Austen; emociona y deja huella.
 
La propuesta extremeña llega de la mano de Rodrigo Rivas, con su película;  seleccionada para el Festival de cine policíaco de Lieja; “Garantía Personal”. Tras pasar por el Festival de Huelva, la producción de Estudios Auriga y Derivas Films, está interpretada por Belén López, Carlos Tristancho y Valentín Paredes, con el apoyo de la Junta de Extremadura y Canal Extremadura TV. El fantasma de la crisis se hace patente en la obra de Rodrigo Rivas, donde una mujer ha de luchar contra sus acreedores.
 
“La Estación de las Mujeres” navega por el proceloso mar de la misoginia visceral del país en que se desarrolla. Cuatro mujeres de una pequeña población de La India se enfrentan a las tradiciones que las esclavizan. Un mensaje hermoso y aleccionador, pero me temo que ilusorio y complicado en el mundo real. Quizás pecando de reiterativa en el mensaje, la obra muestra algunas de las lacras culturales de ese país: las bodas acordadas con desconocidos de muchachas jovencísimas, el machismo imperante, etc, con notables interpretaciones de las féminas.  Bienintencionada y llena de vitalidad, acusa la escasez de medios, el ritmo narrativo no fluido y la impostura para representar la realidad. Destaca el modo particular de cada mujer para asimilar o enfrentarse a la situación opresiva y ancestral, pero también la realidad de que muchas de estas actitudes machistas son reforzadas por ellas involuntariamente. como el intento de recuperar el poder con la sexualidad como en la Lisistrata de Aristófanes. Buenos diálogos, huida del tremendismo del asfixiante ambiente mediante la alegría. “La Estación de las Mujeres”, es un cuento moral lleno de esperanza y optimismo, con un mensaje de universalidad pese a estar situado en un entorno tan cerrado, lleno de actores no profesionales, costumbrismo y ganas de vivir. Rodeados de la paleta ocre y anaranjada del desierto de Rajasthan contrastando con los coloridos saris y el color viudedad de Rani; secando ajís al sol; hacinadas en las cabañas oscuras y claustrofóbicas, luchando contra la resistencia varonil a las tecnologías. El contrapunto dramático contrasta con los bailes; casi bollywoodianos; y los momentos hilarantes. O agridulces. La vida real es mucho más terrible que todo esto, desafortunadamente.
 
El Festival se complementa con una maratón de cine de terror ecléctico y contemporáneo.
“The Gest” no se encuadra exactamente dentro del género de terror. Es un sicothriller con reminiscencias del “Teorema” pasoliniano y la alargada sombra de Carpenter o Cameron sobre una entretenida y ochentera propuesta al día del “enemigo dentro de casa”. Plena de clichés y referencias facilotas, se sostiene sobre la interpretación de Dan Stevens. Una obra no demasiado estimulante, involuntaria parodia de las producciones videocluberas de los ochenta, que acompañada de unas palomitas puede transmitir algún susto al personal de butacas. Un cóctel de referencias multigenéricas, simpáticas, resultonas y lúdicas que no va más allá de sus escasas pretensiones. Al menos es más consecuente (y divertida) que otros; presuntamente sesudos; discursos narrativos.
 
“Lo que hacemos en las sombras”. Con vocación de comedia de culto, los directores Taila Waititi y Jemaine Clement, construyen una propuesta delirante (vía Monthy Pyton) sobre los avatares de un grupo de vampiros contemporáneos, con piso estética “estudiantes”. En las antípodas de otros productos más “teen” o bañados en hemoglobina, este falso documental se adentra en la vida cotidiana de una pandilla de vampiros que comparten hábitat. Jugando con las convenciones del género (espejos, régimen alimenticio) el guión dinamita y subvierte los valores principales sobre los que se apuntala la literatura vampírica. Repleta de gags, inteligencia y talento rocambolesco.

“Bone Tomahaw” es una revisitación/recreación del wenstern clásico, con visión ultracrepuscular, pasada por la turmix del gore, de la mano del afamado novelista S. Craig Zahler. Este reverso fotográfico que espejea “Centauros del Desierto” se abastece de las excelentes interpretaciones de un maduro Kurt Russell y de un extraordinario Richard Jenkys, trasunto del Walter Brennan “fordiano”, entre otros. Seca, áspera, con notables diálogos y una utilización del paisaje como enemigo (y colinas que tienen ojos) para subvertir los códigos genéricos. Bella historia de perdedores, que es una de las más notables aportaciones a la mitología del oeste de los últimos años. (Y al cine mondo). Con trogloditas incluidos de serie.


It Follows. Con reminiscencias argumentales del Carpenter iniciático, y un ¿peligroso? mensaje de conservadurismo sobre una maldición transmitida por promiscuidad juvenil, llega este film, una de las sorpresas de los últimos tiempos. Recelosa del susto gratuito (lo cual se agradece) con claras referencias visuales setenta-ochenteras, cuidada puesta en escena e incomoda, con bicho busca chica que peca de repetitiva en la propuesta. Una actualización del juego de “tú te la llevas” en clave cabronaza.

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