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viernes, 22 de septiembre de 2017

XXIV Ciclo de Cine en V.O. Cineclub Forum de Mérida y Cinesa

                                         


La primera propuesta de Cineclub Forum y Cinesa para el ciclo comienza el día 25 de Septiembre con un wenstern de factura patagónica, la argentina “El Invierno”. La aridez y dureza del paisaje servirá de fondo para un enfrentamiento generacional dentro del marco del capitalismo inmisericorde. Emiliano Torres nos presenta dos personalidades enfrentadas y el miedo a ser dejado de lado cuando ya no eres productivo para el sistema. Un sistema que apenas se deja entrever, ya que las cabezas (en este caso invisibles) apenas tienen presencia, pero toman las decisiones. La soledad de un  paisaje en formato panorámico, la naturaleza hostil, los terribles vientos son compañeros de viaje. El simbólico paso de las estaciones, la sustitución de lo viejo por los nuevo, el eterno ciclo de la naturaleza, la parquedad de lo diálogos y la denuncia mercantil constituyen este neo-wenstern, ciertamente crepuscular, con un enfrentamiento interpretativo de Alejandro Sieveking y Cristian Salguero y Premio Especial del Jurado y Fotografía en San Sebastián, donde el desamparo, las motivaciones humanass, los conflictos generacionales, el aislamiento dan lugar a una lectura con muchas capas. 
La fotografía de Ramiro Civita  (Garaje Olimpo, La ragazza del lago), obtiene imágenes de una belleza terrible de las zonas de El Calafate o Río Gallegos, convirtiendo el árido paisaje en un personaje más de este drama austral.


Para el 2 de octubre se proyectará “Paraíso”, un acercamiento al holocausto desde la perspectiva de tres personajes distintos cuyas vidas se entrecruzan en ese terrible periodo histórico. Los personajes hablan a cámara desde otra dimensión en determinados instantes, interrumpiendo la linealidad narrativa. Eficiente fotografía en blanco y negro, formato clásico (1,37:1) y búsqueda de elegancia visual. Una reflexión sobre el horror y el papel que cada persona desempeña. El distanciamiento brechtiano está presente, la intercalación de las entrevistas, los planos fijos, rompen el ritmo narrativo, pero sin afectar a la emoción. Buenas interpretaciones de Yuliya Vysotskaya, Christian Clauss, Philippe Duquesne para los grandes conflictos morales de la humanidad. En el lado menos positivo la visión caricaturesca de Heinrich Himmler (no se deben alterar los personajes históricos) o el homenaje a la Madre Rusia como un paraíso. Quizás esa página del libro de historia no la ha leído Konchalvsky.



“Selfie” llega el día 9 de Octubre, una propuesta coyuntural, con temas candentes en formato de falso documental. Dirigida por Victor Garcia León, esta comedia muestra la cotidianeidad de un joven de buena familia que se queda en la calle. Irreverente, con su dosis de mala baba y surrealismo para tratar temas de actualidad o no tan actuales. La pelea de los hispanos a garrotazos viene desde los tiempos de Goya



“Un minuto de Gloria” podrá visionarse el 16 de Octubre. La propuesta búlgara nos habla de la dignidad humana tras la metáfora de un reloj perdido. El guión da mandobles a diestro y siniestro para la sociedad de su país, esquivando el trazo grueso, basándose en dos personajes opuestos como metáfora de una sociedad cruel, llena de fraudes y la corrupción del estado. Con excelentes interpretaciones. naturalistas y ásperas de Stefan Denolyubov, Margita Gosheva Y escenas tremendamente divertidas como la del protagonista semidesnudo envuelto en la bandera de la UE. Un argumento que perfectamente podrían haber firmado Capra o Preston Sturges. El hombre humilde que encuentra una fortuna que sólo le acarrean problemas.







El 23 llega Sofía Coppola con “La Seducción”, una parábola sobre el matriarcado, un cuento pervertido y oscuro con Colin Farrel, Nicole Kidman y Kristen Dunst. Un remake de “El Seductor”, setentera y perturbadora narración con Clint Easwood ejerciendo de macho alfa. De vocación esteticista, brumas, bosques, etc, Sofía juega con la fotografía (Philippe Le Sourd) de referencias flamencas, centrándose en el aspecto visual y el envoltorio. Aquí la estética es la marca de la casa, escondiendo una sexualidad soterrada, quizás demasiado contenida en sus toques de comedia negra, para devenir en thriller psicosexual apoyado en las eficientes interpretaciones. Estudio corrosivo sobre la situación del las mujeres, el macho alfa, el ritual del cortejo, que con gran minuciosidad en los detalles del periodo histórico, nace desde una mirada claramente contemporánea.




“Abracadabra” de Pablo Berguer llega el 30 de octubre. Una comedia negra con la presencia Maribel Verdú, Antonio de la Torre, Jose María Pou y un contenido José Mota. Una oferta delirante y certera, mixturando el disparate, lo ridículo, el costumbrismo, la música comediscos, interpretaciones apabullantes, intriga y un largo etc. Guión heterogéneo, marichulos y proclama feminista y sobre todo mucho riesgo por parte del director que utiliza la cámara de forma brillante, certero montaje y dominio del cromatismo. Una propuesta refrescante en clave de comedia intergenérica y choni.



Para el 6 de noviembre se proyectará “Chabela”, el documental sobre la cantante Chabela Vargas, dirigido por Catherine Gund y Daresha Kyi. Material inédito sobre la reina de las rancheras, con entrevistas, secuencias con su áspera y personalísima voz, que compone un completo retrato sobre una personalidad única. Un paseo alrededor de la mujer del poncho telúrico, la garganta atequilada, la relación con Frida, un puzzle apasionante donde el chamanismo, la opción sexual, la valentía frente a un mundo de hombres, la lucha contra las convenciones o algunos aspectos menos brillantes de su vida pueden ser disfrutados por el espectador.  

jueves, 21 de septiembre de 2017

The Limehouse Golem. Vuelve el Grand Guignol

            



Juan Carlos Medina
Año: 2016
Duración: 109 minutos
Género: Thriller - Intriga
Nacionalidad: Reino Unido
Intérpretes: Olivia Cooke, Bill Nighy, Douglas Booth, María Valverde, Eddie Marsan


Los espectadores menos avezados quizás, ante  los primeros asesinatos, crean encontrarse envueltos en una película de subgénero gore o del más cómico splatter. Otros aventuraran una revisitación del latino giallo, basándose en la estética y el cromatismo del film. Ninguna de estas predicciones de higadillo y casquería son acertadas. The Limehouse Golem es un rendido homenaje (estético y conceptual) del abuelo paterno de todos esos subgéneros. Bienvenidos al Grand Guignol. Los clientes de la época victoriana precisaban de matanzas, salpicones de sangre (splatter) y otras delicias sobre el escenario, quizás para olvidar la dureza real de su cotidianeidad. Escenas grotescas, mutilaciones, ejecuciones y barberos asesinos se mezclaban sobre las tablas, para ofrecer la catarsis a un abarrotado y variopinto público formado por perdidas, borrachos, marineros y algunos miembros de la alta sociedad amantes de emociones fuertes o depravadas, deseosos de ver los ancestros de los actuales efectos especiales, que el visionario Oscar Méténier ofrecía al extremo inferior del escalón social. Sujetos que no se admitirían en otros lugares. Entre desmayos y gritos, el género se traslado a Inglaterra a principios de los 20, donde se le dio un envoltorio más gótico y se minimizó la violencia, debido a la censura existente en las artes británicas.
The Limehouse Golem es, ante todo, una propuesta atmosférica que toma lo mejor de aquel Grand Guignol y lo mixtura con travestismo, referencias a Jack the Ripper, novela negra y los famosos Penny Dreadful. Aquella literatura barata de thriller gótico que la clase obrera compartía o alquilaba, al no poder pagar ni siquiera ese “penique”, para seguir las atrocidades de Sweeney Todd y de otras vidas nada edificantes.
El director Juan Carlos Medina debutó con cine de género con una apuesta espinosa y arriesgada. Miscelánea de Guerra Civil con terror. En “Insensibles” la factura técnica disipaba los pequeños escollos de una propuesta balbuceante  y somática sobre niños que no sienten dolor. Aquí se ha empapado de referencias cinematográficas y cinéfilas como el mítico Golem al que dio vida el rabino de Praga, icono  del cine silente, e incluye el personaje del escritor George Gissing, casado con una ex­-prostituta,  que en su novela “New Grub Street”, pergeñaría un retrato despiadado del mundo marginal y artístico londinense.

Olivia Cook preguntándose: ¿Que sabía ella de los ferrocarriles?
Pero ningún acercamiento fue tan real como la inmersión literaria y humana de Jack London, que escribió una denuncia imprescindible: “La Gente del Abismo”(The People of the Abyss. 1903). En ella narraba la miserable e inhumana vida en el East End de Londres. El autor experimento en carne propia la degradación y la miseria, durmiendo en calles, burdeles, para describir y revelar las infrahumanas condiciones que la literatura victoriana al uso suele obviar.
En medio de este abismo se encontraba el barrio obrero de Limehouse, denominado así por sus hornos de cal. Los marineros fueron apodados "Limeys" o "Lime Juicers" ya que tenían raciones regulares de jugo de limón cuando en el mar para evitar el escorbuto. Pero lo más probable es que la teoría de “hornos de cal” sea la correcta, ya que el nombre de Limehouse es anterior a las raciones de escorbuto de marinero. En aquella época era igual de sórdido que el Whitechapel donde realizó sus fechorías el Destripador, con el añadido de barcos y asentamiento de fumaderos de opio donde el mismo Conan Doyle (Sherlock Holmes) acudía en busca de suministros. Y también era visitado por Chales Dickens para ver a su padrino.



El inspector Kildare, interpretado por el siempre eficiente Bill Nighty, trata de encontrar al autor de los crímenes en un Londres de serie B, opresivo, libertino y habitado de sombras. El diseño de producción es uno de los puntos fuertes, aprovechando los escasos exteriores y recreando minuciosamente escenarios decimonónicos o habitaciones con una notable fotografía de Simon Dennis (Melanie, Black Sails) ya habituado a fotografiar callejones y desoladas calles de ladrillo (Peaky Blinders, Jekyll and Hyde, Ripper Street). Aunque todas estas referencias ya se encontraban en la novela germinal: “Dan Leno and the Limehouse Golem” del británico Peter Ackroyd, guionizada por Jane Goldman (Stardust, X-Men, La Mujer de Negro, El Hogar de Miss Peregrine para Niños Peculiares) avalada por una gran experiencia con la estética gótica. La guionista emite  un programa sobre experiencias paranormales “Jane Goldman Investigates”, con un sesgo bastante científico. 

Dan Leno fue un cómico de music hall especializado en pantomima, transformismo, comedia cockney y en papeles de “dame”. Con él, creció el burlesque. Pero sus preferencias artísticas le restaron puntos para ser tomado en serio e interpretar papeles Shakesperianos. Sufrió una crisis emocional y murió a los 43 años. El film homenajea iconos de la época como la representación del Bluebeard que tiene lugar en el teatro, o la inclusión del mismísimo Karl Marx como  sospechoso. Incluso el mismo detective es un prefacio de lo que sería Sherlock Holmes, también se recitan de versos del poeta Alexander Poe y hay varias referencias al escritor opiómano Tomas de Quincey y su obra “Del Asesinato considerado como una de las Bellas Artes
La dramaturgia se sustenta sobre las notables interpretaciones del veterano Nighty, sobre la naturalidad de Olivia Cooke (una Moll Flanders que consigue ascender utilizando sus astucia en un entorno machista y conservador) y el certero personaje que desarrolla Douglas Booth (casi un sosias de Freddie Mercury). Destacar a María Valverde en un esforzado rol victoriano con acento correcto. Nunca sabremos las aportaciones que podría haber hecho al personaje detectivesco el gran Alan Rickman, cuyo fallecimiento le pasó el testigo del detective Kildare a su veterano compatriota.



Hubo otros dos directores que coquetearon con la idea de llevar a la pantalla la novela de Peter Ackroyd. Las visiones del esteticista Yvory y del delirante Terry William, hubieran dado como resultado poemas visuales de lo más disímil. Desafortunadamente nunca llegaremos a verlos. Limehouse es un thriller victoriano lleno de guiños a la Hammer, con referencias al “From Hell” del ecléctico Alan Moore (la frase pintada con sangre sobre la pared)  Bill Nighty recuerda en algunos sesgos al enorme Peter Cushing en sus incursiones hammerianas. Hay retazos pulp en la narrativa, una extraña simbiosis de Dickens con David Fincher, añadiendo el manierismo de Terence Fisher.

Hermosa banda sonora atmosférica, macabra, intensa y  eficiente, del antiguo músico de jazz Johan Söderqvist (Hermanos, Cosas que perdimos en el fuego, Déjame Entrar). En la partitura hay predominio de música electrónica para matices góticos o instantes de una insana melancolía. Destacan temas como “El Golem”, teñido de un romanticismo enfermizo.
La inclusión de canciones equivocas de la época como ¿Qué sabía ella de los ferrocarriles?, escrita y compuesto por CG Cotes & Bennett Scott (1897), que en el film es cantada por Olivia Cooke, y  llevó a la cantante de Music Hall del East End, Marie Lloyd (1870-1922), ante el Comité de Vigilancia, contribuyen a la creación de un clima realista y desenfado en esos instantes:

Alguien quería perforar su boleto
los guardias y porteros llegaron ronda por la puntuación
y ella les dijo a todos que nunca había tenido su boleto perforado antes.

Otra composición I'm Waiting for Him Tonight, Compuesta por Dan Leno / Johan Söderqvist, esta escrita siguiendo los cánones musicales del music hall de la época con enorme acierto.

Lo mejor: La factura técnica, el diseño de producción y las interpretaciones.
Lo peor: Que la densidad de la trama ralentice el interés del espectador o la pérdida de detalles para atraparlo. Que se pueda adivinar el final por parte de los más avezados.





martes, 19 de septiembre de 2017

Lady Macbeth. Una mantis religiosa rural. COC. Filmoteca de Extremadura

                        


En 1865, Nikolai Leskov creó un personaje cuyo nombre tenía reminiscencias shakesperianas, aunque no guardara ninguna relación con el referente literario. Durante su vida el autor fue criticado por  todos los sectores políticos, y no  fue comprendido, a pesar de ser un renovador del lenguaje literario. Esta “Lady Macbeth”, cuyos inicios presagian (erróneamente) que el espectador va a encontrarse con  un personaje a lo “Brontë” en un paisaje digno de “Cumbres Borrascosas”, o con una flauvertiana e insatisfecha Madame Bovary, tal vez con una irracional Anna Karenina, o una escandalosa Lady Chatterley. Pero el personaje que dibuja la angelical Florence Pugh, padece una intensa patología. Como otra antihéroina, la protagonista de la  novela de François Mauriac: Térèse Desqueyroux, enferma de ahedonia. Aquella es el reverso de esta Lady Macbeth, que descubre una excitación sicopática, transmutada en mantis hipersexual, cuando se deja arrebatar por la pasión y la insanía.



Oprimida en una sociedad heteropatriarcal, que ejerce el abuso sobre las clases inferiores, atrapada en un matrimonio rural pactado, la protagonista se asfixia viendo pasar las horas  ante sí, viéndose despreciada por su marido. Tan encorsetado el espíritu como el cuerpo.
William Oldroyd utiliza largos y contenidos planos, paredes austeras, espacios casi desnudos para crear inquietud y desasosiego. Con escasos exteriores, desolados y yermos en el más puro estilo de romanticismo desaforado. La sensación de claustrofobia y endogamia es enorme. La simpatía que en un principio puede provocar Catherine, su despertar sexual, la búsqueda de su lugar en una sociedad opresora, se torna un cáliz agrio cuando los primeros acordes de la sinfonía de su patología comienzan a sonar. Carece de capacidad de arrepentimiento, de empatía, de conciencia. Auque quizás se escamotea al espectador un proceso más complejo en el proceso de víctima a verdugo desalmado.  



Se antoja atropellada la evolución de la inocente ama de casa sentada estática en el sofá, hacia la asesina desalmada que cambia su sempiterno traje azul (la única nota de color en el film) como cambia de piel. A pesar de las referencias teatrales de Oldroyd y de su guionista, el tratamiento es eminentemente cinematográfico, jugando con los planos para crear ansiedad o manifestar el implacable paso del tiempo. Florence Pugh está enorme. La expresividad de su impasibilidad (si se me permite el juego de palabras) proporciona instantes de verdadero goce cinéfilo. Espléndida fotografía de Ari Wegner que contrasta al inicio el color del traje de Katherine con los paisajes ocres y desolados, las playas agrestes de Nortumberland y Durham, o los blancos gélidos e insultantes de las paredes, para mimetizarla en el epílogo con su nuevo vestido oscuro, pero en la misma posición que comenzó el film. El eterno retorno, el mito de Sísifo en la Inglaterra rural. Y es que la intención del director para esta Jane Austen pervertida, es no proporcionar hospedaje al espectador. Para ello lo incomoda con encuadres cartesianos, largos e inquietantes, recreándose, dilatando el tempo para mostrarnos la mentalidad de una época donde la mujer es un habitáculo para conceder placer a los hombres y albergar su descendencia. Nos encontramos ante un “Heritage Film” atípico con un acusado (y sorprendente) componente racial y socialmente reivindicativo. El hijo bastardo del marido de Catherine es de raza negra, así como criada Anna, que no existía en el cuento original y también el final ha sido cambiado. Excelente pieza de cámara. Una rareza que rompe las convenciones del género. No apta para degustadores delicados.

lunes, 18 de septiembre de 2017

36 Festival Nacional de Teatro: Vegas Bajas. 6 al 22 de Octubre de 2017









                     

Con un programa ecléctico y atrayente se presenta la 36 edición de un festival consolidado. Fruto de la colaboración entre Junta de Extremadura, Diputación y Ayuntamiento de Puebla de la Calzada, junto a las asociaciones culturales Jarancio y Carazo.







Arrancando el 6 de Octubre con el monólogo “Yayerías”, de Félix Albo. Una obra donde los recuerdos, un  pequeño pueblo, un grillo o un búho, conforman historias para adultos llenas de ternura y sonrisas. En tono juglaresco el actor nos enfrenta con los estereotipos sociales. Basado en un libro del propio actor/escritor esta obra lleva al público por calles en penumbra, el olor del bizcocho, la vida que nunca volverá a ser, todo desde la mirada del “yayo” que es como llaman en Levante a los abuelos.


El día 7 llegan “Clásicas Envidiosas”, que ya estuviera en el Festival de la Villa Romana de Torreáguila. Esta parodia “chespiriana” arrancará las carcajadas del público con un texto de Chema Rodríguez-Calderón que nos plantea una fantasía Isabelina, en la que, Ofelia ,no quiere arrojarse al río y todos los personajes del príncipe vikingo se salen de las líneas del guión. Añadamos un estudio de radio de los 50 y la voz aterciopelada de Sinatra para esta propuesta inteligente y aguda de Martelache. Un cambio en la historia, hasta ahora oficial, una propuesta refrescante, iconoclasta con interpretaciones notables.
EQUIPO ARTÍSTICO:
Lady Macbeth Juan Madrid Delgado Julieta Pedro Bachura Hamlet Julián Ortega / David Carrio Ofelia Chema Rodríguez Calderón Romeo Gerard Clúa.
DIRECCIÓN:
Juanma Cifuentes.


“La Maricarmen” de Aaron Benchetrit, es la propuesta para el 8 de octubre. Arteatro y la Providencia Producciones muestran este cariñoso homenaje a las gran Mari Santpere. Mamen Godoy borda un personaje, incluso en su apariencia física, lleno de ternura, de canciones, mixturando el tono humorístico con el drama de su difícil vida. Mamen esta acompañada del actor Ivan Luis, en un papel episódico, pero fundamental. Esta disparatada Santpere navega por su mundo absurdo, plena de registros, conduciendo al público de la lágrima a la carcajada en un trabajo natural de puro teatro, en las manos de Virginia Flores.



“El Último Amor de Lorca” , la exitosa obra de Miguel Murillo sobre los últimos días del poeta granadino es un respetuoso acercamiento, pleno de tragedia y humor, a esa postrera emoción lorquiana que truncó la guerra, y a la necedad humana. Unas interpretaciones sobresalientes de J C Corrales en el rol del autor del “Romancero Gitano” y del resto del elenco bajo la batuta de J. Raynaud y de Ex3 Producciones. El 12 de Octubre.
EQUIPO ARTÍSTICO:
Federico JC Corrales Juan Miguel Pérez Polo Pura Ana Franco Margarita Concha Rodríguez Andrés Rüll Delgado Maruja Raquel Palma Otoniel Javier Herrera.
 DIRECCIÓN:
J. Raynaud.

“Retablo Jocoso de la Maldita Armadura” es una comedia en clave de enredo de “Akatama Teatro”. Una familia noble del siglo XVIII muestra sus inquietudes para llegar a fin de mes en texto del extremeño Florián Recio. Embarazos no deseados, desahucios, enredos y mucha ironía, con escenografía del siglo aúreo para  Elena de Miguel, JC Corrales, Rocío Montero, Rakel Jiménez y Rubén Lanchazo como protagonistas. En la vida de Cristina, una viuda con deudas que busca el tesoro de un marido fiambre. Para el 13 de Octubre.
EQUIPO ARTÍSTICO:
Elvira Rocío Montero Tristán JC Corrales Cristina Elena de Miguel Pascuala Rakel Jiménez Ludovico Rubén Lanchazo.
 DIRECCIÓN:
J. Raynaud.


Otra comedia llega el día 14, se trata de la exitosa “Las Princesas del Pacífico”. Agustina y Lidia son como personajes de otra planeta, aisladas, solitarias y felices a su manera. Su única ventana al mundo es la televisión. Al recibir como premio un crucero, se tendrán que enfrentar a un mundo hostil. Propuesta esperpéntica a tres bandas (José Troncoso, Alicia Rodríguez y Sara Romero) en el texto, que mezcla la carcajada con el absurdo, lo trágico con casi el humor negro, en un constante cambio genérico. La actrices Alicia Rodríguez y Belén Ponce consiguen un difícil (y buñuelesco) equilibrio entre lo esperpéntico, lo entrañable bajo al dirección de Jose Troncoso. La Estampida Teatro.






Producciones Glauka llega el 15 de Octubre con “La Boda Salvaje. Pelayo y Cayetana reciben una invitación para una semana de gastos pagados en la finca de una amiga que se casa. La risa y lo rocambolesco se dan la mano en esta cita. Es la primera vez que la compañía representa la obra. Direccion de Jose Antonio Lucia y Pepa Gracia.




De Nao D´amores se representara el día 20 “Penal de Ocaña”, un acertado monólogo basado en un diario personal de la escritora Maria Josefa Canellada, que tuvo que abandonar sus estudios y trabajar como enfermera durante la guerra civil. Eva Rufo se habita de la piel de la escritora para hablar sobre el sufrimiento, la sinrazón y las injusticias. Impecable puesta en escena y utilización del espacio escénico donde el piano (Isabel Zamora) juega un papel importante con obras de Falla, Shubbert o Chopin, entre otros., ya que también recrea espacios sonoros. Historia de una de tantas heroínas en la sombra. Una obra certera, de bellísimo texto, bajo a dirección de Ana Zamora, nieta de la protagonista.


Una de las obras cumbres del dramaturgo francés Molière . Esta versión destila la sabiduría de quien conoce las tablas. El juego escénico, las posiciones, la limpieza de las interpretaciones presentan a estos arquetipos que el dramaturgo gabacho critica lo que claramente es una situación de “postureo”. Nuestro burgués pretende ser aristócrata y asimilar conocimientos que le son ajenos para estar a la altura. Pero tan sólo sirve para que todo el mundo se aproveche de su ingenuidad. La escenografía (tan sólo una escalinata) permite carreras, triciclos, para esta farsa ácida con sobresaliente vestuario e interpretaciones de Teatro de Papel.
EQUIPO ARTÍSTICO:
Granada Losán, Antonio Solano, Juan Antonio Lara, Fernando Ramos, Julio Galindo, Granada Bernabé, Lola Fernández y Claudio Martín.
 DIRECCIÓN:
Claudio Martín.


Para el epílogo, día 22 de Octubre el Festival ha reservado “La Celestina” de CTC Producciones, donde una juglaresa portando los títeres de Calixto y Melibea se aproxima al lado más amoroso de la clásica tragicomedia. Mixturando textos de Fernando de Rojas, paráfrasis o creando nuevos fragmentos. La actriz Carolina Calema lleva a cabo una perfomance de gran exigencia, jugando con timbres y actitudes, donde se mezcla l"a comedia dell´arte" con el teatro de títeres o con el mundo del juglar y del clow, dentro de una realización impecable. EQUIPO ARTÍSTICO:Carolina Calema.
DIRECCIÓN:

Darío Galo


jueves, 14 de septiembre de 2017

Miguel Bosé. El eterno retorno. Stone & Music Festival. Mérida

                                          





Apenas habían comenzado los primeros acordes que la orquesta y los coros de Miguel Bosé; habitados de negro riguroso; atacaban con precisión, cuando ya un público arrebatado cortejaba las canciones. El público de Miguel es fiel y le ha acompañado desde sus inicios a juzgar por la media de edad. De aquellas fans adolescentes de sus inicios, ha quedado un público de lo más variopinto, certero y apasionado que conoce los temas y los disfruta. Algo ha llovido desde que Camilo Sexto lo  incentivara y le compusiera sus primeros temas. Reconozco que no llamó mi atención en sus inicios; yo andaba en otras lides musicales. En 1977 la pasión cinéfila nos llevaría a las salas para disfrutar de esa obra maestra de Darío Argento que es “Suspiria”. Allí, Miguel tenía un pequeño papel donde desataba otra de sus pasiones: la danza, que había estudiado con Lindsay Kemp, Marta Graham y Alvyn Alley. No fue hasta el álbum “Miguel” que comenzó a interesarme con canciones como “Morir de Amor”, la preciosa “Te Amaré”, todavía con arreglos y conceptos bastante “teen”. Pero sería en la producción “Los Chicos no Lloran” cuando me rendiría ante la madurez de creaciones como la juguetona “Bambú”, la equívoca “Con las manos vacías” o “Si te cuentan que caí”. Años después, en su decimoquinta aventura, el intérprete alcanza el olimpo musical. Arreglos cuidadísimos con concepto de banda sonora, aportaciones del nivel de la bellísima “El Ilusionista”, la soberbia “Olvídame Tú” (que se echó de menos en este concierto). Temas tan elegantes como “A una Dama” o la letra musicada del petrarquista Soneto V Garcilaso de la Vega: “Por vos Muero”, de concepto neoplatónico sobre amadas inalcanzables, y uno de los más bellos del Renacimiento. (Por vos he de morir y por vos muero)


El numeroso público que abarrotaba las milenarias piedras, coreó todas las canciones desde la primera época del artista, que bromeó ofreciéndoles un “lifting” anímico. Pero esta revisitación ha pasado también por sus baladas. Han sido enriquecidas con arreglos certeros y bellos, se añaden instrumentos como el acordeón, se juega con los tempos, siendo lo mismo y distinto en un eterno retorno a los orígenes, añadiéndoles el matiz de la experiencia y la sabiduría de los kilómetros. Aquí hay tablas; de eso no cabe duda; Bosé se mueve con su proverbial elegancia, domina el gesto corporal y el timing, ya sea sentado en una silla en un acústico que pone los pelos de punta o haciendo que el Anfiteatro se venga abajo coreado por miles de voces en la apoteosis de ese icono musical que es “Sevilla” (Como a una reina te adoraré). La complicidad del artista con el resto del elenco es total. Disfrutan y hacen disfrutar.

 Son músicos y cantantes con mucho mundo detrás. Y Miguel ya les había presentado sus respetos dejándolos asomar al peristilo de uno en uno al principio del concierto. A lo largo de la noche se sucedieron temas de las primeras etapas (Creo en ti, Morir de Amor) con el público en pie bailando y celebrando las canciones enlazadas. Piezas señeras como “Linda”; en el recuerdo de tantas adolescencias; Superman, Don Diablo (con bromas coreográficas incluidas). Miguel escenifica cada tema con esa galanura que es la marca de la casa. Camina “como un lobo” para ir detrás de ti (ahora sin Bimba). Mientras planchas el corazón te da “Bambú” ( Turap tuhé) o se desliza por el escenario como un patinador.
Hace que te enamores de esa “morena suya”, eriza el vello en un acústico espectacular (Te amaré) o deja un rincón para la reivindicación y la denuncia del absurdo humano:

Dame una isla en el medio del mar
Llámala libertad
Canta fuerte hermano
Dime que el viento no, no la hundirá

Miguel Bosé ha conseguido que sus canciones sean intergeneracionales, padres e hijos coreaban ese icono de la música pop patria que es “Amante, bandido”, maquillada para la ocasión, dejando “ese perfume que nos devuelven las canciones en el tiempo”. Cuarenta años de canciones dan mucho de sí. Para encontrar en algún desván el corazón, corazón malherido, para desear transmutarse en Gulliver, para darse cuenta de que todos los mares se secarán “si tu no vuelves”. Y cada noche vendrá una estrella
a hacerme compañía…
Bosé sobre el escenario economiza el gesto, solicita complicidad, guía al público como un flautista de Hamelin preguntándole “que va ser de ti”, lo obliga a seguirlo hasta una adolescencia casi olvidada , te cuenta que “nadie como tú me sabe hacer café”, deja que lo escolten hasta lo más profundo de su dolor en el bello acústico “Amiga”:

Si fuiste lo que fuiste
fue en mi casa que para
ti fue tu palacio y tu guarida.
amiga, amiga.
que dulce esa palabra
y que sencilla esa
palabra suena hoy.


“Estaré” fue el regalo del artista al calor de sus seguidores. Una hermosa composición dedicada a sus hijos, una balada a fuego lento que refleja ese miedo al desamparo, al olvido, a no haber hecho suficiente que tan sólo saben los padres:

Y siempre estaré
Muy cerca de ti
Me veas o no me vas a sentir
En cada duda, en cada temor
Te voy a quedar, te voy a batir
Porque eres mi paz, mi luz y mi sol
Mi fiebre, mi fuerza
Mi único amor
Y ahí donde siempre
Estoy y estaré
En tu corazón, siempre ahí
Estaré

Pero el respetable se negaba en redondo a que terminara el concierto y pedía (o gritaba) “otra” hasta conseguir varios bises que el artista encajaba con complicidad, el índice en alto y sentido del humor. ¡Gracias Mérida!
Después de meterse en el bolsillo a sus rendidos acólitos, el juglar marchaba fuera de España después de haberse reinventado, de haber hecho temblar las gradas y caveas, de haber facturado en su viaje a un público fiel que disfrutó, rememoró y participó en la liturgia nostálgica de este animal escénico, que realizaba un esfuerzo tremendo ya que se encontraba “tocado” en la garganta.
Una noche inolvidable donde se disfrutó de la alquimia del cantante de los ojos ahumados. Una noche para la nostalgia, para ese “lifting” anímico que prodigaba el polifacético artista para convencernos que “nosotros, los de antes, seguimos siendo los mismos”. Como las recias columnas del escenario.
Lo mejor: La complicidad y generosidad de Bosé con su público, una verdadera fiesta dionisiaca.

Lo peor: Los altavoces del lado izquierdo reverberaban en exceso haciendo palpitar y prolongar las notas del bajo hasta solapar en ocasiones la voz. Cosas de la tecnología.

lunes, 14 de agosto de 2017

Cervantina. No hay medicina que cure el ronlalismo. 33 Festival de Teatro Clásico de Alcántara. Ron Lalá

                                                            Año del Señor de 2017
Ya era tiempo de retornar al goce, por estos pagos, de la troupe de cómicos de la legua, que ya levantara la admiración de vuestras mercedes, en la edición del 201, durante la notable celebración del señero Festival de Teatro de Alcántara, con su prodigioso enredo “En un lugar del Quijote”.
Tiempo es, de que estos pícaros, titiriteros del lenguaje, taimados bullebulles, metijones y esquinados malandrines retronaran a las tablas del Conventual de San Benito para llenar de regocijo los menesteres (mundanos y espirituales) de sus discípulos más acérrimos o de los neófitos, que acuden expectantes para reír con mágico prodigioso, con pícaro irredento o desvergonzada moza. Y es que Ron Lalá se reinventa en cada montaje, ejerce su ministerio vital con alquímico prodigio, destilando la hechicería de la palabra cervantesca, reinventando entremeses, reconstruyendo el verso áureo o remedando  vanidades mundanas, fatuidades y pompas, o burlando del necio que se creyó  sublime, del  vano petulante, o  del gobernante que engroso antes sus arcas que su honra.




Han de saber vuestras mercedes que aquestos malandrines de la palabra, ejercen también de musicantes y son notables seguidores de la musa Euterpe (la del agradable genio) ya que tañen bordones y hacen uso del  plecto con gracejo y donosura.
Pero no se equivoquen altos ministros, ni pueblo llano; que al fin y la cabo la sepultura les volverá iguales; pues estos bulliciosos comediantes ocultan bajo el disfraz de la carcajada un discurso tan juicioso como el de grandes filósofos, tras la simulación de la anécdota, la sabiduría del verbo depurado por un orfebre. Disfruten, pues, vuestras mercedes, vivan la ajena tragedia del bellaco y el perillán que terminan desdentados tras las migajas. Complázcanse con ese extremeño celoso que no logra vigilar el virgo de Leonora y sus cuitas para que no goce de fogoso amante, sigan la historia de la gitanilla Preciosa;(excelente Daniel Rovalher), nacida para ser ladrona; pero de noble origen, vean como los ladinos Rinconete (Miguel Madalena) y Cortadillo se presentan ante Monipodio (Juan Cañas) y su cofradía del hampa, recréense en la histriónica musa recreada por Iñigo Echeverría, rían con la tronchante Cariharta de Alvaro Tato, maravíllense con los prodigiosos atuendos (Tatiana de Sarabia) y la potente escenografía (Carolina González). Toda esta barahúnda, bajo la hábil batuta del desfacedor de entuertos Yayo Cáceres. Y es que el ronlalismo, cuando se te enquista en el alma, no hay remedio ni aspirina que lo cure…

Aquesta folia fermosa
de mago y titiritero,
plena de amor e de rosa,
no dejará  a nadie entero.
!Que vienen los ronlaleros!




jueves, 10 de agosto de 2017

Los misterios del Quijote. El triunfo de la “brujería”. 33 Festival de Teatro Clásico de Alcántara

                      



¿Otra vez a ver al brujo? Esta fue la lógica (por otra parte, aplastante) y asombrada pregunta de mi entorno. Traté de convencerles, a duras penas, ya que en poco tiempo habíamos visto a Rafael Álvarez en dos ocasiones. La primera en el López de Ayala en Badajoz, con la obra que suscribe y la segunda en el Teatro Sierra de Aracena con “Cómico”, Se escaparon de ver “El Asno de Oro” en Itálica por tablas. Pero el verbo sereno; heredado de las grandes plumas y mi lógica abrumadora; plagiando grandes filósofos; término desarmando a la “peña”: El Brujo es como el océano, flujo y reflujo. Un continuo devenir, bla, bla, bla, la respiración del agua, bla, bla, bla, el susurro del viento. Para evitarme la prédica “brujeril” (sabían que no iba a detenerme) terminaron accediendo y allende el río Tajo nos encontramos en el Conventual de Alcántara frente al desnudo escenario que utiliza Rafael Álvarez para sus nigromancias. Esta es la magia del teatro. 

El día anterior El Hamlet de la Compañía de Teatro Clásico de Sevilla había impactado con una escenografía barroca, cromática y palpitante. Ahora un solo actor, habitado de sefardita sayuela, deambula por el escenario casi desnudo como “peonza que da vueltas y vueltas en un olivar sefardí” (con permiso de Sabina). Rafael tiene un público fiel que le  sigue, que reconoce sus sesgos, su liturgia verbal, la alquimia que imprime al verbo y el dominio del lenguaje gestual, tallado en muchas leguas de camino de este bululú contemporáneo. El Brujo es un juglar de lo heterodoxo, un nigromante que lo mismo coquetea con el mágico verbo áureo, que loa inmortales clásicos, que se burla del lenguaje absurdo y estulto de parte de nuestra sociedad o entremezcla vivencias personales (o imaginadas) con historias cotidianas (quizás reales) de personajes mundanos. El Conventual, lleno a reventar, disfrutó con la magia de este titiritero del lenguaje, con sus teorías sobre la autoría del “caballero de la triste figura”, con su verbo poliédrico y hechizador.


En sus manos, El Quijote cobraba vida, palpitaba. La manchega llanura se hacía real y las peripecias de los personajes, reales o imaginarios, se entremezclan en la turmix de su capacidad de improvisación, topan con el ajado cuero de su cervantina adarga. El Brujo nos habla sobre la misericordia, sobre la capacidad humana de perdón. Este es el mensaje final tras el cervantesco disfraz, tras la excusa de la literatura hay un desfacedor de entuertos humanos. Un nigromante del sentimiento que se lleva de calle al público. Y lo  hace con mentadas a clásicazos y recitados de poemas que, en otros foros, pondrían pies en polvorosa al respetable. Esto es encomiable. Acercar al pueblo las cumbres literarias mediante el humor. Resucitar con su liturgia verbal la palabra antigua. Sacar de los polvorientos anaqueles a aquellos que cimentaron con su pasado nuestro futuro. Un público que ya ha hecho suyas las brujeriles frases “A veces me confundo” “Me he separado, pero estoy bien”. Termina la función y nos damos cuenta que Rafael Álvarez lo ha conseguido de nuevo: Dejarnos con ganas de más. La liturgia ha finalizado y el Conventual se viene abajo. Los neófitos acaban de descubrir que el verdadero embrujo de Rafael Álvarez está en la palabra. Los veteranos se marchan con la “misericordia”, que el generoso hidalgo ha repartido, a buen recaudo en sus corazones. ¿Otra vez a ver al brujo? Sí, hija, sí. Y las que hagan falta…

martes, 8 de agosto de 2017

La Bella Helena: Los Monty Python en la Hélade. 63 Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida

                              



 


Ya desde los primeros compases de esta Bella Helena queda patente su vocación de musical of Broadway. La obertura de Offenbach, con ese preludio de vientos, que es toda una declaración de intenciones del contenido bufo e iconoclasta de la obra, es sustituida por una pieza al más genuino estilo del musical.
Diversos son los cambios y arreglos en la orquestación y la estructura dramática con respecto al original del teutón. Se transforma y “aligera” el aria “Au Mont Ida”; obra de enorme exigencia para el tenor; en un genuino número de music hall: Evohé, que ces d‚esses, Ont de drôles de façons”.
Se conserva también la extraordinaria y burlesca “Tzing la la, tzing la la, Oya Kephale, Kephale, o la la”, durante la entrada del controvertido Orestes y sus acompañantes. Desaparece el personaje de la criada Bachiss. El dúo de Helena y Paris; una melodía disneyana; transforma el original libreto: Va-t'en, va-t'en, mon amour te suivra! Je crains leur fureur. Vete, vete, mi amor te seguirá! Temo su furor. El diálogo se convierte en el divertido: ¿Quien es él?. Me fascina su mirada felina…. También se elimina el  coro que acompañaba al dúo. Se añade un divertidísima y disparatada interacción del cornúpeta Menelao, oculto bajo el diván, ya que en el libreto original tan sólo aparece al final del acto, junto a los reyes. Otro de los aciertos es convertir la presentación de los reyes y el oráculo en uno de los momentos más desternillantes y surrealistas del libreto. 



No son estas las únicas innovaciones. Aquí, los dos Ayax, que en el original eran un par de zascandiles, se convierten en dos “reinonas drag” y Aquiles se transmuta en un retardado y escueto Robocop. La melodía del entreacto se escucha brevemente entre los dos actos en que resume esta versión la tríada del original. Uno de los momentos más espectaculares es la “Tirolesa con Coro” donde el actor extrae todo su registro vocal (La lai tou la la la la), para finalizar en el divertido y prodigioso epílogo, de pegadizo compás. Ma foi, partons pour Cythère!..tons pour Cythère. También la inclusión del can-can, quizás la obra más conocida del iconoclasta autor. Este pentagrama es utilizado para la presentación de Afrodita, una juguetona y pizpireta Rocío Madrid.
Se ha optado por el final alternativo. De las ocho versiones existentes tan sólo una; la edición Gérard; tiene el epílogo frívolo y festivo por el que ha optado esta adaptación. El resto terminan en una declaración de guerra, que no es acorde con el ambiente dionisíaco y lúdico de la sátira.


El violonchelista Jacques Offenbach fue un iconoclasta que aplicó la comicidad en el género naciente de la opereta (aunque ésta se presenta como ópera “bufa”) para fustigar la decadencia moral del Segundo Imperio Francés y la sociedad conservadora. Su colaboración con los libretistas Henri Meilhac y Ludovic Halévy, autor de “Carmen”; fue muy fructífera. El éxito de esta precuela de La Guerra de Troya, fue inmediato, y este compositor alemán, pero afrancesado en sus conceptos, llegó a ser el más representativo en el periodo que abarca el reinado de Luis-Felipe hasta la III Republica.  La partitura de “La Bella Helena”, se hallaba a caballo entre el concepto culto de la gran ópera y el desenfreno de la música popular y los cuplés. Herramienta soterrada para la crítica a una sociedad de moral puritana, mediante la farsa y lo bufo (no había otro modo de burlar a la censura). Los autores satirizaron y ridiculizaron; camuflando en Olimpo bullicioso; vehiculando mediante lo caricaturesco y el absurdo, la realidad oficiante. Offenbach utilizó la partitura para contraponerse a una ópera que consideraba vacía de conceptos y contenidos, pese a su estructura formal perfecta. No podían faltar las acusaciones de falta de patriotismo para argumentos que se mofaban de instituciones intocables y sagradas como el matrimonio y el fervor popular, hasta acusar a la música del autor de que; en su decadencia; había facilitado la derrota ante Prusia. El fanatismo no conoce límites ni épocas. La crítica de la ópera “ochocentista”, de sus argumentos encorsetados, su lenguaje grandilocuente y disparatados argumentos, había dado su fruto: el nacimiento de un nuevo género donde la comedia alocada se mezcla con elementos musicales y sociales. Como curiosidad añadir que el título que en principio se pensó para la opereta fue “La Prise de Troye”, afortunadamente olvidado en beneficio de este “Bella Helena”


Fue tanto su éxito que impuso todo un género, después imitado por otros compositores como Johann Strauss, Frank Lehár o Arthur Sullivan. Offenbach es, sin duda, creador de una especie nueva, aunque existían antecedentes como Hervé. Con esta creación reinó absolutamente solo en un concepto musical genuinamente francés: refinado, ingenioso, con perfiles definidos clásicos, de perfecta a indiscutible factura. Pero si fue el padre de la opereta en el sentido de su dignificación y popularización, atribuirle ser el creador de la Comedia Musical no es totalmente exacto. Offenbach sería un precursor de este género cuyos estilemas, estructura musical, requerimientos vocales y nivel conceptual no encajan enteramente en la Opereta. Para remitirnos a los orígenes del musical tal y como lo conocemos, debemos adjudicar el mérito a George M. Cohan, cuyas aportaciones se apartaban del burlesque, de la opereta o la revista, creando una forma completamente nueva con obras como “Little Johnny Jones” (1904). Se diferenciaba de géneros anteriores en que los personajes no eran héroes mitológicos ni habitadores del Olimpo. Eran los vecinos de al lado. Boxeadores, fabricantes, jockeys y otros tipos cotidianos, junto al aire ligero, coloquial y alborozado de las letras (esencialmente norteamericano), alejado de los, aún encorsetados, pentagramas gabachos. Añadan la utilización del baile para avanzar el argumento y tendremos los orígenes del musical. 
Offenbach vivió en el Paris de los “boulevardiers”, la cuna de la bohême, donde postureaban  (no es nada nuevo) los dandis. Allí las cafeterías, teatros o cafés-conciertos estaban invadidos por la jeusesse dorée, pero también de la vanagloria del imperio de Luis Napoleón. Además tiene el atrevimiento de introducir historietas llamadas “couplets”, diálogos hablados o bailes como can-can o rigodón.



Desde el libreto original, el director  Ricard Reguant y la pluma de Miguel Murillo en la adaptación, han extraído ese rechazo al esquematismo racional, la crítica estética que camuflaba la sátira política, el humor como canal de la denuncia. Aquí y allá lo han aliñado con denuncia social bajo la máscara del humor, con pinceladas surrealistas, dignas de "13 Rue del Percebe". Con brochazos sin compasión a la mezquindad, la sociedad autosatisfecha, el postureo y la falsedad moral que ya denunciase Offenbach. La apuesta estética juega con el desorden vital. Desde la máscara de la mitología y una aparente  y disparatada frivolidad, se destrenzan las corruptelas políticas. Bajo el disfraz de la crítica estética surge el dedo acusador contra la mediocridad, con esa querencia en la escena actual de reflejar el hecho coyuntural del teatro de la vida sobre las tablas. Un filón que no cesa, dada la inmensa cantidad de lerdos y zascandiles que se ubican en los diferentes colores y banderías para dar juego en la ficción dramática, frente a los que la mirada de Offenbach resulta totalmente contemporánea.  El libreto de Miguel Murillo apuesta por la ironía y el desenfado conceptual con jocosos diálogos de rabiosa actualidad, mixturados con elementos de cabaret, burlesque y music hall.
El mezquino y dogmático sacerdote Calchas (aquí Calcas), se intentó suprimir del libreto original, porque pensaban que ofendería al clero católico, nefasta idea, que afortunadamente no llegó a puerto, y nos permite disfrutar de la notable interpretación del mallorquín Joan Carles Bestard (Sé fuerte), dotado de una apreciable “vis cómica”, con diálogos cargados  de segundas (e hilarantes) intenciones. El cornúpeta; e intelectualmente menguado; Menélao; es defendido por Javier Enguix arrancando abundantes carcajadas entre el respetable por la recreación disparatada y burlesca de su personaje. Pleno de matices, se encuentra el Agamenón dibujado por el extremeño José Antonio Moreno, de amplio y múltiple registro vocal que recrea un esperpéntico monarca micénico (Me he equivocaaado, pido perdón), con abundantes referencias del Tex Avery más disparatado, portando una cabeza de mamut a modo de mochila.
Es, sin duda, una de las mejores escenas de la obra, digna del camarote de los hermanos Marx, donde las alusiones a hechos y personajes de actualidad, gozaron de la complicidad del público, siendo interrumpidos con aplausos.


Otra actriz extremeña, Clara Alvarado (que repite musical en las piedras milenarias), interpreta a la cortesana Partemis. (Parthoenis). El emeritense Cayetano Fernández, junto a Pablo Romo recrean a los dos Ayax, un dúo de héroes mitológicos nada marciales. Los guerreros aqueos son travestidos en dos “petardas” de logrado lenguaje corporal y amplio rango de naturalidad en la interpretación. El Robocop helénico de Javier Pascual, prototipo del acéfalo anabolizado, se apoya en su preparación física en halterofilia, para vestir la piel de un personaje algo retardado. También se añade a modo de maestra de ceremonias, el personaje de Eris, interpretado por una encantadora Cata Munar. Destacar la desaparición de la criada Bacchus del libreto.



La interpretación de Gisela como Helena deja patente que está curtida en musicales. La cantante aboceta una Helena, casquivana, pizpireta que detecta el “olor a macho” y a “pastor aromático”, con un amplio registro en el lenguaje corporal y una correctísima declamación. El amplio rango sonoro de su instrumento hace el resto. Nada sería igual sin ella. El toledano Leo Rivera también acarrea algunos musicales sobre sus espaldas. Su interpretación del desvergonzado príncipe Paris (bucólico, campestre) define un personaje simpático que sale airoso de canciones con gran exigencia vocal. Atenea (Marta Arteta) y la esposa de Zeus (Hera), interpretada por Graciela Monterde, con uno de los momentos más impactantes visualmente (la danza de Hera)  llenan de sensualidad las caveas emeritenses con amplio dominio vocal y gestual, tras el que hay mucho rodaje. No les andan a la zaga en sus perfomances Tamara Agudo como Leana y Mikel Hennet en el rol del disipado Orestes. El excelente trabajo de peluquería, máscaras y tocado ha estado a cargo de Pepa Casado, con vestuario de Maite Álvarez.
Destacar el certero y eficiente coro de bailarines, coreografiados por Maite Marcos,  para esta celebrada coproducción de Rodetacón y el Festival de Teatro Clásico de Mérida:
El polifacético Ferrán González incorpora composiciones propias que orientan hacia el musical en los arreglos, alejándose de la orquestación offenbachiana, agregando voces a lo que antes eran arias o “aligerando” las melodías para eliminar el hierro operístico. Xenia Reguant se ha encargado de dar sentido a este pandemonium desde su labor de letrista. Los puristas no deben  rastrear a Offenbach en este loco divertimento. Simplemente no está. Ni falta que hace. Esta “Bella Helena” es un espectáculo rotundo, con ramalazos montypythonescos y referencias al esperpento más carpetovetónico (la sombra de Valle-Inclán es alargada). Por mucho que lo hubiera deseado Offenbach, en aquella época no le hubieran dejado estirar tanto la cuerda.




REPARTO
Gisela
Leo Rivera
Rocío Madrid
Javier Enguix
Josean Moreno
Cata Munar
Cayetano Fernández
Marta Arteta
Graciela Monterde
Joan Carles Bestard
Clara Alvarado
Tamara Agudo
Pablo Romo
Mikel Hennet
Javier Pascual

CORO
Lara Martorán
María Amado
Alba Gómez
Jose Antonio Sáez
Helena Guerrero
Silvia Reguera
Daniel Balas
Marta Manchón
Nuria Llano
Marta Castell
CUADRO ARTÍSTICO TÉCNICO
Adaptación: Miguel Murillo
y Ricard Reguant
Compositor y director musical: Ferrán González
Letras canciones:
Xenia Reguant
Coreografias: Maite Marcos
Vestuario: Maite Álvarez
Escenografía: Pablo Almeida
y Gonzalo Buznego
Iluminación: Luis Perdiguero
Sonido: Ricardo Gómez
Máscaras, tocados y caracterización: Pepa Casado
Jefe de producción:
Miguel Molina
Producción: Juan Carlos Parejo Dirección: Ricard Reguant

Una coproducción de Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Rodetacón Teatro