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viernes, 10 de febrero de 2017

Morir Bajo tu Cielo. Juan Manuel de Prada

                   

Siempre hay que recomendar prudencia a la hora de aproximarse a ese pretendido “género histórico” que; hoy en día; parece instalarse con comodidad en el mercado. Aunque también lo haga entre lectores poco proclives a continuar; tras la lectura del libro; la investigación particular para averiguar que aspectos han sido novelados (in stricto sensu) e investigar que personajes, situaciones y conceptos han sido cambiados o aprovechados por el autor, navegando muy por encima de las realidades históricas y antropológicas. No es preciso que estas obras sigan la estela de monumentos literarios como “El Nombre de la Rosa”; enciclopédica aproximación histórica; plena de detalles fidedignos, conceptos y personajes verosímiles. Habitada de criaturas reales y palpitantes. El principal escollo que encuentra el lector amante de esta variedad literaria, es el sinnúmero de ediciones “pretendidamente” históricas, cuya única relación con el género consiste en situar a los personajes en un determinado escenario cronológico. Pero sin aportar geografías, hechos verídicos y (sobre todo) pensamientos o acciones conformes al ideario de la época. Otro de los peligros, nace de los que reescriben la historia alimentados de ideologías funestas o sectarismos interesados. Autores de los que hay que escapar “a toda priesa. Su aportación; cuando menos; devendrá  opúsculo mostrenco y manipulador. Juan Manuel de Prada aborda el sitio de Baler (Filipinas) con notable conocimiento de lenguajes, costumbres y formas de pensamiento acordes a la época. 

Trata con respeto al lector (lo cual es de agradecer). Se ciñe a hechos históricos, pero sin detrimento de la capacidad de novelar, de crear personajes sólidos, certeros y ¿por qué no? con variaciones que enriquezcan el corpus novelístico, sin afectar en exceso la verosimilitud histórica. Es el caso del personaje, reinterpretado por el autor, del capitán Saturnino Martín Cerezo, presentado como un desnortado, víctima de los acontecimientos personales. Quienes hayan leído el libro “El Sitio de Baler, notas y recuerdos”, escrito por dicho oficial, sabe que nada tiene que ver aquel equilibrado miajadeño, con la creatura nacida del imaginario de Juan Manuel De Prada. No es De Prada un autor accesible para el lector medio. Su fresco histórico sobre la resistencia (absurda y heroica) del último reducto español en Filipinas, es la mostración de un imperio de cartón-piedra. Un imperio donde se ya se estaba poniendo el  sol. El estoque para esta quimera lo daría la historia durante la Guerra del Rif. Al igual que en Filipinas, tan sólo trajo dolor y destrucción absurda de vidas humanas, para devolver territorios que no correspondían a la bandera de España. En aquella contienda estaba latente el germen de la guerra que después partiría en dos la sociedad. Una guerra cuyas consecuencias aún se sufren, cuyas heridas siguen abiertas. Juan Manuel de Prada había revisitado esta contienda en su obra magna “Las Máscaras del Héroe”. Una novela coral (sin duda de las mejores de los últimos tiempos). Homenaje nada velado al esperpento, a la bohemia y ajuste de cuentas (valleinclanesco, por supuesto) con  determinados personajes históricos e ideologías. El escritor hace uso de una cruda narrativa; áspera y escatológica; creada con  diáfana intención de “epater le burgeois". Posteriormente en “El Séptimo Velo” el autor refleja, con su habitual prosa, la Francia ocupada. Sin duda sus cimas estilísticas se hallan en  “La Vida Invisible, una road-movie anímica en busca de una pin-up de los años 50.  Barojiana busca. Sórdida, con gran destreza narrativa y juegos con los paralelismos. Una apuesta metafórica de gran inventiva. En el libro de cuentos “El Silencio del Patinador”, el virtuosismo estilístico de este heterodoxo llega a su cumbre. No sólo en lo externo o la envoltura. La capacidad que posee  la pluma de De Prada para la ironía, para fustigar a los enfermos de mediocridad en este aquelarre lingüístico, roza la matrícula de honor. Por “Desgarrados y Excéntricos, desfila toda una “Santa Compaña” de gárgolas literarias, de deformidades volitivas, parodias de humanidad con nombres de “literatos bohemios que soñaban con ser literatos” (entre ellos el propio protagonista de “Las Máscaras del Héroe), junto a la fracasada comparsa de literatos malditos como Buscarini o Silverio Lanza. En Su obra primeriza “Coños, una burla metódica de los géneros, con un nada oculto “título-homenaje” a Gómez de la Serna, ya aparecía su gobierno insuperable de la retórica. El goce de coquetear con la fina ironía. Ese barroquismo “sucio” donde lo sicalíptico, lo grotesco y lo grosero se subliman a través del lenguaje ¡Y que lenguaje!


“Morir Bajo tu Cielo” narra una historia absorbente con un envoltorio estilístico que no gustará a determinados lectores. De Prada se halla en ese dudoso podio donde también se sitúan autores como Muñoz Molina o Javier Marías, de digestión harto difícil para algunos lectores más habituados al “fast food. O para aquellos adoctrinados y de lectura sectaria, que no consiguen ver el bosque a causa de los árboles. La obra está documentada con seriedad, incluso con el uso de la variedad lingüística de la zona; algo que agradece el lector con pedigrí de novela histórica. Hay un respeto cronológico en lo épico y en lo cotidiano y las tramas paralelas se funden sin que chirríe la lógica narrativa. No renuncia  el autor a la dialéctica de matices filosóficos o morales, pero sin abandonar nunca su domino de la ironía y el sarcasmo. Los personajes tienen fisicidad. Son palpitantes y reales, a pesar del anacronismo que se desprende de algunas conductas, perfectamente admisibles en el terreno de la ficción. Son pocas las situaciones que ha reformado o adaptado con respeto a los  hechos históricos, únicamente las que se derivan de las acciones o pensamientos de los personajes imaginados. La novela es un catálogo exhaustivo de aquel momento histórico, de personajes y situaciones que se introducen bajo la piel por su humanidad y excepcionalidad. Sórdidos lupanares, la terrible sociedad secreta Katipunan, villanos patológicos y rocambolescos, los cazadores de cabezas ilongotes, monjas anacrónicas; adelantadas a su tiempo; desertores, espíritu folletinesco y toda una panoplia de seres humanos plenos de virtudes y bajezas. Con algunos instantes deudores del más puro wenstern, frente a diálogos donde la crítica social o la denuncia de unos gobiernos ineptos y nefastos, causantes de las desgracias de sus ciudadanos, aparecen con dolor y tristeza. Aquella España de la Restauración, espejo de otras posteriores, donde campaba la corrupción, el fariseísmo y la codicia, recibe un repaso contundente y necesario. Quien desee avanzar en el conocimiento real de esta “hazaña” histórica tan solo debe acercarse al libro escrito por el protagonista real de los  hechos, donde en idioma arcaizante; como corresponde; podrá seguir el devenir real de aquellos acontecimientos que llevaron el sufrimiento innecesario a tantos hombres, en la pluma del capitán, oriundo de Miajadas.

Otro libro escrito por Ricardo Fernández de la Reguera y Susana March,, correspondiente a los Episodios Nacionales Contemporáneos, tomo nº 2, titulado “Héroes de Filipinas”, se encuentra lejano al acontecer político e histórico, que ya había sido tratado en el tomo correspondiente a Cuba. La visión de este matrimonio de escritores está centrada en incidentes novelescos, de exaltación épica de la lucha colonial en aquel archipiélago. Prevalece la vitalidad narrativa, más que la insistencia en corruptelas políticas o denuncias sociales. El periodista Manu Leguineche; profeta de la narrativa periodístico/histórica; escribió “Yo te diré”, homenajeando el título de la canción que se utilizaba en la película “Los últimos de Filipinas”. Con su habitual y entretenida prosa, a caballo entre el reportaje y el guión cinematográfico, nos cuenta los últimos días del Imperio de Ultramar, con aparición del escritor extremeño Felipe Trigo. Lorenzo Mediano es el autor de “Los Olvidados de Filipinas”, una novela donde predomina la acción, basada en su abuelo y en hechos reales, no exenta de presentar personajes abyectos en todos los bandos. La novela es un paseo bastante completo por Filipinas, sus pueblos, su cultura y las consecuencias de una guerra no convencional. La profunda religiosidad de la época y los testimonios que aseguran todo lo contrario. En cuanto a las versiones cinematográficas nos encontramos con dos claros ejemplos de manipulación ideológica. “Los últimos de Filipinas”, de Antonio Roman (1945) es un claro ejemplo de cómo la producción española se dividió en dos claros frentes: el folklórico y el de exaltación bélico/nacional, para reflejar las virtudes y mitos del ideario nacional. Ejemplo señero de utilización ideológica y panfleto del Régimen, con los valores de la falsa epopeya. Teñida de un rancio concepto de militarismo y sentimiento patriotero, para mostrar al mundo una nueva epopeya numantina. En el caso de “1989. Los Últimos de Filipinas, de Salvador Cano (2017) nos hallamos ante el frente contrario. 
Una notable producción cinematográfica, donde la manipulación (o el desconocimiento) intentan imbuir en unos personajes de aquella época, pensamientos, actitudes y motivaciones imposibles históricamente, en aras de una nada sutil ideologización con diálogos dudosos y anacrónicos. Analizar el impacto en el público de una novela de estas características precisa de un conocimiento previo del terreno. Siendo el cainismo una de las características mas arraigadas en nuestro terruño, donde a locutores, escritores o artistas se les juzga por pertenencia (o no) a la cuerda de cada uno. No es difícil escuchar anatemas, sapos y culebras contra determinados profesionales en función de que no pertenezcan a la ideología (o al sectarismo) de quien se expresa. Estos parámetros para juzgar asuntos culturales, no tienen cabida en un país maduro, que debe juzgar el trabajo de un profesional por su calidad o aportación. Independientemente de la cuerda. Hoy por hoy esto es un sueño en nuestra sociedad.
Por esto, De Prada levanta tempestades, como el título de su novela ganadora del Planeta. Adivino que le traen al pairo el rasgado de vestiduras entre sectores radicales y ágrafos.
En “Morir Bajo tu Cielo” están las constantes y estilemas del autor: la querencia por el adjetivo, los neologismos, la redención del sustantivo arcaizante, las persistentes referencias culturales y juegos de palabras, que dificultan el acceso para el prototipo de lector “reader´s digest”, de digestión rápida. Los personajes están vivos, palpitantes, preñados de ese “dolor de España” noventaiochista. Con algún desliz maniqueísta en los villanos y una acción trepidante. Incluso en los instantes de reflexión sesudo/filosófica, el lector avezado disfrutará de la profundidad de los diálogos y el  hábil manejo de un lenguaje barroco. Un idioma virtuoso, de los que se echan de menos en las estanterías y anaqueles. Novela histórica con mayúsculas, habitada de héroes fordianos, con pies de barro. Henchida de espíritus indomables, con aroma de folletín decimonónico. De Prada se ríe, con su pluma espeleológica, de los peces de colores. Se burla de la literatura que tras una pretendida “modernidad” esconde la ignorancia de oración/sujeto/predicado. Amén del desconocimiento de adjetivos, juegos lingüísticos y contradicciones, que él maneja con precisión de orfebre. Se parte la caja de la literatura que únicamente esconde tras la torpeza (y la pobreza) de su arquitectura narrativa, la pestilencia de  panfletos sectarios y adoctrinamientos. Eventos celebrados con bombo y platillo por los pesebreros, monaguillos y palmeros varios de la cuerda reinante. “Morir Bajo tu Cielo”, verso extraído de un poema de Jose Rizal, es una novela con mayúsculas. Un desfile procesional de masones obnubilados, revolucionarios pordioseros, yanquis trapaceros, descripciones solanescas, para una epopeya quijotesca e innecesaria (como toda epopeya), con homenajes a “La Reina de África”. Fue pergeñada hace años como guión, para una posible película con Jose Luis Garci. Una novela enorme, densa,  nacida de la pluma agraciada de uno de los mejores escritores de su generación. Si a alguien le pica, recomendamos el rascado compulsivo…




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