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lunes, 6 de febrero de 2017

Silva de Sirenas. Ciclo Juan Vázquez


Con el Salón de Plenos de la Diputación lleno de público, dio comienzo el nuevo ciclo que ofrece el Instituto Extremeño de Canto y Dirección Coral. Centrado en la figura del clérigo y polifonista Juan Vázquez. Una loable empresa; contra molinos de viento; la emprendida por el InDiCCex para rescatar el legado musical, poético o artístico, de nuestro terruño en la figura de este enorme autor y de otros que se han podido escuchar en ciclos anteriores. Como las últimas e interesantes propuestas del Coro “Amadeus” alrededor de la música en el Monasterio de Guadalupe.

El Dúo “Silva de Sirenas” toma su nombre del libro de Enríquez de Valderrábano, vihuelista y autor de “Libro de Música de Vihuela intitulado Silva de Sirenas”. El programa con el hermoso titulo de “Juan Vázquez, el arte de tañer con palabras”, donde las obras más “populares” del antiguo sochantre de la Catedral conviven con la época dorada de la vihuela renacentista. La soprano Cristina Bayón cuenta con una amplía trayectoria en el mundo de la música antigua; un repertorio que es territorio oferente de las sopranos soubrettes; colaborando en agrupaciones como la Orquesta Barroca de Sevilla o “Marizápalos”. Luz María Martínez Pérez ha perfeccionado la técnica del laúd entre otros con Paul O´Dette, un laudista enorme (en todos los sentidos) cuyos dedos de leñador canadiense, han contribuido enormemente al desarrollo y divulgación del laúd y la música antigua.
El programa presentado por Silva de Sirenas comenzó con el “Soneto Lombardo a manera de danza”, una interpretación con el laúd “a solo”, del enigmático Enríquez de Valderrábano, sobre cuya biografía apenas existe documentación. Fue el único vihuelista que creo nuevas fantasías a partir de obras instrumentales. El dúo ejecuta las obras utilizando el; antiguamente referido; “laúd de Flandes”, aunque las tablaturas originales fueron concebidas para el instrumento rey de le época, que era la vihuela, que estaba íntimamente relacionada con los entornos aristocráticos y cortesanos. El timbre del instrumento más melancólico e intimista (con permiso de la viola de gamba), de la música antigua (vía John Dowland), resulta más apropiado para  la ejecución de estas obras. Esta versión de una pavana italiana fue tañida por la laudista con ejecución certera, elegancia y técnica impecable. Estas obras posiblemente se denominen “sonetos” en su acepción de “son” o melodía, para diferenciarlas debido a su brevedad de las fantasías, pavanas, etc. Cada “soneto” muestra variedad de ritmos, duraciones, texturas, alrededor de ideas o emociones. Como era habitual, los vihuelistas de la generación de Valderrábano aprendían música a través de arreglos instrumentales de polifonía vocal.

“Beatus Ille” es un ejemplo del gusto de Mudarra por la poesía elevada, basado en los versos de Horacio.

“Diferencias sobre Guárdame las Vacas”. Ejemplos de las primeras variaciones de la historia de la música. Esta vez en la versión de Luys de Narváez (las de Valderrábano son más complejas), la tañedora ejecutó con sentimiento y depurada técnica un “Standard” que adquiere dificultad para la ejecución en la segunda y cuarta diferencia. Este compositor fue el primero de quien se conocen una serie de variaciones (diferencias) para vihuela. Basada en el esquema de la folía es un tema constante en las compilaciones de música instrumental. Son unas variaciones autónomas basadas en el “basso ostinato” que terminaron llamándose Romanescas. El carácter cerrado de cada variación quizás estatiza la obra, aunque crece la intensidad  y las texturas se hacen más complicadas. En la tercera y cuarta de las variaciones son dobles, variando cada una la mitad del ostinato.  El texto comúnmente se atribuye a Cristóbal de Castillejo. La obra para vihuela de este autor posee un delicado aire cortesano, sin perder una grafía de influencia popular. Milán se distingue de otros vihuelistas por la concepción totalmente vihuelística de las obras, su capacidad improvisadora y su imitación polifónica sin nunca llegar a ser tal. Ensueños de polifonía fingida. 

“¡Con que la lavaré? De supuesto origen popular. Villancico de Vázquez de su segunda colección editada en 1560, pero obviamente compuesto antes por encontrarse en la colección de Fuenllana,
 
Fuenllana tenía una especial querencia por la obra de Juan Vázquez, por ello aparecen en el programa diversos “villancicos” de este autor: ¿Con que la lavaré? (el que más aparece en las fuentes del siglo XVI), De los álamos vengo, etc, en versiones popular para voz y vihuela.

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“Fantasía XI del primer tono”. Es una fantasía “a lo viejo”, por el modo de templar el instrumento. Sobre un motivo cuyo ámbito no sobrepasa tercera menor, gira con imitaciones y variedad de glosas. La composición esta habitada de una inefable melancolía que la laudista extrajo con notable sentimiento y dominio.

 O Gelosia d´amanti. En las composiciones de Mudarra para vihuela es la voz la que predomina sobre textura de acordes con un efecto homofónico. La vihuela interpreta las partes de polifonía imitativa mientras la voz sigue una línea de textura polifónica y madrigalesca, Esta basada en el  SONETO VI (Iacopo Sannazaro, L´Arcadia) en la que su uso sutil de la ornamentación es también digno de mención),
 
De indudable belleza, la obra desgranada por los dedos de la tañedora: Pavana y Gallarda de Alexandre. Este es una de las obras de Alonso Mudarra y de las más afamadas. Con influencias de un viaje a Italia, este compositor, de nacencia desconocida, destilo una pieza de profundo lirismo, evocadora de Arcadias perdidas. Se trata de una pieza de carácter modal que juega con elegancia con el motivo, que se desarrolla a través de sus diferentes voces. Posiblemente se trate de una versión para vihuela de la obra de Alexandre Agrícola, compositor belga. Se trata del primer caso de música instrumental impresa en que la pavana aparece acompañada de una gallarda. Resuelta con sensibilidad y precisión por la intérprete. La gallarda era una danza tempestuosa, pero la de Mudarra tiene solemnidad y dignidad en el aire, con medida binaria y un ritmo interno que actúa de acentuación ternaria. Es el complemento ideal al aire cortesano y la cadencia melancólica de la pavana.

 

Passeávase el rey moro.” Un romance del género fronterizo que hubo de prohibirse porque “provocaba llanto y dolor”. Narváez es el primero en convertir en género de música instrumental escrita las prácticas orales improvisadas que se mantenían desde antaño en España. En compás binario, no es un acompañamiento "en consonancias", es decir un mero acompañamiento de la voz protagonista. Consiste en un acompañamiento de segundo tipo: el punteo, con una escritura a base de redobles, glosas y diferencias. En este caso el verdadero protagonista es la vihuela. Siendo la voz un pretexto para el floreado juego polifónico en este estilo que se podría llamar "cortesano".

 
“Tant que Vivray”. Se trata de una “chanson” natural y sencilla. Fue una de las obras más difundidas del XVI. Es la única que tiene una segunda versión glosada en el libro ya que Fuenllana no era amigo de glosar al modo itálico, ni del artificio. Claudin de Sermisy compuso 175 “chansons” elegantes, luminosas y leves. Esta obra es de ritmo sencillo, de compás binario y homofónica. La dinámica prevalece con fuerza en la segunda parte sobre la suavidad de la primera. Este estilo que podríamos llamar cortesano. Compuesta originalmente para coro mixto con acompañamiento instrumental. Chanson francesa: se trata de una forma profana del renacimiento que guarda relación con otros tipos de canciones como el madrigal italiano o el villancico de España. Este compositor huyó del estilo ostentoso, buscando acordes o silabas sencillos y ligeros. La voz densa, amplia de registro de Cristina Bayón desgranó esta hermosa melodía de cadencia claramente francesa, siendo una de las que más agradaron al público.
 Era frecuente en las fuentes musicales profanas del Renacimiento la mixtura de argumentos de tradición popular como la interpretada en el villancico “Isabel perdiste tu faxa, de claro e irónico concepto popular, con obras de argumentos más elevados. Es un ejemplo de villancico que no adapta la forma usual, ya que utiliza: estribillo/finalizando en la vuelta sin repetir.


Como colofón, el dúo regaló dos obras ante los intensos aplausos. La inusual versión vocal del aire “La Folía: Yo Soy la Locura”, aunque en realidad se trata de un “passacaglia”. Compuesta por el laudista de la Corte Francesa Henri du Bailly, de letra anónima, claramente influenciada por Erasmo de Rótterdam. La elección de castellano muestra que se trataba de idioma cortesano y de moda. Una ejecución en la que el laúd sabe permanecer en un segundo y sosegado plano, con función básicamente rítmica, con apenas florituras. La soprano Raquel Anduela, en su grabación del mismo título, se acompaña de tiorba y guitarra barroca. Se compuso respondiendo a la moda española, imperante en la corte francesa. Está reseñado por Gabriel Bataille en “Airs de varios autores. Quinto Libro”. El timbre nostálgico y punzante del laúd es más apropiado para esta hermosa obra que Cristina Bayón interpretó con carencia de artificio, sencillez y desnudez en el arreglo. Es de agradecer que, al uso de la época, la soprano acompañe las interpretaciones con dramatización y gestualidad acorde a las letras. Un detalle olvidado por algunos intérpretes de este repertorio. Perfecto el tempo y acorde con esta adaptación. En otras versiones, la profusión de instrumentos acerca más a un aire de danza este “Air de Cour” que a la nostalgia necesaria para estos versos: 

Yo soy la locura,
la que sola infundo
placer y dulzura
y contento al mundo.
Sirven a mi nombre
todos mucho o poco,
y no, no hay hombre
que piense ser loco.

Este “tono” puede encontrarse en el “Cancionero Musical de Lope de Vega”. Vol. III. Poesías cantadas en comedias, del musicólogo Miguel Querol Gavalda.


Un hermoso concierto, un recorrido por el período de oro de la vihuela, por la España llena de contrastes del XVI, por las partituras de un clérigo pacense que hoy en día se está recuperando gracias a estas iniciativas. El dúo Silva de Sirenas paseó al público por las intabulaciones escritas a la luz de velas, por salones luminosos de la corte francesa y solitarios chamizos donde se originó una letra o melodía que luego sería recogida y sublimada por estos autores. Numerosos aplausos y el público en pie. Un lujazo... 

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