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lunes, 17 de abril de 2017

Francisco López, flauta. Estela Bernat piano. Ciclo “Hojas de Álbum”. Sociedad Filarmónica de Badajoz

                     



Un ecléctico programa para dos músicos de vasto currículo, que navegó desde el estilo galante a los prodigiosos vericuetos de la obra contemporánea de Halffter.

El “Rondó en Re Mayor. K, 184 del maestro de Salzburgo, es una obra jubilosa, exultante, de una arquitectura exquisita, que fue compuesta originalmente en Do Mayor y destinada para violín. Estrenada en Viena por Antonio Brunetti, posteriormente fue transcrita para flauta con la colaboración de su amigo Hoffmeister. La pieza fue resuelta con precisión técnica y fluidez por el dúo, sin perder de vista la “joie de vivre”. Esa alegría, ese júbilo gozoso que solicita el paisaje del estilo galante, lo convierte en una experiencia que desmiente la supuesta aversión de Mozart por el instrumento y que se debía a otros motivos, ya explicados por el ejecutante. A pesar de su apariencia, más lúdica que virtuosísitica, más etérea que académica; la obra de Mozart para flauta solicita todos los adornos y recursos técnicos del instrumento en cuanto a los ornamentos: trinos, apoyaturas, mordentes o gruppetos. Fue el famoso flautista Jean-Pierre Rampal, quien escribió una cadencia para esta obra. W. A. Mozart compuso esta partitura durante una de sus épocas de éxito económico y profesional en 1781, recién casado con Constance.


A continuación una obra del (Wq), el catálogo más antiguo de C.P.E. Bach, se ejecutó “Sonata en Re Mayor Wq 83, para flauta y clave obligado”, de su obra compuesta en Postdam entre 1745/55. Aún con claros trazos del estilo galante, estas composiciones acusan los primeros síntomas del Clasicismo, y contribuyen al concepto moderno de Sonata con un uso libre del color armónico y la ruptura de los esquemas rígidos e la escuela italiana. C.P.E. recurrió al empleo de elementos como disonancias avanzadas, alternancia de modos mayor y menor o acordes interrumpidos. Su producción durante esta época se articulaba entre el traverso y el cémbalo para composiciones, harto apreciadas por Federico II, el rey “flautista”, que gustaba del estilo “sensitivo” (Empfindsamkeit), evolución lógica desde el "galante", tan usado por el compositor y homenajeado irónicamente en las novelas de Jane Austen. Este pathos (de cierto aire burgués) sería el precursor del aliento romántico durante el siguiente siglo. A C.P.E. Bach, le persiguió el fantasma de compartir escenario histórico con Hadyn y Mozart, o cual “apagó” sus grandes dotes de sinfonista, concertista y su magisterio en polifonía vocal y contrapunto.



En la tercera ejecución, el  concierto da un giro de 360º. La “Debla” de C. Halffter para flauta sola, obra temida y respetada, del repertorio flautístico. Todo un “tour de force” para cualquier ejecutante de este instrumento. Compuesta en 1980 para el Festival del año siguiente de Montepulciano en Italia. Esta composición, sin perder de vista las raíces nacionalistas, experimenta con toda la gama cromática del instrumento siguiendo los pasos del toque popular de la debla. Largos silencios, agudos encontrados con un cofrade ritmo interno, salpican la obra de uno de los mejores compositores de la generación del 51. Halffter utilizó las escalas del cante hondo para esta obra, reinventando los parámetros, buscando efectos de quejíos, palmeos, ayes, melismas, incluso jugando con la “salida” del cantaor flamenco cuando templa la voz para tomar referencia de la línea melódica. Alquimizándolos en el crisol de su partitura y trasformándolos. Para conseguir una obra donde la vanguardia se hermana con el misterio del cante, donde la hondura se mixtura con las nuevas técnicas de composición. 

Aunque el autor bebe de la fuente del flamenco, lo hace para nutrirlo de elementos propios y sublimar la tradición. Francisco López resolvió con sentimiento y limpia técnica una obra plena de dificultades, desarrollada sobre la altura Re. Más cercana al ejercicio virtuosístico que a la complacencia del público no iniciado.
Para la segunda parte del programa se principiaba con el revolucionario compositor Gustave Fauré. Una joya de la música de cámara, de dificultad alta. Fantasie Op. 79  para flauta. “Fantasie”  fue escrita para el flautista francés Paul Taffanel, y aunque con frecuencia se quejó a sus amigos acerca de lo mucho que despreciaba la pieza, se ha convertido en algo así como un elemento básico en el repertorio de flauta. La obra de Fauré es un arte sobrio, sutil, de pura y clásica belleza. Perfecta encarnación de las nuevas direcciones de la música europea.
Esta obra se sustenta sobre dos estados del hombre representados por el Andantino  y el  Allegro. El piano comienza por una romanza, la flauta, en nota aguda, desciende para dotar de un carácter nostálgico. Ya contiene características más propias del  romanticismo. Las terceras disminuidas se utilizan para crear el ambiente doloroso y trágico. Utilización de arpegios y coda al final. La primera parte requiera una óptima utilización del aire para frasear correctamente, sonido limpio para cambios de color de matiz impresionista, terminando casi como la caída de una hoja.  El cambio se produce en la segunda parte donde la alegría, el virtuosismo se apoderan del instrumento en un movimiento que precisa habilidad mecánica y amplio manejo de la tesitura por el rango utilizado.


Airs Valaqués, op. 10, es una obra de hermosos cromatismo que juega con cadencias nacionalistas de matiz bucólico y acordes inspirados en el folclorismo húngaro. Donde pueden rastrearse influencias lisztianas Compuesta por el flautista F. Doppler. Esta partitura es un poético viaje, compuesto para el color claro de la flauta. Un pasaje armónico que camina a través de toda la arquitectura cromática del instrumento, sin perder en ningún instante los referentes folkies (casi zíngaros) y teñida de un romanticismo de carácter nacionalista. Permitió el lucimiento el intérprete, especialmente en su tramo final, siendo largamente aplaudido.



“Chant de Linos” se ha convertido en una obra imprescindible en el repertorio moderno de flauta. A. Jolivet se inspiraba en los mitos antiguos helénicos. En este canto de luto se intercalan gritos, bailes para el duelo por el fauno Linos, profesor musical de Hércules. Ya existía una tradición francesa de obras de flauta inspiradas en el mito griego antiguo, como Syrinx de Debussy para flauta en solitario y Joueurs de Flute de Roussel.  Basada en una escala modal arcaica de seis tonos que utiliza 5/4 para lamentos y un ostinato fuertemente acentuado para las secciones de danza salvaje en 7/8, que culminan en modo frigio. Frases irregulares y extremos cambios dinámicos para este ritual arcano que emplea técnicas como Flutter-tonguing (aleteo) para un tejido único y espinoso de contrapunto y armonías, así como un desafío sin antecedentes a la destreza técnica de la flauta, basado en el mundo mitológico. Tanto el pianista como el flautista deben encontrarse seguros de su papel rítmico individual y también tener un conocimiento de la otra sección. La sensación es la de estar en una ceremonia de derviches girovantes. Una pieza técnicamente muy complicada y expresivamente más aún, que explora todo el rango del instrumento. Francisco López y Estela Bernat, resolvieron con elevado nivel técnico y sentimiento, reconocidos por los aplausos entusiasmados del público, lo que obligó a un “extra”.  Una transcripción del "Eugene Onegin" de Piotr Ilich Chaikovski que clausuró este notable concierto.

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