Es el amanecer del 25 de abril de 1974. Dos amigos parten, en un 2CV de color amarillo. Son un italiano y un portugués (Marcos y Víctor) que han decidido llegar hasta Lisboa. Las noticias sobre la caída del régimen dictatorial más largo de Europa los animan ponerse en la carretera para dirigirse a la capital de Portugal, un país que se esté llenando de esperanza con “La revolución de los claveles”. Víctor es un exiliado antifascista y Marco un mujeriego impenitente. Les llena de ilusión convertirse en testigos del acontecimiento histórico, para esto deben recoger a Claire (ex novia de Víctor) que reside en Burdeos. Ignorando las pegas que le pone su marido, se une a la aventura de los dos jóvenes y consiguen entrar en España de forma clandestina. Claire (Gwenaëlle Simon) necesita unas vacaciones lejos de la rutina familiar y la oferta de Víctor (Andoni García) y Marco (Adriano Giannini), de modo que comienzan su viaje, acompañados de una banda sonora setentera en la radio del vehículo, con un diseño de sonido Dolby SR y DTS Digital para obtener un audio inmersivo sobre el ambiente de la época. Carreteras secundarias, baches, cárter roto, arroyos para ocultarse de los controles, no se privan de nada en esta aventura iniciática que termina con arresto en la frontera portuguesa. Por el camino, un conde; apasionado de los 2CV; les ayuda a reparar el coche (Oscar Ladoire). El encuentro con Zio Enrique (Francisco Rabal) celebra los acontecimientos, disparando en la plaza y casando a la primera “pareja libre”. El 28 de abril se produce la catarsis, la llegada a Lisboa, la ciudad blanca que celebra la caída del oscurantismo con banderas y desfiles, con grandes multitudes coreando consignas, pero se produce un triste equívoco. Las masas son un grupo de aficionados al fútbol que salen del estadio del Bemfica.
Marco Ferreri firmó la novela genésica (Revolución) y participó en la adaptación del texto a la pantalla, lo que la dota de una fluidez narrativa de notable eficacia, transformada en tono aventurero, dejando al lado lo político-social, centrándose en los problemas de la vida cotidiana, en especial los que padece Claire y a los que tendrá que enfrentarse tarde o temprano. El epílogo está lleno de dudas e interrogantes y de objetivos algo difusos. Es reseñable la aparición del cantautor Georges Moustaki interpretando al poeta Antonio de Cuñeiro, cuyas reflexiones filosóficas que sirven de sendero a los viajeros. Estamos ante una clásica road movie que dirige a los amigos hacia el final de la dictadura salazarista, en un camino de iniciación donde maduran y desarrollan empatía hacia los sentimientos ajenos. Quizás el principal escollo es la estereotipación de los personajes, que responden a roles con un cierto aire a déjá vu. Marco es el italiano guapo, que resulta atractivo por defecto, Clara responde al cliché de la mujer emancipada de los 70 y algunas de las situaciones se perciben bastante previsibles. A Marco lo puede su incapacidad para el compromiso y las limitaciones de la vida familiar invitan a Claire a seducirlos a ambos. La contextualización es esmerada, con imágenes de archivo, noticieros de la RTO, o del programa para niños “Grândola, Vila Morena”; acompañado de emisiones de radio, junto a visiones socioculturales como el partió del Benfica contra el Vitória de Setúbal o Amalia (no podía faltar). A la revolución en un dos caballos (Alla rivoluzione sulla due cavalli. Maurizio Sciarra. 2001) abre con un letrero de neón en italiano, parpadeando, en plano aparece el cartel de Alphaville (Godard. 1974) que se está proyectando en ese momento. Ya estamos situados históricamente.
Con el Citroën
amarillo, atraviesan hermosos paisajes lusos, rompen fronteras, acompañados de
las canciones que surgen de la radio y se sumergen en la identidad nacional y
el entusiasmo que nació de aquella revolución, teñida de nostalgia. Este film de route fue Premiado en el Festival de Locarno como
Mejor Película y Mejor Actor para Andoni García. El idealismo juvenil y
convicciones políticas de la generación post-hippie impulsan el arco argumental
que nos dirige hacia una profunda reflexión sobre la búsqueda de la paz, la
libertad o del amor desde la visión de aquella juventud. Los temas se abordan
con cierto retraimiento, sin ahondar, para destilar un drama liviano, pero
interesante. No hay un desarrollo emocional profundo como tampoco se aprovechan
las trayectorias emocionales que podrían haber dado mucho más juego. En el
aspecto menos positivo encontramos un deficiente desarrollo en los personajes y
el arco emocional tampoco es demasiado satisfactorio, junto al “obligado” menáge a trois para recalcar, innecesariamente,
la época y la mentalidad en que se mueven los personajes. Un cierto aire de
desencanto sobrevuela el guión cuando la tardía entrada en el país luso, los
sitúa en un pueblo que ya ha admitido la normalidad. A nivel visual, la paleta cromática invita al
goce, pero sin caer en la tentación de la estampa turística y el formato
panorámico (2,35:1) de Arnaldo Catinari, apoya la propuesta en anamórfico
Technovision para un 35mm, que otorga el realismo granulado necesario. Una
Odisea, navegando desde Francia y enriqueciéndose con encuentros con lugareños,
trabajadores o autoridades suspicaces que les hacen reflexionar con ese
profundo abismo que hay entre la realidad y el ardor ideológico.
Barrios tan
emblemáticos como Alfama y el ambiente céntrico de la Baixa se pueden apreciar,
sus calles estrechas, empinadas o el hermoso mirador de Santa Lucía, en la
ciudad alta. Los fotogramas atrapan el ambiente de transformación social que se
produce en el casco histórico. Claveles en los cañones de los fusiles, fervor
ciudadano, aunque la nomenclatura histórica no es la privanza del director que trata de utilizarla como fondo para la
epifanía de los personajes, subordinando la narrativa interior sobre el proceso
político analizado. Este es el motivo de que se perciban algunas lagunas en la
integración histórica. No estamos ante una crónica documental, sino ante una
metáfora de como el idealismo de la juventud se enfrenta a la realpolitik
manejando los tropos de liberación vehicular en películas de carretera con la
metáfora del Citroën 2CV, que se nos aparenta demasiado rápido para el motor y
la época a la hora de llegar desde París a Lisboa en medio de las primeras
horas de la revolución. En ese microcosmos donde Víctor, exiliado y reprimido;
Marco, representante de una juventud solidaria y Gabriella, se crea un
microcosmos donde los principios ideológicos se enfrentan a las realidades
personales, compartiendo un idealismo latente e ilusionado. No un idealismo
desordenado, sino un rito iniciático donde la efusión de la juventud y el ansia
de justicia se entrecruzan con la contingencia histórica y la transición hacia
una sociedad mejor.
Un viaje hacia el
autodescubrimiento, acompañado de canciones de Gilbert O´Sullivan (Clair), Derek
And The Dominos, The Temptations, José Alfonso (Grândola Vila Morena), The
Alman Brothers Man, Lele Marchitelli o Timoria con “My Name Is Revolution”.




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