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miércoles, 12 de septiembre de 2018

37 Festival Nacional de Teatro de las Vegas Bajas


           




 Nueve grupos son los seleccionados para esta edición procedentes de diversas localidades y provincias, que se desarrollara del 5 al 21 de Octubre. Conseguir ser un referente en el panorama nacional no es tarea fácil, precisa de mucha dedicación e ilusión, nada extraño en una población que se vuelca durante todo el año en las diversas facetas de la cultura.






Día 5 de Octubre
Teatro de Papel. “Miles Gloriosus”
Un soldado fanfarrón, un espabilado esclavo, un muro roto para que se puedan ver los dos amantes, estos son los ingredientes para mostrarnos la estulticia del ser humano en todas las épocas. El ingenio contra el que se mira el ombligo, contra el prepotente (les suena de algo), en esta versión irónica y ácida. Estamos en Emérita Augusta el año 25, antes de Cristo para desarrollar un argumento de comedia clásica, donde no faltan los equívocos, los diálogos notables, la intriga, el acertado vestuario. Pirgopolinice era uno de aquellos mercenarios griegos que estaban al servicio de monarcas extranjeros tras la muerte de Alejandro Magno. Plauto anticipaba la comedía pícara, el enredo, el vodevil, que como novedad añade hombres y quita mujeres del original. Miles Gloriosus es actual porque su divertido (y corrosivo) mensaje (desafortunadamente) es atemporal y este petulante milites tiene su sitio, engañado, en la soledad del escenario, cuando ya los números musicales se han eclipsado y la realidad se apodera del escenario.
Teatro de Papel: Granada Bernabé, Juan Antonio Lara, Lola Fernández, Julio Galindo, Carmen Rodríguez, Antonio Solano, Miriam Vizuete, Roció Villalba, Sara Villalba y Manuela Sánchez, Dirección. Claudio Martín.

Día 6 de Octubre.
Espacio Disponible de Perigallo Teatro
Celia Nadal y Javier Manzanera. Dirección: Antonio C. Guijosa
En el interior de una habitación se desarrollan el drama humano de Palmira y Jenaro. Jenaro, desencantado, poeta, que ve como toda va cambiando y ha de enfrentarse al mundo. Palmira sigue luchando por la utopía y la posibilidad de mejorar el mundo. Un salto desde los inicios; en una corta escena; con todo un mundo de posibilidades y felicidad por delante. Espacio Disponible contiene un mensaje sobre la deshumanización, sobre la explotación del hombre, sobre la dignidad,  llena de referencias actuales, inmigración, la deshumanización, la tercera edad, y apoyada en las solventes interpretaciones de Celia Nadal y Javier Manzanera, de dos personas entrañables y plenos de humanidad. Un mensaje donde la esperanza y la ilusión quizás puedan enfrentarse al cinismo y al mundo que aplasta al ser humano. En pijama y zapatillas también se puede hacer magia cotidiana.


7 de Octubre
Un Hombre Casi Decente de La Diosa Cómica.
Jesús Lozano. Pilar Brinquete, Inma Cedeño y Amparo Morquecho
Dirección: Jesús Lozano
Neil Simon es la apuesta que la compañía “La Diosa Cómica”, sabedores de la actualidad del dramaturgo en todas sus propuestas. La risa viene de la desgracia ajena en este brillante texto de Simon, no es de extrañar tratándose de un artesano que reescribía varias veces sus obras, donde un hombre decide engañar a su mujer. Excelentes diálogos para las diversas tramas por las que va pasando el voluntarioso infiel.


Viernes 12
Comedia Aquilana. Nao D´amores. Compañía Nacional de Teatro Clásico. Segovia
Silvia Acosta, Maria Besant, Javier Carramiñana, Juan Meseguer, Belén Nieto, Alejandro Saá, María Alejandra Saturno e Isabel Zamora.
Una excelente propuesta la de Nao D´amores que revisita a Bartolomé Torres Naharro. El Renacimiento como excusa para presentar un universo avasallador, donde el equipo artístico está formado por especialistas en cada campo. Un espectáculo multicultural que exprime las distintas posibilidades para entregar al espectador un caramelo de lo más atrayente, escrito en verso de pie quebrado. La puesta en escena es original, el uso de los diversos espacios, la utilización de la música.
Un originalísimo vestuario con influencias de los cuadros de Giuseppe Arcimboldo. Una comedia deliciosa, una obra de orfebrería para disfrutar.


Sábado 13
Cuarteto. Teatro Contraste
Dirección: Cristina Suárez
Geni García. José Luís Campa, Pablo Álvarez, Juan San Miguel, Carmen Sandoval
Un cuarteto de extraños músicos, fanáticos de Beethoven, mientas su esposa agoniza en el cuarto de al lado. Humor negro, ácido, diálogos corrosivos del argentino Eduardo Rovner, para esta metáfora sobre la intolerancia que propone Teatro Contraste. Una obra que nos lleva a rincones extremos con interpretaciones notables, influencias del clow y gran construcción de personajes. Una denuncia soterrada a la dictadura militar en un parco escenario que destila anormalidad. Gran trabajo corporal para mantener en pie este teatro del absurdo donde el surrealismo de la propuesta esconde grandes dosis de lucidez. Un texto de alta calidad para una obra brillante.
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Domingo 14
Contra la Democracia. Teatro del Noctámbulo
José Vicente Moirón. Memé Tabares. Gabriel Moreno y Marina Recio
Dirección Antonio C. Guijosa
7 instantes seleccionados por Esteve Soler para mostrarnos el negativo de nuestra sociedad a modo de viñetas donde desfilan políticos, padres parricidas, camareras idealistas y un abanico de personajes que pasean por los conceptos de capitalismo o democracia. Huyendo de la complacencia y jugando con el absurdo se lleva al espectador a zonas de pensamiento donde duda de los valores aprendidos. El espectador no tiene escapatoria ante esta sala de espejos deformados. Una obra oscura y pesimista repartida entre cuatro actores en un difícil ejercicio de interpretación


Día 19 de Octubre
Tus Hijos No Te Olvidan. Albury Producciones
Director: Juan Vinuesa
Rafa Núñez
Zaira Santos
Una comedia negra donde el hijo número 26 va a pedir cuentas al padre en el debut de Juan Vinuesa en la dramaturgia. El día de todos los santos, un cementerio, sudarios, para una hermosa escenografía de Alessio Meloni. El amor del padre parece haberse agotado con los otros 25 hijos y Miguel acude al cementerio a reprocharle su falta de amor y expresarle su resentimiento. Un juego de personajes que van aportando dinamismo en una gran puesta en escena, ayudado por las luces de Área Martínez y el vestuario de Paloma de Alba. Zaida Montes se desdobla con gran solvencia y versatilidad en diversos personajes (dependienta gallega, Jesucristo, Madre, etc). Un ajuste de cuentas de Miguel con unos hermanos que tienen nombre de reyes o de héroes de tragedia griega. Una comedia lacerante, nostálgica con la redención como telón de fondo.

Sábado 20.
El Perro. Induoteatro Producciones
Chico García. J M S Andreu
Diógenes fue un filósofo cínico que diseccionó la sociedad de su época. Un antisistema que sacó los trapos sucios al poder con sus verdades. Chico García analiza la realidad desde la perspectiva del filósofo que vivía en una tinaja y hacia sus necesidades en público. Un tour de force sobre el pensador que le dijo a Alejandro Magno que se quitara de delante porque no le dejaba ver el sol.



Domingo 21
Pespuntes. Félix Albo
A modo de juglar, Félix Albo va haciendo nacer a sus criaturas. Las viste, las presenta nos introduce en su universo, juega con la ternura, con la carcajada, hace crecer al personaje, hace que se revele ante su destino, desobedece, se aboceta. En el más puro estilo albense.


martes, 28 de agosto de 2018

El Hilo Invisible. Sado-maso con pedigrí


                     






Paul Thomas Anderson se aleja (al menos en apariencia) de anteriores obras para adentrarnos en un thriller psicológico, camuflado de puesta en escena “brithits”, tintado de erotismo mórbido, caminando sobre una (también aparente) morosidad narrativa, recreándose en miradas, gestos y puntadas de hilo (y anímicas). Tras la elegancia formal se oculta un latente conflicto, cuyas capas va desbridando con la precisión de un bisturí para dejar las vísceras (palpitantes y frescas) ante los ojos del espectador.  
La tóxica relación se camufla bajo la elegancia formal, pero las miradas y vacíos van diseccionando el enfermizo y asfixiante cosmos de Reynolds y Alma. Un microuniverso perturbador e insano, que el trabajo formal del director consigue rescatar de la morbosidad, e incluso dotar en ciertos momentos de un humor corrosivo  y palpitante.
 Ciertamente cuece a tempo lento, a  tempo de adagio, con instantes donde algunos espectadores se removerán en los asientos, impacientes y molestos.
Lo perturbador no es ajeno a la obra del californiano, ya en “Magnolia” o la señera “Boogie Nights”, nos mostraba retratos feroces, atormentados, con esa marca de lo insólito que flota sobre sus producciones. La turbación de las páginas de Henry James es un referente diáfano de esta obra. Una relación vampírica con su hermana y un Edipo no diagnosticado, son las causas de que el protagonista sublime; a través de sus creaciones; toda su insana cotidianeidad, todo su obsesivo afán por la perfección. Pero el sótano está lleno de monstruos que pugnan por salir a la luz. Reynolds Woodcok trata de relacionarse con Alma como con un maniquí, para usar y guardar. Un ser que no es real, y que puede apagarse con un interruptor. Su incapacidad para el amor es patente. La sutileza es el arma elegida para adentrarnos en la perversión de la relación. La exquisitez formal, la excusa para mostrarnos las capas de oscuridad. La excelente banda sonora, para camuflar la insania de la propuesta. Porque Anderson se recrea en la liturgia de la cámara, en lo lúdico de las miradas, para regalarnos una de las historias de amor más potentes (y perturbadoras) del melodrama, con viraje al género; casi de terror psicológico; en su epílogo. 
El “Hilo Invisible” es una pieza de orfebrería, un romance gótico y retorcido (e invertido), ejercicio de erotismo enfermizo, que alcanza su cenit en la escena donde viste a su musa, Alma. Como un Pigmalión creando su obra maestra. Pero la alumna demostrará ser superior al mentor, con su capacidad de subvertir los roles. Edificio fílmico, sostenido sobre las soberbias interpretaciones de Day-Lewis; en su despedida del cine, de Vicky Krieps, de su dominio de la pausa y el espacio, o la hermana Lesley Manville, un autentico recital de sobriedad y densidad interpretativa. La fotografía espléndida, claustrofóbica y sensual, consiguiendo esa “charme” del Reino Unido en esos años, en base a la imitación del color “retro” de las fotografías antiguas. Hay algo de proeza técnica en la cámara siguiendo actores por escaleras, habitaciones, etc. La coordinación lumínica es titánica, el raccord, certero. Los planos secuencia son para quitarse el sombrero a nivel de iluminación. Hay una obsesión de orfebre en los juegos tonales. Tonos y colores fríos y cálidos se disputan la psique de los protagonistas y la del espectador. De hecho la paleta de colores, es anómalamente cálida en una de las secuencias más perversas, buscando descolocar al espectador. 
La banda sonora, extraordinaria. Jonny Greenwood, guitarrista de Radiohead;  ha dado preferencia a la cuerda y el piano. Obras de  intensidad clasicista como “Phantom Thread”, descriptivas como “The Hem”. “Sandalwood” es casi una obertura wagneriana. O la paganiniana “Phantom Thread IV, un delicioso y virtuoso ejercicio para cuerda. “For the Hungry Boy” es una melodía del más clásico cine romántico de los 40/50. Un soundtrack omnipresente, que en algunos instantes (como ya sucediera en Magnolia) pasa a formar parte de un diálogo con el sonido de fondo. Ha sido grabada con una orquesta de 60 músicos, para una de las mejores B.S.O del año que, el mismo músico ha tomado como referente, las grabaciones del mítico Glenn Gould sobre Bach,

El compositor  ha recogido los estados de ánimo de los personajes, como en “Never Cursed”, donde lo etéreo de la cuerda y la tristeza acompañan la enfermedad alucinatoria de Lewis o acompañando al interprete en lujosos arreglos de cuerda, coreografiados mientras se cepilla el pelo o se pone la camisa. Melodías abrumadoras para los instantes álgidos  y melancólicas “I´ll Follow Tomorrow”, donde el teclado (vía Rachmaninov) acompaña un paseo nocturno en coche. Una banda sonora que tan sólo desaparece un instante (en un momento álgido) para cambiar su significado a continuación. Destacar el impresionante trabajo con el vestuario de Mark Bridges.
Un inmenso  ejercicio de amor al cine que peina todo un abanico multicultural. Desde las influencias hitchconianas, pasando de la intensidad de Bergman, al drama helénico, hasta desembocar en un epílogo al que Freud no le hubiera importado firmar ¡Que la disfruten!

lunes, 20 de agosto de 2018

Una Bolsa de Canicas. 2017. Christian Duguay


                




A veces en la sencillez y  la falta de pretensiones se encuentra la fórmula para obtener una obra que, si bien no roza la genialidad, cumple con creces sus objetivos. A nadie se le escapa que el cine relativo al holocausto juega siempre peligrosamente en la liga de lo políticamente correcto. Es difícil el acercamiento a hechos tan luctuosos sin el temor de herir sensibilidades, de minimizar la tragedia, de no poder imbricar lo dramático en lo cotidiano. “Una Bolsa de Canicas” nos acerca a la mirada infantil de aquellos años terrible. Aunque Hitchcock recomendara no trabajar con niños, lo cierto es que los protagonistas de este film mantienen el tipo, el difícil equilibrio de una historia donde infantes y atrocidades se dan la mano. Una prueba de fuego que ya superaron otras propuestas como la surrealista “La Vida es Bella”; la dogmática “Adiós Muchachos”, la fábula de “El Niño con el Pijama de Rayas” o la visión del otro lado que nos muestran los adolescentes en la excelente “Die Brücke” (El Puente. 1959) y “Lore” (2012), dónde una chica de la juventudes Hitlerianas va descubriendo en la posguerra la gran mentira del mundo en que ha vivido. Cercana en la temática a aquella maravillosa “La Rafle” (2010), que nos hablaba de la redada del Velódromo de Invierno, cuando los colaboracionistas franceses encerraron a prisioneros judíos, para su envió a los campos de concentración. En difícil equilibrio entre la ternura y la osadía, entre la huída del maniqueísmo para la presentación de los personajes. Se agradece que el oficial de las SS sea un burócrata rodando en la rueda de la maldad, más cercano a esa “banalidad del mal” propuesta por Annah Harendt, que a los clichés sádicos y estadísticamente improbables de otras propuestas. Basada en el libro escrito por uno de los hermanos protagonistas (Joseph Joffe), la obra de Christian Duguay goza de una espléndida fotografía, teñida de melancolía, que acompaña a los niños en ese viaje iniciático hacia un mundo que se está derrumbando. Las interpretaciones, especialmente las infantiles, son notables. La historia está narrada con elegancia y una gramática bien confeccionada.

Jacques Dollan dirigió en 1975 la primera versión. La novela recibió diversos rechazos (hasta cuatro) de las editoriales y fue premiada en 1974 por la Academia Francesa. Esta primera adaptación cinematográfica no fue del agrado de Joseph Joffo. La historia pasaría después por el teatro y el comic. El relato huye, en clave de fábula, de todo lo grotesco, que podría haber generado el guión. Para ello crea una textura algo artificiosa y una pulida puesta en escena, vocacionalmente preciosista, donde; incluso los instantes más violentos; poseen una contención admirable. El breve, pero intenso, rol de Christian Clavier como médico que realiza las comprobaciones antisemitas, aporta la sabiduría y el peso de la experiencia. La visión del niño que no comprende lo que está ocurriendo es mucho más intensa en el libro, una situación que Jojo vive como una aventura, plena de artimañas para sobrevivir en la Europa ocupada por el nacionalsocialismo. El lenguaje utilizado en la novela es escueto, presuroso, de ágil lectura, lleno de humor, dolor infantil y espontaneidad. La historia de los hermanos que tratan de vivir en la impostura, fingiendo no ser judíos, para poder sobrevivir se deja leer de un tirón. Es de aplaudir que esta obra llena de angustia y sufrimiento, también sea un grito de esperanza y amor, no de odio. Muestra de ello es el epílogo donde el niño siente piedad por los colaboracionistas y los salva.
 En una escena terrible el padre abofetea al niño mientras le pregunta repetidamente ¿Eres Judío? A lo que el niño contesta que “no”.
-Es mejor recibir una bofetada, que perder la vida por miedo a recibir una...
Los niños aprenderán bien la lección en especial en sus continuos interrogatorios por parte del oficial de las SS.
El difícil equilibrio entre tragedia y comedia es sorteado por el director y los actores con solvencia. El puntaje musical (Armand Amar) a veces peca de falta de comedimiento y sobrevuela con exceso el viaje hacia Ítaca de los dos muchachos. Hay instantes tan intensos que el humor supera al horror, como el metafórico cambio que hace Jojo de una estrella amarilla por una bolsa de canicas. “Una Bolsa de Canicas” nos habla del miedo a los diferentes. Algo que todavía no parecemos haber superado.




jueves, 9 de agosto de 2018

Cyrano de Bergerac. Un Cyrano cercano y humano. 34 Festival de Teatro Clásico de Alcántara


                          




 Este Cyrano dibujado por José Luis Gil se nos antoja humano y cercano. Una aproximación valiente, arriesgada, para este mítico “negro” sentimental que pone su palabra al servicio del amor ajeno y su espada al propio servicio. En un París lleno de espadachines, este soldado-poeta pasea su pasión (y su frustración) a lo largo de mas de dos horas, bien estructuradas y no pesan sobre el espectador. Emocionante y bien resuelta la escena del balcón, de hermosa estética, con lucimiento de los protagonistas. Cyrano (José Luis Gil) le envía sus versos al oído al amante Christian (Álex Gadea) para que este transmita a Roxana (Ana Ruiz) su amor oculto en un momento lleno de plástica, embrujo y enredos. Notable también la escena de la lucha del protagonista con el petimetre aristócrata, un verdadero juego dramático con escenas de esgrima intercaladas con los diálogos de uno de los mejores pasajes de la obra. Aunque a Cyrano se le da mejor la esgrima del verso que la otra. El Director Alberto Castrillo-Ferrer ha intercalado números musicales que dotan de dinámica al conjunto y sirven como oasis dramático, números que sirven para mostrar el buen hacer de los protagonistas en este género. Hay un uso adecuado de la escenografía (Alejandro Andujar y Enric Planas), una gran estructura que al mismo tiempo es taberna, teatro, balcón o monasterio, con el recurso  del maping en instantes que recrean pendencias o una carta escrita que crece sobre la pared. Rocío Calvo se desenvuelve en sus diversos personajes, dotándolos de vida y humorada con enorme vis cómica. Ciertamente José Luís Gil le ha echado un par de narices a esta ansiada versión del antihéroe rostandiano, obteniendo una visión intensa, divertida y plena de ingenio.
 Así se dicen los versos, así se proyecta la voz. Así se hace teatro. No le va la zaga Ricardo Joven (Pastelero Ragueneau) con amplio registro y dominio escénico, o un sorprendente Álex Gadea (Christian). La bella Roxana (Ana Ruiz) desarrolla una mujer que pisa fuerte, creciéndose en el tramo final, si bien se podría mejorar el tempo, los matices o la musicalidad en algunas frases. Carlos Heredia y Javier Ortiz, completan un elenco plural y eficiente. La música (David Angulo) tanto en su vertiente diegética, que se desarrolla cercana al musical, como la no diegética, con amplios espacios sonoros, es de gran belleza y cumple con certeza. Un hermoso poema sobre la belleza oculta y la apariencia en un mundo que, al parecer, no ha cambiado demasiado.



miércoles, 25 de julio de 2018

Stand By Me. Lo que nunca vuelve


                                         
Aunque el nombre de Stephen King se asocia siempre con un imaginario cercano al cine de terror, en parcialidad habría que decir que no son las adaptaciones de los argumentos terroríficos las más afortunadas en su traslado a la pantalla, salvado escasas y honrosas excepciones (y alguna obra maestra) son los argumentos no-terroríficos; estrictamente; los que han aportado mayor calidad a la pantalla. Stand By Me  (Cuenta Conmigo. Rob Reiner. 1986) es un viaje interior, iniciático, hacia una madurez previa, protagonizada por cuatro muchachos en estado de gloria. El casting es arrebatador. Kiefer Sutherland jamás repitió esa certeza, Richard Dreyfuss no precisa palabras, el malogrado River Phoenix realiza un papel de antología y Cusack no necesita avales.
Stand by Me nos habla de esa época en que todo comienza a cambiar, ese periodo inolvidable en que los asombros nos crecen, donde cualquier instante adquiere una patina mágica e irrepetible que habitará de nostalgia nuestro futuro. También ¿Por qué no?, nos habla sobre la perdida de la inocencia y el encontronazo que supone la llegada al mundo adulto. Hermoso parábola sobre la amistad cálida y cercana, antes de que los amigos fueran sustituidos por monigotes virtuales y las conversaciones por una serie de signos para tarados lingüísticos. Una época donde el mundo era más sencillo y algo tan nuestro como la inocencia no era una entelequia extraña de la que nos hablan los más viejos. La sombra de Mark Twain sobrevuela este guión en el que la amistad y la inocencia, ya no son recuperables, incluso la misma trama está recordada desde la visión de un adulto. Nada retorna, nada es igual y los parques son mucho más pequeños de como los recordábamos.
“Soy un niño, y sólo seré un niño una vez. Tengo el resto de mi vida para ser un imbécil”
 Es, también, el film un brillante ejercicio de puesta en escena y de trabajada ambientación cincuentera de los EEUU, habitado de los grandes temas musicales del momento (Everyday; Lollipop o Come Go with me) complementan el iniciático viaje. Un viaje que nos hace retornar desde el personaje de Cusak a aquellos días en que los parques y estanques nos parecían mucho más grandes de como los recordamos.
 El guión nos habla de ese otoño inolvidable en que el mundo adulto choca como una locomotora contra nuestras vidas.

Stand by Me forma parte de un libro cuyas tres adaptaciones al cine han sido de los mejor de King; Different Seasons (Las cuatro estaciones, Ed. Mondadori, 1992) Cada una se desarrollaba en una época del año. “Cadena Perpetua” en la primavera,”Verano de Corrupción” y el cuento de invierno, que aún no ha sido realizado para el cine.




El Otoño de la inocencia” quizás juega con la doble traducción de “fall” como caída (de la inocencia) y como otoño. Este film nos habla del fin de la ingenuidad, de esos jardines que ya nunca serán los mismos, de la corta duración del territorio de la infancia. De un mundo donde lo importante es descubrir algo tan elemental como que tipo de animal es Goofy. El mismo Stephen King, dijo que era la mejor adaptación que se había hecho de su mundo literario. Lo cierto es que Rob Reiner nunca repitió carambola y esta hermosa película ha quedado como una “rara avis” dentro del territorio del escritor, el director y los interpretes. La pegadiza melodía de Cuenta Conmigo, una hermosa plegaria de Ben E. King; sobrevuela; aún después de morir los títulos de crédito. Stand by Me es la nostalgia elevada a la enésima potencia.


martes, 24 de julio de 2018

El Caballero de Olmedo. Noviembre Teatro. Festival del Castillo de Niebla. La sobriedad como estética.


    
 



Parquedad en la propuesta de este “caballero” presentado por Noviembre Teatro. Sobriedad en los modos y maneras, en el movimiento escénico y la escenografía. Esta versión del clásico amatorio está apoyada fundamentalmente en el poder mágico del verbo lopevegano, en el lance verbal y el manejo de las pasiones universales por encima de épocas y periodos históricos. Y en la reconocida autoridad del director con los clásicos. Bien mirado, este predestinado (que de noche le mataron, al caballero) podría situarse en rincones que todos conocemos, de la más rabiosa actualidad, ofrecernos el retruécano de su espejo invertido para que los personajes se nos aparezcan como vivos y palpitantes. 

No ha cambiado mucho el orbe desde que el fénix de los ingenios escribiera esta maravilla casi necrófila, donde se nos hace spoiler desde un principio. Desgraciadamente, la humana envidia, el recelo hacia el que es diferente y la incapacidad de procesar la frustración forman parte de la textura de nuestra enfermiza sociedad. No hay más que echar un vistazo al terruño que habitamos donde el desprecio al que piensa diferente puede terminar en baile de navajas y la envidia ocupa un amplio territorio en el mapa genético. 
El maestro madrileño jugó en su texto con los tópicos y el oscurantismo de una época donde la dama que no llega a nupcias tiene como salida el convento. El contrapunto cómico de una propuesta de sobriedad vocacional, castellana y áspera, lo aportan el sorprendente control de ritmos de Tello (Arturo Querejeta); el criado pícaro y barbián; y la “celestinesca” Fabia. Un dechado de trapacería y alcahuetería que borda la actriz Charo Amador. El director (Eduardo Vasco) juega en algunos instantes con la rotura de la cuarta pared, humaniza al personaje sentándolo en el borde del escenario para declamar ese verso claro y certero que se gastaba el áureo madrileño. La tragedia de Don Alonso flota en el aire olmedano como algo inasible e inatrapable, como un fatum funesto, teñido de luto. Y es más triste porque Daniel Albadalejo recrea un personaje que juega en la cercanía, que proyecta empatía (amén de proyectar la voz con pericia) y al que no le deseamos ningún mal.  
Hay un certero equilibrio entre los instantes solemnes (algunos casi enlutados) y las aportaciones cómicas. La tragicomedia no se encorseta, no chirría. Incluso cuando las “innovaciones” pasan por añadir a la clásica balada mortuoria (Que de noche le mataron... al caballero. Gala de Medina, la flor de Olmedo) palmeos “jondos” y de verdeluna  (casi un premonitorio coro griego) o acompañan los recitados con una guitarra eléctrica. Ora suave y melancólica, en leves arpegios y acordes insinuados, ora rockera, con fúnebre predestinación en sus cuerdas. 

Pese a estos enriquecedores añadidos la propuesta es de lo más ortodoxa. Y esto se agradece. Respeto por la génesis literaria, respeto por la fatalidad en el verso inabarcable, respeto por el mensaje desasosegador de la única tragedia de Lope de Vega, que bebe de influencias tardomedievales (esa alcahueta fernandorojiana) y legendarios (la historia del caballero en una canción popular) y con elementos de la Comedia Nueva. La austeridad y el minimalismo como arma en la expresionista iluminación (Miguel Angel Camacho) y en la escenografía. No se precisa nada más. Lope sabe proyectar su intensidad en la dramaturgia, sin excesivos cambios espaciales. Ya las tormentas humanas sostienen la armazón dramática con suficiente intensidad en la candidez de Doña Leonor (Elena Rayos) o la pasión lúdica y las maniobras de la enamorada Doña Inés (Isabel Rodes), en plena ebullición amatoria. Correcto e intenso Fernando Sendito, en el envidioso Don Rodrigo que se crece en la declamación según avanza el personaje y su compinche Don Fernando (Rafael Ortiz).

 Resaltar las intervenciones de José Vicente Ramos en el rol de un padre, levemente despistado. Antonio de Cos recrea en sus dedos la intensidad de los instantes, pasando de músico al personaje del Rey. La colocación de los micrófonos hacía que se perdieran levemente los instantes en que los actores no miraban al patio de butacas. Hermosos los diseños de Lorenzo Caprile, para un vestuario que envuelve en un aura funesta y trágica. Quizás sea de los escasos casos en que el público acudía a la obra sabedor del desenlace (uno de los primeros spoilers de la historia) de este drama barroco.

 Ciertamente, así se dicen los versos, así se vive la dramaturgia en medio de la conceptual escenografía de Carolina González. Con naturalidad y flujo. Con elegancia, fluidez y certeza. Destacar la cita que se hace en la obra a los personajes de Fernando de Rojas en “La Celestina”. Un drama que al final deja un cierto sabor amargo. No andamos tan lejos de esta aciaga enemistad  atemporal entre Medina y Olmedo.

miércoles, 18 de julio de 2018

Carmen y Lola. Un hachazo al patriarcado. 24 Festival Ibérico de Cinema


                       




La propuesta de Arantxa Echevarría es de esas que continúan habitándote la piel después de los títulos de crédito. La historia de amor de dos muchachas de etnia gitana, es una apuesta esforzada y al mismo tiempo espinosa, por la situación necesaria para el rodaje y las implicaciones sociales. La bilbaína abre su película con un plano estático de una de las protagonistas, vistiendo el traje de pedida, en completa soledad, que es toda una declaración de principios. “Carmen y Lola” rezuma frescura por sus poros. Filmada casi como un semidocumental, en algunas secuencias es un estudio antropológico del imaginario caló, observado con una honestidad no exenta de reivindicación. A través de la lente, cámara en mano, se muestran las periféricas barriadas, las costumbres, los brillos, las creencias, los rituales incardinados en lo cotidiano, con un naturalismo sincero en la fotografía (Pilar Sánchez Díaz), que no se desliza por la pendiente del costumbrismo. Una postura que no da pábulo al folklorismo o el reality-show de querencia plebeya.

Este retorno al cine de denuncia social (vía Calos Saura), está manejado con hilos de esperanza y sensibilidad para manejar una situación extrema en el entorno social en que se desarrolla (incluso es vista como una posesión diabólica), focalizando sobre la experiencia interior de las protagonistas, envueltas en un opresivo mundo para el que no se muestra ninguna complacencia. Para acercarse a este tema tabú, pese a lo asfixiante de algunas secuencias, el arma es una cámara espontánea, la huída del plano-contraplano, que es sustituido por un eficaz juego de foco en los rostros, cambiando alternativamente de protagonista. La lente deja a la profundidad de campo (o la falta de ella), indefinir el rostro de fondo para volver a jugar con el anterior. Flujo y reflujo visualmente hermoso y efectivo. En una excelente secuencia de baile entre Carmen y Lola, la cámara ralentiza el tiempo, alejándolas del entorno, dejando vivir la ensoñación, desapareciendo la triste realidad a su alrededor. Hay que destacar la valentía de las actrices, de las que Arantxa Echevarría es capaz de extraer una gran riqueza de matices, de silencios cómplices, de miradas introspectivas, en esa huída hacia adelante que es el amor entre mujeres, con la falta de referentes en un entorno hostil y estancado en otros tiempos. Valentía, y una capacidad interpretativa espontánea, libre de lastres y de una naturalidad apabullante. 

Las dos actrices principales, Zaida Morales y Rosy Rodríguez, extraen un abanico interpretativo pleno de frescura y sinceridad. Moreno Borja, dota a su personaje de una verdad impactante. A destacar el papel de la madre, de sincero registro dramático, y el personaje de “Paqui”, fresco e intenso, dibujado por la extremeña Carolina Yuste.   Carmen y Lola” es una propuesta universal aunque haya sido situada en la idiosincrasia gitana. Un canto a la falta de prejuicios y a la libertad, al rechazo de la propia cultura, si ésta encorseta y comprime nuestras vidas y anhelos. La banda sonora de Nina Aranda es escueta, con instantes intimistas para tecla y cuerda, predominando la música diegética, de raíz flamenca, que se escucha en las reuniones, fiestas y culto. Desafortunadamente ese idílico final abierto aún está muy lejos de ser real. Prueba de ello son los múltiples problemas que la directora ha tenido con asociaciones y colectivos contrarios a esta película, incluso sin verla. Y no precisamente con las estructuras patriarcales. Aunque seguramente el film se convertirá tras su estreno comercial en uno de los crowdpleasers del estío, todavía queda mucho camino.



viernes, 13 de julio de 2018

Seis Mil Lunas.14 Relatos de Lucha y Esperanza. Julio Alejandre


                      



Comencé a leer “Seis Mil Lunas” sin acceder previamente a la biografía del autor. El resultado fue que al cabo de tres cuentos, llamó mi atención el dominio del habla salvadoreña, la fluidez en las construcciones, la naturalidad en la estructura, hasta el punto de que me quede asombrado cuando leí que se trataba de un madrileño que había trabajado como cooperante (Colomoncagua, Mesa Grande, Morazá, etc), que actualmente, se encuentra afincado en la Baja Extremadura, dedicado a la enseñanza. Quien haya  tratado de pergeñar una historia corta, utilizando cualquiera de las características léxicas de los países hispanoamericanos, se ha topado con la dificultad de estructurar las frases de modo natural. No se trata de colocar palabras al libre albedrío o de sustituir las utilizadas en el castellano de acá con las del castellano de allá, como un sanitario colocando apósitos. La realidad es mucho más compleja.
 Julio Alejandre consigue esa fluidez narrativa que nace del uso continuo e instintivo de los términos y frases. Doble dificultad, ya que mixtura el trance del relato corto; exigente y certero; con el uso de terminologías que nos son ajenas o no son nativas. Estas “Seis Mil Lunas” son los años contados desde el ¿afortunado? descubrimiento de América. Desde que el choque abismal entre dos mundos cambió el curso de la historia.
Julio Alejandre presenta en estos catorce relatos (merecidamente premiados) un abanico de personajes palpitantes, de esos que se aferran a la garganta y siguen hablando desde ti una vez concluido el texto. Como ese marido que reencuentra a su esposa en “El Vía Crucis”, un relato casi de realismo mágico. Una reflexión sobre la memoria de los que se van <<Si no siembro las piedras bajo el conacaste, ¿Qué quedará de los que se fueron? ¿Quién guardará su memoria?>>. Un ejercicio de estilo con la sobra de Juan Rulfo revoloteando por esas hermosas frases cortas. Por esa filosofía cotidiana y certera <<Enfilo la vereda, pero me doy cuenta de que no soy yo quien hace la vereda, sino ella la que me hace a mí, la que me ha estado haciendo desde siempre>>
Julio Alejandre maneja la poética de la brevedad en la frase. De la contundencia en el verbo, casi desnudo. Sin adornos innecesarios pero plena de expresividad y de intensidad. Cada palabra expresa lo que hay que expresar, cada vocablo dice lo que tiene que decir. La riqueza de este castellano de allende los mares es apabullante, así como su expresividad y musicalidad. “Incidente en Rancho Quemado” narra un hecho terrible en su cotidianeidad. Y lo hace con esa resignación de los que están acostumbrados al sufrimiento, los que llevan el dolor como una parte de su respiración. Una historia que narra como un padre borracho dispara accidentalmente en una reunión matando a su hijo. El epílogo es de una economía de medios admirable, lo que no le hace perder capacidad de conmover y remover conciencias.
Viera cómo se le estremecían las carnes a la mujer y le fallaba la voz cuando dijo que había sido el padre del chamaco quien disparó.
-El mero tata, vos.
La Autopsia de Gerundina Guevara” nos narra una sórdida historia que denuncia los malos tratos y la violencia sobre la mujer con un lenguaje gustoso, basada en la creación de un personaje de esos que se te adhieren a la piel y consiguen que no desees el final del relato.
Todas estas historias se desarrollan en una mismo universo, dónde la guerra, la miseria, el sufrimiento de los más débiles están tatuados en el alma de los protagonistas, incluso cuando disfrutamos de una narración humorística y chispeante como “El Charlatan”; donde un vendedor ambulante sube a un autobús cargado de mercancías milagrosas para levantar la sonrisa del lector.

Tres días de Marzo” es un relato terrible, basado en un hecho real, que clama sobre la impotencia de quienes están a merced de las guerras, el éxodo, el miedo, contados a modo de diario, como crónica de una muerte anunciada...
En “Al Final del Callejón” la narración mantiene un constante suspense sobre el probable secuestro de una niña, narrada por las voces de las dos protagonistas (secuestradora y madre) que mantienen sus perspectivas respecto al mismo acto, de terribles consecuencias.
La Tela de Araña”. Un cuento hitcochckiano donde el hecho de adivinar lo que va a suceder no le resta un ápice de interés al suspense. Unas niñas proyectan aprovechar el día para ir a bañarse a la Poza Verde. Las circunstancias irán tejiendo una tela de araña inexorable y cruel, contra la que no se puede luchar.
Cuando el lector termina cada uno de los relatos que componen “Seis Mil Lunas”, amén de la sensación de haber disfrutado de una narrativa intensa y certera, no puede estar en desacuerdo con los premios obtenidos por éstos. La riqueza léxica, la utilización exacta y minuciosa de los vocablos salvadoreños (chafarote, enmontañado, papalotear, tufosa, zancudo, etc) contribuyen a esta arquitectura, que conforma el universo que Julio Alejandre ha volcado en este libro. Una lectura de amplio disfrute, imprescindible y enriquecedora.



jueves, 12 de julio de 2018

Viriato de Verbo Producciones. Noches de Verano.El poder del símbolo


                            





Una estética conaniana es la opción de Maite Álvarez para introducir al espectador en un mundo bárbaro, tan sólo primitivo en lo externo, donde las falcatas íberas hacían temblar a los romanos portadores de gladius. Nura (Paca Velardiez)  y el corifeo ( Jose F. Ramos), se encargan de secuenciar en canon las lamentaciones que nos hablan de los horrores (y errores) que los humanos siguen cometiendo por ambición e ignorancia. La Música, compuesta por “La Octava”, es incidental y apoya en todo momento la intensidad del verbo, ya sea en forma de obsesiva percusión tribal, en atonales acordes o en notas largas y sostenidas que potencian la sensación del fatum inexorable que acecha al protagonista.
 El texto de Florián Recio es un alegato contra la estulticia humana. Contra los repetidos errores del hombre, la ambición y la codicia que sustentan todas las guerras. Viriato (Fernando Ramos) no es un arquetipo. Se mueve en el terreno de la duda, comete errores y sabe que éstos tienen consecuencias. Se agota, se rinde. En definitiva es terriblemente humano, y el actor lo levanta presentándonos un antihéroe atrapado entre las intrigas y telarañas del poder. La petición de Viriato es admirable y digna de encomio <<El tiempo de la sangre debe concluir>>, pero al mismo tiempo peca de inocencia y desconocimiento de la especie humana. La dirección de Paco Carrillo otorga un aire clásico, con referencias al teatro helénico en lo contextual. Las vivencias humanas son similares, ya sean los arquetipos servidores de dioses elaborados, animales sagrados o del bondadoso Endovellico. La minimalista escenografía se apoya en un juego de elementos que se articulan y se utilizan plásticamente, unos maderos que forman parte de la fisícidad de los personajes y son reflejo de sus emociones. Emociones extremas como el bélico y mágico Olíndico (excelente Pedro Montero), un líder religioso panceltibérico del que apenas se sabe nada, salvo que murió a manos de un legionario cuando intentaba matar al cónsul con su lanza de plata. Apreciable el resignado y valiente Astolpas de Jesús Manchón. Brioso el alegato reivindicativo de Tóngina (Ana García). Exactos los altibajos que produce la traición en el espíritu, solventados por los actores Manuel Menárquez (Minuro) y su compinche Audax (David Gutiérrez), ambos con correcta y nítida proyección vocal. El Cepión de Juan Carlos Tirado es un artero y taimado imperialista al que el actor dota de un cierto toque histriónico, irónico y cínico. Si hay algo que destacar de este Viriato es su cercanía, su humanidad, llena de dudas y contradicciones. 
También su alejamiento del mito, escindido del héroe homérico, ajeno del testimonio de virtudes guerreras descrito por Diodoro Sículo, que lo transforman en alguien cercano y casi cotidiano. Se echa de menos el extraordinario coro de la ESAD (Premio Ceres) que debutara en las piedras milenarias de Mérida. También es discutible que este Auditorio sea el más apropiado para una obra de estas características, con textos profundos y meditativos. Estos son acompañados de ruidos de motocicletas, voces y diversas molestias procedentes el exterior, situación que no se produce en un concierto por la potencia de los equipos. “Roma no paga traidores” Esa es la condena para los dos felones que le quitan la vida (en realidad tres). Pero el mundo real es distinto. Roma sigue pagando traidores, la mayoría de ellos con fondos del erario público.

miércoles, 11 de julio de 2018

Presentación de la Revista Versión Original 25 aniversario


         





No es moco de pavo. La aventura comenzada hace 25 años por tres amigos, llenos de pasión por el cine (y osadía), es hoy en día una de las propuestas culturales más potentes de la región. La única publicación que acerca el cine en formato de monográfico, ha vencido los múltiples escollos que se presentan a cualquiera que quiera sacar adelante una propuesta cultural en “aquestos predios”. 

Mucho ha llovido desde entonces y la Fundación ReBross ha conseguido uno de los certámenes más interesantes del país el Festival Solidario de Cine Español de Cáceres, y sus premios “San Pancracio”. Una propuesta única en su entorno, en un mundo donde preocuparse de los demás siempre está en un segundo plano detrás de otros intereses y obligaciones en que ocultamos la cabeza como el avestruz. 


Aunque este hubiera sido su único objetivo, ya sería digno de encomio y apoyo, pero es que además todo este “tinglado de la antigua farsa, la que alivió en posadas aldeanas el cansancio de los trajinantes, la que embobó en las plazas de humildes lugares a los simples villanos” (con permiso de Benavente), les ha llevado a puertos mucho más abiertos y prometedores. Desde la edición de libros temáticos, que ofrecen esa oportunidad tan escasa por parte de las editoriales a escritores especializados en cine, hasta este concurso para ilustradores con el motivo de “Final Feliz”. El nivel de calidad en las colaboraciones de la revista “Versión Original”, la ha colocado como buque insignia y referente cinéfilo de la región (y fuera de ella).
Su próxima aventura es un especial sobre “Cine y Extremadura”, sigue su pauta de hacer región, de mejorar nuestro ámbito cultural, sin perder de vista las raíces altruistas del proyecto. Para el número dedicado a “Novelas Españolas Adaptadas al Cine” se han solicitado diversas colaboraciones. No puede haber una vocación más cultural y universal para un proyecto en que acompañan la “Asociación de Escritores Extremeños”, la Facultad de Filosofía y Letras de la UNEX, la Asociación Cultural Ediciones Liliputienses  y la Asociación Cultural Norbanova.
Para presentar este monográfico nada mejor que las calles del casco antiguo de Cáceres. En el gastrobar Mastropiero se presentó la nueva criatura, y se entregó el premio de este primer certamen de ilustración “Versión Original”, con la temática de “Final Feliz” y organizado por ReBross y Piñata Productions, patrocinado por Gin Premium Puerto de Indias. Los colaboradores han sido Inspiratur Agencia de Viajes y Graficas Hache. La ganadora fue Valeria Shapovalova con la ilustración “Vida de Perros”. Una propuesta que juega con la gama de grises, entrañable, donde la sencillez  es el arma. Un homenaje a los clásicos con el personaje de Charlot y un encantador perrito. La contraportada de la revista muestra las ilustraciones que también pudieron ser portada. El Show de Truman de Lorena Cardeña, un simbólico momento, donde aparece el personaje en un entorno de tonos pastel que juega con azules y rosas para crear un contexto idílico. El “Big Fish” de Marta Barroso, homenajea la obra maestra de Tim Burton, utilizando sepia y las simbólicas siluetas de los zapatos que cuelgan al final de nuestros caminos. “Ocho y Medio” es la elección de Ester Centella Arranz. Mastroianni está rodeado por un mundo sepia onírico y simbólico, donde camina la orquesta de payasos. Una ilustración que homenajea la escena de la película a ritmo de lápiz. Ricardo Estecha elige uno de los momentos más significativos  (y musicales) de “La Vida de Brian” para su ilustración, un diseño que juega con los contraluces, los degradados y un toque músico-festivo. 
El resto de la exposición, en total 20 obras, quedó expuesta en las paredes del Gastrobar & Jardín Mastropiero. Paco y Tinti Rebollo presentaron este 25 aniversario, haciendo un recorrido por todas las reseñas de los colaboradores de la revista, sin perder el toque reivindicativo (no podía ser de otro modo) y recordar los barcos llenos de seres humanos en alta mar. Está claro que mantener un proyecto de este calado requiere voluntad y constancia, pero también mucho amor por aquello que se está haciendo. Y de eso, aquí hay mucho...