miércoles, 22 de enero de 2020

A5 Vocal Ensemble. Quinto libro de madrigales de Monteverdi. Espacio Turina


                        

Dentro de la esforzada aventura emprendida por A5 Vocal Ensemble, única en nuestro panorama musical, de resucitar y revitalizar los libros de madrigales del compositor cremonés, ahora le ha llegado el turno al libro que supuso el punto de inflexión hacia la seconda prattica. Monteverdi subordina la expresión musical a la palabra, conduciendo  el figuralismo a sus más altas cotas. El Ensemble ya tiene experiencia en estos lances, amplio dominio de las texturas monteverdianas y potente expresividad “pintando palabras”.
Ya desde el primer madrigal Cruda Amarilli; que fue refutado por Artusi; se aprecia ese sabor revolucionario y el dominio del cromatismo, que tan caro le era al italiano. Suave y claro el traspaso desde las dos primeras secciones, donde predomina la textura homofónica, dominio de la disonancia (novena y séptima) en el compás 13 (con permiso de Artusi). Aunque para disonancias, las 14 que se escucharon entre los compases 19 y 23 (retardos) y que la agrupación resuelve con su habitual fluidez, para agonizar en una cadencia típicamente renacentista, recreando este drama en miniatura.

Es de agradecer la proyección que durante el concierto se efectúa sobre el escenario en la cual es posible leer los poéticos y melancólicos textos en italiano y español, aumentando el grado de comprensión, con la emotividad y nostalgia trasmitida por A5 Vocal Ensemble. Nos hallamos ante un género en el que la palabra es alquimizada por la música, para mostrarnos una enorme paleta de estados emocionales y afectivos en esta obra-bisagra con lo anterior y lo que viene.
En O Mirtillo, Mirtill'anima mia, A5 Vocal Ensemble desarrolla los recursos del madrigal, integrándolos con las demandas de la monodia, reitera pequeñas frases, de modo minuciosamente repetitivo, consiguiendo un fino y seductor equilibrio en sustancia y proporciones. Esta obra reúne cadencias intensamente renacentistas. Muchos la consideran la predecesora del Libro VI (Lamento de Ariadna)
Monteverdi llevo al extremo el hablar con canción (chi con canto parla), por ello los textos son de una deliciosa cadencia, profunda melancolía, intenso retrato amoroso y se prestan a una profunda pintura polifónica. A partir de este libro, la escritura del cremonés se acerca, sin posibilidad de retorno hacia paisajes más cercanos a la ópera en miniatura o la cantata dramática.
La presencia del bajo continuo es obligatoria en los seis últimos madrigales, compuestos para cinco o seis voces.

Un pequeño interludio para lo instrumental ofreció una deliciosa interpretación de la Sonata quarta sopra l´aria di Ruggiero, de Salomone Rossi  (El judío),  pionero en el desarrollo del trío de sonata y violín, con patrón armónico repetitivo (o bajo de fondo). Salomone colaboró con Monteverdi en el drama lírico Maddalena. Preciso y alborozado, el violín de Raquel Batalloso, en acertado diálogo con la viola de Irene Gómez Fernández. Rossi conocía las primeras colecciones de madrigales de Monteverdi, e incluso tomó varios de sus textos en varias ocasiones para sus propias composiciones. 
La segunda parte del concierto traería obras como Amor, se giusto sei, con amplio juego cromático, melismas y un sonido suave y equilibrado para un texto donde el amante desea que la mujer que sea su esposa, sea la correcta.
T'amo, mia vita,  es una meditación entusiasta de un joven amante que ha escuchado a su amada pronunciar esas palabras. Monteverdi establece las cuatro palabras para soprano en solitario, repitiéndolas entre líneas de la ensoñación del joven como si se repitiera una y otra vez en su mente.
La agrupación convierte el soberbio epílogo Questi Vaghi Concenti (a 9), una verdadera sinfonía con ritornello) en una brillante cantata. Compuesta siguiendo el modelo popularizado por Andrea Gabrieli. Aquí los cambios en la textura siguen íntimamente los tonos subjetivos del texto, avanzando en el concepto de uso de coro de la época, que lo usaban para simple efecto de eco. Las dos mitades, usan variaciones del material sinfónico, crean una gama deslumbrante de colores vocales al veneciano modo. Este es un anticipo de la música teatral a gran escala que ya asomaba desde el futuro. La interpretación de A5; junto con el resto de cantantes, es voluptuosa, plena de alegría de vivir, decidida a celebrar la fresca belleza que se le ofrece.
Como oferente regalo se ofreció un preludio del Sexto Libro, el Zefiro Torna, oh di soavi accenti. Un poema de Petrarca, publicado en El Canzionere;  elevado a lo sublime por la música de Monteverdi. Y también por los músicos que, sobre el escenario, extrajeron de este aire una interpretación dinámica, lúdica, de un cromatismo vitalista; y premonitorio; de lo que será su próximo trabajo (esos soberbios trinos ornamentales). A5 Vocal Ensemble se ha embarcado, para fortuna de los aficionados, en una tarea enciclopédica, mastodóntica, faraónica. El resultado de este enorme trabajo y de las horas de pulido, tallado y esmerilado, queda patente sobre el escenario. Afortunados aquellos que tienen el privilegio de disfrutarlo.





lunes, 20 de enero de 2020

Azahar Ensemble. XI Ciclo de Música Actual de Badajoz. De la textura como estética


     
         Azahar Ensemble. XI Ciclo de Música Actual de Badajoz. De la textura como estética

Roberto Gerhard fue un autor heterodoxo y cosmopolita. No satisfecho con la música nacionalista de su época, viajó hasta Austria para encontrarse con Arnold Schönberg, que estaba revolucionando la música europea y quedó cautivado por sus enseñanzas. Su obra orquestal ha eclipsado la música de cámara, donde escribió algunas obras maestras, en las que su riguroso sentido de la forma está ausente casi por completo.
Para su Quinteto de viento, emplea por primera vez la técnica serial, aunque no dodecafónica, con una clara influencia de Schönberg. Hay fuertes inclinaciones homofónicas. Sin ser tonal en la estructura general, lo es en los pequeños detalles. Deudora de la tradición vienesa de la sonata, pero invadida de inflexiones de la música popular española. Esa obra fue entregada a Schönberg por al autor como trabajo de fin de curso y fue blanco de la crítica por su radicalidad. 
El compositor defendió en un artículo la superación de los posicionamientos estéticos trasnochados y provocó un escándalo. Estamos ante una obra de estructura formal sólida con la horma plástica del modelo vienés. Los dos primeros movimientos están gobernados por una misma serie de sonidos (enfrentándose a la teoría de Schönberg). En el tercero y cuarto los procedimientos de construcción melódica pasan a un segundo plano. Además introduce un pequeño motivo extraído de La Consagración de la Primavera.

El color instrumental que solicita la partitura, es recreado con precisión por Azahar Ensemble, así como  los aspectos rítmicos de eso que se definió como “dodecafonismo mediterráneo”. Encontramos el uso de acordes repetidos de función climática y reminiscencias folclóricas; no tomadas de ningún cancionero; insertadas en el entramado serial. Esto se ve claramente en la sección del trío del tercer movimiento, donde el oboe desarrolla la melodía de carácter popular, doblada por la flauta en tercera menor superior. Claramente recurso popular. Se puede considerar este quinteto como una inflexión y una declaración de principios del autor, ante una etapa caracterizada por la individualidad estética, que convierte esta obra en paradigma de la modernidad.








Un Tápis. Unicornio (2015) es la obra basada en el famoso tapiz de La Dama y El unicornio, en el cual se inspiró el multipremiado compositor Joan Magramé para componer expresamente para el Azahar Ensemble. Comienza con una cadencia etérea, misteriosa, complaciéndose en notas largas, conduciendo hacia un espacio sonoro creciente, que no trata de transmitir ideas, sino elaborar imágenes sensoriales a partir de nuestra tradición cultural. El juego instrumental es evocador, de gran equilibrio, con gestos melancólicos. Con algún instante que bebe directamente de una danza cortesana. El epílogo retoma, tras un crescendo, el equilibrio del prólogo, conduciendo a un estado de sorprendente quietud. Agonizando de nuevo en notas largas. Toda la obra es un delicado tapiz sonoro en si mismo, que diluye la individualidad del instrumento y lo convierte en textura plural.
Del compositor palentino Santiago Lanchares, el  quinteto  interpretó “El Sueño de Sapur”, un encargo del CNDM.  La obra de estreno es un encargo del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) que participa con la Sociedad Filarmónica de Badajoz en la producción del XI Ciclo de Música Actual de Badajoz. Este ciclo también cuenta con el patrocinio de la Junta de Extremadura, Diputación de Badajoz, Fundación CB y Fundación Ibercaja.
Una obra de gran sensibilidad, con motivos y modos arabescos, que está dedicada al walí  persa de Badajoz, considerado como un protector de las letras y las artes. La interpretación recibió numerosos aplausos de un público entregado y agradecido por el motivo pacense que inspiró la obra.
Carl Nielsen es un compositor conocido por sus sinfonías. El Quinteto  Op. 43 es una  auténtica obra de madurez. Destacar la claridad deslumbrante de la flauta (Frederic Sánchez Muñoz) y esa alegría con que irrumpe tras la presentación del tema inicial. El fastuoso timbre galánico del oboe de María Alba Carmona Tobella de breves salpicaduras. Miquel Ramos Salvadó, extrae dibujos del clarinete, que reparte a lo largo y ancho del registro, concibe rúbricas volubles, zigzaguea. Desde la trompa de Antonio Lagares Abeal, surgen recuerdos vagos. Entra la melancolía,  la trompa trae consigo recuerdos entre venatorios y taciturnos.
Más adusto, el fagot de María José García Zamora, combinando timbres y armonías en un rico cromatismo, no exento de cierta humorada, para este diálogo psicológico entre cinco personajes. En cualquier caso, obra de absoluto dominio formal. El tema de las variaciones es la melodía del coral “Min Jesus lad mit hjerte få”, desarrollado de una forma peculiar y alegre, entre seria y elegíaca, hasta el suave epílogo con ese indudable tempo de solemnidad que solicita una ceremonia religiosa.
Azahar Ensemble finalizó el concierto regalando un hermoso arreglo del Oblivion, del argentino Astor Piazzolla, donde demostró una vez más su capacidad para lograr un rico empaste y un cromatismo homogéneo en instrumentos de timbres tan disímiles y autónomos.







Laberinto.Anatomía del presente de Marino González Montero. De dioses y hombres


Desde el primer diálogo, queda patente que la propuesta de Marino González Montero enlaza directamente con su anterior obra Muerte por Ausencia.
El autor-director opta por redescubrir aquella escenografía espartana. Nos regala, de nuevo, esos  personajes solitarios, pero imbricados. Además introduce directamente al espectador, en el primer texto, cuando el personaje de Hombre cuenta como “La única forma de llegar al presente y la muerte, es la ausencia”. La propuesta formal navega entre el existencialismo más atroz, coqueteando con el teatro del absurdo y revitalizando el mito clásico con la presencia de esa diosa políglota y el trágico hado que sobrevuela a los personajes. Un fatum del que es imposible escapar y que, tampoco es posible exponer, para no revelar el elaborado desenlace. Aquí, el autor vuelve a rizar el rizo con un punto de encuentro final para los personajes, demoledor y desolador, como ya hiciera en su anterior obra.  Deambulando entre las ruinas de una iglesia-teatro, las presencias (llamémosles así), celebran un ritual de ausencias. Una ceremonia donde la nada, lo irracional o la comicidad nihilista se aposentan en sus ¿vidas?

Este descenso al laberinto borgiano es al mismo tiempo derrota y victoria. Como la misma esencia de la vida. Una vida que, los protagonistas (Hombre y Mujer), parecen haber abandonado en algún instante. El espectador se encuentra ante un teatro nada complaciente, un teatro donde el texto es el soporte vital del pathos. Donde la emoción surge de la identificación con personajes que deberían sernos ajenos, pero que conforme avanza la historia, van dejándonos su calidez y su aliento.  Caminamos con ellos hacia ese abismo nietzcheano que, sin duda, se va a asomar dentro de nosotros. Intentamos retomar el miltoniano Paraíso  Perdido, pero la sensación de liberación solo puede proceder de la palabra. Del verbo como catarsis.

Tyche (Ana García) propone a las dos presencias un viaje a través de la música y la palabra como camino iniciático. Camino que al final  deviene catarsis emocional. Toda la arquitectura de la obra se apuntala sobre un soberbio texto que, enraizando en lo clásico, mixtura posmodernidad, sentido del humor, absurdo o filosofía. En la justa medida. En un excelente equilibrio entre lo humano y lo divino, entre la mundanidad y el pensamiento en estado puro. Acierto que se traduce en el ritmo narrativo, en la alquimia entre texto y puesta en escena. Mención aparte merece la labor compositiva de Claudio Gutiérrez al enfrentarse a unos textos, a priori, casi imposibles de musicar. Canciones que sirven de sendero e instantes de reflexión, defendidas con solvencia.


Laberinto, anatomía del presente, es tan solo un título coyuntural, casi accidental. Las vivencias y cuitas de los personajes son universales y atemporales. Se enraízan en la tragedia clásica, se asoman al abismo nietzcheano, después de haber toreado a ese Minotauro que todos llevamos dentro, y se avecinda en el nihilismo de Sartre. Pero Marino González maneja un lenguaje posmoderno (a la par que clásico) al que los intérpretes saben dotar del necesario pálpito para que el dolor trascienda alegría, para que podamos vencer al abismo con el arma de la palabra y la ironía.
El elenco extrae una paleta de amplio cromatismo de los acerados diálogos, de la sutil poesía que sobrevuela el texto. Este es uno de los grandes aciertos de esta propuesta dramática: la recuperación de la creación per se, el retorno a lo teatral como texto, la palabra como alquimia y la petición a la platea para participar en la reflexión ofrecida. Y; sobre todo; el respeto al espectador, no considerado como un consumidor de obras cómodas y de escasas entendederas. A día de hoy se agradecen proyectos en los que el espectador salga del teatro llevándose a casa algo más que unas efímeras carcajadas.
Ana García elabora un difícil personaje, una diosa díscola, políglota, que trata de guiar a Hombre y Mujer lejos de los buhoneros y vendedores de humo que acechan en la realidad. Paca Velardiez es la Mujer, con un intenso sesgo dramático, de amplia inflexión y recorrido. Jesús Manchón vuelve a destilar su personal punto de ironía y dominio  del timing, para extraer aristas y matices. Quizás toda la realidad de la humanidad se condense en ese gesto final, tierno, revelador, catártico, de un hombre que lo ha perdido todo y le ofrece su paraguas a otra persona “Por si afuera llueve”.
Con obras de este calibre, podemos afirmar que el teatro extremeño está en el buen camino. Como diría la diosa Tyche: !Chapeau!


viernes, 27 de diciembre de 2019

Mientras dure la guerra. Sobrevivir entre los “hunos” y los “hotros”


                                            




Cualquier acercamiento a temas tan controvertidos como la propuesta de Mientras dure la guerra (Alejandro Amenábar.2019), obliga al crítico a caminar cautelosamente. A sobrevivir entre los “hunos” y los “otros”. En cualquier reseña que se realiza sobre un film, surgen diversas y contrarias opiniones. A veces se tiene la sensación de que no se ha visto la misma película, o de que; determinados espectadores; viven sus conceptos ideológicos de forma tan intensa (llamémoslo así) que son incapaces de desprenderse de esa piel que les habita, para aproximarse al arte y la cultura. Simplemente. Amenábar ha optado por presentar un momento concreto de la historia. Aquí, lo importante no es lo que nosotros pensemos, no lo que (a priori) estemos dispuestos a opinar, si esta opinión no se centra en aspectos exclusivamente cinematográficos. Efectuar una labor de arqueología en el argumento, corresponde a los historiadores.

Es cierto que el guión está habitado de diversos errores históricos, pero  la pregunta que debemos hacernos es, si este particular afecta a la diegética narrativa. No contemplar la historia que nosotros hubiéramos deseado que se contara. Eso no es cine, eso es veredicto personal. Y no sirve para valorar el hecho artístico. Aquí es Unamuno el protagonista. Su profundo sentido de encontrarse en medio de una tormenta, su lucha contra la contradicción, su actitud frente a las atrocidades humanas, vengan de donde vengan. El resto es puro atrezzo. El enfrentamiento entre la intelectualidad y la reflexión del hombre que trata de encauzar su vida por el camino de la lógica, frente a la barbarie que habita a su alrededor. Barbarie que no es exclusiva de ninguna ideología. Es la España goyesca, con dos gañanes empecinados en golpearse, en lugar de ayudarse para salir del agujero donde están enterrados. En este sentido hay una secuencia modélica donde Unamuno discute con su amigo el arabista Salvador Vila, enfrentando la forma de ver la vida y el mundo. Pero dentro de unos parámetros racionales y no violentos. Karra Elejalde está inmenso y transmite con certeza ese “sentimiento trágico de la vida” que arrastra su personaje. El discurso está soportado sobre un diseño de producción y una fotografía sobresalientes. Unamuno está atrapado, como tantos otros, entre dos aguas. Ve lo que está sucediendo y se equivoca, pero es capaz de rectificar su error, a costa de su salud y su vida. El contexto histórico es tan sólo un envoltorio para una historia que se nos antoja universal. La del hombre enfrentado al salvajismo, encerrado, constreñido por las circunstancias que le ha tocado vivir. Que nos tocan vivir a todos. 

No es posible acercarse a una película, habitado de clichés, lugares comunes, filias y fobias. Máxime en un terruño donde el analfabetismo histórico se tiene por bandera y el afán de investigación del personal termina en el último gol que ha marcado su jugador de cabecera. La lectura del pasado en presente, es uno de los crasos errores cometidos por quienes anteponen la visceral a la realidad. Aquellos que bucean en la historia, son conscientes de que; el pecado original en la investigación histórica; es tratar de juzgar hechos pasados con parámetros actuales, Si además le añadimos la falta de preparación y conocimiento, el cóctel es explosivo (con certeza un cóctel Molotov).
Es la “España Invertebrada” de Ortega, son las “dos Españas” certeramente machadianas. Desde ninguna perspectiva, que no sea la exclusivamente histórica, se pueden abordar estos particulares, si realmente queremos comprender, aprender y extraer conclusiones enriquecedoras o cauterizadoras. En la pantalla el defecto suele ser el contrario. El exceso de academicismo puede lastrar la narrativa, convirtiendo en didactismo histórico y clase de biografía o anales, lo que debería desarrollarse con estructura dramática (planteamiento, nudo, desenlace). Quizás el eslabón más débil de la propuesta amenábariana es el aspecto formal. Esa pulcritud, que lastra la creatividad y una tendencia a potenciar el envoltorio. El aspecto externo, frente a la veracidad cotidiana de la historia. En la otra vertiente, encontramos la positiva humanización de los personajes. Unamuno desciende de su pedestal de ilustre pensador, del creador trágico, del filósofo que se angustiaba por la división entre lo real y lo ideal. Por otro lado, los personajes del bando sublevado son presentados sin fomentar el arquetipo, huyendo del peligroso lugar común o envueltos en su vida familiar. 


Este es uno de los peligros del cine “de tesis”. Presentar personajes que no son humanos. Paradigmas biográficos, moldes que rozan con el cliché y alejan del verdadero horror. La realidad es que todos los participantes en los espantos históricos, eran personas comunes (en el amplio sentido de la palabra). Este es el verdadero horror. Las personas, una vez inoculado el veneno de las ideologías, son capaces de realizar actos terribles en nombre de entelequias y seguir con sus vidas cotidianas. Mientras dure a guerra no es ambigua. Frente a la crítica que pueda hacerse, acerca de que tan sólo aparecen dos victimas en una cuneta) a lo largo de la película, de que se obvia el horror y la sangre que estaba corriendo, también podría objetarse que no se presentan en ningún momento las motivaciones de Unamumo para apoyar a los sublevados en un principio. No eran otras que el horror y la sangre que ya llevaban un tiempo apoderándose de las calles. Mientras dure la guerra muestra la verdadera naturaleza de las cosas. La vida diaria que convive con la oscuridad. Frente a esa oscuridad, Unamumo rememora los instantes en que reposaba su cabeza en el regazo de su esposa. Frente al horror, el recuerdo del amor. Frente a la barbarie, la ternura de amar a otro. Y a día de hoy, seguimos sin aprender nada…


viernes, 13 de diciembre de 2019

Una Lisístrata inclusiva y reivindicativa. La Porciúncula


                          




Ha llovido un poco desde que en 1993, se constituye un taller de teatro inclusivo para integrar a personas con discapacidad visual, aunque con cabida para otras discapacidades. Ha llovido, digo, desde “La Heroica Villa” de Carlos Arniches hasta esta apuesta por una Lisístrata inclusiva y; sobre todo; reivindicativa. La trayectoria de la agrupación teatral la ha llevado, fundamentalmente, por el terreno de la comedia. Miguel Mihura, Carlos Arniches, Miguel Murillo, Oscar Wilde han sido algunos de los autores que han llevado a las tablas, siendo dirigidos por diferentes profesionales del mundo teatral extremeño. Mª José Mangas Durán adapta y dirige esta adaptación de la comedia de Aristófanes. 
Como era acostumbrado en el comediógrafo, el texto (aparte de la vida cotidiana ateniense), destila su actitud frente al absurdo de la guerra. Partiendo de una huelga sexual femenina frente a la pérdida humana que supone el belicismo la agrupación presenta una divertida, desenfadada y picante versión en una Hélade, donde los hombres caminan sufriendo de priapismo permanente a causa de la abstinencia. Vuelve a utilizar el ateniense una asamblea de mujeres, como ya hiciera en Las Asambleístas. 
Esta Lisístrata fue la primera heroína del teatro aristofánico. Un espartano atrezzo (si se me permite el juego de palabras), compuesto por algunas ruinas y columnas sirve a la compañía para desarrollar una historia de completa actualidad, donde están presentes diversas reivindicaciones. Las mujeres ocupan la Acrópolis  para controlar los impuestos y mantienen a ralla el furor varonil en divertidos y bien diseñados diálogos que los espectadores agradecen. 


El autor juega con el doble sentido (¿Qué asunto es ese grande, grueso, agitado durante los insomnios?), o “las de Salamina han hecho la travesía de madrugada, bien abiertas de piernas y montadas en sus potros”. La unión de las mujeres es grande frente a la pueril amenaza masculina y los intentos de revertir la situación chocan con la unidad y valor de las mujeres. También revolotean temas como la corrupción (los cargos públicos que andan revolviendo algún tumulto para poder robar) o las situaciones ridículas (postureo) donde puede verse a un guerrero impresionante, con escudo de Gorgona, comprando corvinas en el mercado. 
Hay un mesurado y efectivo uso del semicoro  y los picantes diálogos son tratados con un vodevilesco sentido del humor: “Padecemos de jodientitis, para decirlo con suma brevedad”, se queja la heroína. Si hubiera sido musicada esta obra podría formar parte de aquel género sicalíptico que invadió los proscenios a principios del siglo XX. Algún apunte personal como la escena entre Mirrina y su marido Cinesias donde, tras largas dilataciones para no practicar la unión carnal, Mirrina le echa un perfume (en el original Perfume Rodio) Aquí, el castrador bromuro. La Porciúncula solventa con soltura este texto, donde se invita a “hacer el amor y no a guerra”, divirtiendo (que no es poco). Hace uso del espacio coral, sobreponiéndose a las limitaciones y consigue provocar las risas de los espectadores, en una reivindicación con disfraz de comedia. Una Lisístrata inclusiva y reivindicativa ¿Qué más se puede pedir?



martes, 26 de noviembre de 2019

Laberinto, anatomía del presente. Marino González Montero/ de la luna libros. Mérida. 2019


      



 Aunque todavía puede uno enzarzarse en alguna de esas polémicas inanes sobre si el teatro es; o no es; un género literario, una única verdad prevalece: el teatro también se lee. Aunque el modo de abordar una obra dramática requiere una visualización más activa que en otros géneros, la cual suele residir; paralelamente; junto al número de obras que haya visionado el lector. Ayudan (y mucho) las acotaciones-descriptivas, que el autor sitúa, con notable clarividencia, para ayudar a describir personajes y situaciones. Y es que nada es liviano en el intramundo teatral de Marino González Moreno. En “Laberinto, anatomía del presente” vuelvan a aparecer sus estilemas, obsesiones y remembranzas. Porque un laberinto de estas características tan sólo puede tener su génesis en la propia esencia vital, en el leve parpadeo del instante breve que huye, en el somnoliento guiño de lo ya vivido. Una vez más vuelve a aparecer el autor que no agradará al consumidor de inmediatez mediática (porque no comprenderá ninguna de las interrogaciones que como dardos se le lanzan), ni al devorador de posmodernidades y postverdades (que de todo hay), encerrado en su cápsula de tecnologías y estímulos guiados por la apariencia (y/o) la ignorancia en estado latente. El autor alquimiza la palabra como arma, contra esa invasión de oscurantismo, de querencia por la tiniebla que se esconde detrás del postureo actual, detrás de la liviandad de las relaciones y actitudes vitales. Pá tinieblas, las mías”, parece decir (en castizo), desde la profundidad de este texto, rico en metáfora vital, en existencialismo cotidiano, en riqueza matriz. 


Porque bebe del mito ancestral, primigenio, atávico, para presentarnos una tragedia helénica desaforada en lo conceptual, pero contenida con la introducción de un humor que; como en su anterior obra; está situado en el momento y el lugar exacto. Casi hemos dado la definición de literatura: Situar la palabra más exacta en el lugar más correcto. Retornan  obsesiones y personajes de “Muerte por  Ausencia” ¿Quizás el boceto de un trilogía sobre el abismo y la orfandad humana frente a la muerte y lo desconocido? Ahí lo dejo. Retornan los espacios inquietantes. Si allí lo fueran un catafalco y unas velas; donde la soledad acompañada de sus criaturas, desarrollaba su ceremonia de ausencias; aquí es un extraño laberinto, unas cabezas de alambre. Si allí el personaje elíptico era la base de todo el diálogo y las inquietudes de los personajes, aquí toma forma como diosa poliglota, envuelta en poncho. Dispuesta a llenar de inquietudes las vidas de “Hombre” y “Mujer”, y también de enseñarles a caminar entre el absurdo que denominamos vida y extraer la esencia de las cosas, como ese Juan Ramón que declamaba:
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!
La esencia de las cosas. Ese desprendernos de la túnica de la inocencia antigua hasta aparecer desnudos. Pero la desnudez que nos muestra Marino González, es un viaje en barca para el que nunca estamos preparados. Porque Caronte conoce todas nuestras miserias. Un Laberinto donde el Minotauro borgiano tan sólo desea la espada de Teseo en su corazón.
-Lo creerás, Ariadna. El Minotauro apenas se defendió…


Como el mítico animal antropomorfo, Hombre y Mujer, desconocen el sentido de su presencia en el laberinto y anhelan escapar a la soledad de sí mismos. Para ello deberán aprender a escuchar. A escucharse. Como en la poesía de Juan Ramón, el anhelo que subyace en la obra de dramaturgo cacereño tiene una triple vertiente (o una triple sed).
Sed de belleza (lo cual queda patente en el respeto por el verbo, por las referencias culturales y la forma, por el homenaje a la cadencia del riesgo, por el disfraz de la palabra.
Sed de conocimiento: Porque la belleza de lo externo es un modo de conocimiento. Porque el antifaz del léxico es como una nota escrita en la partitura. Inerte, expectante, pero palpitante, llena de vida cuando surge de los labios del intérprete.
Sed de eternidad. De búsqueda, de anhelo de lo inmarcesible. La búsqueda de la belleza absoluta pasa necesariamente por los estratos del dolor y la angustia existencial.
Laberinto es un texto difícil, arriesgado, alejado de lo común. En él, el autor sienta sus claves a caballo entre el teatro del absurdo, sazonado (con un humor cínico y existencialista), la helénica y genésica tragedia, el abismo nietzcheano; al cual se asoman para que el abismo mire dentro de ellos; y una certera reivindicación de pensamiento sobre superstición, de lo atávico sobre lo acomodaticio del instante histórico. Las dudas primordiales de la humanidad, los dolores más acerados y punzantes. Como esa muerte “que había ido a vivir a mi casa”. Una muerte que está en casa de todos, ya que es la única certeza que tiene el hombre.


Marino González Montero conjuga con maestría y sabiduría dramática (más sabe el diablo) un verbo, ora teñido de lirismo, ora de existencialismo. Ora de un humor amargo y lacerante, ora de un filosófico beber del instante. Prima la desnudez escénica (otro de sus atributos), pero la desnudez emocional es la marca de la casa. Y es que nada más se necesita cuando el sendero trazado nos conduce a los sentimientos más intensos del hombre/mujer en este paraíso perdido. Cuando el jardín de senderos que se bifurcan no ofrece sino redención (el dolor no es opcional) frente a la derrota. Las canciones ofertan un lirismo intenso, juguetean con el khoros helénico o la modernidad, con referencias a Pablo Milanés. Toda la obra está teñida de la fatal predestinación de ese “animal que camina  con un féretro”. Ese animal que es capaz de escribir y emitir palabras que son “deidades momentáneas”. Las palabras de esta obra también ejercen de demiurgos para guiarnos hacia más allá del velo. Hacia el laberinto. Origen y fin de todas las cosas.


jueves, 21 de noviembre de 2019

María Joâo y Carlos Bica Quartet. XXXII Festival Internacional de de Jazz de Badajoz

                                 


La voz exótica de María Joâo, acompañada del “Carlos Bica Quartet”, sonó dentro de la XXXII Festival Internacional de Jazz de Badajoz. La trayectoria de la cantante dentro del jazz es luminosa y ha regalado su estilo único por los escenarios de todo el mundo, siendo la única artista portuguesa nominada para el Premio Europeo de Jazz. Pocas vocalistas pueden transformas las canciones del modo en que lo hace María Joâo. La lisboeta alquimiza cada fraseo, explora el territorio desconocido de cada nota y lo transforma en el crisol de su prodigiosa garganta. 

Su forma de acercarse con nuevos prismas a los temas estándar, a clazicazos que solicitan respeto en la reelaboración, es de un apabullante desparpajo. Pero no nos confundamos, para llegar a transmutar una (casi irreconocible) Norwegian Wood en un regalo auditivo, hacen falta muchas tablas, mucho terreno ganado al tiempo. La vocalista juega con lo intimista, se mueve con levedad mientras reescribe en su garganta las partituras. Uno de los pies permanece siempre en las cadencias jazzísticas, en el feeling atávico de la selva, en los sonidos del club, habitado de humo. La otra, puede estar en cualquier parte. Desde las onomatopeyas vocales de Björk, hasta la música medular de Caetano Veloso. Desde apropiarse del espíritu de Billie Holiday hasta desembocar en ese potente y recreado himno a la felicidad que es “What a Wonderful World”, donde la cantante se recrea en registros imposibles y su flexibilidad vocal le permite bromear con la tesitura de “Satchmo” (Louis Armstrong).  No cabe duda de su capacidad para la improvisación y ese formidable dominio del scat, que le permite crear sílabas, proyectar sonidos imposibles, juguetear con los matices, exprimir la fonética hasta límites insospechados. 

Los fraseos de María Joâo pugnan en duro combate entre la técnica y la emoción. Entre el aullido desgarrado y el matiz que nace de esa destreza que dan las horas de estudio. Hay calidez y altas dosis de empatía cuando se descuelga con un cover de “Come Together” para quitar el hipo y hace participar al público en el estribillo. 

A lo largo del concierto se rastrean las influencias brasileñas, africanas, lo experimental, el pop. Aquí el mestizaje es la marca de la casa y la creación de nuevos espacios adentra al público en texturas desconocidas que están impregnadas de un sello particular que bebe de diversas raíces. María Joâo y Carlos Bica se reencuentran después de 25 años, añadiendo la guitarra de André Santos y el teclado de Joâo Fariñas. La cantante lisboeta es capaz de crear atmósferas etéreas, de navegar entre suaves acordes de teclado cercanos a la new age o de recrear un estándar como Proud Mary, dotándolo de una renovada identidad. La guitarra, jugando en armónicos, el contrabajo; unas veces en imitación, otras en contrapunto; el teclado fluido y los ornamentos vocales de María Joâo, conformaron una noche mágica dentro de la XXXII Festival Internacional de Jazz de Badajoz. 

El Conde de Montecristo. Samarkanda Teatro. Muestra Ibérica de Artes Escénicas. Cáceres





Adaptar para las tablas una novela-río con las características de El Conde de Montecristo; de amplia raigambre e infinitas versiones; que forma parte del acervo cultural de un sinnúmero de lectores, cuyos personajes son iconos dentro del inconsciente colectivo, como lo son otros tantos a los que la literatura (y sus posteriores adaptaciones) han dotado de vidas y espacio en nuestro mundo, es empresa arriesgada. Edmundo Dantés; junto al abate Faria y Mondego; forman parte de nuestro mundo literario, al mismo nivel que el Tarzán de Burroughs, Don Quijote, y tantos otros que consiguen escapar de las páginas para convertirse en imagos.
En habitantes del imaginario colectivo, perfectamente identificables. Una cumbre que muy pocos escritores alcanzan. Es por esto que la odisea es aún mayor. Llevar por vez primera estos personajes palpitantes, señeros, dolientes, que protagonizan una de las mejores novelas de aventuras de la literatura, exige un profundo respeto por la obra genésica y un; también profundo; conocimiento del medio al que se va a adaptar. El resultado es espectacular. 
Una soberbia recreación de Paloma Mejía Martín, con respeto del pathos y el eros dumasiano (que de todo hay en la obra), y un sentido certero de lo trágico, sin desmesuras. De la pasión, sin excesos. El montaje de Samarkanda Teatro es un apasionante y trágico juego humano, pleno de aventura, pero al mismo tiempo de introspección. Los hallazgos visuales son notorios, desde esas máscaras caminantes sobre zancos, que preludian la obra; junto al niño fantasma; y luego serán retomadas en el epílogo, hasta coreografías de duelos de gran riqueza estética y dramática. El Conde de Montecristo es una panoplia de humanas emociones, de amores frustrados, de pasiones intensas, de frustraciones y venganzas. Toda una paleta de intrigas, bajezas, redención y aventura, acertadamente resumida en las dos horas de duración de la obra. La arquitectura dramática se apuntala sobre las intensas y soberbias interpretaciones de todos los actores (con algunos irrelevantes titubeos). Guillermo Serrano extrae todo el carisma de un personaje que conjuga pasión, cinismo a raudales y un cierto patetismo. A modo de superhombre nietzscheano, se cree por encima del bien y del mal cuando se trata de sus reglas morales. 
El actor extrae con vehemencia esa lucha entre luz y oscuridad, con una correctísima proyección de voz, plena de matices, y formidable expresión corporal en las distintas fases del personaje. El juego dramático superpone; acertadamente; las distintas etapas vitales del personaje. Incluso uniéndolas en un mismo diálogo o conjugando distintos instantes a un tiempo. Este recurso hace avanzar la obra dinámicamente, al tiempo que juega con la plástica y los diversos posicionamientos de los personajes, siempre buscando un efecto estético que se complementa con una notable luminotecnia de Fran Cordero. El aliento épico se balancea con los instantes introspectivos, incluso con los humorísticos, dentro de la inmensa tragedia. El acertado control de los tiempos y el vertiginoso ritmo, permiten avanzar a una obra, densa en su génesis.  El concepto coreográfico de las escenas, convierte en levedad, la complejidad argumental. Rafael Núñez; con sabiduría escénica; compone un Abate Faria lleno de humanidad, un personaje lleno de bonhomía  y sensibilidad. El Danglars, alquimizado por Fermín Núñez, está resuelto con intensidad, elegancia y convicción. La versatilidad de Juan Carlos Castillejo consigue dotar a sus creaciones de una particular visión. Ciertamente estos personajes socarrones, de mundana sabiduría (como de andar por casa), le vienen como un traje hecho a medida. La espectacularidad del decorado y el vestuario llegan de la mano de Luisa Santos. 

Las reproducciones de la ropa de época recogen, acertada e intensamente, todo el concepto de enfermizo romanticismo que refleja el argumento o sirven para diferencias los distintos roles y etapas de los sufridos protagonistas: Jirones durante la prisión, ropajes de lujo o trajes funerarios, dentro del más estricto luto de la época. Sin olvidar esos acertadísimos y siniestros personajes-máscara de oscura levita. Mercedes es uno de esos personajes cuya presencia cambia el curso de los ríos, y Ana Batuecas sabe extraer toda la savia de una mujer enamorada, llena de candor y, al mismo tiempo, de sufrimiento. El desarrollo presenta instantes acertados en lo estético y lo dramático. Numerosos hallazgos escénicos contribuyen a enriquecer la estructura visual. Impactantes los instantes del niño-espectro junto a los enmascarados, las proyección de la cruz durante el duelo a espada, la celda con trampilla donde conviven Dantés y el Abate Faria o la construcción a modo de tablero de ajedrez de los cuatro enemigos en las esquinas, con Dantés en el centro. La paleta cromática de intensos azules, burdeos y ocres introduce en la esencia de cada instante, destilando un aroma atemporal y surrealista. 


La música de Miguel Ángel Grajera y Jorge López está perfectamente imbricada en la acción, definiendo certeramente los instantes, desde los etéreos acordes de piano del prólogo con el niño-espectro subiendo las escaleras, hasta el leitmotif que se desarrolla en distintas peripecias, los coros espectrales o el triste vals que acompaña al amor imposible. Todos los elementos de esta obra, una de las mejores ofertas extremeñas de los últimos tiempos, son pequeñas piezas de un puzzle perfecto, emocionante y pleno de ritmo narrativo. 



Lo son la caracterización de Pepa Casado e Isabel Martín, el dominio de la esgrima de Javier Mejía, la presencia escénica de José Antonio Lucía,  el desparpajo conceptual de José F. Ramos, las patentes tablas de Gloria Villalba o la juventud arrolladora de Alberto de Morcef.  Paloma Mejía y Samarkanda han logrado condensar, en 120 gloriosos minutos, una historia universal de desaforado y arrebatador romanticismo. Una tragedia, de dimensiones helénicas, que consigue compendiar (en toda su extensión) y destilar la novela original, solventando del gran riesgo de esta adaptación. El resultado es un montaje altamente recomendable,  que respeta y enriquece la génesis literaria !Esto es teatro!             

viernes, 15 de noviembre de 2019

XIV Festival de Cine Inédito de Mérida

La programación del XIV Festival de Cine Inédito de Mérida se mantiene en su apuesta por la calidad, la internacionalidad y la variedad de géneros. Desde el 21 al 30 de Noviembre la sección oficial contará con diversas ofertas de lo más atractivas, junto a las secciones “Cine y Escuela” o la “Gala de Clausura” donde se hará entrega de los premios “Miradas”.
21 de Noviembre. Madre de Rodrigo Sorogoyen se mueve en un terreno ambiguo, pedregoso. Los tabús de la sociedad se ponen sobre la mesa en un viaje complicado y doloroso. Estamos ante una película adulta, no apta para un público medio. “Madre” es una ampliación del corto de ficción por el que obtuvo el Goya en 2018 y nominación a los Óscar. Soberbia interpretación de Marta Nieto y dirección inteligente. Una espléndida fotografía contrastada con planos íntimos con juego del gran angular. Una película audaz, trasgresora e inquietante. No apta para todos los paladares.
22 de Noviembre. Parásitos es una comedia oscura, atípica donde los monstruos son los humanos. Un ataque formal a ciertos estilos de vida. Extraño híbrido entre el realismo social, el suspenso o la sátira más sombría. Hay un marcado contraste visual y estético entre las castas sociales, donde la farsa con reminiscencias de los Coen es la marca de la casa. La estratificación de la sociedad coreana adquiere tonos de ironía demencial que en las manos de Bong Joon.Ho, se traduce en un sentido del humor enfermizo y con vocación de parábola y revulsivo social. Una de las mejores propuestas del año.
23 de Noviembre. It must be heaven de Elia Suleiman. El director vuelve a su Palestina natal con ese cine, deudor de Jacques Tati, su humor hierático para constatar lo que separa a Palestina del resto del mundo o la conecta. Sátira, ironía, simetría en las composiciones o coreografías donde da un repaso a diversos elementos humanos o cinematográficos. Estructurada en diversas “set pieces”, con el silente Sueliman como hilo conductor. Trasunto de aquel Monsieur Hulot tatiano, juega con el absurdo para introducir al espectador en temas como la falta de identidad, las barreras físicas o la recuperación de las raíces. Y lo hace, únicamente, mirando. Transformando la mirada en denuncia, asombro o tesis. Imprescindible narración visual para intentar comprender la complejidad del mundo moderno.

La hija de un ladrón
24 de Noviembre. La Gomera de Cornelieu Porumboiu. Arrancando al son del “The Passenger” de Iggy Pop, el director rumano nos presenta a un turbio policía de Bucarest que trata de sacar de la cárcel a un hombre de negocios aún más turbio. El silbido gomero, utilizado como comunicación, da para muchas risas en este golpe criminal para “bobos”. Estamos ante un film repleto de referencias cinéfilas con gag a lo “Psicosis” o una protagonista que se llama Gilda, con disfraz de mujer fatal. Este recorrido lúdico, que adopta los códigos de cine de género clásico, se presenta con la textura personal y excéntrica del director. Un ejercicio lúdico que camufla la historia de amor tras la máscara del “noir”. Jugando con la comicidad en momentos incómodos y con una banda sonora operística de lo más acertada.
25 de Noviembre. Ema de Pablo Larraín. Película inclasificable y audaz con trasfondo de pareja y niño adoptado, a golpe de reguetón. Con estructura hiperfragmentada, es una extraña mixtura de poética, amores y odios. Macarra, grotesca o contradictoria. La existencia atormentada de una pareja joven, salpicada con potentes coreografías y con retorcidos y truculentos diálogos. El cineasta consigue introducir al espectador en la visión del mundo de la protagonista, totalmente alejada de códigos tradicionales. Secuencias musicales (con cierta reminiscencia de Holy Motors), coreografías trémulas y; sobre todo; una esquiva mirada que evita el moralismo. Hay un experimentalismo autoconsciente en la forma, en la estructura de rompecabezas engañoso con hálito de helénica tragedia. Los escenarios de baile son subyugantes: canchas de baloncesto, espacios industriales…donde se desarrolla la primigenia danza, orgánica expresión del poder sexual femenino.


La Gomera
26 de Noviembre. Los Miserables de Ladj Ly. Libre interpretación de la novela de Víctor Hugo en formato policial. Un grupo de jóvenes, después de la fiesta del Mundial de Francia, deben volver a la cruda realidad en la “banlieue”; la periferia marginal parisina. El lenguaje visual navega entre micro-zooms vibrantes y enérgicos travellings con un argumento que toma referencias del “Training Day” de Antoine Fuqua, con policías en territorio comanche. Las referencias con la novela genésica nos muestran que poco ha cambiado el mundo para las clases desfavorecidas. El ritmo es potente y la cámara es ágil. El propio director vivió experiencias similares por lo que la textura tiene mucho de orgánica, mucho de rabia personal y mucho de honestidad.

27 de Noviembre. La hija de un ladrón de Belén Funes. No encontramos ante un ópera prima sobria, conmovedora, con ecos de Ken Loach o los hermanos Dardenne: cámara en mano, planos de seguimiento, con un profundo carácter social. La directora narra con doliente minimalismo, con pequeñas pinceladas, el pasado. Situando su relato en el presente con buena articulación en las secuencias y notables duelos verbales. La pugna interpretativa entre Eduard y Greta Fernández (padre e hija en la realidad), dibuja los perfiles de cada personaje, siendo la emotividad (Sara) y la contención (Manuel). El egoísmo, la custodia de los hijos, la lucha por salir adelante, la dureza de las relaciones, son parte de una trama llena de humanidad, con diversas elipsis en las que no se informa al espectador de hechos que no necesita saber. Enorme interpretación de Greta Fernández, una de las mayores promesas de su generación.
28 de Noviembre. Y llovieron los pájaros de Louise Archambault. La directora canadiense adapta la novela de Jocelyne Saucier sobre el renacimiento vital de tres ancianos. Estamos ante la renovación del “feel good movie”, una narración cordial que se desarrolla en paisajes excelsos. “Y llovieron los pájaros” nos habla del ocaso y la plenitud, de recorrer tu propio camino a una edad avanzada, de reivindicar la propia autonomía pese al transcurso de los años. El humor está presente en esta tesis donde el progreso y la modernidad no necesariamente se presentan como un avance. Hermoso poema sobre la libertad de elegir, con diversos subtemas como la eutanasia, el aislamiento, la oportunidad del amor. Una hermosa melodía sobre el ocaso entendido como renacimiento.
29 de Noviembre. Fortuna de Germinal Roaux. Con una excelente fotografía en blanco y negro nos cuenta la historia de una pequeña refugiada etíope. Una mirada personal sobre el tema de los menores que llegan sin compañía a Europa. Imágenes potentes para llevarnos al territorio de la empatía, para despertar nuestros adormecidos sentidos, para saborear los instantes cotidianos. El primer amor, el invierno, el frío y una intensa poesía para presentarnos un drama humano, pleno de espiritualidad. Un acercamiento al duro golpe existencial que supone abandonar todo lo que conoces y la incertidumbre sobre la vida. Una moderna parábola sobre las fronteras y la dignidad humanas. Geniales interpretaciones de Bruno Ganz y Kidist Siyum Beza. El film deja en el aire multitud de preguntas sobre el destino y el futuro de la protagonista. Aunque quizás se encuentren en los ojos limpios de su burrita. Su única y verdadera amiga que se funde con ella en la nieve.