El funeral del abuelo Dimitri es la anécdota argumental para desplegar un musical de querencia zíngara, pleno de alegría de vivir, pese a lo fúnebre del título. La Cuarta Pared literalmente no se rompe, es que no existe en ningún instante, dado que; la comunión con el patio de butacas; es el armazón dramático de este vitalista y desbordante espectáculo.
El otro es el virtuosismo musical de los intérpretes y la especialización en cada uno de los personajes-músicos que recrean. El Funeral es una invitación a la vida, a la joie de vivre, al goce y al alboroce. El humor es inteligente, respetuoso con el público; lo cual se agradece; con situaciones surrealistas, divertidas y optimistas que invitan a la catarsis frente al retrato del abuelo Dimitri. Una ceremonia que ya viene repitiéndose desde hace años. El jazz manouche se hibrida con la vitalista Zarda de Monti, las reminiscencias zíngaras con el carisma de los personajes, desarrollado en breves; pero hábiles; pinceladas. No se precisa más literatura para presentar los caracteres individuales y las vivencias de cada comediante. Breves textos que se complementan con la habilidad en el instrumento (un personaje más) donde expresan y despliegan sus estilemas. Teresa Polyvka ejecuta con una limpieza admirable, controlando las diversas necesidades técnicas de cada obra sin perder la capacidad de entretener, bailando mientras desgrana piezas harto exigentes sin despeinarse. Especialmente intenso es el arreglo de las”Zardas”, con un primera parte donde el diálogo entre guitarra y violín es de una belleza sobrecogedora. Cuando entra en escena el saxo de Joaquín Murillo, saltan chispas al tiempo que saltan los mismos actuantes.
La obra tiene a sus espaldas una larga trayectoria sobre las tablas y esto se nota. La capacidad de improvisación y la interactuación con el respetable son técnicamente perfectas tras su apariencia de espontaneidad. Las situaciones gamberras no permiten ni un instante de distracción y los interludios musicales están introducidos con acierto y un sentido del ritmo cercano al slapstick, con instantes tremendamente clown divertidos a nivel físico. La perfección de los actores hace creer al público que realmente son extranjeros, hasta que se confiesan zaragozanos en el epílogo (a excepción de la ucraniana Teresa). Ejemplo de teatro vivo, interactivo y pleno de complicidad con el público, que consigue convertir un funeral en una catarsis colectiva, en un festival galaspiano de los sentidos. La habilidad gestual permite que el galimatías galaspiano no impida comprender lo que está pasando sobre las tablas. El dominio del happening por parte de los protagonistas es absoluto. La celebración zíngara de la alegría de vivir queda impregnada en los espectadores aún después de salir del teatro.
Tras los aplausos, los comediantes-músicos confiesan que existe una segunda parte titulada “Un día feliz”, dejando al respetable con ganas de continuar con las andanzas del abuelo Dimitri.
FICHA ARTÍSTICA
Dirección: Joaquín Murillo
Dirección musical: Teresa Polyvka
Intérpretes:
Tereza: Tereza Polyvka
Yuri: Kike Lera
Ioaqim: Joaquín Murillo
Zoltan: Sergio Dominguez / Fran Gazol
Diseño de luces: Tatoño Perales
Diseño de vestuario y escenografía: Producciones Che y Moche
Producción – Distribución: Producciones Che y Moche
















