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miércoles, 25 de octubre de 2017

MARAT/SADE de Atalaya. La locura como ejercicio de cordura. 40 Festival de Teatro de Badajoz

                            





Desde que Adolfo Marsillach estrenara en 1968 este Marat/Sade, los fantasmas a los que se enfrentaba se han retroalimentado, se han modernizado. De aquella  sociedad garbancera, de amplia grisura espiritual, han evolucionado y habitan otras pieles. Pero su discurso continúa siendo el mismo. “Atalaya” da otra vuelta de tuerca a la excusa argumental del asesinato de Jean Paul Marat para conducirnos por el jardín de senderos que se bifurcan.
Sade organizaba veladas teatrales a las que acudía la burguesía. Partiendo de esta esperpéntica realidad, la compañía realiza un juego de espejos al que nada humano le es ajeno. Por el escenario pasea el disparate valleinclanesco, la parodia; inspirada en el burlesque de los temas musicales, el expresionismo de los juegos de luces contrapicadas y de sombras, el look kaligariano ¿o timburtoniano? de Sade, la crueldad de Artaud, el vodevil pervertido o las comedias de puertas, en este caso sustituidas por una división modulable de las mortajas/sábanas que señorean el escenario como un ser que se alimenta de la sintaxis brechtiana.
“Sin libertad no hay igualdad”, pero también “Para que sirve la Revolución, sino hay fornicación”, son los dos extremos en los que se mueve la tesis de estos enfermos mentales que se acompañan al acordeón para preguntar a la sociedad cual es la mayor locura. Modélico el juego escénico donde lo poco se transforma en mucho. El parco escenario es utilizado con sabiduría en un juego constante donde las  cortinas evolucionan en columnas, en habitáculos, sudarios, o sirven de pared para diferenciar los mundos. Una silla, la intermitente bañera rodante de Marat y un artefacto-puerta, consiguen un  juego dinámico y enriquecedor al que se suma un piano utilizado para llevar el compás en determinados momentos. Metáfora de esa lucha eterna entre el individuo y la sociedad, entre el bien común y el goce individual, descrito en soberbios diálogos defendidos con técnica y visceralidad por Manuel Asensio (excelente dicción), en el rol de noble libertino (se han eliminado los asuntos más espinosos del original,) y Jerónimo Arenal (gran vis cómico/burlesca), interpretando al ampuloso jacobino autor de la “Declaración de los Derechos  del Hombre y del Ciudadano”.


Peter Weis presenta un orate con un elevado nivel intelectual, un filósofo cuya insanía no resta persuasión a su discurso que casi consigue apagar el de Marat, aunque este se apoye notablemente en el coro de dementes revolucionarios. Ricardo Iniesta maneja  los  hilos ¿o las cortinas? de este pandemónium donde la locura oculta una cordura y una claridad metateatral y contemporánea que se permite algunas referencias de latente actualidad.
El montaje es modélico, con aprovechamiento de medios y exprimiendo al máximo los recursos visuales y dramáticos. El juego de espejos presenta una panoplia de personajes variados y pintorescos. La enferma/sonámbula transmutada en la homicida girondina Carlota Corday, es interpretada con solvencia por Silvia Garzón, en un trabajo de esforzada expresión corporal destacar también el incendiario sacerdote libertario Jacques Roux (notable Raúl Vera).






Este juego, esta poética metateatral con estética de luces y sombras, deja un mensaje sobre la locura, el arte, la impostura o la quimera de las ideologías, teñidas de una contemporaneidad palpitante, disfrazada de musical surrealista, exprime soberbiamente la expresión corporal, mixtura la técnica del clown con la sintaxis brechtiana, presiona la cuarta pared hasta hacerla estallar ante el espectador e involucrarlo y hacerle tomar postura, bajo la batuta omnipresente del demiurgo de pelos electrizados. Hasta hacerlos comulgar con la duda y el escaso límite entre o ilusorio y lo real.
Obra seminal del siglo XX, este desfile de internos de Charenton, imaginado por Peter Weiss, presenta a la sociedad sus vicios y virtudes con precedentes tan ilustres como los montajes de Marsillach (1968), Animalario (2006) o Miguel Narros (199), o la propuesta de los gaditanos Carrusel Teatro, no se presta a las modas ni a las etiquetas. Atalaya tampoco lo ha hecho. La compañía andaluza ha destilado el jugo primordial  del mensaje, transmutándolo con la alquimia de su versión, dejando intactos los temas universales, llenándolos del humor negro de las composiciones de Luis Navarro y obligando a la platea a mover pieza en esta partida de ajedrez atemporal.




Se trata, realmente, de un “ménage à trois”, un juego dialéctico. el autoritarismo es personificado por el alcaide “Abbé de Coulmier”, interpretado el actor cacereño Joaquín Galán. Una visión del mundo a tres bandas: la del cansado e incrédulo Marqués, el utópico y verborréico Marat y el orden establecido, que desea permanecer así, simbolizado por el cargo oficial. Divertida y con gran poder escénico; Carmen Gallardo; ejerciendo de maestro/a de ceremonias, que se desenvuelve por la laberíntica escenografía ideada por Pepe Távora (si señor, hermano de Salvador), vestida por Carmen Giles y maquillada por Manolo Cortés. La expresionista luminotecnia (diseñada por el propio director), corre a cargo de Alejandro Conesa con un trabajo reseñable que destaca las coreografías creadas por Juana Casado. Completan el elenco José Ángel Moreno, un divertidísimo “cartoon” que encarna al maníaco libidinoso Duperret, Lidia Maudit (Rossignol) y María Sanz (Simonne Evrard), todos con notable dominio de la expresión corporal.



Este Marat/Sade de Atalaya es un espectáculo con mayúsculas donde el absurdo se da la mano con el respeto a un tótem teatral. Un juego de cajas chinas donde se exprime esa comunión actor/público que propugnaran Artaud y Grotowski, ese desleimiento de los límites entre escenario y platea como una ceremonia iniciática, que obliga a implicarse al espectador y tomar partido. La antipsiquiatría de los 60 también sobrevuela sobre el escenario. Brech está presente con el efecto de distanciamiento, las canciones, los recuerdos, la ruptura de la línea dramática, la alteración de la secuencia cronológica. Meyerhold y su biomecánica/simbolismo, sobrevuelan con su concepto fantasmagórico y grotesco. Incluso podrían hallarse semejanzas con el teatro/documento (Teixidor, Benet, etc.) y su compromiso político. El texto juega, mezclando las dos convenciones ideológicas con las concepciones dramáticas aplicadas, para sacudir al espectador.
Anclada en lo universal como ceremonia con la coartada de lo burlesco, esta versión de Atalaya y Ricardo Iniesta es una propuesta imprescindible, donde la austeridad formal camufla la riqueza de la propuesta, donde el contexto histórico disfraza la atemporalidad de los temas, donde la dialéctica se presenta con el disfraz de la estética, donde lo grotesco cela la lucidez del discurso, que juega a la iconoclastia satirizando con el cuadro “La Muerte de Marat”. Una invitación para aventurarse por los senderos más espinosos de la sociedad, la dialéctica hegeliana, el materialismo histórico, lo colectivo y lo  individual, la honestidad y la degradación, la religión, o la muerte en un prodigioso juego de pugilismo verbal/visual que ningún amante del teatro debería perderse. Eso sería un verdadero ejercicio de Sadismo.


martes, 24 de octubre de 2017

Rocío Márquez y Fahmi Alqhai. Diálogos de Viejos y Nuevos Sones. Encuentro de dos mundos. IX Ciclo de Música Actual

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Para un adorador; convicto y confeso; de las composiciones de Marin Marais o Monsieur de Sainte-Colombe, además de irredento admirador (o talibán sin redención) del enciclopédico Jordi Savall o el iconoclasta Harnoncourt, encontrarse frente a un programa que mixtura la hondura de la onubense Rocío Márquez, con el gambista Fahmi Alqhai, es una placentera sorpresa. Ya de entrada, para quien conozca el terreno, la cantaora debe enfrentarse al gran desafío que proviene del timbre dulce y melancólico del instrumento, con poderosos y profundos bajos, bastante alejado del sonido cristalino, vitalista, nasal, rico en armónicos y brillante de la guitarra flamenca.


Todas esas dudas santomasianas se disipan cuando los dedos ágiles y expertos del violagambista atacan los siete trastes del barroco instrumento, para dar la entrada a la voz certera y el talante revolucionario de la onubense. “Mi son que trajo la mar” acaba con el fundamentalismo y todos los prejuicios que pudiera tener el espectador sobre este atípico “ensemble”. Cantes de ida y vuelta, flujo y reflujo, encuentro de dos mundos, donde los instrumentos desconstruyen ¿o están construyendo? en una dualidad arriesgada y hermosa, sugerente y osada. Es difícil apartar la vista de esta valquiria rubia de voz clara, habitada en elegante vestido rojo, tan aterciopelado como su voz. No en vano la galanura de la cantaora no sólo habita su la garganta. Se encuentra en su amplio arco melódico, en  sus virajes delicados y certeros, en su recreo en los graves. También está en la búsqueda de un nuevo espacio visual, alejado de volantes y faralaes, mientras guajira, vidalita y “marchenera” colombiana se hermanan con las cuerdas de tripa y el son exacto del cajón flamenco.


Teresa de Ávila navega por el escenario en forma de bambera pastoreña. Ese palo que surge de aflamencar el cante de columpio (vía Niña de los Peines). Una de las letras más hermosas del áureo siglo, a compás de doce tiempos,  surge de la voz rupturista de Rocío Márquez con unos hermosos arreglos, donde nos narra que “vive sin vivir en ella”. Al fondo la percusión certera de Agustín Diassera. La “Bambera de Santa Teresa” va caldeando el ambiente, preludiando esa preciosa “Nana sobre El Cant dels Ocells”, donde los niveles de iconoclastia alcanzados harán chirriar a los puristas de ambos mundos. En esta canción popular catalana (versionada por Pau Casals) la cantaora alcanza registros de gran intimismo. No lo hubiera creído. Si alguien me hubiera contando que algún día iba a ver un gambista ejecutando con la viola plantada en la más estricta postura del flamenco revolucionario, que fomentaran guitarristas como Paco de Lucía: la caja sobre el muslo, la pierna aflamencada, atravesada sobre la otra. Un recital de heterodoxia. 



Ejercicio de enorme dificultad, teniendo en cuenta el tamaño del instrumento. Pero lo mejor estaba aún por llegar.  Fahmi Alquai no sólo remeda los juegos posturales del guitarrista flamenco. Con depurada técnica ataca falsetas, imita “picados”, remeda “alzapuas”, reproduce modos y maneras impensables en el barroco instrumento. El tañedor acomoda la métrica flamenca al quinceavo siglo. Solo le falto “trinar” o tremolar sobre la prima, algo que se me antoja harto difícil debito al grosor de la cuerda de tripa que (como es habitual en los instrumentos de época) precisó de varias afinaciones a lo largo del recital. A su sombra, Rahmi Alqhai se afana en el pizzicato, dota de corporeidad las piezas con hermosos bajos armónicos.


En Las Mañanas de San Juan se hibrida lo antiguo con flamencos melismas, con los aires de la serranía onubense, con los fandangos valientes, con alosnero coraje, recordando la cuna del fandango.
Después es el momento del barroco, del italiano esplendor en letra de Carlo Milanuzzi,  pasado por el tamiz de la hondura. “Si dolce  è ´l Tormento”. Monteverdi y sus “ostinato” están presentes con uno de sus madrigales más hermosos, que popularizara el contratenor Philliphe Jawrosky. Ahí es ná. Una choquera arrancándose por Monteverdi. El resultado es de una dulzura inesperada en compás de 3/ 8. Una obra a caballo entre el Renacimiento y el Barroco (en el original, escrita para soprano, y bajo continuo) que eriza los vellos y exige delicada estética a los instrumentistas, para la interpretación de esta “seconda pracctica”, que se enfrentaba la estructura polifónica contrapustistica. Una interpretación plena de matices, que demuestra la versatilidad de Rocío Márquez.


Pero es en el tramo final del concierto cuando la cantaora saca todo su poderío para sobreponerse a tan intensos acompañantes, cuya ejecución llega a eclipsar la voz en algún instante. Esos “canarios” tan al uso en el XVIII, con retazos de La Argentinita, ese romancero (Monja contra su voluntad)…
Es aquí donde surge toda la raza. El territorio único donde las heridas de cal en las esquinas onubenses, la sal de la caleta gaditana, el sevillano olor a azahar e incienso procesional (sublime encadenamiento de ayes) se apoderan del escenario en la ancestral seguiriya (columna vertebral de lo jondo). Aires de trágicas peteneras con su aura supersticiosa (¡Ay! Don Antonio Chacón). Aquí, a la cantaora le nacen todos los matices de esa paleta cromática que habita en su garganta. ¿Y que decir de la percusión de Agustín Diassera? El choquero se afianza al compás, vivo, palpitante, con textura de amaneceres. Siempre en un (aparente) segundo plano (como debe de ser). Cuando apenas se aprecia la percusión es que el trabajo se está haciendo bien, como un organismo que respira, sin consciencia, pero sin poder sobrevivir si se detiene el compás.



Después llega el acabose, las orejas y la vuelta al ruedo (en taurino símil). Rocío Márquez se arranca con una extraordinaria y respetuosa versión (un último anatema para los puristas) de Angelitos Negros. Una canción inspirada en la hermosa iglesia de “San Luis de los Franceses”, donde comenzó esta aventura en la Bienal de Sevilla. Una vez más flujo y reflujo. Sones de ida y vuelta. Sublime encadenamiento de ayes. Quintaesencia de la jondura. O la música que adquiere vida propia, exenta de etiquetas, clasificaciones entomológicas y se ciñe al puro arte. A lo visceral, a lo palpitante. Como palpitantes son los dedos sabios de los hermanos Alqhai, las flexibles muñecas de Diassera o la cálida y enciclopédica voz de Rocío Márquez.

Están muy bien el quejío, el duende y el embrujo. Está muy bien hablar de voces laínas, redondas o afillás. Pero si van unidos a la cátedra y al estudio arrancarán al flamenco del folclorismo rancio y el cante de taberna, del cenáculo arcaico, para elevarlo a los altares. Aunque donde más se les abren las carne a los talibanes de ambos mundos; con sonoro rasgado de vestiduras; es ante el conocimiento enciclopédico que estos músicos poseen en sus distintos campos. En la sabiduría que habita en estos diálogos interraciales. Todo un acierto de la Sociedad Filarmónica de Badajoz, el abrir las puertas del Festival a los nuevos aires de estas aventuras enriquecedoras.











jueves, 19 de octubre de 2017

El Viaje a Alguna Parte de Antonio Gil Aparicio. 40 Festival de Teatro de Badajoz

                                          El Viaje a Alguna Parte

Director: Antonio Gil Aparicio
Producción: Gaia Media/Emblema Films/Zagal Audiovisual/MDZ
Con el apoyo de: Junta de Extremadura
Duración: 55 minutos


“Vastos son los territorios de la memoria”. En estas andaban mis pensamientos, cuando sobre la foto-fija que representaba el cartel de “El Viaje Ninguna Parte”, alcancé a leer: “Emblema Producciones.
Algo parecido debió sucederle a Proust (salvando las distancias) con su famosa magdalena. La memoria, juguetona y sin conciencia, a veces nos juega malas pasadas y en  ocasiones nos reconforta y acoge. Rememoraba, como en esta misma platea; hace algunos años; visioné el corto “El Emblema”, que reseñé en las páginas culturales de la desaparecida ¿cómo no? revista “Nuevo Guadiana”.
 No ha llovido tanto desde entonces, aunque como pude apreciar, algo de cabello se nos ha quedado a todos en el camino.  Como curiosidad, reseñar que en la edición de ese año de “El Vuelo de la Palabra.”, publiqué una narración titulada “La Canción del  Emperador”, sobre una conspiración contra el emperador en Yuste, que este año será recogida en formato guionizado, en el libro “Escritos para el Cine” de la “Fundación ReBros. (Curiosa y fermosa coincidencia creativa). 


El cortometraje “El Emblema”, hoy en día puede visionarse en el catálogo Jara, con el director ejerciendo de capitán de alabarderos.  Antonio Gil Aparicio ha  sido director de la Filmoteca de Extremadura, autor de esa remembranza silente en blanco y negro (y matices púrpura) de la Azuaga de los años 50 que es la galardonada “En  la Memoria”, proyectada entre la rejería  modernista de los antepechos del Teatro Real Cinema. También colaborador del notorio Festival de Cine Inédito de Mérida, director de la premiada (y comprometida) “El Viaje de Cris”, del documental “Amazonía, entre la magia y la realidad”, o promotor del solidario proyecto de cine inclusivo. El amor por las tablas, su propia vinculación como director teatral, han fraguado esta mirada de tres décadas hacia la farándula, hacia el cómico de la legua, que comenzara con los camiones-escenarios, bebiendo directamente de la lorquiana “Barraca”, con el objeto de acercar la cultura a poblaciones que padecían una profunda sequía por su situación geográfica o número de habitantes. Pero retomemos el hilo (como la magdalena proustiana) de este nostálgico; pero no sensiblero; viaje por el teatro de provincias. Con equidad, el documental recoge los primeros balbuceos de una arriesgada aventura (el oficio de cómico, nada menos), las ilusiones, el esfuerzo detrás de las bambalinas (nunca bien apreciado), los kilómetros y las cicatrices del  alma, la falta de sueño…

Pero también reivindica la labor de los pioneros. Un campo yermo, donde las instituciones y políticos jugaron un papel importante para mover ficha en este tablero de ajedrez de la cultura con la creación, cuyo cenit fue la hoy desaparecida, ¿cómo no? Consejería de Cultura. Una colaboración que consiguió acercar el espectáculo cultural a rincones, que de otro modo no habrían tenido acceso a esta liturgia del verbo y lo visual que es el teatro. Tomando como excusa el montaje de “Los Pelópidas” de la Compañía Suripanta (ya reseñado en este blog):  
Este viaje iniciático, emotivo y nostálgico, pasea al espectador por los primeros pasos, la creación de la ESAD, la Escuela de Teatro y Danza de Olivenza, la dignificación como profesión (y como titulación) de los profesionales que tanto asustaban a sus padres con aquello de “Papá, quiero ser artista”…
Sería prolijo (y complicado, si se deja en el tintero a alguien) reseñar todos los nombres de actores, productores, dramaturgos, guionistas, críticos, políticos (sí, también), directores de Festivales de Cine, actores, etc, que desfilaban por la pantalla o se encontraban en el patio de butacas.  Melancólicos retazos de antiguos montajes, figuras casi en la sombra; como los técnicos de luces; diálogos que arrancaban las carcajadas cómplices del público y un velado homenaje a Javier Leoni en sus primeras incursiones. El teatro es como el borgiano jardín de senderos que se bifurcan. Una lucha entre ardiente vocación y realidad, entre facturas letales y aplausos enriquecedores, entre camerinos gélidos y mugrientos frente a la calidez de un público receptivo. Un presente que vive de lo ya escrito, flujo y reflujo en devenir constante. Una profesión, que habita; como todas aquellas en que se mantiene inseparable convivencia lo artístico con lo cotidiano, una difusa frontera y requiere de una entrega profunda y sin fisuras, de un amor intenso y una capacidad de ilusión que se renueva cada vez que se escucha: “Que comience el espectáculo”. Antonio Gil Aparicio ha sabido extraer la savia al árbol genealógico del teatro extremeño. Lo hace ayudado por las confidencias, sueños, decepciones, dudas y alegrías de todos los implicados en ese viaje que con toda certeza les llevara a “alguna parte” más luminosa y dionisíaca
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viernes, 13 de octubre de 2017

IX Ciclo de Música Actual. Sociedad Filarmónica de Badajoz


                                              








Un vez más, la Sociedad Filarmónica de Badajoz sorprende con un programa de altísima calidad, potente en lo interpretativo y diverso en lo conceptual.
Realmente atrayente el prólogo de este IX Ciclo de Música Actual, donde la música antigua (viola de gamba), en una de sus escasas apariciones por estos predios, se hibrida con el sentimiento "jondo,"el extenso dominio de los palos, la voz clara, cristalina, sabrosa en melismas; y la soberbia forma de modular de la onubense Rocío Márquez. Una artista ecléctica, de sólida formación musical, y en constante búsqueda de nuevos horizontes. Rocío Márquez ganó en el 2008 la Lámpara Minera, consiguiendo el primer puesto en otras categorías, hasta ese momento tan sólo lo había conseguido Miguel Poveda. La “cantaora” dialogará con el sonido melancólico e intimista del violagambista Fahmi Alqhai, en un virtuoso ejercicio de fusión y belleza. Fahmi Alquai es uno de los violagambistas más importantes del mundo. Ejecuta en el instrumento (que tanto le debe a Jordi Savall), con querencia de renovación y una concepción arriesgada (y agradecida) del historicismo en el repertorio, con insuperables versiones (Sonatas de Bach). Una oportunidad única de escuchar las raíces ancestrales del flamenco junto a los cantos en ostinato de Monteverdi, cantes de ida y vuelta o nanas sobre “El Cant del  Ocells. ¡Si Marin Marais y Monsieur de Saint Colombe levantaran la cabeza! O Antonio Mairena…
En la percusión, otro onubense,  Agustín Diassera, discípulo de Shiv Shanar. “Diálogos de Viejos y Nuevos Sones” fue estrenado en la Bienal de Arte Flamenco de Sevilla.





No termina aquí la apuesta por lo “jondo”. El Trío Arbós y el cantaor jerezano Jesús Méndez presentan: “Flamenco Envisioned”. Jesús Méndez  lleva en la sangre la savia del cante. Nacido en el seno de una de las sagas más importantes de cantaores de Jerez, como la famosa “Paquera”. Su defensa de los cantes de la Plazuela, bujería y soleá, le han llevado por todo el mundo, auque no se queda cojo en la interpretación de martinetes o soleares. Su cante es brillante, con respeto a los maestros, pleno de ortodoxia y destilando la madurez de la experiencia. En los tablaos ha colaborado con artistas de la talla de El Güito, Alejandro Granados o Carmen Cortés. El Trío Arbós está formado por Cecilia Bercovich, violín, José Miguel Gómez, violonchelo y Juan Carlos Garvayo, piano, tomando el nombre del compositor Enrique Fernández Arbós, con un amplio repertorio que recorre el romanticismo, el clasicismo hasta compositores contemporáneos que han escrito obras para el enriquecimiento de la literatura del trío de piano (Luis de Pablo, Hilda Paredes, etc). 



En “Flamenco Envisioned” se mixturan las voces de siete compositores actuales, destilando la esencia del flamenco, para ello se han realizado transcripciones del acompañamiento guitarrístico tradicional para las malagueñas, bulerías, etc. También se escucharán obras de Thierry Pécou (La Tierra con los Dientes “soleá”), “Flancing Flamingo”, unos tientos/tangos de Bernard Garder, entre otras partituras. La agrupación de cámara (Premio Nacional de la Música en 2013) unirá su experiencia y técnica a los quince años sobre los escenarios del “cantaor”. Aureliano Cattaneo con “Rito” o “Fandango Natural”, compartirán escenario con Elena Mendoza (Bulerías) entre otras obras.




“Sigma Project” es un cuarteto de viento (saxofonistas), que ejecuta música contemporánea, de variado registro estético, que apuestan por renovar el repertorio para este instrumento así como el espacio, la puesta en escena y la investigación. En sus notas pueden convivir compositores como Gesualdo, Matteo de Perugia, junto a Salvatore Sciarrino o Cristóbal Halffter. En esta ocasión las obras del vallisoletano Alberto Posadas (Premio Nacional de Música 2011) llenarán el escenario con esa exploración de las posibilidades acústicas a nivel microscópico del instrumento o la aplicación del hecho matemático al compositivo que practica este autor. Los “Sigma Project” ya estrenaron en San Sebastián tres cuartetos para saxofones, dentro de su “Poética del Laberinto”, cuyos efectos sonoros de hibridación (sordinas, bisbigliandi) son verdaderamente apabullantes.

El “Ensemble Rinascente”, formado por miembros de la OEX. Un atípico cuarteto con clarinete, traerá  Mozart con su “Cuarteto para clarinete y cuerdas en si bemol mayor, op. 9(Amalgama)”, junto a la obra de un extremeño, el flautista Jerónimo Gordillo, o el  siempre arriesgado Penderecki con sus armonías de medio semitono, su música aleatoria y su vanguardismo.  Penderecki es autor de una excelente banda sonora de la obra maestra de Wojciech Jerzy Has “El manuscrito encontrado en Zaragoza” (1964), una de las partituras para cine más innovadoras del siglo XX.




Los berlineses de LUX:NM y su concepto multidisciplinar de la música, servirá de presentación de este grupo. El  concierto ese desarrolla en coproducción con la XXXI Semana Musical de Santa Cecilia, organizada por el Conservatorio Profesional Juan Vásquez y el Conservatoria Superior  Bonifacio Gil. Esta atípica formación (trombón, saxofón, acordeón, violonchelo y electrónica) ha sido galardonada a nivel internacional en múltiples ocasiones. De querencia contemporánea en la elección de sus conciertos, trabajan en estrecha colaboración con compositores y han trabajado con orquestas como Berlin Philarmonic Orchestra, etc. El programa titulado “Contexto Germánico”, trae piezas de la oboísta y compositora, de ascendencia judía, Sarah Nemtsov, adscrita al neo-deconstructivismo, que escribe obras de naturaleza orgánica, de alta complejidad y ha estrenado varias óperas. En su música se combinan influencias desde el barroco, hasta el jazz o el rock o la electrónica, con diversas composiciones basadas en textos literarios (Virginia Wolf, Emily Dickinson, etc). “Journal” (para cinco instrumentos y electrónica), fue galardonada con el Premio Alemán de la Crítica de Grabación. Una obra asombrosa en la creación de un mundo de sonidos. Altamente vanguardista.
De Steffen Krebbeer el ensemble interpretará “Obdach/Wohnung”, becado por la Universidad de Colonia con la beca Bernd Alois Zimmermann en el campo de la nueva música.
Elena Mendoza repetirá en este concierto (el Trío Arbós interpreta sus “Bulerías”), con la obra “Contextos-Juegos, para trombón y ensemble. En “Contextos”, el trombón solista está enmarcado en dos contextos tímbricos distintos que se van alternando en el trío (violonchelo, percusión y piano): Uno estable y estático y otro inestable y dinámico.
La compositora fue galardonara con el “Kunstpreis Berlín” y el Premio Nacional de Música (primera mujer con este galardón). Especializada en cámara y teatro musical, actualmente es catedrática de composición en la Universität der Künste Berlín. De Brigitta Muntendorf podrá escucharse su “Yes, Master” donde una voz electrónica posee casi el mismo protagonismo que la música. Una obra plena de efectos atmosféricos, metáfora sobre la comunicación digital. Una de las propuestas más vanguardistas del programa para una galardonada con el  “German Music Author's Price of the category Young Talents”.



“Neo Ars Sonora” es un ensemble que se ha especializado en música contemporánea, reivindicando la mujer compositora y el compositor emergente. Para este concierto llegan con obras del bilbaino Luis de Pablo, de la generación del 51 (Nubilus), una arriesgada obra de cámara que el compositor dedicó a “Taller Sonoro”. Nubilus significa “nublado” en latín, compuesta desde el recuerdo de dos  piezas para piano del  propio compositor (Nublo 2011/12). “Nubilus”comienza con diversos pulsos y latencias con el principio de periodicidad presentando el juego estructural. Se reiteran elementos contrastantes, líneas melódicas complejas hasta el epílogo donde la latencia se asume por grupos irregulares homofónicos, separados por medio  de silencios.
De Gabriel Erkorea (Rabel) y el estreno absoluto encargado por la Sociedad Filarmónica de Badajoz de “Bosgarrena” del compositor Félix Ibarrondo, (un repertorio vasco-navarro.)



Sinfonietta Container” llega de la mano del compositor danés Simón Steeen-Andersen para estrenar la ambiciosa “Black Box Music”. La Sinfonietta emplea la “performance” para un programa que no deja indiferente. Hay que añadir el estreno de otra obra: “Custom,” del joven compositor Oscar Escudero. La electrónica estará presente con  obras como “Computer Music” de Kaj Duncan David o “Point Ones” de Alexander Schubert.

“Drumming Grupo de Percussâo”, que nació en Oporto, es un referente del vecino país. La formación abarca todo tipo de estilo (jazz, rock, contemporánea, etc). Cuatro estrenos de autores lusos para un programa titulado “Diálogos Hispano-Lusos”. Autores cono Jesús Rueda, Francisco Novel o Antonio Pinho Varga, podrían ver como se acompañan sus ritmos en el López de Ayala.



El “”Cuarteto Gérard” trae un estreno absoluto: Cuarteto de Cuerda de Manuel Hidalgo, encargado por el CNDM. Junto a este, el dodecafonista “Cuarteto de Cuerda nº 2” de Roberto Gerard, la “Suite Lírica” de Alban Berg. La Suite Lírica es una obra en seis movimientos compuesta para cuarteto de cuerda. Está escrita utilizando la técnica  dodecafónica (12 tonos diferentes son la materia prima de la obra), y posee forma de Sonata, pero sin sección de desarrollo. La calidad del cuarteto está patente en sus múltiples premios, donde el respeto por la música y un sonido consumado son la marca de la casa.





El Palacio de Congresos recibirá a una original propuesta de concierto escenificado donde: Sonido Extremo, Ensemble 20/21 de la JOCAM , el director Jordi Francés y el tenor canario Gustavo Peña, con dirección escénica de Susana Gómez se sumergen en el universo poético de Múller/Schubert habitando sus ropajes, explorando el verbo. Hans Zender realizó esta adaptación del Winterreise  “amplificado” de Schubert. Este viaje de invierno nos sumerge en los lieder que escribió sobre poemas de Wilhlem Müller, alcanzando elevados niveles técnicos en composición y siendo el máximo exponente de este género. Basados en el amor no correspondido, con frecuentes cambios de tonalidad. Un verdadero desafío para los cantantes.



Los daneses del “Ars Nova Copenhagen” llegan dirigidos por un icono como el barítono Paul Hillier. Hillier es uno de los más reputados especialistas en música antigua, o director de formaciones señeras como “Ars Nova” o el Coro Nacional de Cámara de Irlanda. Aunque su mayor fama la obtuvo con el fabuloso “Hilliard Ensemble” crisol de  la música Medieval y el Renacimiento, llevando a Palestrina, Orlando di Lassus, Dufay o a Josquin Desprez por los escenarios, o con el consorcio “Theatre of Voices” que regaló obras del irrepetible William Byrd junto a contemporáneos como Arvo Pärt o John Cage. La formación lleva un programa donde destacan obras del sevillano Alonso Lobo (Motetes del Liber Primus Missarum. 16032), junto compositores actuales. Motetes conviviendo con A, Pärt (Virgencita. 2012) o Elisha West (Evening Shade). 2004.



Noelia Rodiles, pianista asturiana, interpretará “Schubert trufado con Ligeti”. Música Ricercata de Ligeti. Esta obra es un conjunto de once pequeñas piezas que György Ligeti  escribió entre 1951/53. Ligeti se limita a ciertas clases de tono en cada movimiento, hay utilización de polirritmos estratificados, trémolos o a reelaboración en el “Allego” de su Sonatina para cuatro manos. Ligeti buscó componer “ex nihilo”, es decir desde la nada. Aquí va añadiendo la sucesiva incorporación de las distintas notas de la escala cromática en cada pieza. El “Mesto, Rigido e Cerimonale”, fue utilizado por Stanley Kubrich para su película “Eyes Wide Shut”. Noelia buceará entre los pianissimos de Ligeti (una de las obras fundamentales del siglo XX), se recreará en los intervalos ostinatos de estas doce pequeñas piezas para desembocar en el "Impromptuts" con su habitual delicadeza interpretativa. El Impromptus consiste en una pieza de un solo movimiento. 




El estilo romántico de Schubert está presente y simula el efecto de una improvisación. De estructura libre, adopta el ritmo ternario ABA con frecuencia. Suele evitar las repeticiones literales típicas del XVIII (da capo, barras de repetición) y adapta las características del TRIO de un minueto clásico. Noelia Rodiles interpretará “4 Impromptus, op. 90, D 99”. Dos obras consideradas antagónicas pero que ls dedos de la interprete consiguen mixturar hacia una misma búsqueda.

Este programa se completa con actividades pedagógicas como “Mira la Música” o “Encuentro con los Creadores”, ¿Y esto…es música? o “Siente la Música de hoy”, actividades que sin duda servirán para crear afición  y futuros músico o espectadores

jueves, 5 de octubre de 2017

Silente, de Rubén García en el Centro de Ocio Contemporáneo. Filmoteca de Extremadura


                                                                     

Tras la presentación por parte del director de la Filmoteca de Extremadura, David Garrido Bazán, que adelantó novedades como el Ciclo “Mujeres en el Cine”, “Cine Español Imprescindible” o la curiosa “Badajoz Retro” (de las cuales ya hablaremos) el autor del documental manifestó que prefería que la obra se presentara sola.
Acertada elección porque la obra que ha realizado este cacereño se basta por si misma para mostrarnos un intramundo personal con diversas capas de lectura y un equilibrio notable entre el discurso y la forma.
Silente es una propuesta llena de amor por el conocimiento, atrevida, arriesgada. Una valiente isla en medio de la inanidad y el nihilismo imperantes. Hay que tenerlos cuadrados, para tomar como tema de una opera prima la obra de un compositor, casi desconocido, que paseaba por las calles sevillanas en el siglo XVIII. Al mismo tiempo es una reivindicación indirecta de oficios también casi ignorados. ¿Alguien se ha preguntado como llega ese piano de cola, que tan hermoso concierto ha proporcionado, hasta el escenario? 
¿Quién sabe que un oficio como el de afinador de pianos es preciso para poner a punto el instrumento que después nos deleitará? Pero sobre todo (y por la parte que me toca) es una hermosa reivindicación de uno de los oficios más desconocidos (por su dificultad y exclusivismo) y menos valorados: el de musicólogo. Una especialización que entró hace poco como grado universitario, hermosa y necesaria para la investigación de nuestro patrimonio cultural. A las pruebas me remito. De no ser por la iniciativa de Rubén García, el pianista Pedro Piquero y la figura señera de uno de nuestros más insignes intelectuales; el académico Andrés Ruiz Tarazona; la obra de grandes músicos como el hispalense Joaquín Montero, dormiría en los anaqueles sin poder llegar hasta público. 


Rubén García juega con el plano fijo, el tiempo detenido, la profundidad de campo en teclados o en el interior del piano, la visión ecuménica del gran angular o incluso se permite repetir secuencias visuales a modo de coda musical o rebobinar todas las secuencias para volver al inicio. Rubén García recibió el galardón al mejor realizador del año por la agencia Talenthouse  por Valtari (2012), premio que le llegaba tras sus dos cortometrajes “La Punta del Iceberg”  (2010) y “Laboral” (2011).
Joaquín Montero fue un adelantado a su tiempo, hecho que la película refleja en las conversaciones (efectivo blanco y negro) de Tarazona y Piquero. Algunas de sus melodías tienen ecos scarlattianos, pero también era un adelantado en el cambio de compases en la misma obra, los silencios, o una escritura que profetizaba alDebussy. Autor de diez minuetos cuya economía de medios y estilo europeo son su característica más interesante Alguna de sus sonatas (vía Scarlatti  y Hadyn) reflejan reminiscencias del estilo galante pero de vocacional clasicismo, incluso llega a notar una obra para tecla en una clave de Do en desuso, o adelantar el uso del piano en una época donde el clave era todavía monarca absoluto. Viviendo la Ilustración desde dentro, el organista Montero asistió a algunos de los acontecimientos más importantes de su época: La expulsión de los Jesuitas o el terremoto de Lisboa.

La hibridación entre imagen y partitura es notable. Cociendo a fuego lento las bellas imágenes que reflejan la giralda sobre un suelo mojado, se detienen, silentes, en planos-detalle de Los Reales Alcázares o muestran en picado El Patio de los Naranjos. Rubén García despliega toda una artillería visual de contraluces, ojos de pez, o el juego el plano-contraplano en los diálogos, para trasladarnos en un ejercicio metacinematográfico a multitud de temas como el “postureo” cultural, el analfabetismo sobre la propia historia, la cultura “fast food”, el budismo (Pedro Piquero es traductor de “Shoboenzo”, o el sentido de la autoría. También utiliza el recurso del plano sobre el espejo retrovisor del coche en los monólogos del pianista. "Silente" es una obra compacta y madura, de una poesía inusual para los tiempos que corren y una valentía que agradecemos los que amamos la música y el cine. Quizás también sirva de ventana para comprender tantos trabajos ignorados, tantas horas de sacrificio y dedicación para la obra bien hecha. Un viaje iniciático a través de las notas maravillosas de Joaquín Montero, perfectamente contrapunteadas por los planos poéticos, por los silencios (cinematográficos y musicales), por el tempo de adagio en que se recrea la cámara, por esos encuadres líricos que juegan con la regla áurea.



Excelente sonido para esas piezas que “renacen” de los dedos sabios de Pedro Piquero, llenando de remembranzas y retazos de nuestra historia y la pantalla mágica. En un mundo donde quincallas inanes son  entronizadas y lo grotesco es apoyado si lleva algún cariz militante, en una sociedad donde el postureo y el  analfabetismo vocacional son el pan nuestro de cada día, llevar a cabo un trabajo de este nivel es una empresa llena de amor y de osadía que se merece todos los parabienes. En un mundo justo los galardones le lloverían a semejante aventura contra molinos de viento. Los implicados pueden sentir la satisfacción de la obra bien hecha.

Lo mejor: La valentía de una empresa de este calibre. La calidad del resultado.
La densa información, aunque a ritmo de ametralladora (es difícil seguirla, incluso sabiendo de que se habla) que surge en los vis a vis de Tarazona y Piquero. 
Lo peor: Que una obra de estas características debería llenar el aforo de profesionales y aficionados del mundo de la música.