Google+ Followers

domingo, 28 de octubre de 2018

TODAS LAS MAÑANAS DEL MUNDO. B.S.O. 1991







Tous les matins du monde es una profunda reflexión sobre la creación artística (lindando lo metafísico), que utiliza como coartada argumental la relación entre dos de los mejores músicos del barroco francés. Frente a la vida retirada de Monsieur de Sainte Colombe, su concepto casi metafísico de la materia sonora, la búsqueda de un metalenguaje en la  viola de gamba, su alumno Marin Marais se encumbra en la corte real, que solicitaba melodías ingeniosas y efectistas para entretener sus ocios. Rodada en planos fijos, deudora de las Vanités (naturalezas muertas o vanidades del siglo XVII) es una película de difícil digestión para el adicto al cine adrenalínicos o el exegeta  del último director de moda. Eludiendo la coartada cultural y el sopor del cine literario, el film de Alain Corneau, les descubrió a los culturetas de tertulia rancia, las sublimes creaciones de dos geniales tañedores, y la existencia de un instrumento tan melancólico como la viola de gamba, hasta entonces únicamente apreciado por los amantes de la Música Antigua. A pesar de de contener todos los esquemas para convertirse en un fracaso de taquilla, la película fue un rotundo éxito, casi un bestseller de cineclub. El especialista Jordi Savall condensa en su arco toda la magnificencia y técnica que requieren estas obras, arrancando tristezas antiguas o nostalgias. Habituado al diálogo con la endiablada digitación que requieren las partituras de Marais, del cual ha grabado sus cinco libros para viola. Savall posee una técnica certera y refinada; resuelve las dificultades con riqueza de matices y marca los contrastes. La riqueza y precisión en los adornos del violagambista catalán son insuperables. En esta banda sonora; que obtuvo el Premio César a la mejor música; acomete con sobriedad y economía de medios admirable, la tenebrista y anónima "Fantasía en Mi Menor" o se enfrenta a L´Arabesque de Marais, en un delicioso ejercicio con bellísimos resultados. La obra de Lully; cabecera de grabación: titulada "Marche pour La Cérémonie des Turcs", perteneciente a la obra “El Burgués Gentilhombre”, rompe la cadencia intimista e introspectiva del resto de la grabación, en un acertado ejemplo de estética cortesana.
Se observará cómo dirige con un bastón grande, como el que Lully se golpeó en 1687 (el pie se desarrolló de gangrena y Lully murió como consecuencia).
Del gran clavecinista F. Couperin, autor de obras alegres y humorísticas, la soprano Monserrat Figueras desgrana una de sus Lecciones de Tiniebla, con la habitual versatilidad y precisión de su instrumento vocal. Esta bellísima obra a dos voces, es anacrónica con respecto a las otras de la B.S.O, ya que este oficio jansenista de Couperin fue compuesto medio siglo después El director era consciente de la inexactitud en cuestión, ya que la música se compuso unos 50 años más tarde, pero no pudo resistirse a incluirla en la banda sonora.

Está cantada por Maria Kristina Kierhr y Montserrat Figueras, que recrean la atmósfera mística y nostálgica con precisión técnica.
 La música como expresión de los sentimientos más recónditos del hombre, la melodía como viaje iniciático hacia uno mismo, se condensa en la secuencia en la que M. Marais; pagado de si mismo; henchido de alardes técnicos y virtuosismo, espera la respuesta para ser alumno de Sainte Colombe.
El único intérprete que maneja la viola de gamba es Depardieu Jr, que realizó estudios de violonchelo, dejando mucho que desear los otros intérpretes en cuanto a digitación.
Para la grabación de la banda sonora se utilizaron instrumentos de época, como es habitual en las agrupaciones lideradas por Savall.
Durante el Ensayo de los discípulos se puede escuchar “La Sonnerie de Sainte Genévieve” de Marais. Todas las obras que componen este sountrack son de una gran intensidad emocional y la técnica de Savall es apabullante.


Otra de las obras destacables se escucha cuando Saint Colombe pide a Marais (Gerard Depardieu) que improvise sobre “Las Folies de Spagne”. Estas folías son una serie de variaciones sobre el tema de la folia, compuesta por Marais para su segunda colección de viola. “Une Jeune fillette” es una hermosa melodía de Jean Chardavoine, arreglada por Savall, interpretada por una voz infantil. Fue una de las favoritas de todos los tiempos del Renacimiento y el barroco temprano. Hay una serie de himnos de la Reforma escritos para esta melodía; Scheidt, Hassler, Vulpius, Kugelmann, etc., todos lo usaron. Frescobaldi lo usó bajo el disfraz de "l'Arie di Monicha" para una misa y todo un conjunto de partituras para cembalo. El acompañamiento en la banda sonora es una interpretación nota por nota (o casi) de uno de las Fantasie sobre este tema de Eustache Du Caurroy. Trata sobre el tema de la joven metida a monja a su pesar. El tema melódico era conocido como la monica (la monja) y fue utilizado y glosado por numerosos compositores de los siglos XVI y XVII. Llamada a veces La Nonette, se convierte en el repertorio religioso. Finalmente, la melodía también toma la forma de una coral luterana, Von Gott, ich nicht lassen (Dios no quiero separar). Un tema que atraviesa los estilos, los países de Europa e incluso épocas con versiones del Renacimiento, la era barroca e incluso el período contemporáneo con el compositor holandés Bert Matter

Une jeune fillette
de noble coeur,
Plaisante et joliette
de grand' valeur,
Outre son gre on l'a rendu' nonnette
Cela point ne luy haicte
dont vit en grand' douleur.

Una de las piezas recurrentes en la película es Tombeau les Regrets de Sainte-Colombe, interpretada principalmente por una sola viola, excepto en la última escena; Es con esta música que Sainte-Colombe intenta evocar (literalmente) a su esposa muerta.

También se incluyen el Badinage del cuarto libro de Marais (durante la incipiente historia de amor; badinage, por cierto, es una palabra que significa charla ociosa, o coqueteo verbal: evoca a Marivaux y Musset) y la Reveuse de la misma (en Madeleine's ultima escena).
Hay referencias a las artes visuales del siglo XVII, al menos tanto como a la música, la literatura, la religión de la época. Una referencia es explícita. El pintor Lubin Baugin, aparece en la película interpretada por uno de los mejores actores de Francia (Michel Bouquet), existió (1612-1663), aunque es bastante oscuro. Pintó temas sagrados y mitológicos, pero también hay 4 pinturas de bodegones suyas, incluida la de las obleas en el Louvre, que ocupa un lugar destacado en la película.


"Os admito como alumno, no por vuestra música, Sino por vuestro dolor"


                           Tracklist
Marche pour la cérémonie des turcs (Lully)
Improvisation sur les folies d'Espagne (Marais)
Prélude pour Mr. Vauquelin (Savall)
Gavotte du tendre (Sainte Colombe)
Une Jeune fillette (arr. Savall)
Les Pleurs (Sainte Colombe)
Concert à deux violes "le Retour" (Sainte Colombe)
La Rêveuse (Marais)
Trosième leçon de ténèbres à 2 voix (Couperin)
L'Arabesque (Marais)
Fantasie en mi mineur (anónimo del siglo XVII)
Les Pleurs [Versión a dos violas] - (Sainte Colombe)
Le Badinage (Marais)
Tombeau pour Mr de Sainte Colombe (Marais)
Muzettes I - II (Marais)
Sonnerie de Ste Geneviève du Mont de Paris (Marais)
Los músicos que acompañan a Savall son: Fabio Biondi, Christophe Coin, Montserrat Figueras, Maria Cristina Kiehr, Rolf Lislevand, Pierre Hantaï, Jérôme Hantaï.

Consiguió el César a la mejor música escrita para un film, el Gran Prix Nouvelle Académie Du Disque, Disque D'or (Rtl - Snep), Croisette d'or Grand Prix de la Ville de Cannes.

viernes, 26 de octubre de 2018

Crimen y Telón, de Ron La Lá. Una lúcida distopía en clave noir . 41 Festival de Teatro de Badajoz.


             
 


Los aficionados que acudan a “Crimen y Telón” con la sola referencia de la cartelería, quizás aventuren que los ronlaleros han desertado de su raíz áurea para refugiarse en otros paisajes y paisanajes. Nada  más lejano de la realidad; aunque la piel de la criatura habite paisajes distópicos  (vía Ray Bradbury) y homenajee la estética bogartiana, el noir más canónico y el ciberfantastico; el corazón sigue palpitando en clave de comedia universal. No hay más que ver ese personaje de “Teatro”, con reminiscencias de la “Comedia dell´arte” que homenajea la historia del teatro en sus  párrafos majestuosos



“Crimen y Telón”, pleno de referencias e influencias que peinan las distopias de Orwell, las páginas negras de Dashiell Hammett, el teatro francés o la helénica tragedia con acierto y vitalidad ronlalera. Nos encontramos ante el espectáculo más compacto de la compañía dirigida por Yayo Cáceres, en una dirección que busca alejarse de las anteriores construcciones en sketches, para construir una estructura dramática con texto de Álvaro Tato, que mantiene al espectador alerta; sin perjuicio de la risa; con el adecuado nivel de acidez camuflado entre el jolgorio habitual. Hasta llegar al bello ejercicio de metateatro en el epílogo. Lúcida metáfora acerca del escenario de la vida, inesperada y certera.
El detective Noir deambula entre callejones donde los textos prohibidos aún pueden encontrarse de contrabando, donde Edipo aún respira y es posible encontrarse con Lady Macbeth, con Comedio y Tragedio y toda la fauna teatrera. Un territorio donde se puede homenajear al técnico de luces y al de sonido,  mientras se ciscan en la habitual llamada al móvil que olvido desactivar las llamadas.

Ciertamente es difícil seguir el ritmo torrencial, la oratoria florida, la exuberancia del verbo, el dominio del timing,  la infinidad de referencias literarias, los respetuosos homenajes; al ritmo de ametralladora de los ronlaleros; habitados  de la notable iluminación expresionista de Miguel Ángel Camacho. Pero la genialidad de la compañía hace de la intensidad un arte, transforma en levedad la densidad soporífera en que podría desembocar ese torrente de referencias culturales. Ron La Lá conduce al espectador de la mano a su propio universo. Sin permisos, Sin acreditaciones. Nada más fácil que creer en ese futuro donde las artes están prohibidas. Pero que no es para nada un universo alternativo, es cercano y real, ya que el texto; pleno de referencias coyunturales; se encarga de repasar la actualidad, la urbanidad del espectador o la tragedia medioambiental. Los actores peinan y homenajean los diversos géneros (poesía, teatro en verso), con el desparpajo conceptual que les caracteriza, con sus habituales guiños, con el talento de que vienen haciendo gala, desde que redescubrieran el lugar donde el Quijote se ocultaba, en su ópera prima. No hay más que ver esa ruptura de la cuarta pared desde el inicio, cuando se dan cuenta que la platea esta ocupada por ¡espectadores!, que son los principales sospechosos del asesinato de Teatro. El cromatismo también juega su papel en el montaje. El Teniente Blanco, parece recién salido de una distopía de los hermanos/as Wachowski, mientras que Teatro (Daniel Rovalher), pleno de gestualidad arlequinesca, se viste de rojo y naranja, en contraste con la ascética gabardina y el sombrero a lo Sam Spade que se gasta el detective Noir (Juan Cañas). Todo bajo la experta batuta de Tatiana de Sarabia.
Uno de los momentos más relevantes del montaje es ese repaso enciclopédico, afectuoso y nostálgico por el entramado físico del teatro y sus profesiones más relegadas. Sin olvidar esas continuas, y actuales, invectivas contra la mentalidad futbolera o el planteamiento de un mundo donde hubiera una librería por cada 10 habitantes. ¿Distopía en estado puro? No, lacerante utopía.


La marca de la casa no podía faltar. Si ya en Cervantina conseguían que el público corease su divertido estribillo, aquí se decantan por una vertiente carpetovetónica, con referencias a las aficiones sociales más extendidas ¡Teatro, español, español, español!
En “Crimen y Telón", han cristalizado todas las obsesiones, estilemas e inquietudes de estos alquimistas de la palabra. Un montaje donde el verbo es el origen de todo su universo, donde el difícil equilibrio entre lo culto y lo popular que siempre han propugnado halla su vórtice. Los ronlaleros nos sumergen en una dionisíaca celebración de la palabra, del arte y la cultura. La máscara del bufón no es más que una excusa, el chascarrillo, una coartada para conducirnos a un lugar “que entre sueño y realidad, todo es falso y es verdad”. Con certeza tras su paso por esta plaza se llevaran como regalo un gran número de seguidores del universo ronlaliano. Se agradecen las morcillas referentes a los desaparecidos Teatros Menacho y Pacense.
Nos encontramos ante un montaje “Pata Negra”, pero además con denominación de origen.




lunes, 15 de octubre de 2018

Contra la Democracia. El Grand Guignol como estética. Compañía Teatro del Noctámbulo. 37 Edición de Teatro “Vegas Bajas”


                               




 Contra la Democracia forma parte del corpus creativo de Esteve Soler, que subvierte la percepción que tenemos de las cosas y su interpretación, llevada a los límites. Tres obras en formatos de sketches, por desgracia, coyunturales y más cercanos a la realidad de lo que nos gustaría. Como hilo conductor y amalgama de la las historias los actores van introduciendo en una urna, tras su lectura, citas de grandes pensadores sobre la democracia y el funcionamiento de la sociedad. Sobre cada pieza flotan diversas influencias y referencias de las que han bebido. Desde el teatro del absurdo, que se puede peinar en el episodio de los vecinos que han olvidado contar, a el Grand Guignol anímico donde los padres tratar de hacer un ERE familiar con su hijo, el bretchiano ejercicio de eliminar la cuarta pared en el episodio de la mujer afgana, o esa distopía donde los padres tienen un  insecto-larva. Contra la Democracia es un contundente puñetazo en el plexo solar de la sociedad. Un texto y un montaje para nada complacientes, duros, ásperos, limítrofes. Un notorio ejercicio de incorrección política cum laude.

La sensación en el epílogo de esta negrísima propuesta, es de una incomodidad señera. Uno de esas invitaciones que consiguen que el espectador se remueva intranquilo y carraspee en determinadas escenas casi indigeribles. Un enorme esperpento contemporáneo con mucha mala baba, certero y profético. La compañía arriesga en un montaje difícil, nada complaciente y peligrosamente extremo. Un chute de adrenalina dramática directamente en vena. Ejercicio actoral, que se desenvuelve en una impactante escenografía distópica de Mónica Tejeiro y apoyado por la iluminación expresionista de Daniel Checa, en un difícil juego de personalidades que se solapan. Es para quitarse el sombrero. La brevedad de las transiciones, las personalidades tan distantes, la disgregación casi esquizofrénica de las voluntades, la versatilidad en el lenguaje gestual y la declamación llevan, detrás, muchas horas de insomnio y gargantas como papel de lija. Es lo que tiene el oficio, que lo difícil parece sencillo. Memé Tabares hace gala de un amplio espectro dramático. 
Navega por el esperpento con soltura para dar un salto mortal desde una velada mujer afgana; a la que debe interpretar tan sólo con el verbo; pasea por un costumbrismo del absurdo con esa mujer en pijama, que el vecino despierta a deshoras. Hay muchas tablas detrás de esa presencia escénica, de ese verbo modulado, de ese control de un fatum, aparentemente incontrolable. José Vicente Moirón no le anda a la zaga. La declamación, plena de matices, la proyección de voz;  especialmente en el scketch de la mujer afgana; clara e intensa, el lenguaje corporal, en su justa medida. Es a Marina Recio a quien le toca la parte más oscura y áspera de este espejo deformado. Dos difíciles instantes que maneja con naturalidad y mesura, pese a lo terrible de la situación del último cuadro con el rey Leopoldo II de Austria. Los roles de Gabriel Moreno le sientan como un guante, cambiando de registro con pasmosa naturalidad. Por esta obra planean, sin duda, las sombras de Kafka, Pirandello o las pesadillas de Poe. La dirección de Antonio C. Guijosa es certera y esforzada. 

 Los buñuelianos personajes adquieren vida, habitan, palpitantes, una realidad no tan paralela, arropados por una magnífica selección sonora (impagable ese Bang, Bang de Nancy Sinatra). Contra la Democracia es una hoja afilada (y necesaria) cortando la textura social que nos constriñe y encarcela. Un bisturí undenground , una oscura parábola, penetrante y cercana. Esta paleta cromática es sostenida  por el sólido elenco de esta compañía, que nos muestra el calidoscopio de un mundo desolador y desolado, pero sin adoctrinamientos ni dogmatismos. Apoyado en desnudez de la palabra. Un espectáculo osado, demoledor y necesario que remueve conciencias y solicita respuestas del espectador.


Traducción
Esteve Soler
Diseño de escenografía
Mónica Teijeiro
Diseño de vestuario
Rafael Garrigós
Selección musical
Antonio C. Guijosa
Diseño de iluminación
Daniel Checa
Caracterización y maquillaje
Pepa Casado
Realización escenografía
Scenik y Pinto`s Escénica de Acción
Realización vestuario
Luisi Penco y Laly Moreno
Ambientación de vestuario
María Calderón
Complementos vestuario araña
En la Chácena
Técnico de iluminación
Márcia Conceição
Técnico de sonido y Maquinista
Ismael Becerra
Fotografía
Vicente S. Román
Realización video
Emblema Films y Zagal Audiovisual
Diseño gráfico y cartel
Diego Pérez Aragüete
Ilustración cartel
Bárbara Sánchez Portillo

domingo, 14 de octubre de 2018

Comedia Aquilana. Soberbio retablo Renacentista. Compañía Nao D´amores. Coproducción CNTC. 37 Festival Nacional de Teatro Vegas Bajas






No cabe duda que los programadores del Festival Nacional de Teatro Vegas Bajas saben lo que se traen entre manos. Ofertar una joyita como la Comedia Aquilana de Torres Naharro, además en versión original; sin adaptaciones desde castellano renacentista; es una empresa altruista (a la par que osada) y algo para agradecer desde la perspectiva del espectador. Todo en esta propuesta de Nao D´amores es una gozada estética y reivindicativa acerca de esa etapa, solapada por el barroco, derramando la riqueza del verbo áureo y la música de la época. Es por esto que se valora mucho más la dedicación y esfuerzo de esta compañía, dedicada a la época renacentista (en lo musical y la dramaturgia). El espectador avezado se asombrará, descubriendo que toda la gama de personajes que, luego serán explotados hasta la saciedad en el siguiente periodo histórico, ya están presentes en las páginas del dramaturgo extremeño. 


El engaño, el enredo amoroso, el criado socarrón, los desencuentros de los amantes, todo está ya perfilado y dispuesto para que la siguiente generación teatral se empapara de estos precedentes y desarrolle el teatro del Siglo de Oro. Habitados del espíritu del pintor italiano Giuseppe Arcimboldo, los actores se visten con los esbozos florales manieristas de este autor. Deborah Macias ha realizado unos diseños apabullantes donde se puede jugar con la pareidolia y la ilusión óptica.


El texto del dramaturgo torreño surge con naturalidad apabullante ¡Así se dicen los versos! Las inflexiones vocales, los ritmos, el tempo, las intervenciones musicales, todo ellos constituye un soberbio retablo barroco para uso y abuso del agradecido espectador.
Ana Zamora ha buceado, con respeto y fervor, en la Comedia del Arte. Si aquella utilizaba máscaras carnavalescas, ésta juega con el vestuario floral, conserva los recursos mímicos y sustituye las acrobacias por la danza. El resto es común a su génesis italiana: las vicisitudes de los enamorados, la oposición familiar, la intriga. El personaje del criado remeda el italianesco Arlequín. La criada Dileta, bien pudiera inspirarse en la confidente Colombina. No hay duda de las influencias del teatro visto por Naharro en la Roma de León X, con rasgos de las representaciones “villanescas”, anticipando el género barroco de la comedia palatina. El verso está pulido con respeto, buscando la mayor comprensión para el público.

La obra se desarrolla sobre una impactante escenografía de Ricardo Vergne, una mímesis de las escenografías que portaban las compañías italianas, algunas con una cortina como único decorado.
Bartolomé Torres Naharro publicó su primera versión de la Comedia Aquilana en los talleres del impresor Marcello Siber, sobre el 1520, para representación privada (cortesana). Quizás fue escrita en Nápoles o en Sevilla, escrita por encargo. Esta comedia “a fantasía” pude basarse en un acontecimiento de carácter legendario, como fueron las visitas secretas de Fernando de Aragón, disfrazado de criado, a Isabel la Católica en la corte de Valladolid. Como curiosidad reseñar que cuando murió Don Juan, el heredero, el humanista Ramírez de Villaescusa publicó una imaginaria lamentación donde la joven viuda; tal y como hace Felicina en la Jornada V; considera la muerte mediante, soga, despeñamiento, espada o fuego. La falta de referencias sobre el acompañamiento musical de la obra original, no ha sido problema para la sección musical de la compañía, que ha utilizado danzas, canciones populares y melodías como La Spagna (Danza Alta) del sevillano Francisco de la Torre (basada en el bajo compuesto por Josquin) La danza alta era interpretada por instrumentos de vientos agudos y brillantes: cornetos, sacabuches, chirimías. A la manera de los ministriles, las tres músicas se sitúan en uno de los extremos del escenario en contraposición con los actores sentados en el vértice opuesto, formando parte del argumento con gestos y movimientos. 

El trío femenino peina diversos géneros; según la información de Alicia Lázaro en el dossier de la compañía. Desde la cadencia gentil de la pavana a las reminiscencias mudéjares del Caldibi Castellano (Calbi Arabi), la villanelle; un género de boga en el Cinquecento; la reconstrucción del romance del buen rey Don Bermudo o Pavana/Saltarello/Piva “Veneziana”, de Juan Antonio Dalza, que escribía sus partituras en forma de suite (esta es una de las obras más hermosas de la función). La agrupación musical extrae un sonido de gran fidelidad histórica, consiguiendo fusionarse con el texto renacentista casi sin percatarnos de ello, haciendo uso de instrumentos de la época: viola de gamba, órgano renacentista y diversas tesituras de flauta de pico. Comedia Aquilana es un soberbio ejercicio renacentista, una pieza de orfebrería rescatada del prebarroco, para uso y disfrute de los espectadores contemporáneos. No sólo esto es lo que hay que agradeces a los componentes de Nao D´amores (esa divulgación lúdica y certera de la etapa cultural más arrinconada), sobre todo hay que agradecer el “como”. Hay que celebrar el exquisito concepto de la parodia, la fluidez del verbo, el control de la gestualidad, el placer estético de su propuesta, el respeto por la instrumentación y la concepción musical de la época. Comedia Aquilana es un hermoso bodegón renacentista.



Versión y Dirección
 Ana Zamora  

Interpretación
Silvia Acosta
María Besant
Javier Carramiñana
Juan Meseguer
Belén Nieto
Alejandro Saá
María Alejandra Saturno
Isabel Zamora

Dirección musical
Alicia Lázaro