Recién salida del útero paterno (si se me permite el oxímoron), esta historia “no oficial”, nace desde las entrañas del emeritense festival, desde los recuerdos objetivos-subjetivos (si se me permite la contradicción) del autor a lo largo de varias décadas. La trayectoria en el mundo de la dramaturgia de José Manuel Villafaina es harto conocida. Su experiencia y conocimientos, largamente respetadas en el mundo de las bambalinas. Crítico equidistante y asertivo, enfant terrible de la reseña teatral (y teatrera), impulsor de campañas culturales, director, autor y (sobre todo) enamorado del teatro “hasta las trancas”. Más de 60 años de actividad y aportaciones (más cercanas al mundo de Talía que al de Melpómene), por su vitalidad y fertilidad de espíritu. El reconocimiento le llegó con premios como el de “Extremeño del año” (Cadena SER), Premio latinoamericano Ollantay, Medalla de Honor del X Festival Internacional de Teatro de Almagro…
En estas memorias no oficiales, José Manuel Villafaina disecciona (como un cirujano de hierro) el ánima de uno de los eventos culturales punteros de la Región. Y lo hace sin temblarle el pulso, con certeras incisiones, con trazos magistrales que solo pueden nacer desde el diestro conocimiento de un teatrófago (si se me permite el neologismo), para mostrarnos una verdadera enciclopedia, que abarca la crónica interna a la que no tienen acceso los espectadores. En estas páginas, de amplia paleta cromática, cobran vida todos los que son y todos los que están. Actores, directores, músicos, gestores, próceres y patricios de la cultura. Todos tienen su momento y su lugar, nacidos de una pluma mordaz a veces, satírica en otras, pero plena de un conocimiento enciclopédico y una memoria elefantiásica.
Dividida en dos claras secciones. La primera es un iniciático viaje a los orígenes, dejando para la segunda las reseñas del autor, que suponen un paseo por algunas de las obras que inflamaron de cultura las milenarias piedras. El autor se presenta como un “testigo incómodo” que decide no ser un convidado de piedra frente al clientelismo cultural, la servidumbre del mecenazgo, el reparto de cuotas. Una actitud que se agradece, en estos tiempos donde la cultura practica la genuflexión frente al pensamiento hegemónico, donde la creación se acerca la ubre de lo coyuntural y del relato imperante para sobrevivir. Enriquecen el texto las críticas de Diana Carmen Cortés Lobatón, que completan esta panoplia escénica de varias décadas de la cultura extremeña.
Nos hallamos ante una propuesta imprescindible, no solo para el estudioso de la dramaturgia, también para el espectador ocasional o el profesional del sector, que encontrarán una bien hilada narrativa que los acercará a hechos desconocidos y apasionantes.
Es la narración de un testigo directo, defensor a ultranza del teatro como agitación, como génesis social, como vivencia cultural. Por el camino van quedando los flecos y el saldillo que pululan alrededor de toda actividad cultural con proyección en la que se muevan amplios presupuestos. La utopía habita en las arterias de José Manuel Villafaina (una sana y moderada utopía) y la experiencia frente a la dramaturgia invisible de los despachos, del teatro entre bastidores políticos. Una lucha que no cesa (como el rayo de Miguel Hernández) y de la cual, el autor, es señero representante e incansable pugilista (en modo cultural). Una lectura recomendable frente a la fatuidad y el mesianismo de quienes aman colonizar el hecho cultural y amancebarse con la vanidad. Crónica sentimental (y acerada) de un profundo y enciclopédico conocedor del entorno dramático.

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