martes, 18 de agosto de 2026

Ensemble TIMF. 12 Festival Internacional de Música de Marvâo

 




El Festival de Marvâo se consolida como una de las propuestas más interesantes transfronterizas. Lo hace por su enclave privilegiado y sus originales propuestas que aprovechan el espacio histórico del entorno. De este modo es posible disfrutar de los conciertos en el incomparable marco del patio del Castelo, en la ciudad romana de Ammaia, en las iglesias de la localidad o, incluso, los originales conciertos en la cisterna a la luz de las velas. El concierto del Ensemble TIMF estuvo lleno de agradables sorpresas, dentro de su línea para tender puentes entre la tradición clásica y las vanguardias asiáticas y globales. Los coreanos del sur se emplean en las obras con amplio eclecticismo interpretativo y ese sorprendente talento que nace de un país pequeño. Los miembros del Ensemble se mueven con soltura en cualquier estilo, pero se crecen en el repertorio contemporáneo del cual trajeron una buena muestra al patio de Castelo de Marvâo. 

Unsunk Chin 

Quizás la obra más sorprendente del programa sea la partitura de la compositora coreana Unsuk Chin: Puzzles and Games from Alice in Wonderland. Una serie de piezas, extraídas de la ópera homónima (2010), donde se adaptan los pasajes más absurdos, lúdicos y plenos de juegos lingüísticos. La orquesta extrae un timbre sofisticado, pleno de cromatismo y brillante, saliendo con soltura de las caóticas estructuras rítmicas y las onomatopeyas musicales, donde se imitan acertijos verbales o elucubraciones. Hay referencias al Samuel Barber de Knoxville, summer of 1915,  en el inicio de la obra y retazos del Previn de A Streetcar Named Desire o del mismo Copland. Sin olvidar que se trata de retazos descosidos de la obra matricial y no alcanza la brillantez de aquella con el corpus completo. Sorprendente el juego instrumental, especialmente la sección de percusión, donde la compositora juega con todo tipo de texturas sonoras, referencias, manteniendo a los instrumentistas en constante juego. Hay un extenso uso de glockenspiel, vibráfono, crótalos, campanas tubulares, etc, extrayendo una mágica atmósfera, ciertamente perturbadora e iridiscente.




Twinkle, twinkle, little star cambia el enfoque infantil tradicional, deconstuyendo y rompiendo la lógica del lenguaje tradicional en los versos sin sentido (non sense). La soprano Sumi Hwang extrae el histrionismo que solicita la compositora sin excesos en esta extravagante cadenza accompagnato, jugando con esa pirotecnia vocal, desafiando los límites de la afinación. Todas las obras solicitan una enorme gama expresiva de la cantante, que se mueve en la ambidiestra estructura orquestal de Unsuk Chin. Una tarea nada sencilla que requiere gran reactividad para recrear estos “dramas musicales de bolsillo”. Desde el impresionismo  a la añoranza nocturna, desde la sensación de vértigo al pintoresquismo del sprechstimme que nos remite en algunos instantes al Pierrot Lunar de Arnold Schoenberg. En fracciones de segundo se desarrolla Cat’s Aria, la canción del gato de Chesire, una de las arias más complicadas, extremas y desquiciantes escritas para soprano. El instrumento de Sumi Hwang posee agilidad extrema (ríete tú del Fa de la Reina de la Noche), se mueve entre maullidos, gemidos y articulaciones crípticas, navega entre las abruptas subidas de la cuerda-madera, cambiando de registro en fracciones de segundo. La orquesta, siempre en equilibrio, no eclipsó a la voz, de sorprendente coloratura, con soltura en el pianissimo y legato y sorprendente apoyo diafragmático en el milimétrico control de las texturas.

Uno de los escollos de la partitura es la dificultad para la cantante para apoyarse en las referencias de los acordes, exigiendo una afinación exacta ante las propuestas disonantes y atonales del Ensemble. Las dinámicas orquestales son complejas y la precisión en la sincronía del instrumento de la soprano con el director es fundamental. Sorprendente la agilidad vocal y la intensidad dramática de la cantante para una obra siempre en el filo, siempre en el abismo, que requiere de un oído absoluto.



 Acometió la orquesta una obra fiel al estilo neoclásico francés, plena de ingenio, de textura refinada y preñada de humorada musical. El Dixtuor, de Jean Français, es una obra maestra y acercarse a ella requiere simetría, equilibrio y clara división entre los bloques tímbricos. Certero el diálogo entre los bloques tímbricos, lúdico el diálogo y su acertado el juego protagonista del contrabajo y la voz melódica independiente del chelo (que estuvo ensayando toda la siesta en la habitación de al lado del hotel). El Ensemble extrae un sonido refinado, solventando los exigentes staccato de los vientos, los rápidos pizzicato en la cuerda y esos giros armónicos inesperados que causan una agradable sorpresa y sensación de constante de viaje iniciático hasta el rondó final, donde el brío de cada instrumento tiene su momento de gloria como solista. Las disonancias son suaves (séptimas y novenas añadidas) y la lectura que hace la orquesta es placentera, con dominio del spiccato y el sautillé y sincronización perfecta en los ataques de los vientos. Uno de los roles más complicados es el del contrabajista que debe simular la ligereza del violonchelo con el fin de evitar un sonido pastoso que desluzca la sección grave. Hay que mencionar la tarea del oboe, ya que los saltos en dinámicas suaves precisan de un control muy flexible de la embocadura, con notas que podrían sonar estridentes o fallar en las graves.



Consigue el Ensemble aproximarse a una sensibilidad totalmente disímil de sus parámetros culturales como es el tintinnabuli del estonio Arvo Pärt en su obra Frates (1977). La dirección de Soo-Yeolul Choi; con coreografía casi de Tai Chi en algunos instantes; consigue que fluya esta obra cumbre del misticismo con la profunda tensión del arco estático, alcanzando el clímax en la sexta sección. Hay una búsqueda del sonido puro, huyendo del cromatismo que los coreanos desgranan con técnica impecable en todas las secciones, guiando la partitura hacia ese refugio laico que ofrece consuelo. Frates es una obra de música absoluta, atemporal en la estructura rítmica, irregular en la lectura de las frases y con ausencia de acentos. La ejecución de TIMF no es para nada árida, introduciendo al oyente en una obra donde nada es casualidad, como  ese bordón acompañando la obra entera, una quinta justa abierta sostenida que representa la eternidad inmóvil, inalterada…

Sumi Hwgan

Entre 2009-2011, la compositora Unsuk Chin compone y revisa su obra Gougalōn (Scenes from a Street Theater. Inspirada en los barrios empobrecidos que coexisten con rascacielos en Hong-Kong y Guangzhou, al modo de magdalena de Proust, evocó recuerdos de su infancia. Evocando escenas de venta ambulante y de las troupes de artistas callejeros que viajaban de pueblo en pueblo. Consigue ampliamente la orquesta el color instrumental caleidoscópico y las texturas heterogéneas que solicita la partitura. Una escritura que incorpora instrumentos poco comunes como 8 botellas, cajas de arena, campanas de templo japonesas o latas, manteniendo a los percusionistas en un tour de force permanente, pleno de timbres y colores. Estamos ante una de las mejores obras de la compositora y en la interpretación se adivina la interacción cultural. La apariencia caótica disfraza una composición metódica que desarrolla un argumento con personajes, escenas de una música folklórica imaginaria, ya que es pura abstracción y no toma como referentes melodías tradicionales. En ese sentido, la compositora sigue la tradición de su maestro; György Ligeti; inventando una tradición inexistente. La interpretación es predominantemente plástica, ya que la música simula marionetas, bailes grotescos o aceleraciones cómicas. Especialmente reseñable es la Danza de las tazas, donde se evoca el movimiento de juguetes de cuerda en una hiperbólica coreografía con acertados staccatissimos en las cuerdas. Es en el cuarto movimiento donde la influencia de Ligeti de percibe de manera directa. Densas nubes de sonido donde los instrumentos tocas notas extremadamente cercanas entre sí, donde desaparece la melodía para abrir paso a una masa sonora que se expande y contrae, en lento flujo y reflujo.

El Festival de Marvâo no solo posee un enclave privilegiado, además las propuestas musicales del programa son sobresalientes, eclécticas y recomendables.  

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