Farra
es un celebración de lo vital, una propuesta dionisiaca y lúcida para entregarse
al goce y al alboroce, vía los textos de algunos de los mayores creadores y
creadoras de la hispana literatura. El grupo de cómicos que irrumpe en escena,
llega dispuesto a la apoteosis y el disfrute (y a compartirlo con el
respetable). Con la escusa argumental de la espera de un rey, que nunca
llegará, los comediantes nos conducen a un viaje iniciático por los mejores
textos, en continuo regocijo. En continuo juego de lo conceptual con los
registros del cosmos dramático. Entrelazando fragmentos de María de Zayas, Sor
Juana Inés de la Cruz, Lope de Vega, Agustín de Rojas con las más diversas destrezas y técnicas teatrales. Asombra la capacidad de los actores para
moverse, con fluidez señera, de una técnica a otra. Para dejar fluir las
diversas propuestas dramáticas y habilidades. De este modo desfilan por las tablas
las más diversas variantes del entorno teatral. Desde el clásico clown,
habitado de cierta ternura, hasta el acróbata. Desde el actor con capacidades
canoras, al intérprete físico que maneja con soltura técnicas esgrimísticas o de
intensa flexibilidad.
La hilazón entre los
diversos cuadros es fluida, certera, con un tempo narrativo ajustado y que no
permite ningún instante para el despiste en el espectador. Farra juega con
honestidad en el abordaje de los diversos corpus narrativos que mistura. Es
amplio el abanico de reivindicaciones que se camuflan tras el disfraz de los
malabares, de los chascarrillos y de las talentosas canciones. Y se agradece
que la propuesta llegue carente de cualquier dogmatismo. Ausente de
adscripciones a ideologías o modas coyunturales, un defecto bastante frecuente
en la mayoría de las fórmulas dramáticas actuales. No desciende el ritmo
narrativo en ningún instante, el disfraz del frenesí, la vitalidad del humor,
la “aparente” improvisación” que camufla un trabajo profesional arduo y
concienzudo, las referencias plásticas a los autores de los textos…No faltan
los personajes habituales en el género: el galán, el bufón, la dama galante, el
amor desventurado..
La composición musical
es sobresaliente (Raquel Molano) y se desarrolla dentro de un movimiento
escénico (Mar Navarro) que aprovecha cada rincón del escenario con soltura y
sentido del slapstick. Farra mistura lo lúdico con la cultura,
entendida como regocijo personal y enriquecimiento, en una suerte de sortilegio
musical que combina el recitativo, la danza, el mimo, acrobacias, parranda y
frenesí a partes iguales. Un acierto. La especialización de cada intérprete en
las diversas variedades del arco dramático, proporcionando a cada uno su “minuto
de gloria”; incluso incluyendo en breve reposo del vital entusiasmo, donde se nos habla sobre la
tristeza.
La magia de la palabra
y la música se muestran en forma de catarsis, incluyendo al público en el final
para participar, incluso en forma de versos improvisados. La música es ecléctica: El Cancionero de
Palacio, ensaladas musicales, Juan de la Enzina, obras originales, cante jondo,
folky, homenajes a las chirigotas gaditanas. Aderezado con aires circenses,
algo de mimo y cabaret, jugando con el “personaje ausente”. Un rey Felipe que
nunca llega a su destino…
La Cuarta Pared no es que desaparezca, es que no existe, literalmente. Las interacciones con el público forman parte del juego personal, convocado por los actores, que te hace sentir partícipe y ¿por qué no? , integrante activo del elenco que juega con la temporalidad. El montaje de una obra de esta envergadura es labor de muchos, de profesionales con solvencia y muchas tablas a las espaldas. Invitación para degustar la belleza del instante.
No una belleza teñida de hedonismo o entrega
a la epidermis del disfrute, sino como expansión de colectiva alegría, de catarsis
compartida que valora la intensidad y la gracia del instante. Una
desmitificación que no sería posible sin el esfuerzo, la alta preparación y
exigencia de los actores participantes. Jesús Irima, capaz de decir el verso,
realizando acrobacias en una barra sin jadear. Raquel Molano,
multiinstrumentista con un soberbio fiato
y una asombrosa versatilidad canora. Capaz de gastar una humorada con los
registros del cante jondo o de empastar a la perfección en los soberbios instantes
a capella colectivos. Hay que
quitarse el sombrero ante la “facilidad” de esta compañía para transicionar desde
un momento humorístico o de amplia fisicidad a conseguir un empaste vocal profesional
que envidiaría cualquier coro.
Alfonso Rodríguez
revela una vis cómica, comicidad gestual y dominio del personaje bufonesco.
La escenografía juega
con los colores, con las texturas, con un attrezzo
divertido, con elementos circenses y musicales, con lo festivo, lo mundano y lo
lúdico, arropados de un vestuario exuberante, de cuidado cromatismo y acertados
tejidos.
Amor por el verso y la
palabra, por el teatro como taumaturgia, por el sortilegio, por la catarsis y
la liberación de la alegría. Por la celebración como actitud frente al oscuror
y la negritud que nos rodea, habitados de gorgueras del áureo Siglo y eléctrica
guitarra contemporánea. Un entremés de entremeses…
“La vida es un espejo
donde podemos mirar” Ese es el poder de
la palabra.
FICHA ARTÍSTICA
FARRA
Dramaturgia: María Díaz y Lucas Escobedo
Textos de Lope de Vega, Agustín de Rojas, María de Zayas, María Díaz,
Calderón…
Dirección: Lucas Escobedo
Intérpretes: Alfonso Rodríguez, Irene Coloma, Jesús
Irimia "Xuspi", Lucas Escobedo, Paula Lloret y Raquel Molano.
Dirección y composición musical: Raquel Molano
Escenografía: Xavier Erra
Diseño de vestuario: Ana Llena y Soledad Seseña
Producción: Compañía Nacional de Teatro Clásico y Compañía Lucas Escobedo
En colaboración con el Institut Valencià de Cultura,
Dirección Adjunta de Artes Escénicas, y Escalante, Teatres de la Diputació de
València y Teatro del Bosque-Ayuntamiento de Móstoles.

