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viernes, 17 de abril de 2015

El Quinto Jinete (III) Episodio 4. La Bruja de Gustavo Adolfo Bécquer

                                            


El sevillano Gustavo Adolfo Bécquer es el epítome de la literatura romántica (o postromantica), de tono íntimo, con ramalazo ligeramente cursi en lo poético, y preñada de influencias fantásticas, leyendas locales y tradiciones en lo narrativo. Desde las faldas del Moncayo, recuperándose de su enfermedad, escribió “Cartas Desde mi Celda”, que han servido de adaptación (bastante libre) para este capítulo de El Quinto Jinete. 
Tomando referencias de tres de estas cartas: la historia de la Tía Casca, las brujas del Trasmoz y el castillo del Trasmoz, el guionista construye una historia eficiente y bien resuelta. La llegada de la sobrina del sacerdote a un villorrio miserable, sirve de pretexto para desarrollar una historia con tintes fantásticos. Todo el mundo rehuye a la Tía Casca, una anciana revulsiva, de quien se sospecha que ejerce la brujería. 
El sacerdote, los sábados realiza exorcismos mirando la torre del castillo, que dicen construyó el diablo, para que las brujas no puedan realizar el Sabbat.  La Tía Casca tienta a la joven con un vestido para la fiesta a cambio de un favor: que cambie el agua bendita por otra que ella le dará, para que pierdan poder las oraciones y puedan volver a juntarse con el macho cabrío. Este será el inicio del fin para todos. 

Sostenida sobre la notable interpretación de Társila Criado, una de las grandes damas del teatro, nacida en Cáceres, interprete de La Malquerida,y que legó a actuar en Broadway. Társila se estrenaba televisivamente a una avanzada edad, con una repugnante (y efectiva) caracterización como Tía Casca. Sorprende que se haya elegido este texto, frente a otros de corte fantástico, con mayor densidad, del sevillano. Como Maese Pérez, el organista, El Monte de las Ánimas o El Miserere. Aunque alguna de estas narraciones fueron trasladadas después a la pantalla en la serie de Televisión Española  “Cuentos  y Leyendas”
La narración está llevada con pulso y la historia de la joven atraída por el lado oscuro, roza límites imposibles en épocas anteriores. En especial durante la celebración dionisíaca del Sabbaht, donde las expresiones orgiásticas de las participantes, tienen connotaciones de sensualidad que los antiguos censores habrían disfrutado eliminando. La elección de Enriqueta Carballeira (toda una veterana de Estudio 1) como sobrina del párroco, que de la inocencia pasa a formar parte de la cohorte demoníaca, es acertada. Su rostro refleja la inocencia primeriza y el éxtasis de la transformación. No tan acertada es la alternativa de actores no profesionales, seleccionados entre el agro profundo, rostros de querencia pasoliniana, cuya presencia y movimientos escénico no acaban de cuajar. 

Certera la ambientación del miserable predio donde habitan, y del nada prometedor entorno rural, de pizarra y barro. El episodio adolece del mismo defecto que los otros: la chirriante y televisiva utilización de los temas musicales. No se trata de su falta de calidad, en casi todos los capítulos son eficaces, acordes con el contenido y la época. Pero se utiliza un volumen elevado en instantes que no lo precisan, y pecan de machaconería e insistencia. La Bruja resulta un estimulante producto, por el apoyo de secundarios de la pequeña pantalla como Jose Orjas (Mosén Gil) o Luis Marin (Juan). La fusión de las Cartas Quinta, Sexta y Octava del romántico literato, han dado lugar a un guión, que sin llegar a memorable, se deja ver, gracias a la eficiencia de los interpretes. 

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