Jungle Cruise
(Jaume Collet-Serra.2021) es un prodigio a nivel de producción disneyana.
Tomando dos estrellas tan dispares (en interpretación y concepto
cinematográfico) como la elegante Emily Blunt y un especialista en el cine de
acción-mazas como es Dwayne Johnson. El equipo consiguió reproducir la ciudad
de Porto Bello totalmente en el set. Pintores, paisajistas, escultores
consiguieron el mayor set de la productora del ratón Mickey que nunca se
realizara en la isla hawaiana de Kauai, que conllevaba la construcción de dos
cruceros diferentes, totalmente operativos. El rol de Emily remite directamente
a la Rachel Weisz de La Momia (The Mummy. Stephen Sommers. 1999) con
reminiscencias de las aventuras del profesor Indiana.
Frank
(Dwayne Johnson) es un capitán carismático que recorre la selva amazónica con
su embarcación. La científica Lily Houghton solicita su ayuda para encontrar un
árbol místico que quizás tenga poderes curativos, utilizado como solvente mcguffing. No podía faltar una
expedición alemana de opereta, que dan mucho juego en el cine maniqueo, y toda
clase de dificultades. No debemos equivocarnos cuando nos acercamos a reseñar
una película de estas características. Estamos ante un producto concebido (muy
sesudamente) para captar a un público infantil-juvenil y los espectadores que los
acompañen. Tiene cierto aire de clásico premeditado de aventuras light con una química reseñable entre
los dispares (en lo interpretativo y en lo físico) protagonistas Bebiendo directamente de las aventuras de
Indiana Jones y las sagas piratas de Johnny Depp, con retazos de la “reina africana”
de Houston, sobre todo en el look del protagonista, sabe jugar la faceta del
villano-para-nada- aburrido.
De
este modo, Jesse Plemons se convierte en una némesis de los protagonistas
absolutamente divertido que se mueve como pez en el agua en este maremágnum de
aventuras estilizadas, comedia física y ritmo trepidante. A una película se le
puede exigir que cumpla lo que promete, y en este género muchas veces se peca
por exceso o por defecto. Jaume Collet-Serra lo consigue en la dirección
regalando una panoplia aventurera, de impecable producción con toques
feministas y reivindicativos, con alguna crítica sutil a la misoginia de la
década de 1930 (las referencias del capitán a los pantalones de Lily).También
se agradece el desenfado conceptual de aquellos filmes que no se toman en serio
a sí mismos (éste es un claro ejemplo), pero a cambio ofrecen un ramillete de
entretenimiento sin pretensiones, itinerario aventurero y artesanía estimulante
en la dirección (lo cual se agradece).
Incluso
en este género dirigido a un público menos “exigente” y con un menor número de
influencias (debido a la edad), es posible rastrear los referentes de los que
bebe, desde Steamboat Willie (Walt Disney. 1928), donde el timonel es
un ratoncito a los tics, espasmos y gesticulaciones del Aguirre de Klaus
Kinski, pasando por el caribeño capitán Jack Sparrow y la selvática búsqueda
del Corazon Verde o ¿por qué no?, la comedia screwball. Tampoco trata de ocultar los arquetipos y lugares
comunes, vistos ya tanta veces, pero lo hace con goce y alboroce, lo cual le
imprime una nueva dimensión de desenfado conceptual. La pretenciosa botánica
londinense, el personaje con toque afeminado que parece incluido con calzador
inclusivo, el truhán aventurero y apuesto, el malvado, perteneciente a algún
totalitarismo rancio. Una mistura en la que los protagonistas se desenvuelven
con soltura y simpatía en este refrito de convenciones del cine aventurero teenager, pero con cierto aroma al
celuloide aventurero de la era clásica. Quienes no hayan visitado el Parque de
Atracciones genésico al que se refiere la película no podrán degustar esa
escena inicial, antes de los créditos, en la que Johnson lleva a un grupo de
turistas en un crucero por la jungla, donde los gags están sacados directamente
de la atracción de Disneyland.
El
aspecto cromático está muy cuidado. Escenas oscuras de gran definición, gracias
al HDR, resplandores de hogueras, linternas, detalles en las sombras,
brillantes reflejos, exuberantes verdes en la jungla o vibrantes rojos. El
argumento se dirige directamente al divertimento, ofreciendo una realidad
paralela. Está claro que no transcurre dentro de nuestro universo, con una
extraña relación entre los protagonistas, para nada apasionada. Aunque logran
transmitir, con una eficacia suficiente, la dinámica de fuerza irresistible\objeto
inamovible, intercambiando energías cuando la historia lo solicita.
No
cabe duda de que el género de aventuras tiene una conexión especial con el
espectador, el equilibrio; cuando se entrelaza con la comedia; es bastante
arduo. Si además el añadimos las posibilidades románticas, dentro de un
concepto “familiar”, encontramos productos como Jungle Cruise, aptos para el
divertimento pasajero, el disfrute momentáneo y el olvido consiguiente.
A
nivel actoral el trabajo es apreciable, sobre todo la todoterreno Blunt, con
esa capacidad de sacar adelante cualquier personaje con estilo y clase. Plemons
es la base de la dicotomía argumental, el villano amenazante, lleno de
berrinches, capaz de robarse planos sin ningún titubeo. El toque british de Jack
Whitehall es envidiable, hasta el punto de que te hace dudar de si es realmente
un personaje. Resulta obvio que el director ha decidido moverse dentro de un
terreno seguro y no trata de inventar la rueda, posiblemente aconsejado por el
Estudio ¿Si la fórmula funciona, para que vamos a cambiarla? Si además está
llena de auto homenajes y el pastiche resulta divertido ¿Qué más se puede
pedir? Y es que en este género no importa tanto lo que te hace sentir como lo
que te hace pensar. La sensación va por delante de la reflexión y la descarga
de adrenalina que nos retorna a la infancia y nos transporta por dos horas a
mundos imaginarios no tiene precio.



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