sábado, 4 de marzo de 2017

La Llegada ¿Recuerdos del Futuro?

                                 

Que Denis Villeneuve lleve algunos añitos creando obras cismáticas, turbadoras, de una sofisticación  dramática y cierta presuntuosidad, aboca a una obra como “La Llegada”, donde nuevamente se funden un envoltorio refinado para dejar un mensaje de supuesta trascendencia. Después de su anterior obra “Sicario”, seca, certera y desasosegadora, el autor cambia las peligrosas calles de Ciudad Juárez y el mundo de los narcos para lanzar un mensaje de ¿esperanza?, basado en el lenguaje como metafísica, el relativismo lingüístico como coartada y la percepción sensorial como tesis. Uno de los mayores logros del film es que la fisicidad anómala de los aliens; casi de una película Serie B; no impida a credibilidad de estos personajes e incluso consiga dotarlos de cierta personalidad, hasta alcanzar un nivel de empatía inesperado con unos pulpos. El concepto del tiempo como algo no lineal, la tolerancia y los escollos que las distintas lenguas, idiomas, dialectos etc crean en la comunicación universal. La empatía es el arma de este idioma ecuménico, que no existía en el malestar de sus obras anteriores como “Sicario”, que presenta una humanidad claramente sin remisión, frente al esperanzador mensaje que nos traen estos heptópodos; con influencias del Cthulhu lovecraftiano; del lenguaje utilizado como epifanía. 


Sostenido el armazón dramático por la potente y certera interpretación de Amy Adams, sobre la cenicienta fotografía de Bradford Young y con una partitura minimalista e inmensa de Jóhann Jóhansson, Sin estridencias, casi en segundo plano, y un Jeremy Renner correcto, sin llegar a la altura de su interpretación en “El Sueño de Ellis”, pero redimido de sus incursiones marvelianas y sus “jasonbournes”. Hay un claro remanente humanista, que no evita la dureza del devenir humano, ni las decisiones difíciles o controvertidas. El tiempo como estructura no lineal, la plasticidad cerebral que permitiría el utilizar ese idioma, resulta un film apasionante para lingüistas y semiólogos. Desde la hipótesis de Sapir-Whorf (antítesis de Chomsky) y su relación entre el lenguaje que una persona habla y su forma de entender la realidad (hoy en día algo desacreditada) al universalismo semántico propugnado por Anna Wierzbika, pasando por Noah Chomsky y su lenguaje innato e idéntico para toda la especie (Gramática Universal). Con un uso metalingüístico del flashback, utilizado como lenguaje atemporal para comunicar al espectador el proceso iniciático de la protagonista en el tiempo como  recuerdo y al mismo tiempo como presente. 

Parábola ¿cruel? Sobre el libre albedrío y la posibilidad de las paradojas temporales, incluso algún apunte de sacrificio personal asumido, aún conociendo el dolor que le aguarda; para que la humanidad pueda seguir adelante. Un eterno retorno para nada altruista o gratuito, ya que los “pulpos” vienen desde tres mil años adelante para que les ayudemos en el pasado, “regalándonos” la visión no lineal del devenir dentro de su lenguaje. Es el tiempo circular, el conocimiento ¿que harías sí…? ¿volverías a vivir si supieras?, lo que incardina la trama dramática. La posibilidad de elegir ¿o no? En la narración genésica "Un día de tu Vida", la muerte de la hija se produce en un accidente. Hay una analogía del principio de Fermat donde se aclara que no se puede cambiar el futuro. Es más que posible que Amy Adams, creyendo utilizar su libre albedrío, esté sometida al determinismo cuántico, a las reglas determinadas donde el azar y la voluntad tan solo son fenómenos aparentes. Los calamares gigantes, primos lejanos de “La Guerra de los Mundos,” no llegan en plan discursivo y huyen del susto gratuito.

La inquietud y la duda son creadas por el director por medios dramáticos más contenidos e hipnóticos. Denis Villeneuve consigue atrapar al espectador en el avance (lingüístico y humano) que la traductora hace de los Ouroboros de tinta que surgen de los aliens, en los arquetipos jungianos que la van llevando a la comprensión de una nueva realidad que trasciende razas, ideologías o fronteras. A celebrar ese juego cinéfilo que bautiza a los extraños como Abott y Costello, y que no hace más que ratificar que cuando te incluyen en el lenguaje adquieres entidad ¿Repetiríamos los errores de nuestra vida? ¿Volveríamos a pasar por el mismo dolor si conociéramos el futuro? ¿Bastarían esas versiónes circular del Test de Rorschach para crear un panlenguaje, un idioma metauniversal de códigos, conceptos y sensaciones, de logogramas que simbolizan todo lo que conocemos? Ciertamente la sombra de Ludwig Wittgenstein y su lenguaje figurativo, planea sobre el guión: “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”. La Visita nos habla sobre la importancia del Verbo, metáfora sobre el fracaso de la torre de Babel y la necesidad de tender puentes, con la excusa de unas naves líticas que se posan sobre la Tierra. Sin perder de vista los fundamentos neoplatónicos del lingüista Ferninand de Saussure, sus sincronías y diacronías; modelo después vapuleado por Jacques Lacan; para mostrarnos una teoría acerca de cómo la lengua podría ser simultanea en lugar de discursiva. ¿Quizás el palíndromo como tesis? 

En este caso como tesis visual de la mano de Villeneuve. "La historia de tu vida" (Bibliópolis, 2014), de Ted Chiang es una narración corta de ciencia ficción escrita por Ted Chiang y publicada en noviembre de 1998. En el año 1999, la obra ganó tanto el premio Nébula a la mejor novela corta como el premio Theodore Sturgeon Memorial. Editada dentro de un libro de originales relatos con este título, absolutamente recomendables, con ficciones como "La Torre de Babilonia", donde el modelo egocéntrico de la Torre Bíblica se convierte en realidad y un operario debe atravesar la bóveda del cielo para llegar a Yahvé. "Setenta y dos letras" es una fascinante historia sobre la Cábala, el Golem y la sustitución de los seres humanos, narrada en impecable estilo Steampunk (deudor del mejor Tim Powers. En el cuento "¿Te gusta lo que ves?", la caliagnosis es una manipulación neuronal que provoca que no se distinga entre lo bello y lo feo. Una teoría sobre que sucedería si se elimina la belleza en el trato entre las personas. Estos asombrosos relatos, impregnan el espíritu del lector con un nivel literario no demasiado común al género de la ciencia ficción. Recomendable para todo seguidor de esta variedad literaria, ya que funcionan con precisión de reloj. Estamos ante la obra de un artesano humanista, con un cierto cinismo en su prosa reposada. Ante un maestro de la narración corta, desafortunadamente de escasa obra. "La historia de tu Vida", origen literario de “La Llegada", en un cuento colosal de gran calidad literaria, narrado desde las perspectivas temporales de todos los implicados.
Para la BSO se ha contado con la colaboración de excelentes agrupaciones como Theatre Of Voices con el mítico Paul Hillier, que se dedica fundamentalmente a la música antigua, así como con la chelista Hildur Guonadóttir o Robert Aiki Autrey Lowe. conocido musicalmente como "Lichens". Jóhansson se ha convertido en el compositor fetiche de Villeneuve, después de su colaboración en "Prisioneros" y "Sicario", Juntos están preparando la anhelada secuela de Blade Runner. 
Nos encontramos ante una de las bandas sonoras del año. La partitura atmosférica Y vanguardista del islandés combina a la perfección el aspecto dramático y humano con la Scifi. Se utilizan voces de solistas que interpretan vocales sin significado para crear la sensación de un lenguaje balbuceaste que va naciendo. La película se abre y se cierra con una composición ajena (como ya hiciera en “La Teoría del Todo”. se trata de "On the Nature of Daylight” de Max Richter, ( Morgan, Vals con Bashir, The Leftovers, etc), una obra melancólica que ya fue incluida en films como Shutter Island o "El Rostro de un Ángel", situación que alejará la partitura de los ansiados Oscars. 



viernes, 24 de febrero de 2017

La Bruja. El miedo habita en nosotros.

                    

La Bruja (The Witch) 2016, es un paseo visual (y conceptual) por el gótico americano. Desde el puritanismo reflejado en la obra de Nataniel Hawthorne, su universo crepuscular y el concepto de la culpa (La Letra Escarlata), hasta la alegoría de represión macarthista de los años 1950 que representó “El Crisol” de Arthur Miller (Las Brujas de Salem) o la bergmaniana “Gritos y Susurros”. Aunque en “El Crisol”, la vertiente sociológica cobraba más importancia que en “La Bruja”, donde el microuniverso familiar es reflejo de una sociedad enferma de fanatismo y superstición, El interés crematístico llevó a presentar el tráiler de este film como si de una cinta de terror al uso se tratara. Nada más lejos de la realidad. Los palomiteros compulsivos, amantes de sierras mecánicas, cuerpos eviscerados y demás parafernalia, fueron los más decepcionados. 

Lo verdaderamente perturbador de este film, procede del  interior de los seres humanos. De esa naturaleza cruel y desoladora, de la excelente fotografía desaturada de Jarin Blaschke; desnuda y fría; con influencias de la pintura holandesa, donde yermos ocres desasosegadores y la luz de las velas, condicionan la vida. Incluso el claroscuro de Caravaggio (véase "Los Discípulos de Emaús") aparece en la escena de la cena familiar, orando antes de cenar. Sin obviar las influencias fotográficas del  Barry Lindon de Stanley Kubrick. A lo largo de la cinta es fácil rastrear constantes que nos remiten al aislamiento protector de la comunidad cerrada de “El Bosque” (2004), al proceso de hundimiento en los abismos de la locura de “El Resplandor” (1977), o "El Demonio" (1963), dónde ya se mezclaba el drama costumbrista, el fantástico rural, el poder de la superstición y la demonización de la mujer, como expiación de problemas colectivos de otro nivel. Con el miedo provocado por la superstición como motor de su mundo, la familia; aislada; comienza un proceso de degradación y desestructuración moral. 

El drama culmina con un proceso de insanía fanática, provocado por el desconocimiento y el desasosegador mensaje del credo calvinista. Deudora de los conceptos de Jacques Tourneur sobre “insinuar y no mostrar”, el guión de este repaso a la mitología de la América colonial, opta por la economía en recursos narrativo. El tempo a fuego lento, incluso con diálogos teológicos (basados en coloquios puritanos reales), que nos van introduciendo en el mundo sellado y hermético de esta familia. De no ser por las tomas de exteriores y el pictoricismo flamenco, estaríamos ante una malévola pieza de cámara apta para representarse sobre un escenario. El verdadero terror de este drama bergmaniano se encuentra en los conceptos fanáticos, la hechicería y los miedos que la ignorancia sembraba en las mentes de esa época. Una superstición que hace desfilar por este hogar asfixiante, todos los pecados capitales, que se acrecientan con la sexualidad naciente de Thomasin, convertida en doncella menstrual (clara asociación  con lo demoníaco). En el extremo de tener que clasificar esta obra inclasificable, podría encajar dentro de un terror minimalista de cintas como “Babadook”, o ese subgénero de "terror folk" británico, que se alimenta directamente de los ritos paganos europeas, de las tradiciones y de la mitología de la era precristiana. 


La temática habitualmente se desarrolla en naturalezas rurales, campestres, muy alejadas de las grandes urbes y de todo lo lo que tenga relación alguna con  progreso y tecnología. (El Hombre de Mimbre, Arde, bruja, arde). El mismo director aclara que se trata de «Una historia del folclore de Nueva Inglaterra». El diseño de producción apuesta por el costumbrismo y lo cotidiano como herramienta para introducir al espectador en la endogamia mística, la mentira, el despertar sexual y las decepciones que van cultivando los protagonistas hasta que explotan. Hay retazos de “Otra Vuelta de Tuerca” en los juegos maliciosos e impropios de los niños con el carnero al que apodan Phillip the Black y en sus terribles cancioncillas. Un “Phillip the Black” que remite sin duda a aquella rareza hablada en esperanto (Incubus. 1965) con clímax final donde aparece un carnero similar
 
«A crown grows out his head / Black Phillip, Black Phillip /to nanny queen is wed /Jump to the fence post, / Running in the stall. / Black Phillip, Black Phillip / King of all. (...)  
La iconografía de la cabra está extraída directamente de la pintura (con permiso del Goya de la época negra), ya que es una animal perteneciente a la mitología ibérica. Los animales relacionados con el “Maligno” en el folklore anglosajón son gatos, aves, perros, etc. No hay cabras en la tradición de Nueva Inglaterra, salvo excepciones como el cuadro de Hans Baldung:  “The Witches Sabbath”, dónde la bruja cabalga sobre un macho cabrío. La América colonial no era dada a estos rumiantes de amplia raigambre en el misticismo europeo.

 La versión original hace uso del inglés arcaizante, que introduce aún mucho más en la dureza, hábitos y modos de pensamiento de la época. También permite disfrutar la voz del patriarca (Ralph Ineson (en una naturalista y gran interpretación, que se dispersa un poco hacia el histrionismo al final de  la cinta. En los títulos de crédito se aclara que muchos diálogos han sido entresacados de cuentos, relatos y archivos judiciales de brujería reales del siglo XVII. El hachazo definitivo a la familia llega con la pérdida de la pureza del niño en brazos de una bruja, (Sarah Stephens, modelo de Victoria's Secret), de hermosura terrible. El árido paisaje respira como un personaje más, latente. Acechando como un dantesco “locus horridus”. 

El bosque aparece como un personaje más en la amplia tradición oral. Un lugar de olvido en las narraciones arcanas como Pulgarcito, la versión de Perrault, y Hansel y Gretel. En ambas obras se repite el motivo del abandono de niños en la espesura. Un lugar horrible y peligroso donde habita lo desconocido. Casi palpitante. Con referencias al primer Peter Weir y la naturaleza como una presencia acecharte de “Picnic en Hanging Rock”. Destacar la interpretacion de la bisoña Anya Taylor-Joy, (Thomasin), que envuelta en fotografía tenebrista, con querencia del pintor Vermeer, compone un personaje complejo y de clara evolución narrativa. También el portentoso papel de Harvey Scrimshaw (Caleb), sin olvidar a los pequeños e inquietantes Mercy y Jonas. La bruja de referencia, existe. Es real, no una creencia supersticiosa en el imaginario de la superstición. Pero es más un catalizador del verdadero terror del ser humano. El que anida en el egoísmo, la intolerancia y la ignorancia. Este si que causa terror. De ese lado, oscuro y perturbador, hay mucho en esta película. Y nos produce mucha más inquietud que las brujas del Pandemonium, poco recatadas y retozando “a póil” con sus hongos alucinógenos y su retorno a la naturaleza. Atávicas, libres de corsés culturales y ropa. ¿O es acaso Thomasin la que ha ingerido cornezuelo de centeno para escapar a la realidad, y sus conversaciones con el astado son imaginarias? Quien sabe….
 
Banda Sonora
El soundtrack de Mark Korven (Cube, La Dimensión Desconocida) echa mano de graznidos, grillos, etc. No existe un leitmotiv asociado a la bruja, con corales para los aquelarres y partitura experimental polifónicamente. No es una obra musical complaciente. Es áspera e incómoda como la película donde habita, con temas de aire feérico como “What Went We” O Caleb´s Seduction de carácter atmosférico y claramente descriptivo a nivel psicológico, donde la polifonía experimental (con sintetizador) alcanza cotas casi irritantes. “Foster the Children”, es un llanto de notas largas. Pueden rastrearse influencias de húngaro György Ligeti y de sus obras "Lux Aeterna" & "Requiem."
Lo mejor: El pictoricismo de Ontario, homenajeador y pleno de referencias. Las potentes interpretaciones. Su simbolismo de los terrores del subconsciente.
Lo peor: Que se acuda a verla como una película de terror, debido a la estrategia engañosa de la distribuidora.
Curiosidades. En aquella época los cultivos se veían afectados por unos hongos que acusaban efectos alucinógenos en los consumidores. El cornezuelo del centeno acababa mezclado con la harina, provocando convulsiones, visiones, delirios ¿brujería?
El personaje misterioso que habla con Thomasin viste ropa de un soldado español de la época.
Algo tan trivial como probar el sabor de la mantequilla le es ofrecido a Thomasin como posible regalo. En aquella época sólo las clases acomodadas podían probar tales alimentos.
Thomasin escribe en el Libro de las Sombras para eliminarse  del Libro de la Vida.
La grafía del cartel está realizada imitando panfletos de brujería jacobinos de la época donde la W se escribía VVitch.
La minuciosidad en el diseño de producción, llevó al director a reproducir un plano de una cabaña de la época.

 

domingo, 19 de febrero de 2017

Los Últimos de Filipinas. Morir bajo tu Cielo.


Siempre hay que recomendar prudencia a la hora de aproximarse a ese pretendido “género histórico” que; hoy en día; parece instalarse con comodidad en el mercado. Aunque también lo haga entre lectores poco proclives a continuar; tras la lectura del libro; la investigación particular para averiguar que aspectos han sido novelados (in stricto sensu) e investigar que personajes, situaciones y conceptos han sido cambiados o aprovechados por el autor, navegando muy por encima de las realidades históricas y antropológicas. No es preciso que estas obras sigan la estela de monumentos literarios como “El Nombre de la Rosa”; enciclopédica aproximación histórica; plena de detalles fidedignos, conceptos y personajes verosímiles. Habitada de criaturas reales y palpitantes. El principal escollo que encuentra el lector amante de esta variedad literaria, es el sinnúmero de ediciones “pretendidamente” históricas, cuya única relación con el género consiste en situar a los personajes en un determinado escenario cronológico. Pero sin aportar geografías, hechos verídicos y (sobre todo) pensamientos o acciones conformes al ideario de la época. Otro de los peligros, nace de los que reescriben la historia alimentados de ideologías funestas o sectarismos interesados. Autores de los que hay que escapar “a toda priesa. Su aportación; cuando menos; devendrá  opúsculo mostrenco y manipulador. Juan Manuel de Prada aborda el sitio de Baler (Filipinas) con notable conocimiento de lenguajes, costumbres y formas de pensamiento acordes a la época. 

Trata con respeto al lector (lo cual es de agradecer). Se ciñe a hechos históricos, pero sin detrimento de la capacidad de novelar, de crear personajes sólidos, certeros y ¿por qué no? con variaciones que enriquezcan el corpus novelístico, sin afectar en exceso la verosimilitud histórica. Es el caso del personaje, reinterpretado por el autor, del capitán Saturnino Martín Cerezo, presentado como un desnortado, víctima de los acontecimientos personales. Quienes hayan leído el libro “El Sitio de Baler, notas y recuerdos”, escrito por dicho oficial, sabe que nada tiene que ver aquel equilibrado miajadeño, con la creatura nacida del imaginario de Juan Manuel De Prada. No es De Prada un autor accesible para el lector medio. Su fresco histórico sobre la resistencia (absurda y heroica) del último reducto español en Filipinas, es la mostración de un imperio de cartón-piedra. Un imperio donde se ya se estaba poniendo el  sol. El estoque para esta quimera lo daría la historia durante la Guerra del Rif. Al igual que en Filipinas, tan sólo trajo dolor y destrucción absurda de vidas humanas, para devolver territorios que no correspondían a la bandera de España. En aquella contienda estaba latente el germen de la guerra que después partiría en dos la sociedad. Una guerra cuyas consecuencias aún se sufren, cuyas heridas siguen abiertas. Juan Manuel de Prada había revisitado esta contienda en su obra magna “Las Máscaras del Héroe”. Una novela coral (sin duda de las mejores de los últimos tiempos). Homenaje nada velado al esperpento, a la bohemia y ajuste de cuentas (valleinclanesco, por supuesto) con  determinados personajes históricos e ideologías. El escritor hace uso de una cruda narrativa; áspera y escatológica; creada con  diáfana intención de “epater le burgeois". Posteriormente en “El Séptimo Velo” el autor refleja, con su habitual prosa, la Francia ocupada. Sin duda sus cimas estilísticas se hallan en  “La Vida Invisible, una road-movie anímica en busca de una pin-up de los años 50.  Barojiana busca. Sórdida, con gran destreza narrativa y juegos con los paralelismos. Una apuesta metafórica de gran inventiva. En el libro de cuentos “El Silencio del Patinador”, el virtuosismo estilístico de este heterodoxo llega a su cumbre. No sólo en lo externo o la envoltura. La capacidad que posee  la pluma de De Prada para la ironía, para fustigar a los enfermos de mediocridad en este aquelarre lingüístico, roza la matrícula de honor. Por “Desgarrados y Excéntricos, desfila toda una “Santa Compaña” de gárgolas literarias, de deformidades volitivas, parodias de humanidad con nombres de “literatos bohemios que soñaban con ser literatos” (entre ellos el propio protagonista de “Las Máscaras del Héroe), junto a la fracasada comparsa de literatos malditos como Buscarini o Silverio Lanza. En Su obra primeriza “Coños, una burla metódica de los géneros, con un nada oculto “título-homenaje” a Gómez de la Serna, ya aparecía su gobierno insuperable de la retórica. El goce de coquetear con la fina ironía. Ese barroquismo “sucio” donde lo sicalíptico, lo grotesco y lo grosero se subliman a través del lenguaje ¡Y que lenguaje!


“Morir Bajo tu Cielo” narra una historia absorbente con un envoltorio estilístico que no gustará a determinados lectores. De Prada se halla en ese dudoso podio donde también se sitúan autores como Muñoz Molina o Javier Marías, de digestión harto difícil para algunos lectores más habituados al “fast food. O para aquellos adoctrinados y de lectura sectaria, que no consiguen ver el bosque a causa de los árboles. La obra está documentada con seriedad, incluso con el uso de la variedad lingüística de la zona; algo que agradece el lector con pedigrí de novela histórica. Hay un respeto cronológico en lo épico y en lo cotidiano y las tramas paralelas se funden sin que chirríe la lógica narrativa. No renuncia  el autor a la dialéctica de matices filosóficos o morales, pero sin abandonar nunca su domino de la ironía y el sarcasmo. Los personajes tienen fisicidad. Son palpitantes y reales, a pesar del anacronismo que se desprende de algunas conductas, perfectamente admisibles en el terreno de la ficción. Son pocas las situaciones que ha reformado o adaptado con respeto a los  hechos históricos, únicamente las que se derivan de las acciones o pensamientos de los personajes imaginados. La novela es un catálogo exhaustivo de aquel momento histórico, de personajes y situaciones que se introducen bajo la piel por su humanidad y excepcionalidad. Sórdidos lupanares, la terrible sociedad secreta Katipunan, villanos patológicos y rocambolescos, los cazadores de cabezas ilongotes, monjas anacrónicas; adelantadas a su tiempo; desertores, espíritu folletinesco y toda una panoplia de seres humanos plenos de virtudes y bajezas. Con algunos instantes deudores del más puro wenstern, frente a diálogos donde la crítica social o la denuncia de unos gobiernos ineptos y nefastos, causantes de las desgracias de sus ciudadanos, aparecen con dolor y tristeza. Aquella España de la Restauración, espejo de otras posteriores, donde campaba la corrupción, el fariseísmo y la codicia, recibe un repaso contundente y necesario. Quien desee avanzar en el conocimiento real de esta “hazaña” histórica tan solo debe acercarse al libro escrito por el protagonista real de los  hechos, donde en idioma arcaizante; como corresponde; podrá seguir el devenir real de aquellos acontecimientos que llevaron el sufrimiento innecesario a tantos hombres, en la pluma del capitán, oriundo de Miajadas.

Otro libro escrito por Ricardo Fernández de la Reguera y Susana March,, correspondiente a los Episodios Nacionales Contemporáneos, tomo nº 2, titulado “Héroes de Filipinas”, se encuentra lejano al acontecer político e histórico, que ya había sido tratado en el tomo correspondiente a Cuba. La visión de este matrimonio de escritores está centrada en incidentes novelescos, de exaltación épica de la lucha colonial en aquel archipiélago. Prevalece la vitalidad narrativa, más que la insistencia en corruptelas políticas o denuncias sociales. El periodista Manu Leguineche; profeta de la narrativa periodístico/histórica; escribió “Yo te diré”, homenajeando el título de la canción que se utilizaba en la película “Los últimos de Filipinas”. Con su habitual y entretenida prosa, a caballo entre el reportaje y el guión cinematográfico, nos cuenta los últimos días del Imperio de Ultramar, con aparición del escritor extremeño Felipe Trigo. Lorenzo Mediano es el autor de “Los Olvidados de Filipinas”, una novela donde predomina la acción, basada en su abuelo y en hechos reales, no exenta de presentar personajes abyectos en todos los bandos. La novela es un paseo bastante completo por Filipinas, sus pueblos, su cultura y las consecuencias de una guerra no convencional. La profunda religiosidad de la época y los testimonios que aseguran todo lo contrario. En cuanto a las versiones cinematográficas nos encontramos con dos claros ejemplos de manipulación ideológica. “Los últimos de Filipinas”, de Antonio Roman (1945) es un claro ejemplo de cómo la producción española se dividió en dos claros frentes: el folklórico y el de exaltación bélico/nacional, para reflejar las virtudes y mitos del ideario nacional. Ejemplo señero de utilización ideológica y panfleto del Régimen, con los valores de la falsa epopeya. Teñida de un rancio concepto de militarismo y sentimiento patriotero, para mostrar al mundo una nueva epopeya numantina. En el caso de “1989. Los Últimos de Filipinas, de Salvador Cano (2017) nos hallamos ante el frente contrario. 
Una notable producción cinematográfica, donde la manipulación (o el desconocimiento) intentan imbuir en unos personajes de aquella época, pensamientos, actitudes y motivaciones imposibles históricamente, en aras de una nada sutil ideologización con diálogos dudosos y anacrónicos. Analizar el impacto en el público de una novela de estas características precisa de un conocimiento previo del terreno. Siendo el cainismo una de las características mas arraigadas en nuestro terruño, donde a locutores, escritores o artistas se les juzga por pertenencia (o no) a la cuerda de cada uno. No es difícil escuchar anatemas, sapos y culebras contra determinados profesionales en función de que no pertenezcan a la ideología (o al sectarismo) de quien se expresa. Estos parámetros para juzgar asuntos culturales, no tienen cabida en un país maduro, que debe juzgar el trabajo de un profesional por su calidad o aportación. Independientemente de la cuerda. Hoy por hoy esto es un sueño en nuestra sociedad.
Por esto, De Prada levanta tempestades, como el título de su novela ganadora del Planeta. Adivino que le traen al pairo el rasgado de vestiduras entre sectores radicales y ágrafos.
En “Morir Bajo tu Cielo” están las constantes y estilemas del autor: la querencia por el adjetivo, los neologismos, la redención del sustantivo arcaizante, las persistentes referencias culturales y juegos de palabras, que dificultan el acceso para el prototipo de lector “reader´s digest”, de digestión rápida. Los personajes están vivos, palpitantes, preñados de ese “dolor de España” noventaiochista. Con algún desliz maniqueísta en los villanos y una acción trepidante. Incluso en los instantes de reflexión sesudo/filosófica, el lector avezado disfrutará de la profundidad de los diálogos y el  hábil manejo de un lenguaje barroco. Un idioma virtuoso, de los que se echan de menos en las estanterías y anaqueles. Novela histórica con mayúsculas, habitada de héroes fordianos, con pies de barro. Henchida de espíritus indomables, con aroma de folletín decimonónico. De Prada se ríe, con su pluma espeleológica, de los peces de colores. Se burla de la literatura que tras una pretendida “modernidad” esconde la ignorancia de oración/sujeto/predicado. Amén del desconocimiento de adjetivos, juegos lingüísticos y contradicciones, que él maneja con precisión de orfebre. Se parte la caja de la literatura que únicamente esconde tras la torpeza (y la pobreza) de su arquitectura narrativa, la pestilencia de  panfletos sectarios y adoctrinamientos. Eventos celebrados con bombo y platillo por los pesebreros, monaguillos y palmeros varios de la cuerda reinante. “Morir Bajo tu Cielo”, verso extraído de un poema de Jose Rizal, es una novela con mayúsculas. Un desfile procesional de masones obnubilados, revolucionarios pordioseros, yanquis trapaceros, descripciones solanescas, para una epopeya quijotesca e innecesaria (como toda epopeya), con homenajes a “La Reina de África”. Fue pergeñada hace años como guión, para una posible película con Jose Luis Garci. Una novela enorme, densa,  nacida de la pluma agraciada de uno de los mejores escritores de su generación. Si a alguien le pica, recomendamos el rascado compulsivo…





jueves, 16 de febrero de 2017

Grupo Vocal “Olisipo”. Ciclo Juan Vázquez






Con un programa cimentado en la polifonía mortuoria en la frontera lusitana, el grupo vocal Olisipo; que toma su nombre de la antigua denominación de Lisboa; desgranó  un repertorio de gran belleza y dificultad, donde se recreaba una Misa De Réquiem Ibérica en los albores del siglo XVI. Algunos autores, consideran la primera Misa de Réquiem de autor ibérico, la que fuera escrita por Pedro de Escobar. Nacido en Évora y autor de un Réquiem a cuatro voces masculinas, que se encuentra en un manuscrito de la catedral de Tarazona. Probablemente fue compuesto para los funerales de algún miembro de la familia real castellano-aragonesa. Según la musicóloga Tess Knighton, fue el Réquiem que se cantó en las exequias de la Reina Isabel La Católica el año 1504. El grupo “Olisipo” dejó patente el empaste de sus voces, su dominio del tempo y de las distintas líneas melódicas que se entrelazaban y mixturaban con enorme belleza. Comenzó la agrupación ofreciendo una espléndida interpretación de los “Responsorios de Maitines de Viernes Santo”. Escritos por un evorense: Francisco Martins. La agrupación enlazó los nueve responsorios; de hermosa armonía y marcado efecto dramático; que compusiera el que fue maestro de la catedral de Elvas. En el libro de Cuaresma, 4vv, tan sólo refieren “8 Responsorios de Semana Santa”. Ribeiro, Mario Sampaio (1954), 8 responsorios de Semana Santa: “Francisco Martins a transcribir a notación moderna y revisada por Mario de Sampayo Ribeiro. Lisboa: Sassetti.”





De  especial sentimiento y hondura en la interpretación, resultó el último salmodio: “Caligaverunt”, engrandeciendo la belleza trágica de los melismas del día de la Pasión. Sobre Martins existe una anécdota relacionada con un tal Remigio, músico de la catedral de Badajoz, que respondió ante la siguiente copla, compuesta al Santísimo Sacramento por el portugués: 





                                               La facilidad es sol la
                                             La que luze en mi letrilla
                                             Mi re, y re mi re se toda
                                             Pues es so la peregrina




Ante el hermético chiste, el pacense había respondido componiendo un villancico sobre las seis notas del hexacordo natural. Al parecer el maestro luso, le respondió con otra letrilla juguetona.


“Versa est in luctum”, de Estêvâo Lopes Morago, abrió la segunda parte de este recorrido musical por la “raya” hispano-lusa y la formidable  "Escuela de Évora".
El compositor Estêvâo Lopes Morago (en realidad Esteban), nació en Vallecas, anduvo por la Catedral de Badajoz y fue alumno del maestro Phelipe de Magalhâens (Azeitâo. 1571). Su obra, de gran audacia armónica, tiene querencia por la disonancia. En el impresionante motete de difuntos interpretada por Olisipo “Versa est in luctum,” pueden rastrearse sacudidas repentinas de homofonía rítmica, que son típicas de algunas de sus obras, ancladas en el Stile antico (proto-armónico). Este posicionamiento estético le permitió componer  algunas de las partituras más espirituales de la polifonía lusa. El lamento de Job en “Versa est in Luctum” destila una melancólica belleza:

A minha cítara converteu-se em pranto,
e a minha flauta em lamentações:
Tende piedade de mim, Senhor,

pois nada são os meus dias.

Es recomendable acercarse al excelente estudio sobre Estêvâo y la utilización de la música ficta: Musica ficta and Implied Chromatic Inflexions in the Music of Estêvão Lopes Morago de Pedro Sousa Silva.


Incluyó el programa obras del clérigo pacense Juan Vázquez: Kyrie, Agnus Dei, Sanctus, etc, de su enciclopédica composición exequial titulada “Agenda Defunctorum”. La única composición sacra del autor que ha llegado a nosotros. Una  extensa obra abrumada por el éxito en vida de su vertiente profana. Casi todos los episodios polifónicos de la “Agenda” están basados en alguno de los temas del canto llano. En las partes a voces, Vásquez hace uso alternativamente del estilo homofónico y del estilo polifónico con sencillez y maestría.


Duarte Lobo se halla a caballo entre el renacimiento y el incipiente barroco, siendo el autor más famoso de su época. El grupo luso interpreto´ “Sequentia-Dies Irae”. Duarte Lobo (también estudio en Évora), se mantuvo al margen de las directrices vigentes en Italia, a pesar de vivir en época de auge del barroco. Alejado de los experimentos de Monteverdi, siguió componiendo con la técnica renacentista de Palestrina, pero agregando disonancias más modernas. De este modo se convierte en un híbrido fascinador que mira hacia las dos épocas desde sus obras. Musicalmente, Portugal se queda durante mucho escribiendo al "modo antiguo" porque no hay nadie que venga a modernizar la polifonía. Como si sucediera en España, con la arribada de Tomás Luis de Victoria. La española era una cultura muy hermética, religiosamente hablando. Victoria trae otra luz de Italia que consigue permear el “cerrado y sacristía” de la música patria. Mientras tanto. Portugal mantiene en su polifonía una sensación de penumbra y cerrazón de la propia sociedad portuguesa. A cambio, las partituras resultantes son muy íntimas,  intensas, preñadas de un oscuro misticismo. Así se mantiene durante muchos años. Resulta difícil percibir en ella verticalidades como las que se puede encontrar en la polifonía italiana. Esas grandes amplitudes de tesituras, que de repente nacen, y donde las voces parece que se van al cielo. Lobo recibe bastantes influencias de la escuela franco-flamenca, con su canto firme y técnica canónica y de los post-tridentinos.





Estêvâo de Brito (1575-1641). Aunque en otras referencias data como nacido en 1577. Estudió con Filipe de Magalhães en la Sé de Évora. Estêvâo de Brito utiliza, en general, en sus motetes frases cortas de dos a cuatro notas y se desarrolla en estilo imitativo a través de las diferentes voces. Es una música en general muy viva, También usó una variedad de valores de notas como semicorcheas y ritmos punteados que aparecen en lugares especiales, dentro del texto, para resaltar algún pasaje específico. Para ser maestro de Capilla de la Catedral de Badajoz se vio obligado (desde el reinado de Felipe II, requería la probanza de la limpieza de sangre) a demostrar dicha limpieza, ya que el cabildo pacense formulaba esta exigencia. Así pues Esteban de Brito viajó a Portugal para obtener los comprobantes necesarios. Durante su estancia en Málaga con cargo equivalente al de Badajoz, se destapó como bastante indisciplinado, reuniendo multas y llamadas de atención del Cabildo.


Frei Manuel Cardoso. Los intervalos aumentados, junto con las relaciones falsas y ciertas inflexiones cromáticas en cadencias, eran rasgos permanentes del lenguaje del organista Manuel Cardoso. Su manejo de las técnicas puramente renacentistas era más variado. Con líneas melódicas largas no alterados por cadencia. Juega con las contradicciones cromáticas, tan al uso entre los compositores ibéricos de la época. Este peculiar estilo mixtura una ambigüedad tonal con entradas inesperadas e intervalos cromático. El “Ofertorium” da lugar a contrapuntos muy vivos, pero la atmósfera de placidez y devoción predominan en esta “Missa pro Defunctis” a ocho, homófona y sencilla, de armonías, coloración y modulaciones personales. Del Frei Manuel Cardoso se puede encontrar una excelente grabación realizada por The Tallis Scholars. La agrupación vocal “Olisipo” interpretó, con la intensidad requerida, el  Responsorium-Liberame, Domine a cuatro. La única parte SATB de esta misa de réquiem para seis voces (SSAATB), que se incluye en el libro de misas de 1625
 Canto llano en estado puro. Heredero del dominio del contrapunto de su maestro; Manuel Mendes; Cardoso utiliza para el revestimiento de sus obras un lenguaje expresivo, técnicas muy propias y estética audaz. 


Atrevimientos sonoros que no practicaban sus contemporáneos portugueses. Por ejemplo, el uso frecuente de la disonancias, consonancias y cromatismo contradictorio, con un manejo poco ortodoxo del sistema modal. Fue Cardoso quien mezcló con éxito el antiguo y el nuevo, produciendo su propio estilo de gran carácter.  Las “Misas” de Cardoso utilizan la técnica renacentista de "parodia". Es decir, se construyen a partir de material musical preexistente. Misas del primer libro se basaron en los motetes de Palestrina. El "Libro de varios motetes" (1648) incluye las lecciones de la Semana Santa. Tal vez las obras más conmovedoras del manierismo musical portugués. 
Lamentablemente muchas de sus creaciones, fueron destruidas por el terremoto de 1755. Este responsorio ofrecido por “Olisipo”, es de efecto hipnótico y se despoja de las seis voces de la misa, para pasar a SATB (soprano / alto / tenor / bajo), en brazos de una  repentina austeridad que nos lleva de nuevo a la temas solemnes tratados en el texto. Sobre este freire se encuentran en el Archivo Musical de la Catedral de Sevilla el Libro de facistol nº 21: Misas de Manuel Cardoso. Códice impreso sobre papel de 126 folios. Contenía dos obras para el rito de la Aspersión: Asperges y Vidi aquam, siete misas, dos motetes y el responsorio “Libera me Domine”. Se encontraba en muy mal estado y estaba ubicado en la capilla de la Granada. Cardoso era el compositor portugués más difundido de su tiempo, su reputación habría sido más internacional si la editorial de Amberes (Plantin) hubiera aceptado una oferta que Cardoso hizo en 1611 para publicar sus obras. Al final, Plantin demostró ser demasiado costoso para este compositor relativamente provincial. Lo que le hizo que su música fuese menos cosmopolita que la de sus coetáneos.

Se encuadró este concierto dentro de las actividades que el InDiCCEx lleva a acabo para rescatar la polifonía “rayana” y el patrimonio musical fronterizo. Destacar la excelente fonética del coro, su balance y elegancia. La capacidad de transmisión y estilo depurado, que trasladó al público a aquellas grandes exequias que se oficiaban en catedrales y capillas, donde todas las vanidades mundanas se elevaban al cielo. Al igual que se elevaban los melismas que esta agrupación regaló al público pacense.

Grupo Vocal Olisipo:
Elisa Cortez (Soprano)
Lucinda Gerhardt (Mezzo)
Carlos Monteiro (Tenor)
Armando Possante (Barítono y Dir.)





viernes, 10 de febrero de 2017

Morir Bajo tu Cielo. Juan Manuel de Prada

                   

Siempre hay que recomendar prudencia a la hora de aproximarse a ese pretendido “género histórico” que; hoy en día; parece instalarse con comodidad en el mercado. Aunque también lo haga entre lectores poco proclives a continuar; tras la lectura del libro; la investigación particular para averiguar que aspectos han sido novelados (in stricto sensu) e investigar que personajes, situaciones y conceptos han sido cambiados o aprovechados por el autor, navegando muy por encima de las realidades históricas y antropológicas. No es preciso que estas obras sigan la estela de monumentos literarios como “El Nombre de la Rosa”; enciclopédica aproximación histórica; plena de detalles fidedignos, conceptos y personajes verosímiles. Habitada de criaturas reales y palpitantes. El principal escollo que encuentra el lector amante de esta variedad literaria, es el sinnúmero de ediciones “pretendidamente” históricas, cuya única relación con el género consiste en situar a los personajes en un determinado escenario cronológico. Pero sin aportar geografías, hechos verídicos y (sobre todo) pensamientos o acciones conformes al ideario de la época. Otro de los peligros, nace de los que reescriben la historia alimentados de ideologías funestas o sectarismos interesados. Autores de los que hay que escapar “a toda priesa. Su aportación; cuando menos; devendrá  opúsculo mostrenco y manipulador. Juan Manuel de Prada aborda el sitio de Baler (Filipinas) con notable conocimiento de lenguajes, costumbres y formas de pensamiento acordes a la época. 

Trata con respeto al lector (lo cual es de agradecer). Se ciñe a hechos históricos, pero sin detrimento de la capacidad de novelar, de crear personajes sólidos, certeros y ¿por qué no? con variaciones que enriquezcan el corpus novelístico, sin afectar en exceso la verosimilitud histórica. Es el caso del personaje, reinterpretado por el autor, del capitán Saturnino Martín Cerezo, presentado como un desnortado, víctima de los acontecimientos personales. Quienes hayan leído el libro “El Sitio de Baler, notas y recuerdos”, escrito por dicho oficial, sabe que nada tiene que ver aquel equilibrado miajadeño, con la creatura nacida del imaginario de Juan Manuel De Prada. No es De Prada un autor accesible para el lector medio. Su fresco histórico sobre la resistencia (absurda y heroica) del último reducto español en Filipinas, es la mostración de un imperio de cartón-piedra. Un imperio donde se ya se estaba poniendo el  sol. El estoque para esta quimera lo daría la historia durante la Guerra del Rif. Al igual que en Filipinas, tan sólo trajo dolor y destrucción absurda de vidas humanas, para devolver territorios que no correspondían a la bandera de España. En aquella contienda estaba latente el germen de la guerra que después partiría en dos la sociedad. Una guerra cuyas consecuencias aún se sufren, cuyas heridas siguen abiertas. Juan Manuel de Prada había revisitado esta contienda en su obra magna “Las Máscaras del Héroe”. Una novela coral (sin duda de las mejores de los últimos tiempos). Homenaje nada velado al esperpento, a la bohemia y ajuste de cuentas (valleinclanesco, por supuesto) con  determinados personajes históricos e ideologías. El escritor hace uso de una cruda narrativa; áspera y escatológica; creada con  diáfana intención de “epater le burgeois". Posteriormente en “El Séptimo Velo” el autor refleja, con su habitual prosa, la Francia ocupada. Sin duda sus cimas estilísticas se hallan en  “La Vida Invisible, una road-movie anímica en busca de una pin-up de los años 50.  Barojiana busca. Sórdida, con gran destreza narrativa y juegos con los paralelismos. Una apuesta metafórica de gran inventiva. En el libro de cuentos “El Silencio del Patinador”, el virtuosismo estilístico de este heterodoxo llega a su cumbre. No sólo en lo externo o la envoltura. La capacidad que posee  la pluma de De Prada para la ironía, para fustigar a los enfermos de mediocridad en este aquelarre lingüístico, roza la matrícula de honor. Por “Desgarrados y Excéntricos, desfila toda una “Santa Compaña” de gárgolas literarias, de deformidades volitivas, parodias de humanidad con nombres de “literatos bohemios que soñaban con ser literatos” (entre ellos el propio protagonista de “Las Máscaras del Héroe), junto a la fracasada comparsa de literatos malditos como Buscarini o Silverio Lanza. En Su obra primeriza “Coños, una burla metódica de los géneros, con un nada oculto “título-homenaje” a Gómez de la Serna, ya aparecía su gobierno insuperable de la retórica. El goce de coquetear con la fina ironía. Ese barroquismo “sucio” donde lo sicalíptico, lo grotesco y lo grosero se subliman a través del lenguaje ¡Y que lenguaje!


“Morir Bajo tu Cielo” narra una historia absorbente con un envoltorio estilístico que no gustará a determinados lectores. De Prada se halla en ese dudoso podio donde también se sitúan autores como Muñoz Molina o Javier Marías, de digestión harto difícil para algunos lectores más habituados al “fast food. O para aquellos adoctrinados y de lectura sectaria, que no consiguen ver el bosque a causa de los árboles. La obra está documentada con seriedad, incluso con el uso de la variedad lingüística de la zona; algo que agradece el lector con pedigrí de novela histórica. Hay un respeto cronológico en lo épico y en lo cotidiano y las tramas paralelas se funden sin que chirríe la lógica narrativa. No renuncia  el autor a la dialéctica de matices filosóficos o morales, pero sin abandonar nunca su domino de la ironía y el sarcasmo. Los personajes tienen fisicidad. Son palpitantes y reales, a pesar del anacronismo que se desprende de algunas conductas, perfectamente admisibles en el terreno de la ficción. Son pocas las situaciones que ha reformado o adaptado con respeto a los  hechos históricos, únicamente las que se derivan de las acciones o pensamientos de los personajes imaginados. La novela es un catálogo exhaustivo de aquel momento histórico, de personajes y situaciones que se introducen bajo la piel por su humanidad y excepcionalidad. Sórdidos lupanares, la terrible sociedad secreta Katipunan, villanos patológicos y rocambolescos, los cazadores de cabezas ilongotes, monjas anacrónicas; adelantadas a su tiempo; desertores, espíritu folletinesco y toda una panoplia de seres humanos plenos de virtudes y bajezas. Con algunos instantes deudores del más puro wenstern, frente a diálogos donde la crítica social o la denuncia de unos gobiernos ineptos y nefastos, causantes de las desgracias de sus ciudadanos, aparecen con dolor y tristeza. Aquella España de la Restauración, espejo de otras posteriores, donde campaba la corrupción, el fariseísmo y la codicia, recibe un repaso contundente y necesario. Quien desee avanzar en el conocimiento real de esta “hazaña” histórica tan solo debe acercarse al libro escrito por el protagonista real de los  hechos, donde en idioma arcaizante; como corresponde; podrá seguir el devenir real de aquellos acontecimientos que llevaron el sufrimiento innecesario a tantos hombres, en la pluma del capitán, oriundo de Miajadas.

Otro libro escrito por Ricardo Fernández de la Reguera y Susana March,, correspondiente a los Episodios Nacionales Contemporáneos, tomo nº 2, titulado “Héroes de Filipinas”, se encuentra lejano al acontecer político e histórico, que ya había sido tratado en el tomo correspondiente a Cuba. La visión de este matrimonio de escritores está centrada en incidentes novelescos, de exaltación épica de la lucha colonial en aquel archipiélago. Prevalece la vitalidad narrativa, más que la insistencia en corruptelas políticas o denuncias sociales. El periodista Manu Leguineche; profeta de la narrativa periodístico/histórica; escribió “Yo te diré”, homenajeando el título de la canción que se utilizaba en la película “Los últimos de Filipinas”. Con su habitual y entretenida prosa, a caballo entre el reportaje y el guión cinematográfico, nos cuenta los últimos días del Imperio de Ultramar, con aparición del escritor extremeño Felipe Trigo. Lorenzo Mediano es el autor de “Los Olvidados de Filipinas”, una novela donde predomina la acción, basada en su abuelo y en hechos reales, no exenta de presentar personajes abyectos en todos los bandos. La novela es un paseo bastante completo por Filipinas, sus pueblos, su cultura y las consecuencias de una guerra no convencional. La profunda religiosidad de la época y los testimonios que aseguran todo lo contrario. En cuanto a las versiones cinematográficas nos encontramos con dos claros ejemplos de manipulación ideológica. “Los últimos de Filipinas”, de Antonio Roman (1945) es un claro ejemplo de cómo la producción española se dividió en dos claros frentes: el folklórico y el de exaltación bélico/nacional, para reflejar las virtudes y mitos del ideario nacional. Ejemplo señero de utilización ideológica y panfleto del Régimen, con los valores de la falsa epopeya. Teñida de un rancio concepto de militarismo y sentimiento patriotero, para mostrar al mundo una nueva epopeya numantina. En el caso de “1989. Los Últimos de Filipinas, de Salvador Cano (2017) nos hallamos ante el frente contrario. 
Una notable producción cinematográfica, donde la manipulación (o el desconocimiento) intentan imbuir en unos personajes de aquella época, pensamientos, actitudes y motivaciones imposibles históricamente, en aras de una nada sutil ideologización con diálogos dudosos y anacrónicos. Analizar el impacto en el público de una novela de estas características precisa de un conocimiento previo del terreno. Siendo el cainismo una de las características mas arraigadas en nuestro terruño, donde a locutores, escritores o artistas se les juzga por pertenencia (o no) a la cuerda de cada uno. No es difícil escuchar anatemas, sapos y culebras contra determinados profesionales en función de que no pertenezcan a la ideología (o al sectarismo) de quien se expresa. Estos parámetros para juzgar asuntos culturales, no tienen cabida en un país maduro, que debe juzgar el trabajo de un profesional por su calidad o aportación. Independientemente de la cuerda. Hoy por hoy esto es un sueño en nuestra sociedad.
Por esto, De Prada levanta tempestades, como el título de su novela ganadora del Planeta. Adivino que le traen al pairo el rasgado de vestiduras entre sectores radicales y ágrafos.
En “Morir Bajo tu Cielo” están las constantes y estilemas del autor: la querencia por el adjetivo, los neologismos, la redención del sustantivo arcaizante, las persistentes referencias culturales y juegos de palabras, que dificultan el acceso para el prototipo de lector “reader´s digest”, de digestión rápida. Los personajes están vivos, palpitantes, preñados de ese “dolor de España” noventaiochista. Con algún desliz maniqueísta en los villanos y una acción trepidante. Incluso en los instantes de reflexión sesudo/filosófica, el lector avezado disfrutará de la profundidad de los diálogos y el  hábil manejo de un lenguaje barroco. Un idioma virtuoso, de los que se echan de menos en las estanterías y anaqueles. Novela histórica con mayúsculas, habitada de héroes fordianos, con pies de barro. Henchida de espíritus indomables, con aroma de folletín decimonónico. De Prada se ríe, con su pluma espeleológica, de los peces de colores. Se burla de la literatura que tras una pretendida “modernidad” esconde la ignorancia de oración/sujeto/predicado. Amén del desconocimiento de adjetivos, juegos lingüísticos y contradicciones, que él maneja con precisión de orfebre. Se parte la caja de la literatura que únicamente esconde tras la torpeza (y la pobreza) de su arquitectura narrativa, la pestilencia de  panfletos sectarios y adoctrinamientos. Eventos celebrados con bombo y platillo por los pesebreros, monaguillos y palmeros varios de la cuerda reinante. “Morir Bajo tu Cielo”, verso extraído de un poema de Jose Rizal, es una novela con mayúsculas. Un desfile procesional de masones obnubilados, revolucionarios pordioseros, yanquis trapaceros, descripciones solanescas, para una epopeya quijotesca e innecesaria (como toda epopeya), con homenajes a “La Reina de África”. Fue pergeñada hace años como guión, para una posible película con Jose Luis Garci. Una novela enorme, densa,  nacida de la pluma agraciada de uno de los mejores escritores de su generación. Si a alguien le pica, recomendamos el rascado compulsivo…