lunes, 15 de mayo de 2017

Leonardo Dantes canta a poetas Pacenses

                       
 
El universo musical y el de la palabra se han unido de la mano del compositor Leonardo Dantes que presentó su último disco en el salón de actos de la RUCAB, fundiendo la poesía de señeros autores pacenses con su música. No es nuevo este hermanamiento. Desde que el juglar Paco Ibáñez acompañara con sus acordes los versos de grandes poetas españoles (Alberti, Cernuda, Góngora, Celaya), opción que fue seguida por otros integrantes de aquel movimiento social/cultural que se denominó “cantautores”, y algunos grupos militantes como Jarcha, Aguaviva, etc. No es novedosa la hibridación entre palabra y música. En nuestro terruño, Nando Juglar acometió una aventura similar en “Los Poetas de Nando”, donde se aproxima al verbo de destacados representantes de la poesía extremeña: Plácido Ramirez Carrillo, Álvaro Valverde, Pedro Lahorascada etc.
Leonardo Dantes ha elegido para su última grabación un grupo de vates de amplio calado y trayectoria. Curtidos en tertulias, recitales y en ese desagradecido mundo de la palabra como alquimia;como búsqueda de la piedra filosofal;que es la poesía.
Plácido Ramírez, Antonia Marcelo, Clara Blázquez, Antonio Pacheco, Fernando Garduño, José Antonio Sánchez “Mediterráneo”, Amalia Mangas y Maribel Bazaga, desgranaron sus versos. A continuación de cada lectura, el cantante mostraba al público (acompañado al piano por Raúl Velasco), la música que le había inspirado cada poema. Alguno de ellos, de difícil adaptación al tempo de la partitura. 


El título elegido por al autor  no puede ser más diáfano: “Poetas de Badajoz”. Una apuesta que, junto a su reciente libro “Poemas y Canciones” (y el cambio del acento en el apellido), pretende dejar atrás aquella (olvidable) época de los mass media y el frikismo, que le lanzó a la fama mediática. Como compositor, la fama ya la tenía entre los iniciados en el mundo de las “cintas de gasolinera”, donde era monarca absoluto como autor o coautor de temas famosos como 'Carmen', 'Vagando por ahí' o 'Por la calle abajo' y muchas otras canciones que fueron números uno, interpretados por Manolo Escobar, Rosa Morena, Los Chavis, Los Marismeños, María Jiménez, Lola Flores, Sara Montiel, Raffaella Carrà, y El Arrebato o Los Chunguitos, una larga trayectoria en SGAE.






Dantes (sin acento), pretende (acertadamente), desvincularse de “Crónicas Marcianas”, aquel “late show” que comenzó prometiendo renovación y vanguardia para terminar como el rosario de la aurora. Practicando la autocomplacencia y el ombliguismo más casposo. Peligroso sendero que va siguiendo paso a paso, y con diligencia, “El Hormiguero” de Pablo Motos.
En este “Café de Autor”, propiciado por Caja Badajoz, se realizó un paseo afectivo y cercano por el verdadero Leonardo Dantes, alejado del “pañuelo” y las frikadas que tanto dinero proporcionan a las productoras televisivas, propiciando el empobrecimiento cultural de la población. El compositor reveló su lado más humano a la entrevistadora Maribel Jiménez. Un acercamiento necesario, íntimo y pleno de anécdotas del sanvicenteño que revelaron su sesgo más humano.
El coro “Los Revellines”, acompañó en una de las composiciones de Leonardo. Un paseo por algunos de los más destacados alquimistas pacenses de la palabra, de la mano de un autor de amplio recorrido humano y artístico.  






miércoles, 10 de mayo de 2017

The Wicker Man. 1973. El paganismo como estética

            


The Wicker Man es una de esas joyas inclasificables ante la cual el espectador se pregunta ¿Es un thriller? ¿Es un musical? ¿Es una horror-movie? The Wicker Man pertenece (genéricamente) es una propuesta intrínsecamente british, que se ha venido a denominar como “horror-folk”, acuñada en 2010 en un programa de la BBC, por el escritor y actor Mark Gatiss para denominar a un puñado de obras que compartían ciertas características. Entornos aislados de la civilización al uso, mantenimiento de tradiciones ancestrales y antiguos rituales paganos. Un subgénero que aún colea en la actualidad con producciones como “Turistas” (Sightseers, 2012), “Kill List”, de la nueva Hammer Films, “Wake Word” (2010, de David Keating), o novedosas propuestas como la finlandesa  “Sauna” (AJ Annila, 2008). Los precedentes van desde la mítica “La Mascara del Demonio”, con la musa Bárbara Steel, hasta la hammeriana “La Maldición del Altar Rojo”, todas ellas desarrolladas en entonos rurales seudo-magicos. 
Fuera del entorno aldeano británico también se encuentran propuestas de comunidades con reminiscencias mágico/paganas como en “Valeria y su Semana de las Maravillas” (1970) o la producción japonesa “El Gato Negro” (Kuroneko. 1968), sin olvidar la excelente serie “True Detective.” Un auténtico revival de horror-folk, pasado por la turmix del espanto cósmico del círculo lovecraftiano.
Estos guiones están poblados de  paisajes románticos, rodeados de ruinas, páramos y comunidades aisladas, que mantienen vivas tradiciones paganas. Con preferencia beben de las fuentes del folclore de druidas y celtas. En el plano paisajístico no faltan las construcciones megalíticas, y las leyendas y ritos paganos de cosechas y fertilidad, tomadas desde una perspectiva bucólica, desinhibida o (como es el caso de “The Wicker Man”) absolutamente obscenas y provocativas.




Se entiende la naturaleza como una amenaza literal y metafórica. Ese oscuro lugar que alberga espíritus que acechan al hombre. La brujería como enfrentamiento a las religiones establecidas o mantenimiento de los rituales pre-cristianos, es el motor que mueve estas comunidades. Las presencias peligrosas e indefinidas, pueden tener hasta un origen cósmico, aunque las comunidades aisladas de humanos en transición hacia el anfibio de Lovecraft, se encuadrarían  más exactamente dentro del  “horror cósmico”.




La “Ealing” produjo la cinta más señera de esta modalidad de inquietud cinematográfica: Dead by Night (Al morir la noche, 1945), una de aquellas producciones de episodios que tanto gustaban en la época. Diversos directores de la casa (Cavalcanti, Crichton, Dearden y Hamer), se encargaron de los excelentes “sketches” terroríficos.
Anthony Schaffer, muy popular por sus adaptaciones de “La huella” para J. L. Mankiewickz, y “Frenesí” para Hitchcock, llevó a la pantalla el texto de un actor de teatro: David Pinner. Esta novela; titulada “Ritual”, se desarrollaba en una Inglaterra mágica y rural. Hasta ese momento Pinner tan solo había estrenado una obra teatral. Una historia de vampiresas lesbianas que protagonizaba una actriz a punto de alcanzar la fama: Glenda Jackson.  


Adaptó de forma muy libre la historia de una isla en las Hébridas, donde un espeluznante rito druida se utiliza para bendecir la cosecha. La película esta llena de referencias a la cultura celta: liturgias, danzas ancestrales que escandalizan al policía, obscenos rituales de fertilidad, liturgias, culto a la muerte, etc. La música también fue escogida con esmero. Envuelta en un disfraz de neohippismo, recupera instrumentos folk tradicionales, con melodías hipnóticas y obsesivas, que forman parte inseparable del proceso psicológico del protagonista. La intención de rodar una  película de terror que se desmarcara por completo de los clichés, definió esta propuesta, una de las más atípicas, atemporales e inquietantes del género.


Determinada por una estética setentera, algo enfermiza, incluso con cierto toque onírico, el film nos sumerge en una comunidad inquietante. Desde un primer momento se adivina que ocultan algo. Esto y la búsqueda de la niña desaparecida por parte del policía (Sargento Bowie), la introduciría en el terreno del thriller, de no estar salpicado el argumento por continuas irrupciones de canciones hipnotizantes en modo diegético (formando parte del instante dramático), situaciones surrealistas, toques teológicos, escenas e insinuaciones de un erotismo primitivo y toques del humor más británico, que la hacen navegar entre géneros. Dando como resultado una creación irrepetible.


El preludio no puede ser más premonitorio. El Sargento Bowie (Edward Woodward) es un estricto cristiano del cual sus compañeros se burlan, obscenamente, por sus conceptos del matrimonio y del mundo. También queda claro que nos encontramos ante un personaje de una pieza. Alguien con una estructura inquebrantable y una personalidad imparable. Todo esto le hará falta para enfrentarse a lo que le espera en Summerisle, una población dependiente de la metrópolis, en la punta más extrema de Escocia, pero con sus propios fueros y costumbres.
La llegada del policía a la taberna y la canción que comienzan a interpretar los parroquianos, una obscena, lúbrica y grosera balada sobre la hija del posadero; que también participa en la cantinela; pone de manifiesto las dos naturalezas que se van a enfrentar. Una guerra de creencias arraigadas firmemente en cada bando. El director provoca incomodidad y tensión magistrales, con planos de los rostros de los cantores, la hija del posadero y el sufridor Sargento Howie, que se ve superado por el erotismo primitivo y ritual de los aldeanos. Puede afirmarse que parte de la inquietud y el terror de este film, proceden de las certeras, desazonadoras y lujuriosas baladas profanas, de clara influencia gaélica.
La estructura espiritual del Sargento Howie se verá minada por los habitantes de la isla. Un estricto matriarcado donde solo encuentra niñas en las aulas, los negocios están regentados por mujeres y todas las normas conocidas de su civilización se diluyen.




“The Wicker Man” ha entrado por derecho propio en los cenáculos de las obras de culto. Una innovación frente al goticismo manierista de la pujante Hammer, que ya empezaba a hastiar con sus negligés vampíricas, sus castillos recargados y su hemoglobina. Robin Hardy opta por buscar la inquietud antes que el terror puro. Prevalece el  malestar o el desasosiego. Siendo precedente de obras como “La Semilla del Diablo” de Polansky o su inquietante “Repulsión”, donde el factor psicológico predomina sobre el susto o el mordisco.

La obra seminal de David Pinner titulada “Ritual”, sirvió de puente entre a cultura pop cinematográfica y la narrativa ocultista. Una novela teñida de un tono misterioso, de donde ha bebido la cultura pop-folk, con una historia como un mecanismo de relojería, en base a pequeñas pistas para un catártico final, encubierta bajo el disfraz del thriller, esconde una demoledora crítica al puritanismo residual en la sociedad británica. Un viaje al lado oscuro de la personas y de la naturaleza. La novela posee un mayor ingrediente de humor (iconoclasta e irreverente) que falta en el film. Pinner escribió esta novela mientras representaba “La Ratonera” de Agatha Christie en el West End. Christopher Lee compró (proféticamente) los derechos para escapar de su pasado de capas bicolores y colmillos chorreantes. El encargado de la adaptación fue el autor de un hito teatral. Anthony Shaffer, creador de “La Huella”, ácida crítica a la aristocracia británica. Obra en la que, el gran Mankiewicz, extraería un inolvidable duelo interpretativo de Laurence Olivier, como retorcido escritor de novelas de misterio, y Michael Caine como el cínico amante de su esposa.


Fue concebida para el cine desde un principio. Aunque las diferencias entre novela y film son notables. Sobre todo cuando el narrador es omnisciente, durante la verbalización de pensamientos y la mostración de pensamientos de unos y otros, o la presencia de esa cuadrilla de niños que campan a sus anchas en la novela. Incluso la concepción formal, mucho más negra, aparte de la pérdida (reconocida por el autor) del sentido del humor. También en la novela se han producido otros asesinatos rituales, que son los que mueven al policía a investigar (¿True Detective?) ya que localiza el cadáver de una niña al pie de un roble, con una cabeza de simio clavada y tres flores de ajo. Una de las víctimas es una niña próxima al protagonista, algo inexistente en el film. La peregrinación “lynchiana“ y la implicación del investigador adquieren, con esta premisa, mucha mas intensidad. También se ve obligado a usar gafas oscuras debido a su sensibilidad ocular. Un velo simbólico para no ver la sensualidad que le rodea. La novela está situada en una pequeña localidad de Cornualles. Una “Merry England rural”, donde la gente sencilla se oculta bajo máscaras inquietantes de animales, los pasteles y tarros de mermelada adquieren connotaciones turbadoras y las alegres cancioncillas de taberna son bacanales sonoras. Verdaderos aquelarres vocales para los bienpensantes. En “Ritual” el culto es de raíz claramente cercana a la brujería, mientras que en “The Wicker Man” es una celebración del culto neopagano” de carácter sincrético.


El título procede de un tótem en el que se inspiraron. Una imagen de 1676 que ilustra el libro “Britannia Antiqua Illustrata”, y que fue realizado por un historiador ingles: Aylett Sammes. Los supuestos sacrificios célticos  que ya encontró Julio César cuando llegó a las Galias de antaño, fueron la base para este grabado. A día de hoy todavía existe controversia acerca de la utilización de estos muñecos, dada la afición de los civilizadores a presentar su superioridad cultural y proyectar como rasgos bárbaros lo que veían en los extranjeros. Algún historiador sostiene que César había manipulado la imagen de los druidas. También se apunta la posibilidad de que dichos artefactos fueran artilugios para estados alterados de conciencia. El mimbre se entrelazaba con cáñamo y vegetales con propiedades alucinógenas. En contacto con el fuego, los iniciados se sumergirían en otros mudos. Se supone que bajo el hombre de mimbre existían cavidades excavadas donde se tumbaban y emprendían los mágicos “viajes”.
 


Las hipnóticas baladas de la cinta fueron compuestas por el neoyorquino Paul Giovanni, que logra  impregnar de “neofolk”, sin perder las raíces gaélicas. El músico fallecería sin conocer que su obra se convertiría en objeto de culto. Para escribirlas realizó (junto con Peter Saffer) un estudio de la tradición musical escocesa. El grupo “Magnet” estaba especializado en interpretación de antiguos instrumentos. En una de las escenas del film, aparecen  junto al compositor. Hasta ocho años después no se recuperaría la banda sonora, pasando a formar parte de la comunidad folk norteamericana, con  hitos como la canción interpretada por Rachel Verney: Willow´s Song. Ultrapagana balada que la hija del tabernero (seductora Britt Ekland), utiliza para tentar al policía a través de la pared. La sensual (y ritual) danza “a poíle” de la actriz aún sigue cautivando a quienes ignoran que se trataba de una bailarina, doble de cuerpo. A riesgo de hundir recuerdos eróticos de adolescencia, aclarar que es fácil detectarlo con simples parámetros antropométricos. Por si hubiera alguna duda, los movimientos profesionales y el perfil que muestra el rostro de la bailarina bastarían para aclarar dudas. Aparte de las declaraciones de Stuart Hopps (coreógrafo de la película), que llamó a los servicios de una sede en Londres "bailarina exótica" llamada "Miss P.", de 18 años de edad: Jane Jackson.

Esta obra plantea el condicionamiento social como cárcel de la que no se puede escapar. El relativismo cultural. La educación, no como liberación, sino como único acceso al conocimiento, y el entorno como opresión. Aprendes aquello que te rodea. El hombre practica aquello que aprende. Vive aquello que conoce, respeta  aquello que le han enseñado. Cada uno de los factores implicados en este duelo de creencias es fruto de un adoctrinamiento, la aceptación del grupo (gregarismo) y la diferencia con los que no tienen tus mismas creencias.
Juega el director con la intromisión del elemento extraño. El  policía que acude con leyes, normas morales y creencias religiosas a una sociedad a la que no le importa, ni  comprende ninguna de aquellas. El Sargento insiste en repetirles constantemente a los aldeanos que el viene de “mainland” (tierra firme). Summerisle es un lugar donde lo sombrío y los parajes feéricos se dan la mano en la  fotografía de Harry Waxman (El Aniversario, The Day the Earth Caught Fire), mezclados con colegiales que rinden culto al falo, copulaciones entre tumbas (rito de fertilidad) o bailes de infantes desnudos entre monolitos ancestrales. Arthur Machen hubiera firmado con gusto una narración en estos bosques atávicos, donde se cuelgan cordones umbilicales en un ritual pagano olvidado. 


Todo esto va resquebrajando los esquemas del Sargento Howie, un hombre que en otra época, quizás hubiera pasado por la parrilla inquisitorial a los lugareños. Pero se encuentra con la otra cara de la moneda.
El Sargento Howie es un Ulises perdido, que en lugar de arribar a Ítaca, desembarca en medio de horror, para ser tentado por el canto de sirena de Ingrid Pitt. Para ser hipnotizado por la danza ancestral de apareamiento, que le  envuelve en un sudor perlado, por el ritmo sincopado de los golpes (simulando el ayuntamiento carnal) que la joven da en la  pared. El policía, es esclavo de un Macguffin (la búsqueda de la niña), que sirve como excusa para llevarle a un final anunciado.




La técnica actoral es voluntariamente impostada, coqueteando con lo excéntrico y lo burlesco. Tan sólo en la versión original se podrá captar esa ironía británica que en algún momento recuerda las comedias de la Ealing, pero teñidas de malestar e inquietud. Christopher Lee sobresale en su papel del laird Lord Summerisle, que desempeñó gratuitamente, componiendo un líder carismático, de sesgo patricio, dionisiaco, capaz de recitar poetas ingleses clásicos, vestir de highlander, cantar una licenciosa tonada gaélica con su voz de barítono o burlarse del apocado policía. Un cínico que reconoce que la presunta fertilidad isleña, proviene en realidad de los experimentos de su abuelo con nuevas especies adaptables al clima terrible de la isla y de los conocimientos científicos, en lugar de los dioses paganos. Pero mantiene a lo aldeanos, engañados, a su servicio. El televisivo Edward Woodward (El Justiciero, The Equalizer) deja que la sobriedad y la perplejidad (no el acartonamiento) se enfrenten a damas de la talla de Britt Ekland (doblada por Annie Ross, debido a su acento  polaco, poco apto para la isla  pagana), Diane Cilento o Ingrid Pitt, mascarones de proa de la Hammer (The Vampire Lovers, Spell of Evil, Asylum), transmutadas en hembras poderosas del matriarcado que se burlan de la indecisión del policía. Además la V.O. permite disfrutar del timbre subyugante y la dicción clásica de Christopher Lee, que además canta y toca el piano. Como curiosidad permanece el papel de Lindsay Kemp como  mesonero, antes de convertirse en actor-fetiche de las incursiones de Derek Jarman.

Aunque en ningún momento se define la religión practicada en la aislada sociedad, posee claros referentes a las mitologías precristianas, donde era común la adoración al sol y la naturaleza, al animismo, pasando por rituales druídicos, aunque mixturando diferentes épocas.
La cultura del megalitismo (neolítico) es mucho anterior al divertimento celta de freír animales y asesinos dentro de gigantescos hombres de mimbre. Cuando carecían de delincuentes, echaban mano de otros, según las tendenciosas crónicas romanas. Las piedras agrupadas estilo “crómlech”, alrededor de las que bailan en corito las chicas, y el gigantesco hombre de mimbre, no son paralelos históricamente. También hay reminiscencias de la Escuela Wicca y del animismo.  El argumento oscila entre el mensaje antropológico, el relativismo y la crítica social. De hecho los actos de la comunidad van encaminados a que retorne la producción de frutos, que enriquecerá al señor feudal, el único que posee una mansión opulenta y un nivel de vida elevado. El guión incluso incluye sesgos en su costumbrismo enfermizo para dibujar una de las sátiras sociales de Johnattan Swift o una “Utopía” pervertida. El  inverso de la isla de Tomás Moro.


Es preciso situarse en la época en que se produjo el film para comprender el nivel de trasgresión (incluso en aquellos momentos) que conllevaba una propuesta llena de situaciones obscenas y vesánicas (en actitudes y sobre el papel), donde se imita una erección con un grosero movimiento de un antebrazo sobre otro, los niños adoran falos en un Palo de Mayo durante el recreo, o un padre tabernero corea con los parroquianos de “El Ogro Verde”, una canción obscena sobre su hija, que sonríe y celebra la elocuente letra:

Se ha hablado mucho de las zorras de antaño
de mozas y reinas casa de citas de la puntuación,
pero canto de un equipaje que todos adoramos,
la hija del dueño. . . '

 Su ale es animado y fuerte para el sabor,
que se elabora con discreción y nunca con prisas
Usted puede tener todo lo que quiera
si juras no desperdiciar
a la hija del dueño. . .
 


Parábola en formato de serie B, a instantes parece respirar el humo psicodélico de la época o haber ingerido alguna sustancia “experimental”. Se agradece que no  cayera en manos de las productoras imperantes en la época (Hammer y Amicus), ya que el resultado habría variado notablemente a nivel conceptual y estético. La British Lion se halla más cercana a las creaciones más transgresoras  de la Tigón.
Impagable Christopher Lee recitando a Walt Whitman mientras contempla un simbólico apareamiento de caracoles:

Creo que podría transformarme y vivir con los animales.

¡Son tan apacibles y dueños de sí mismos!

Me paro a contemplarlos durante tiempo y más tiempo.

No sudan ni se quejan de su suerte,

no se pasan la noche en vela,

llorando por sus pecados,

no me fastidian hablando de sus deberes para con Dios.

Ninguno está insatisfecho,

a ninguno le enloquece la manía de poseer cosas.

Ninguno se arrodilla ante otro,

ni ante los congéneres que vivieron hace miles de años.

Ninguno es respetable ni desgraciado en todo el ancho mundo.


 

 Al fondo, en la taberna, interpretan la impúdica balada gaélica "Gentil Johnny", acompañado del sonido del desvirgamiento de un joven por la hija del tabernero, en un ritual de iniciación. Junto a la ventana del  sudoroso y sufriente sargento. La estructura monolítica de las creencias del urbanita se enfrenta a la anarquía bucólico/erótica, al desenfreno ocioso y desordenado de los instintos sin domeñar. Los aldeanos actúan como un auténtico enjambre frente a la individualidad enfermiza del policía. Un paraíso perdido, pero que tras los goces que ofrece, solicita un pago terrible. Un anti-héroe que ha de pagar por su condición. Por su enfrentamiento frente a un grupo compacto y homogéneo.

 


Las localizaciones juegan un  papel fundamental, ya que el entorno amenazador y las particularidades telúricas eran fundamentales para recrear el malsano entorno. La residencia de Lord Summerisle se utilizó el Castillo de Culzean (Ayrshire). Se precisaron frutas de plástico y flores pintadas para simular el verano. También se rodó en dos poblaciones escocesas Gatehouse of Fleet, Newton Stewart, Kirkcudbright, Plockton y Creetown. La escena final fue rodada en lo que hoy es un parque de caravanas Burrowhead Holiday Village.



Es algo normal en la cultura británica literaria, la evocación de zonas periféricas irlanda o escocia, donde perviven mitos, supersticiones y ritos paganos: La Guarida del Gusano  Blanco de Bram Stoker, etc..
En cuando a las escenas iniciales, rodaron en las Hébridas Interiores, y la toma desde el avión en Sudáfrica.
Para el guión se inspiraron en libros como “La Rama Dorada” de Sir James George Frazer, sobre los primeros mitos y creencias paganas y su influencia en el siglo XX. Alumnos de las escuelas de baile ayudaron en las escenas de danzas y los oriundos fueron reclutados para rellenar tabernas y rituales iniciáticos.
El montaje original del stajanovista Roger Corman dejaba muchos flecos y situaciones sin resolver. El “Final Cut” solucionó algunos problemas de comprensión e incluyó escenas imprescindibles.
El epílogo donde se descubre que todo ha sido una prueba, de la cual el policía habría podido escapar traicionando sus creencias (entonces no había sido víctima propiciatoria), es uno de los más desasosegadores del cine de terror. El sufrido investigador; vestido de blanco e inmaculado hábito iniciático; ejerciendo de protagonista principal en la fiesta de la fertilidad. 
Una apoteósica final donde el choque de creencias es tan brutal que, frente al Salmo 23, recitado por el policía en sus últimos momentos, los isleños le superponen una canción de celebración y una carnavalesca danza, que podría formar parte de cualquier romería multitudinaria. Según el director todas estas ceremonias eran populares en Inglaterra. “Lo que hice fue juntarlas todas en el mismo lugar y al mismo tiempo”. El resultado es un film inquietante e inclasificable, hoy en día, objeto de culto.


 
Curiosidades: El actor Edward Woodward, es católico como el personaje que desarrolla en el Film. Durante la grabación perdió un collar con crucifijo. Treinta Años después, durante el rodaje de un documental conmemorativo, fue encontrado por el equipo de rodaje en el mismo lugar.
A todo el elenco se le comunicó que se iba a utilizar un doble de cuerpo para el estimulante baile de la canción de seducción ritual, menos a la protagonista. Britt Ekland se enfureció, ya que no había querido filmarla: “Tengo el culo como una pista de esquí”.
Los comentarios de César en su “Guerra de las Galias” son escasamente creíbles.
Las letras de algunas canciones sirven de narración, como en la ópera, algo totalmente novedoso en la época.
El cadáver de la mujer en el ataúd lleva monedas en los ojos para pagar el peaje de la muerte, algo propio de la cultura grecolatina y judía.
El escarabajo atado al pupitre, que da vueltas sin descanso sobre el eje, es una metáfora del propio policía, atrapado en la onírica aldea.
Los nombres de los protagonistas proceden todos de la naturaleza: Willow (sauce), Daisy (Margarita), Rowan (árbol sagrado celta).
Una de las cabras que acompañan al policía en el ritual, al sentir el fuego, se orinó encima del equipo de filmación, desde el Hombre de Mimbre.
La primera opción para la banda sonora fue el grupo “Pentangle,” pero eran demasiado caros para el presupuesto. Nunca sabremos el resultado que se podría haber obtenido.
El papel fue rechazado por Michael York (La Fuga de Logan) y David Hemmings (El Fotógrafo del Pánico)
 

 

“Aquí, los antiguos dioses no  han muerto”


 

viernes, 5 de mayo de 2017

VII edición del Fanter Film Festival en Cáceres

       

Utilizando como mascarón de proa la mítica creación de Tobe Hooper: Poltergeist (Están Aquííí…), llega la edición nº VII de una propuesta cinéfila ya consolidada en la ciudad de Cáceres. No faltarán a la cita todos los iconos, la mitología del género y los subgéneros del fantástico y el terror. 
Como propuesta de cabecera (Viernes 5 a las 18:30) los programadores ha seleccionado una excelente revisitación del imaginario del zombi: “Train To Busan” (Busanhaeng). Estimulante propuesta surcoreana y primera cinta en imagen real del director Yeon Sang-Ho. Una apuesta, con influencias del cómic, comportamientos complicados para mentalidades occidentales y querencia por el exceso. 

Los aficionados a la “escabechina” de muertos vivientes  disfrutarán, sin olvidar el sentido del humor y la música; hibridada con lo que se ve en pantalla; con ciertos toques de crítica social y control del gore (sin excesos). Un espectáculo repleto de adrenalina que da una nueva dimensión a un género, quizás algo deshilachado, cuyos esquemas revoluciona y aplica como un mecanismo de relojería. No olvida el director las relaciones humanas, o esa metáfora de una sociedad antropófaga, capitalista y devoradora real del ciudadano. A todas luces una candidata para convertirse en “cult movie”, con su movimiento perpetuo, sus imágenes icónicas, su vocación de serie B o su nada soterrada critica sobre una sociedad que te devora. Igual que los zombis. Aquí las segundas lecturas están de más. Esta “Alarma en el Expreso” en versión “devorahigadillos”; dionisíaca propuesta con referencias a aquel fantaterror hispano de la excelente “Pánico en el Transiberiano”; pionera del terror de pipas; dejará buen sabor de boca entre los amantes de ese ¿subgénero? de tipos incorruptos que se caen a trozos y son parcos en palabras.

Otra de las propuestas del Festival es  el ejercicio de estilo “Green Room” (bañada de azules y verdes), con interpretación del malogrado Antón Yelchin. No hallamos ante un violento thriller donde un grupo punk verdaderamente “road”, acepta una insólita proposición que les lleva a una situación donde la supervivencia es el precio a pagar. Con un suspense de estudiada morosidad, evitando el montaje epiléptico o la molesta “shaky camera”, con sus resultados negativos para la estabilidad del espectador, el director nos introduce en una América oculta, olvidada y siniestra. El mensaje de “no estires la cuerda”, deja el sabor metálico en la boca de lo que la presión puede hacer con cualquier ser humano. Casi una pieza de cámara, un estudio entomológico sobre esa maldita suerte que te hace estar en el lugar y momento equivocados.  Saulnier transmite una sensación de angustia con escasos medios y mucho talento (actoral también), con progresión argumental que atrapa en sus redes. Óptimo manejo de espacio y música de Brooke y Will Blair, sin dejarse arrastrar al abismo del mal gusto en lo violento, pero manejando la incomodidad con precisión. Escaso presupuesto, pero mucho talento. Un cóctel explosivo.


“I Am a Hero” es una adaptación de un célebre manga. El encargado de pergeñar la adaptación ha sido Shinsuke Sato, que narra la historia de Hideo, dibujante mediocre, y su desencuentro con su novia/zombi. Aderezada de gore nipón (con todas sus consecuencias), algún plano-secuencia de antología y bizarrez por un tubo. No escapa a esa querencia actual de todas estas cintas de servir de crítica al sistema que permite su producción y  supervivencia. “Ya estábamos muertos”, dice un personaje. Aquí palpita el latido de la serie B, con envoltura de blockbuster para presentar un antihéroe que regala escenas del gore más visceral (en sentido esctricto) y obtuvo el Premio del Público en Sitges. Hábil manejo de los efectos visuales y el maquillaje. Devoción palomitera (en el mejor sentido) y un gran respeto por las criaturas originales del manga. 

En el lago negativo (por así denominarlo) esa propensión nipona a la mixtura de géneros, con un desenfado conceptual que resulta difícil de digerir fuera de sus fronteras. Algo así como el “Humor Japonés” por antonomasia. Mixtura desvergonzada de géneros, cambios vertiginosos de intensidad  y contextos, difícil equilibrio con lo grotesco, con instantes impactantes como la escena final o la de la autopista. Una de las escasas muestras del zombi nipón con altos niveles de calidad, refrescante y de larga duración.


 

"El Ataúd de Cristal” es un file de ajustado presupuesto donde la interpretación de Paola Bontempi, la calidad del guión y el dominio del timing,  demuestran que una obra a “Huis Close” puede desarrollar altos niveles de asfixia e intensidad dignos de otras producciones. Una ópera prima con notable banda sonora, difícil puesta en escena y sorprendente fotografía. Conlleva la dificultad del espacio único. Una limousine (que recuerda a Holly Motors), trufada de influencias desde el mismo “Hitch”, hasta el giallo italiano, pasando por De Palma.



“La Autopsia de Jane Doe” no es un plato para todos los estómagos, sostenida por las interpretaciones y Emile Hirsch y el fabuloso Brian Cox, trufada de silencios, con una primera parte excelente. La apuesta del director avanza por el terreno del terror psicológico y claustrofóbico. Jane Doe es el nombre que se da a los cadáveres de este tipo sin identificar (algo así como el Juan Nadie de Capra). Un difícil “tour de force” al que se enfrentaba el director  para no hacer excesivamente lenta y repetitiva la trama a puerta cerrada y malsana atmósfera, teñida de originalidad. Una apreciable promesa para los tiempos que corren.
“The Divide” (Aislados) es un postapocalíptico thriller que coincide con otras películas del festival en su ambiente claustrofóbico, en esta ocasión un sótano de un edificio de apartamentos. Nacida con vocación de enfermar al público, una bizarrada con ida de olla final, sobre la degeneración de unos personajes y que no rehuye las escenas duras (físicas y morales), para mostrarnos un concepto deprimente (y depresivo) de la humanidad. Preñada de referencias (Alien, Perros de Paja, El Club de la Lucha), no es un plato para servir a todos los espectadores, con una estimable interpretación de Rosanna Arquette.
“Kubo y las Dos Cuerdas Mágicas” es una pequeña joya samurai  con impactante epílogo. Fantasía heroica a modo de fábula, con influencias del cuento tradicional nipón y su mitología. Quizás se queda a caballo entre el público adulto e infantil, pero sin duda una de las mejores propuestas de los últimos años, pletórica de imaginación y  delicadeza formal. Una obra de orfebre, plena de poesía, con resonancias de Kurosawa, disfrazada de aventura iniciática y habitada de ese material con que se hacen los sueños. Excelente banda sonora de Dario Marianelli.


“Hard Core Henry”, es una cinta deudora del mundo del “game”. Perspectiva en primera persona para un aluvión de explosiones, carreras y acción. El plano subjetivo es llevado al límite en esta cinta rusa que puede agradar o terminar hastiando. No existe otra obra de estas características desde la mítica “La Dama del Lago” (1947) donde tan sólo en un espejo se ve el rostro del protagonista (Robert Montgomery). Acrobática, deslumbrante, pirotécnica, en ningún caso esta montaña rusa de adrenalina deja indiferente, aunque invite a tomar una dosis de biodramina antes de su visionado.


Otra cinta de zombies es "Melanie. The Girl With All the Gifts", con actores de la talla de Paddy Considine, la “bomba “Gemma Arterton o Glenn Close. Notable la capacidad del director para alternar secuencias íntimas con masacres, integrándolas en el texto fílmico sin imposturas. Con una crítica soterrada y ecológica acerca de la relación del hombre con la naturaleza, ayudada por envolvente banda sonora de Cristobal Tapia de Veer y la interpretación de la debutante Sennia Nanua. Una paleta cromática de tonos tierra y verdes completa esta atractiva oferta visual, Basada en la novela homónima escrita por Mike Carey en 2014, esta fábula distópica es una de las mejores ofertas de esta edición, sin duda.
Una programación que incide en la temática del subgénero apocalíptico/zombi, y que sin duda hará las delicias de los espectadores. 



 

miércoles, 3 de mayo de 2017

XXXIV Festival Ibérico de Música


                    


Una atractiva y ecléctica programación la seleccionada para esta edición, cuyo mascarón  de proa es la violinista moldava Patricia Kopatchinskaja, que llega al escenario del Palacio de Congresos cuando aún no se han evaporado los hermosos sonidos que arrancara del instrumento Tai Murray. El 19 de Mayo, los afortunados asistentes al concierto podrán apreciar la heterodoxia y vehemencia que gasta la moldava a la hora de atacar las cuerdas. Bajo la batuta de Álvaro Albiach, nos llegará un Sibelius señero, ya que fue el único concierto para instrumento solo de este autor, que lo dedicó al violinista Billy Burmester, quien no llegó a estrenarlo, dando paso a Víctor Novacek, cuya ejecución dejó mucho que desear. El Concierto para violin y orquesta de Sibelius se trata de una pieza que solicita complejos requerimientos técnicos con un primer movimiento en forma de “Sonata” con instantes de “cadenza” para lucimiento del virtuoso. Un instante de octavas paralelas, que pasea del viento a la cuerda y regresa al solista, pleno de emotividad. El segundo movimiento, sin duda con ecos de Debussy y su “fauno sesteante”, requiere temperamento en el instrumento. 

Este es un movimiento muy romántico. Aunque la verdadera dificultad se encuentra en el tercer movimiento (con apariencia de vals en el segundo tema) Este “Allegro, ma non tanto”, con un “tutti” pleno de armonías, y una técnica que solicita brío, energía, donde las frases cromáticas conducen hacia la fingida fanfarria de los metales. Un concierto con la acostumbrada pasión que el autor ponía en la partitura, una flecha directa al corazón. Sibelius prohibió que se interpretara la primera versión que escribiera de este concierto. A continuación, la Sinfonía nº 3 en Fa Mayor, Opus 90 de Johannes Brahms. El alemán se acercó a las Sinfonías con cautela y en modo progresivo (no en vano la sombra de Beethoven era alargada), debido a la presión de la crítica que lo veía como sucesor del genio de Bonn. En esta obra se emancipa de la influencia beethoveniana. Su seguridad ya era notable y apenas tuvo que trabajar tres o cuatro meses sobre la partitura. Una escritura de gran belleza cromática y “aparente” sencillez, con un segundo movimiento de leve instrumentalización, casi música de cámara que da paso al celebre tercer movimiento.
Este “poco alegretto” en 3/8 se ha convertido en una pieza popular de inmensa belleza, asentado sobre una frase melódica que se reinterpreta una y otra vez por los distintos instrumentos, retomando en “pianísimo” el tema de la apertura y que los buenos aficionados sabrán saborear y reconocerán de la película ¿Aimez-Vous Brahms?, dirigida por Anatole Litvak. El compositor consigue aunar el ardor del romanticismo con los principios clásicos de solidez en la forma y claridad. Durante el segundo movimiento podrían imaginarse plegarias, riachuelos, y zumbidos pastoriles de la naturaleza. La “Tercera” es una pesadilla para coordinar los diferentes grupos orquestales, para reflejar el subjetivismo en cada poro de la obra, a pesar de ser la Sinfonía más corta que compuso. El segundo movimiento va saltando: madera, violas, cellos, clarinetes hasta que retoma la tranquilidad. Brahms elige no terminar en crescendo, ni en fortísimo “tutti” al uso.
El epílogo es evanescente, hasta desaparecer. Una obra muy poco interpretada. A mi me parece teñida de un romanticismo ensoñador





La JONDE clausurará el 21 de Junio con una obra no estrenada en nuestra comunidad: La Novena Sinfonía de Mahler. 20:30
Palacio de Congresos de Badajoz

JOVEN ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑA
Novena Sinfonía de Mahler
La 9ª de Gustav Mahler, última antes de su óbito, es una reflexión sobre la muerte como aceptación. Incluso su inicio atípico e irregular parece reflejar la condición cardiaca del autor. Atípica en su estructura: dos movimientos rápidos, encuadrados en dos lentos y en tonalidades diferentes todos ellos. El contraste entre el primero y segundo es brutal. De la “máxima potencia” desciende a casi camerística. El Rondó tiene querencia por las disonancias, con estallidos instrumentales, hasta agonizar en un “Adagissimo” “extremadamente lento”. En el cuarto el alma parece serenarse  reposar (quizás recuerdos de su hija fallecida). Aquí, la orquesta se remansa, la eternidad llega en toda su grandeza. Se requiere el uso de tres flautas, contrafagot, cuatro oboes, corno ingles, campanas, arpa. Absolutamente atípica y excesiva. Sobrecogedora, y quizás su mejor composición.

 Sábado 20 de Mayo.
Teatro López de Ayala. 20:30
Como novedad la inclusión de la danza con el ballet “Castor y Pollux”, basado en un mito griego. Los hijos de Leda, conocidos como los “Dioscuros”. La partitura es de Santiago Lanchares y hay 14 escenas en las que Lanchares ha dividido esta historia musical, que escribió para piano y percusión (vibráfono y marimba).
La música de ‘Castor & Pollux’ fue estrenada íntegramente por los músicos Miquel Bernat y Ananda Sukarlan a finales de 2014 en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, pero nunca hasta ahora llegó a materializarse como ballet.


El 26 de Mayo se podrá disfrutar de “Los Cuartetos de Cuerda de Almeida Mota para Carlos IV”, a cargo del Ensemble Bonne Corde
Un programa que ofrece como primicia 3 de los 16 cuartetos de cuerda que compuso João Pedro de Almeida Mota en el siglo XVIII, y estaban reservados para los fastos y celebraciones de la Corte. Estos cuartetos poseen una gran importancia histórica en la producción de cámara portuguesa del siglo XVIII. Son las únicas composiciones escritas conservadas para esta formación.
Joao Pedro de Almeida Mota, vive la transición del Barroco al Clasicismo. En algunos archivos españoles figura como Juan Almeida. El descubrimiento que se hizo por parte de Filipe de Sousa en el vecino Palacio Ducal de Vila Viçosa de la partitura del oratorio “La Pasión de Jesucristo” para solistas coros y orquesta, hizo aflorar la existencia, casi ignorada de este compositor luso en los albores de los años 80. A continuación serían las investigaciones de Humberto D´Avila, las que dieron frutos para conocer a este enigmático compositor, que comenzó siendo cantor en la Se de Lisboa. Como curiosidad decir que se dedicó a componer obras sacras y villancicos, que al estar prohibidos en Portugal, tan solo podían interpretarse en las iglesias españolas, donde gozaban de gran popularidad. 


En ocasiones ocupaba el puesto de violín segundo en los cuartetos de la Corte. Durante su estancia como compositor en la Capilla Real y después del cierre del “colegio de los capones”, donde se preparaba a los castrati, compuso estos cuartetos. Pertenecía por igual a la tradición portuguesa como a la española. 
Sus obras superan las doscientas entre cuartetos, misas, piezas para órgano y pueden adscribirse por estilo y vocación a la tradición ibérica. Estos cuartetos son una delicia para el oído especialmente el Cuarteto en sol menor op4 nº 3, con claras influencias de Haydn o Boccherini, que ignoramos si se ejecutará ya que la cartelería no es demasiado precisa al respecto. Habrá que esperar a ver los programas de mano.

 

 27 de Mayo
Residencia Universitaria Fundación Caja Badajoz
Música en Familia
LA HISTORIA DE BABAR, EL PEQUEÑO ELEFANTE
Concierto teatralizado basado en la obra del escritor e ilustrador Jean de Brunhoff y la música de Francis Poulenc. Este cuento musical o composición didáctica, encantará a los pequeños que se irán aficionando a la música a través de la historia del pequeño y entrañable elefante. Nacida gracias al interés de la pequeña Sophie, que se aburre de la música atonal de su tío, y le coloca en el soporte de partituras del piano la historia de un libro que está leyendo. Poulenc decide, afortunadamente, no apartarlo y le pone música. Esta obra puede encontrarse en las dos versiones (con o sin narrador). La que nos regala este ciclo es el cuento “para narrador y orquesta sinfónica”. Compuesta por secciones individuales de música como “la rêverie, el nocturno, la nana”, también existen otros momentos en que la concordancia de la pintura musical es total con el texto narrado

Sin olvidar la Música en la Calle/Música Na Rua que amenizará distintos espacios de la capital.

Domingo 4 de Junio, 19.30 h.
Teatro López de Ayala
BANDA MUNICIPAL DE MÚSICA DE BADAJOZ
Concierto de solistas para un aniversario.150 Años
A beneficio de la Asociación Oncológica Extremeña (AOEX
Obras de Weber, Stölzel, Manfredini, Doppler, Strauss, Glazunov y del extremeño Miguel Del Barco.

11 de Junio 20:00
Residencia Universitaria de la Fundación Caja Badajoz
El Festival Joven, sección del Festival Ibérico dedicada a estudiantes de música y jóvenes intérpretes, acoge en su séptima edición un concierto de tres solistas de la Orquestra Sinfónica Juvenil Portuguesa.
 Ana Paula Sousa (violín), Beatriz Acosta (viola) y  Cinzia Piredda (piano) que interpretarán un programa con obras de Brahms, Grieg y Spohr Este grupo de cámara llega desde Lisboa.


16 de junio.
Casas Consistoriales (plaza Alta) a los 20,30 h
Recital de guitarra con sabor extremeño, a cargo de Juan José Rodríguez,

Obras de Bach, Mertz, Frank Martin y Albéniz.