viernes, 28 de octubre de 2022

Prime. El cristal y la hiena. 41 Festival de teatro Vegas Bajas.

 

               


"Prime. El cristal y la hiena" es un notable espectáculo, dotado de genuina autoría y contemporaneidad, que nos adentra en cuitas y congojas de plena actualidad. Pero bajo el disfraz de la inestabilidad laboral, bajo la apariencia de un testimonio de la situación juvenil ante las expectativas en el trabajo, se oculta un giro final donde el thriller solapa a la denuncia social. José A. Lucía perfila un personaje con ciertas reminescencias de aquel “Satanás” que creara de la mano de Marino González Montero. Un demiurgo que invita a los veinteañeros a formar parte de una cadena de trabajo con suculentas remuneraciones, en una suerte de habitáculo opresor que les aísla del exterior y extrae sus emociones más viscerales y soterradas. El trabajo de los jóvenes actores es sólido y ágil. Perfilan los personajes con acierto, dotándolos de carácteres bien definidos, con sorprendente naturalidad. 

Simón Ferrero ha pergeñado un texto robusto y expresivo, donde las peripecias del grupo humano, que accede a un inquietante empleo de paquetería, encerrados al modo reality show; bastante sospechoso; dado que los emolumentos no coinciden con lo básico de su premisa laboral: poner pegatinas y colocar cajas. El movimiento escénico es dinámico y las potentes coreografías dotan de fluidez narrativa a un conjunto que mistura con acierto el drama y el suspense, con matices de comedia y con gags acertadamente diseñados e imbricados en el conjunto. El extraño contratista ejerce de ruptura dramática con entradas y salidas que canalizan las emociones, reacciones y decisiones de los jóvenes contratados, cuyas actitudes y roles van cambiando conforme avanza la trama, destilando todo tipo de pasiones humanas. Desde el optimismo y vitalidad del inicio, ante la promesa crematística, hasta la desconfianza, el miedo y la inversión de los roles. Los depredados se convierten de depredadores (hienas) con un giro final que invierte las emociones en una catarsis colectiva y pesimista. La negritud se apodera de una narrativa que hasta el momento fluctuaba entre la comedía ácida y el drama social.



La inserción de los flash-back permite acercarse a las motivaciones de los personajes y los hechos que conforman sus existencias, al tiempo que sirve de revulsivo frente a temas candentes como la enfermedad mental, la homofobia o el abuso. Los sketches están insertados de modo que el ritmo narrativo avanza sin escollos ni altibajos, abocetando las vivencias de los voluntariosos incomunicados.

El texto posee notable sustancia. Presentado bajo diálogos que amalgaman momentos de amplia comicidad con instantes trágicos, nos oferta una visión desoladora y certera de una sociedad donde el sistema encarcela los pensamientos, anhelos y sueños dentro de una apócrifa cárcel con cristales, en lugar de barrotes. Cristal Prime es una empresa que va a llevar al extremo las emociones humanas de los contratados y extraer de ellos lo más extremo. El tempo narrativo está dotado de energía y  nervio, donde la dirección (Ferrero-Martín) extrae un juego actoral de amplia expresión corporal, correcta declamación y certera definición de los personajes.



El mensaje de una sociedad mecánica, inhumana, de cierto matiz orwelliano y con referencias del “Metrópolis” de Fritz Lang, se ofrece a modo de pinceladas narrativas donde cada escena es un derroche de creatividad visual con aprovechamiento de la opresiva atmósfera (El Molino) y eficiente uso de la luminotecnia (Javi Mata) para potenciar sensaciones y situaciones mediante el uso de colores adecuados a cada espacio psicológico o luces cenitales sobre el personaje de Luis Lucía, de matiz expresionista. El debate moral está presente con la crítica al feroz capitalismo que juega con ilusiones y futuro de una generación Es destacable la claridad con la que todos los jóvenes actores (Alba Cayuela, Miguel Pérez Polo, Esther Lapié, Daniel Lázaro y María Raserón) se meten en la piel de los personajes, enfrentados a ese maquiavélico maestro de ceremonias, expresando diversas emociones y estados de ánimo con naturalidad apabullante. Capaces de realizar la escisión del personaje con soltura y lozanía.  Hay que destacar el apoyo de un eficiente tándem en el sonido (Alicia Sánchez/Kai Salander/Esteban Gómez). Frente a ellos, Lucía notable construcción de un sibilino personaje de matiz psicopático, con diversas texturas y registros, desde la ironía a la sordidez del alma atormentada. Breves confusiones en el texto, con apenas importancia, derivan del ritmo apresurado en algunos diálogos y tienen fácil solución. 


La narrativa, de amplia fuente cinematográfica, se convierte en una espiral cuando los actos de antaño renacen hogaño para repetir el ciclo de la historia. El mensaje es claustrofóbico: no hay salida. Todo retorna, todo vuelve. Conforta y vivífica la aparición de estas nuevas narrativas contemporáneas que arriesgan, juegan con parámetros no transitados y asumen el escenario como arte, entretenimiento y (al tiempo), mensaje reivindicativo o militante. Si lo hacen con la calidad de esta obra de El Avispero Producciones, mucho mejor.

Escrita y dirigida por Simón Ferrero & Isabel Martín

Intérpretes: Jose A. Lucia, Alba Cayuela, Miguel Pérez Polo, Esther Lapié, Daniel Lázaro y María Raserón

Compañía: El avispero producciones (Extremadura)

Duración: 70 minutos

sábado, 22 de octubre de 2022

Volver a empezar (Herself) 2020

 

Phyllida Lloyd presenta un íntimo drama donde el intento de reiniciar una vida se encuentra marcado por el abuso y el maltrato en el pasado.

Volver a empezar (Herself; Phyllida Lloyd, 2020) le da un repaso a la burocracia, a las ayudas que no funcionan, a un sistema que camina a medio gas y practica el victimismo. Y lo hace diseccionando al cadáver a fondo, extrayendo las vísceras. Mostrando el interior del cuerpo. La narración nos muestra un dibujo sobre el pánico que siente la víctima de agresiones y la dificultad del cuidado de los hijos.

Sandra inicia la búsqueda de la independencia económica, uno de los lastres en este tipo de terribles situaciones, añadiendo el hecho de tener que ver a su exmarido para dejar a sus hijas. El acierto de la directora alude a las situaciones de violencia explícita, sin dejar de explicar la perturbación que producen estas situaciones, la paralización o el estrés ante la toxicidad de las personas que las originan.

Todo el aparataje dramático se apoya sobre la interpretación de Clare Dunne y las dos niñas. Los secundarios apoyan la trama con un nivel alto (Lloyd Anderson, Harriet Walter y Conleth Hill), emocionando, enviando un mensaje de comunidad y empatía y desarrollando personajes perfectamente definidos. La trama gira con acierto sobre la reinvención de la persona frente al maltrato y lo hace desde la documentación, pese al improbable epílogo (en el mundo real, las cosas no son tan fáciles).

La mujer como centro del relato en un viaje iniciático que combina la oscuridad con la esperanza, el redescubrimiento con la emancipación. Este mensaje de esperanza, de decencia en las personas, de dignidad, está dibujado sin dejarse llevar demasiado por clichés o lugares comunes, apuntando a la esperanza y a la empatía como dianas.

El guion de Malcolm Campbell (Ackley BridgeWhat Richard Did) y la propia actriz nos hablan sobre cómo componer los segmentos del puzle humano, sobre la posibilidad de recomponer el mapa roto, pero siempre desde la perspectiva de futuro, no desde la recreación de la toxicidad de la relación. Una visión sobre cómo renacer de las cenizas antes que dejarse llevar por el efectismo de mostrar o recrearse en los componentes que han producido su situación. La protagonista decide que si no puede tener acceso a una vivienda digna, puede intentar construirse una. Y para ello cuenta con la empatía y la colaboración de otras personas en un mensaje positivo y emotivo sobre el mundo.

Eficaz análisis sobre la decepción que se siente tras depositar la fe en una relación, sobre el trauma que acompaña toda ruptura sentimental y lúcido análisis sobre cómo volver a levantar el castillo de naipes de una vida cuando se ha derrumbado. Los fantasmas, cuando se dejan atrás, ya no asustan tanto. Volver a empezar adolece de un cierto aura capriano y algún sesgo telefilmero que buscan, conscientemente, la connivencia con el espectador en base a un optimismo vitalista y naturalista.

La reconstrucción de la casa es paralela a la reconstrucción de la persona y al compromiso que se solicita al espectador en esta historia en la que una directora con una larga carrera teatral salva el escollo de haber dirigido Mamma mía (2008) con una historia de coraje y superación sobre una mujer con dos trabajos y dificultades para el acceso a una vivienda. El realojo de la familia en un hotel por parte del estado es de matices claramente surrealistas. La familia deberá acceder por la puerta de servicio para que la clientela no pueda observar la pobreza en el vestíbulo. Bebiendo de fuentes kenloachianas (Ladybird, ladybird) y la cinematografía social, un vistazo al realismo inclemente, pero habitada de esperanza y valentía. También está presente la visión irlandesa de la realidad, donde una broma aparece cuando las cosas están saliendo mal, donde el humor supera lo arduo. Y lo consigue con un suave equilibrio, sin dejarse llevar por lo desaforado y la turbiedad ni edulcorar en exceso la crudeza de la realidad.

La protagonista es cualquier cosas menos una víctima. Es una persona que sabe que su fortaleza está en arriesgarse, en olvidar a esa persona que le golpea después de que estuviera bailando con sus hijas mientras escuchaba «Chandelier». De paso, un mensaje sobre la crisis de la vivienda, la toxicidad del patriarcado y las dificultades que pasan las madres solteras. El giro de la directora de cine, teatro y ópera ha sido copernicano, desde el musical y la biografía (La dama de hierro, 2011), para mostrarnos las diferentes facetas de una situación humana y social desde las perspectivas laborales, familiares, jurídicas o asistenciales. Un hachazo al heteropatriarcado más cavernícola, anclado en lo arcaico y la falta de empatía. Un tiro de gracia a un sistema corrupto que conculca los derechos a diario de la mitad de la población mundial.

viernes, 21 de octubre de 2022

Jerusalem. Cuando vuelven los gigantes. 45 Festival Internacional de Teatro de Badajoz.

José Vicente Moirón

 Todo el maelstrom narrativo, toda la vorágine dramática de “Jerusalem”, orbita alrededor de ese zíngaro anarco, nihilista, dionisiaco y narrador de hisorias bajo cuya piel habita José Vicente Moirón. Un Johnny “El Gallo” Byron al que disfraza de una fisicidad apabullante. Un personaje que destila carisma, truhanería y vocación de mito en las palabras y el gesto del actor pacense. La trama se desarrolla en una zona boscosa donde malvive ¿o no? este gurú desenfrenado y licencioso que hace del exceso un arte. Jez Butterworth no pone bridas a este drama nada convencional, no trata de gobernar el bocado del caballo para que trote libre y salvajemente. Este concepto desaforado es tomado por el director, Antonio C. Guijosa, para pergeñar un eficaz y fastuoso espectáculo de casi tres horas que fluyen con celeridad en un tempo narrativo ágil y festivo. Al espectador no le importa que Byron venda “productos” a la muchachada o que la chica que surge de debajo de la caravana sea sospechosamente joven. Esta historia de lumpen, de seres marginales y hedonistas, tiene más de mitológica que de científica. Más de paganismo ancestral que de sesudas interpretaciones sociales. La alegoría se construye sobre la potente escenografía de Mónica Tejeiro, dotada de textura por la acertada iluminación de Rafael Cremades. La caravana-útero de la cual surge el arcano maestro de ceremonias, una barahúnda de artilugios varios, sacos o latas, un televisor destrozado, que componen el hábitat anarquico de esta troupe de desclasados, con la hábil guardarropía de Rafael Garrigós. Alrededor de este vórtice de energía ¿positiva? que personifica “El Gallo” Byron, una troupe de parias pululan y se agitan en precisas coreografías que utilizan todo el espacio dramático, chicas que aparecen bajo la misteriosa caravana, extraños individuos disfrazados, yonquis, buscavidas y toda una variopinta Corte de los Milagros, encarnados con soltura y naturalidad por los actores, pese a la dificultad técnica que solicitan en teatro estos personajes extremos, que siempre navegan entre la frontera del histrión o el peligro de la desmesura.

 

En algunos instantes el esperpento valleinclaniano sobrevuela personajes y actitudes de esta mitológica campiña inglesa donde el caos es una ceremonia y los sueños que trata de robarnos la sociedad biempensante se recuperan a golpe de farlopa, whiskies o invocando a los Gigantes para tener esperanza en un mañana. “El Gallo” es un dragón que se resiste a ser vencido por San Jorge, un Odiseo que ha encontrado su Ítaca en una caravana que ha nombrado "Waterloo", con una señal vieja de ferrocarril. Y no va a dejar que se la arrebaten… Teatro del Noctámbulo ofrece un espectáculo apabullante en lo dramático y en lo humano, arrancando retazos de vida (y acidez) a personajes de amplia humorada negra que pululan por el boscoso pueblo de Wiltshire. Jerusalem es una elegía, a ritmo de LSD a esa Inglaterra rural en extinción, plena de tradiciones. Un hachazo frontal a la conformidad y el estatismo, vomitado desde el profético megáfono de “El Gallo”, un hombre con sangre poderosa. Un hermoso inicio con Phaedra (Lucía Fuengallego) sobre la caravana, interpretando el himno (letra de William Blake y música de Hurbet Parry) da paso a un desenfreno que gravita en torno a la vivienda sobre ruedas de este mitológico flautista de Hamelin, pasado de rulas, que celebran el Día de San Jorge en medio de un lirismo destroyer y desatado. Carmen Mayordomo compone al pícaro escudero Ginger, con vocación de disc jockey, en acertada composición. Con desenvoltura y sabiduría escénica en los tres personajes que dibuja.



 

El resto del elenco cumple con fidelidad la creación de los complejos personajes de la obra genésica, para ofrecernos un cuento pervertido y desaforado de jubilosa coreografía. Un canto a la libertad atávica y la anarquía vocacional, al apego a lo telúrico. Pese a todos. Teatro del Noctámbulo mantiene a Johnny “El Gallo” palpitando en su Edén, con una producción de alto nivel artístico que nos hace añorar (paradójicamente) esa Arcadia inexistente. Una arriesgada y ambiciosa apuesta, solventada con creces por la compañía. A veces, son necesarios estos druidas para invocar a los Gigantes…

 Traducción y versión de Isabel Montesinos

 Dirección Antonio C. Guijosa 

Reparto: José́ Vicente Moirón Carmen Mayordomo Gabriel Moreno José́ F. Ramos Alberto Lucero Lucía Fuengallego Alberto Barahona 

Iluminación: Carlos Cremades Espacio Sonoro: Álvaro Rodríguez Barroso Escenografía: Mónica Tejeiro Vestuario: Rafael Garrigós Maquillaje y Peluquería: Juanjo Grajera 

Coreográfa Cristina Rosa Video realización Antonio Gil Aparicio (EMBLEMA FILMS) Ayudante de Dirección Manuel D Co-producción Teatro del Noctámbulo, Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura y Teatro López Ayala de Badajoz



 

sábado, 8 de octubre de 2022

A5 Vocal Ensemble. Los otros maestros andaluces del Siglo de Oro. XXIX  Muestra de Música Antigua

La Música Antigua es una de las asignaturas pendientes de nuestra cultura. Convertida en una especie de Cenicienta, a la sombra de las grandes orquestas, o de etapas históricas más reconocibles para el público (o más gratas), combate contra los molinos de viento del desconocimiento y la falta de interés de una parte de Instituciones. La enseñanza ha mejorado visiblemente con respecto años pasados, la inclusión de asignaturas como bajo continuo, temperamento, ornamentación, etc, han enriquecido la formación de los profesionales, pero la falta de un Plan Nacional de la Música, la creación de una red nacional donde los profesionales diseñaran un proyecto, a la vez patrimonio y profesión, sigue lastrando el futuro. La no existencia en todos los centros de las especialidades instrumentales antiguas o del canto renacentista y barroco, y la escasez de plazas para la docencia tampoco ayudan demasiado. El camino pasa por la especialización, creación de másteres de interpretación en música hispana o recuperación del patrimonio musical, que podría fomentarse por Comunidades. Obviamente, la participación de la Administración y de los organismos que pueden apoyar económicamente estas actividades, es imprescindible. Fundamentar la investigación con acuerdos I+D que se basen en la nueva investigación perfomativa, en Universidades, CSIC, etc. Potenciar el Renacimiento y la parte medieval, frente al (más apoyado) Barroco, sería otro de los peldaños de esta escala. Cabe destacar la labor de la GEMA (Asociación de Grupos Españoles de Música Antigua) y la existencia de 245 grupos de músicas históricas, según el artículo de Julio López Agudo «EFECTOS DE LA PANDEMIA EN EL SECTOR DE LA MÚSICA ANTIGUA ESPAÑOLA» en la revista “Codalario” (11/1/2022).
El programa elegido por A5 Vocal Ensemble, ya curtidos en estas lides de recuperación e interpretación de maestros andaluces, fue una señera oportunidad de escuchar composiciones de difícil acceso. Muchas veces a la sombra de los Maestros más reconocidos. Una vez terminado el concierto, sorprende más aún que todos estos autores permanezcan en esa “segunda fila”. No lo merece ni la calidad enorme de sus partituras, ni su complejidad creativa. Jerónimo de Aliseda fue hijo del músico Santos de Aliseda, también Maestro de Capilla de la Catedral de Granada. En los manuscritos de los siglos XVI y XVII se refieren siempre al padre como “Santos” y al hijo como “Aliseda”. Entre otras ocupaciones, jugaba a cartas con Juan Petrel (tiple de la iglesia) y otros cantores, amenizando la velada con sus propias composiciones. El “Ave María” es una obra deliciosa con predominios de blancas y redondas, con especial riqueza en el segmento “Santa María, ora pro nobis”, donde se usa el canto llano como un ostinato en la voz superior, un presagio del uso similar que Monteverdi realizaría en sus “Vísperas”. Un perfecto preludio fue escuchar, ascendiendo, el sereno empaste de las voces del Ensemble hacia la bóveda de la iglesia, en una de las obras más bellas de Aliseda. Rodrigo de Ceballos (el puente que une Cristóbal de Morales con Francisco Guerrero) perteneció a una amplia familia de músicos activos en la Catedral de Burgos, donde fue recibido como cantor. Su hermano, Francisco, era Maestro de Capilla. Se desconoce si el Juan de Ceballos que era cantor y organista en Granada, era su padre. Rodrigo nació en Aracena (según documento de la Capilla Real de Granada: Elústiza y Castrillo), motivo que convierte este concierto de A5 en algo muy especial. No sólo es la recuperación de patrimonio cultural, es el regreso, el reencuentro de lo que fuera y de lo que es. Es admirable la intensidad expresiva, la belleza formal, el color y el sentimiento que destilan sus composiciones, que participan del universo de Tomás Luis de Victoria en esa fusión entre lo místico y lo expresivo. “O pretiosum et admirabile sacramentum” fue otra de las  obras elegida y desarrollada por A5, una melodía tan dulce como su propia letra indica (gracia salvadora y de toda dulzura) donde los melismas se elevan hacia lo más alto en un juego sonoro pleno de texturas imitativas. “O virgo benedicta”, rica en matices y dinámicas, del autor sevillano. Ceballos mantuvo una fuerte polémica con Andrés de Cerezo (sochantre), quien lo acusaba de entrometerse en sus responsabilidades con los mozos de coro, dando la razón al primero. Eso le dejaría tiempo para componer una partitura tan hermosa como las desgranadas en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Aracena. . Juan Navarro “Hispalensis” nació en Marchena y concurrió a la oposición junto a uno de los “grandes”: Francisco Guerrero, para cubrir la vacante del magisterio de capilla de la catedral malacitana. Estuvo presenta con “In exitu Israel “(Monasterio de Guadalupe. Estantería Códice 2.  E-GU Códice 2 (42v—48), posiblemente copiado por Juan de Alcázar. El Salmo   113 para las vísperas del domingo es una de las obras más largas del concierto. “Hispalensis” fue el primer compositor español que concibió el ciclo de himnos para todo el año litúrgico. Fue maestro de Tomás Luis de Victoria, que entró como niño de coro en la Catedral de Ávila. Navarro fue músico de gran claridad en el conjunto polifónico, sin interválicas complicadas y jugando con un sencillo contrapunto. En este salmo (con partes monódicas en los solistas como acostumbraban en la época ), la agrupación extrae toda la densidad y textura dramática que solicita la obra, con el acompañamiento leve del órgano (técnica alternatim) y la doxología en el epílogo “Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo”,  que fue ampliamente aplaudido por el público. De nuevo retornó Ceballos con los motetes “In illo tempore, descencens Petrus” y el motete a cinco “Ecce nunc tempus acceptabile”, una envolvente y etérea superposición de voces, hermoso homenaje al músico en el terruño donde nació.
Una de las obras más hermosas del catálogo llegó de la escritura de Jerónimo de Aliseda. Beatus Franciscus, con su hermoso crescendo. Una excelente exposición donde las voces se funden; a modo de sollozo; una y otra vez en un retorno perpetuo para ascender, hasta agonizar en esa larga nota mecida (Retribuas Mihi). Una emocionante composición, que retoma los versos 1 y 8 del Salmo 142,  que recitó Francisco en su lecho de muerte (Leyenda Mayor, XV, 5). Todo un homenaje para el “poverello” de Asís que, A5 Vocal Ensemble,  resucitó en un entorno privilegiado de agradecida acústica. “Ecce Sacedo Magnus” (a 4), Ceballos se recrea en la atmósfera, jugando con las dinámicas, en una obra breve, pero perfecta en su estructura y expresividad dramática hasta ese “conciliatio” final, Una delicia que, en las voces de los sevillanos, fue agradecida por el público. El “Salve Regina (Ms. I, doc, 4, fols. 14vº- 17vº a cuatro de Pedro Fernández de Castilleja (Maestro de Maestros, según F. Guerrero), es una antífona votiva, uno de los cuatro himnos del Breviario de la Santísima Virgen María que se cantan al final de Completas. Fue maestro de gramática y música y fue amonestado por no “tener a buen recaudo a los seises que tenía a su cargo”. Una composición de intenso concepto místico, de certera brevedad que recrea la “Salve”, con secciones gregorianas, un rito que tuvo particular importancia en Sevilla. Fernández emplea un movimiento escalonado descendente desde el compás 16. En el inicio el bajo y el tenor expresan la imitación al unísono, luego; con el cantus en la octava superior; está muy bien planeado.  En “gementes”, cada voz entra simultáneamente con una contramelodía que continúa la estructura del dúo no adyacente, incluso más tarde que el pasaje cuando suenan las cuatro voces.  Completaron el programa “Ambulans Jesus” de Ceballos, “Versa est in luctum”, de Juan Gutiérrez de Padilla. Un memorable concierto que dejó patente que los autores que quedaron fuera históricamente del triunvirato de compositores renacentistas podrían estar a su lado con todo el derecho. Como colofón el “Trahe me post te”, que figura en su disco “Ave Virgo. Francisco Guerrero (1528-1599). Obras a 5 voces del Siglo de Oro sevillano”, que sirvió para dejar aun más claro que esos “otros maestros” no tenían ninguna carencia que les hiciera envidiar a los autores consagrados.
A5 Vocal Ensemble sostiene su arquitectura cromática sobre los dos timbres más extremos. El esmalte de la voz de María Jesús Pacheco Caballero, ágil, versátil y de amplio registro (amén de un soberbio timbre) y el metal profundo y vibrante del bajo Alejandro Ramírez Sola. Estas voces contrastan (y cohesionan) el resto del grupo, obteniendo un empaste de amplia paleta timbríca. A5 nos ofreció un programa donde la polifonía imitativa, la belleza de la escritura y el descubrimiento para el público de estos autores suponen un paso más en la trayectoria de esta agrupación. Una trayectoria que les ha llevado desde una enciclopédica aproximación a la integral de los madrigales monteverdianos, al soberbio acercamiento gabacho en “Le goût Français”. Desde las piezas del Siglo de Oro sevillano (Ave Virgo) hasta la obra maestra Israelsbrünnlein de J.H. Schein. N cabe duda de que seguirán dándonos buenos momentos musicales. A 5 VOCAL ENSEMBLE María Jesus Pacheco Caballero y Raquel Batalloso Manzano, sopranos Teresa Martínez León, alto Julio López Agudo, , bajo Juan González Batanero, órgano Juan Batanero.

martes, 4 de octubre de 2022

Gianni Schicchi. Ópera Joven.

                                            Gianni Schicchi. Ópera Jóven

 

Mar Morán

Toda una sorpresa la programación de ese Gianni Schicchi, que no es sino una amplificatio de un breve pasaje de La Divina Comedia del Alighieri. Una frágil pincelada, perteneciente al “ll Trittico”, que se articula en base a doce semiomotivos, con ecos de otras obras de Puccini. Schichi posee una equilibrada y atractiva estructura teatro-musical y un aria señera y sobresaliente para soprano: “O mio babbino caro”.

A partir de la creación de “La Fanciulla del West”,  Puccini toma una nueva orientación con las óperas en un acto, basadas en las tres partes de la obra de Dante (Puccini no deseaba que se representaran separadas) y en las que (extrañamente) apenas tuvo problemas con su libretista (Giovacchino Forzano). Aunque fue Marotti realmente el inspirador de este concepto de varias obras en una sola. En realidad se aprecian escasas relaciones entre las tres óperas, salvo las cuotas de italianismo. Desde Tosca no había situado ninguna ópera en Italia. La historia del taimado florentino, apenas un esbozo ((inferno, c. XXX, vv. 31-3, 40-5) en la génesis de la obra de Dante, está impregnada de espíritu italiano. Un retorno que el público purista agradecía después de tanto experimento pucciniano con otras nacionalidades. La brillantez, el stacatto, la alegría y vitalidad de la propuesta, agradaron al público y crítica de la época, situando al astuto Schichi por delante de las otras óperas de la trilogía. La modernidad en el uso sofisticado de los motivos orquestales no andaba lejos del éxito que obtuvo con la crítica. Como cuando emplea las notas a contratiempo y las corcheas seguidas de silencios, combinadas de manera magistral en diversas escenas cómicas.

Gianni Schichi contiene arias que, aunque menos divulgadas que el “babbino”, son efectivas y hermosas. Como el aria de Rinuccio “Firenze è com´un albero Fiorito”, desarrollada por Cesar Arrieta con frescura y descriptiva articulación, dentro del continuo musical que estructuró Puccini, pero que tampoco puede separarse como pieza de concierto del contexto schichiano.

Manuel Antonio Torrado Gonzalez



La pieza es exigente en su segunda parte y conserva ese estilo de stornello  toscano popular con dos Si agudo, perfectamente solventados.

El acercamiento a la obra bufa solicita un tratamiento musical diferente al halo romántico. El tratamiento orquestal ataca con diferente sesgo, la melodía, el tono, el ritmo. La Aran Camerata dota de ese toque chispeante y ligero a este Schicchi, con deliciosos números de conjunto sobre las tablas.

La característica más potente de Gianni Schichi es su solvente mistura de dramaturgia (una de las más certeras de la ópera italiana), su ingenioso libreto y el luminoso sentido de comedia desarrollado, apoyándose en lo instrumental y lo vocal. Ese torbellino escénico que se hibrida a la perfección con lo que emana de la partitura. Una verdadera gozada coordinada por Cristina D. Silveira.

El conjunto de cantantes cumple a la perfección uno de los requisitos que hace de esta obra un escollo a la hora de representarla, la certeza interpretativa en cada uno de los numerosos roles y la personalidad individual de cada uno. No solo el libreto define la personalidad y actitud de los actuantes, también los motivos musicales arropan las acciones individuales y colectivas. Los motivos cortos recurrentes se citan una y otra vez, jugando con las mayores y las menores.





Los numerosos miembros del clan familiar suelen cantar con predominio del menor, mientras que los forasteros (Lauretta, Schicchi, Rinuccio) suelen estar en mayor. La utilización de las menores tampoco es fortuita, el autor trataba de reflejar la hipocresía del clan familiar, magníficamente interpretado (y coreografiado) por el elenco. Para el instante en que los parientes tratan de sobornar a Schicchi, a espaldas de los otros,  se utiliza una ironía musical. Aquí Puccini toma material del motivo en el cual  Schicchi describía su plan maquiavélico. La orquesta semeja burlarse de los parientes.








Los cantantes-actores salvan con fluidez y precisión milimétrica ese ritmo endiablado (casi de screwball comedy) con divertidos  momentos, como el desfile de sombras. La dramaturgia está desarrollada con naturalidad, con momentos coreográficos de gran lucidez  (y jocosos) como el tejemaneje que se traen los familiares con el difunto en la cama, la búsqueda del testamento o los instantes del notario con Schicchi jugando sus astutas bazas, ante la exclamaciones e imprecaciones de los taimados familiares. En algunos instantes es casi una comedia de puertas, con profusión de entradas y salidas. Pero nada es excesivo en esta disparatada coreografia donde el motivo musical para el duelo de los familiares se citará a menudo por la orquesta. Hay una vis cómica desconocida en el Puccini de las arias dolorosas y las melodías melodramáticas, que dibuja personajes con pinceladas cortas pero certeras. Solazados (y aviesos) personajes de filigrana italiana, manejados con un hábil sentido del tempo.

La orquesta empasta en todo momento y cumple el papel descriptivo que solicita la partitura, siempre al servicio de la plástica del personaje o del elaborado movimiento escénico.

Es de destacar como ingresan los instrumentos en el entramado narrativo. El modo en que las intenciones musicales solicitan claridad en entradas, cambios, tempos o métrica. Pero también flexibilidad cuando el pasaje se repite pero la situación dramática no es la misma y exige modificación. Hay reminescencias del helénico khoros en la utilización del grupo al unísono, que bebe directamente de la dramaturgia clásica, con acertados momentos que presentan al grupo familiar como una entidad distinta de lo que representan Schicchi y los ajenos a la familia.

El aria “O mio babbino caro”, es como un remanso en medio de la hiperactividad que se desarrolla en el escenario y al mismo tiempo sirve de estructura culminante de la tensión de los pasajes anteriores. Hay una ruptura total entre la sección anterior y el aria, un cambio rotundo en la orquestación, notas largas en las cuerdas, corno con sordina. Pero también cambia la intención. Ese Andantino Ingenuo que figura en el tempo es toda una manifestación de intencionalidad. El aplauso al final del aria es algo ya instalado y, en este caso, más que merecido.

Crisitina D. Silveira

La interpretación de Mar Morán fluye en las notas altas, creando un ambiente etéreo (casi voluptuoso) y conmovedor, columpiando ese círculo de quintas inversas. La soprano extremeña va sobrada de facultades, con ese poderoso fiato, y recorre los  compases del aria en andantino (mientras la cuerda tremola en octava) con la carnosidad de una voz sedimentada y forjada a fuego lento que emociona destilando los distintos colores tímbricos. Conseguir emocionar con este momento es todo un mérito, dado que básicamente le pide a su papi que “le arregle lo suyo” a toda costa. La genialidad de Puccini evita llevar a cotas de hipérbole dramática, lo que no es sino una petición artera, sin restarle belleza.

La utilización del espacio dramático es exhaustiva, abarcando todos los rincones, jugando con ventañas, sombras o maping en el inicio de la obra, proyectado sobre el propio telón. El elemento plástico-visual está desarrollado con exactitud y dota de un aura dinámica y lúdica a la puesta en escena que, incluso juega con el espacio escénico fuera de la platea, incorporando uno de los palcos al formidable  dúo de amor de Lauretta (Mar Morán) y Rinuccio (César Arrieta). El escollo de una concepción coral (tanto en partitura como en escena) está resuelto con sentido del ritmo y gran coordinación entre los ejecutantes. La misma partitura tiende a configurarse como su fuese un número de conjunto.

Todos los cantantes cumplen sobradamente en esta miscelánea plural y disparatada que se desarrolla en la antigua Florencia, que bebe directamente de la Commedia dell`Arte y responden a  las exigencias dramatúrgicas componiendo los personajes; tanto en breves pinceladas interpretativas como en sus roles vocales; consiguiendo destacar (pese a la brevedad de algunos) para transmitir una dinámica de conjunto, precisa y técnica, en sus evoluciones. La orquesta Aran Camerata realiza una lectura adecuadamente teatral, de pulso sólido, sin caer en la lectura de foso, dados los matices que solicitan las sutilezas de la partitura desde la versada batuta de Álvaro Albiach.

Silvia Naranjo

Gianni Schichi recorre un abanico que abarca desde el lirismo de arias como “O mio babbino caro” hasta líneas que se aproximan al parlato, potenciando el elemento verbal sobre el estrictamente musical, jugando hábilmente con susurros, comentarios, onomatopeyas o exclamaciones. Incluso llegando al polidialogismo musical entre voces e instrumentos en algún pasaje. También esgrime el uso del pizzicato para crear ciento ambiente de misterio.

En el epílogo, Schicchi se disculpa con el público por sus diabluras. Al fin y al cabo todos salen beneficiados con posesiones que antes no tenían (en lo material y en lo amoroso). Todos, excepto los frailes, que se quedan a dos velas…Algo lógico, teniendo en cuenta que Schicchi salió directamente de un infierno dantesco, donde no serían precisamente apreciados.

César Arrieta

 

GIANNI SCHICCHI ALBERTO MARTÍNEZ

LAURETTA MAR MORÁN

ZITA PAOLA LEGUIZAMÓN

 RINUCCIO CÉSAR ARRIETA

LA CIESCA ANDREA NIÑO

NELLA SILVIA NARANJO

BETTO DI SIGNA MIGUEL MADURO-DIAS

SIMONE JAVIER AGUDO

GHERARDO SERGIO AUNIÓN

MARCO JOSÉ MIGUEL TORRES MORUNO

MAESTRO SPINELLOCCIO MANUEL TORRADO

SER AMANTIO DI NICOLAO JAVIER GÓMEZ CARRASCO

PINELLINO RUBÉN MOLANO

GUCCIO PEDRO GRAGERA

GHERARDINO HUGO CORCHADO FERNÁNDEZ

BUOSO DONATI TITO LÓPEZ

NARRADOR PRÓLOGO FRANCISCO NEGRO

DIRECCIÓN TÉCNICA DAVID PÉREZ HERNANDO

AYUDANTE DE DIRECCIÓN SIMÓN FERRERO

ESCENOGRAFÍA Y ATREZO LA NAVE DEL DUENDE

DISEÑO DE VESTUARIO Y CARACTERIZACIÓN VISTEQUIENTEVISTE

VESTUARIO JAVIER HERRERA Y REYES MANCERA

CARACTERIZACIÓN PILAR BRINQUETE, MARÍA LÓPEZ Y JAVIER HERRERA

VÍDEO ESCENA ALEXANDRE CANO

DISEÑO DE ILUMINACIÓN DAVID PÉREZ HERNANDO

IMAGEN PROMOCIONAL JAVIER REMEDIOS

DISEÑO GRÁFICO Y LIBRETO REMEDIOS CREATIVOS

DIRECTOR MUSICAL ASISTENTE RODRIGO OSSANDÓN

PIANO REPERTORISTA BEATRIZ GONZÁLEZ

ORQUESTA ANAM CAMERATA

VIOLÍN I JAVIER FERNÁNDEZ • VIOLÍN II MIGUEL ÁNGEL PÉREZ

VIOLA SARA MARIGÓMEZ • CELLO LUCÍA PÉREZ

CONTRABAJO ELISA CASTELLANOS • FLAUTA SANTIAGO MARÍN

OBOE ADRIÁN PULIDO • CLARINETE IVÁN GÓMEZ

FAGOT RUBÉN TORTOSA • TROMPA PEDRO HERMOSO

TROMPETA ALFONSO GARCÍA-MORA • TROMBÓN DAVID TABOADA

PIANO EDUARDO MORENO • PERCUSIÓN KIBIR MHADDA

DIRECCIÓN MUSICAL ÁLVARO ALBIACH

DIRECCIÓN ESCÉNICA CRISTINA D. SILVEIRA

sábado, 1 de octubre de 2022

Cantoría: El goce de lo luminoso. XXVII Festival de Música Sacra y Antigua de Badajoz

 Es todo un lujo que el epílogo del  XXVII Festival de Música Sacra y Antigua de Badajoz llegara de la mano de una agrupación en vertiginoso ascenso  como Cantoría. Con un programa de espíritu netamente renacentista, con esa mistura de lo piadoso y lo mundano que caracterizan esas historias mínimas (con parábola final), plenas de ingredientes y texturas. Casi como una deconstrucción de las estructuras imperantes en el Periodo.  Entre ensaladas y villancicos. Lo profano se entremezcla con lo pío en las fiestas palaciegas del Renacimiento. Los cortesanos disfrutaban con esta “última moda” que transformaba lo cotidiano en exótico, culminando en un tinte culto de latinajo que, solía condensar la moralidad de lo narrado. Por increíble que parezca, esta mezcla de estilo era apreciada por músicos de las distintas escuelas. El cuarteto acomete el sesgo más popular del repertorio profano del XVI. Y lo hace sin partitura, un particular atrevido, osado y arriesgado, pero de resultado fresco, límpido y homogéneo. El cuarteto sustenta su armazón vocal sobre el timbre soberbio, radiante y de cálido terciopelo de Inés Alonso. El empaste es señero y fluido, la amalgama no opaca ninguno de los registros, resultando un efecto sonoro que (en ocasiones) aparenta mayor número de componentes en la agrupación. El sonido conjunto, excelente. La conducción de voces, milimétrica.  El público disfruta el dominio del repertorio, los guiños humorísticos, perfectamente imbricados en lo métrico, ese saber “decir” del castellano arcaico.

Hay complicidad y cercanía en sus modos interpretativos y, sobre todo, hay placer en lo interpretativo y deleite en la exposición de las obras. Algo que se agradece y se disfruta desde la bancada. Obras únicas como “La Bomba” son desgranadas por Cantoría con un gusto exquisito, elegancia y sobresaliente humorada. El “comamos y bebamos” de Enzina se convierte en todo un banquete para los sentidos con voces tan sinceras como la del alto  Oriol Guimerá, tan dúctiles  como el tímbrico metal del bajo Valentín Miralles o la dicción de Jorge Losana. Podríamos definir el estilo del cuarteto como “envolvente”, polícromo y lúdico ¿quien dijo que el goce está reñido con la técnica? Deliciosas esas rupturas de ritmo, los chascarrillos, la querencia  picaresca, las onomatopeyas que llegaron desde las partitura original (y desde la pasión) de los murcianos. Hay un estricto dominio de la paleta cromática  que solicitan estas escrituras, alegres (pero llenas de matices), modernas y luminosas. El  cuarteto domina con soltura y descaro el repertorio. Hay madurez en el estilo y en lo técnico, el fruto de muchas horas de trabajo. La plasticidad de la oferta no deja lugar al aburrimiento o a esa distracción (del público) tan peligrosa en repertorios de la época más densos y solemnes. La expresividad en la articulación y el énfasis de los afectos componen un poliédrico (y gozoso) paseo por la alegría de vivir. La comodidad en el desglose queda patente.

Los intérpretes disfrutan desgranando (y teatralizando) este repertorio. Gozan dotando de luminosidad al juego profano-religioso de la salmodia “Corten espadas afiladas”, aman la claridad de rescatar del legajo polvoriento, ese tránsito del ascetismo medieval al vitalismo renacentista, donde vemos la contradicción entre los intereses de las castas religiosas y las populares de la jocosa “Teresica Hermana” . Se crecen desarrollando (en modo casi escénico) La Flecha,  la obra más completa de Mateo Flecha, representada a modo de medieval torneo (quizá el inventor de los efectos sonoros) y con ruptura de “la cuarta pared” en la voz de Juanilla.  El epílogo: La Bomba con acompañamiento de cuerda. Cantoría es una gozada para los sentidos. No se los pierdan. Se toman muy en serio las obras humorísticas .

lunes, 25 de julio de 2022

El hombre y el monstruo. Robert Mamoulian. 1931. La oscuridad del otro

 

                    

 


 La literatura, el cine, el teatro, incluso la pintura, se han aproximado a la subyugante otredad que emana de la figura del doble. Un verdadero filón para la creatividad, la fantasía y el análisis de la mente. Detrás de la apariencia, del producto visual solvente, del ejercicio literario mítico, se encuentra agazapado un profundo análisis de los recovecos de la mente humana. Tras el disfraz de ejercicio artístico, la psicología y la psiquiatría se aproximan a uno de los grandes misterios: el doble. El hombre y el monstruo (Dr. Jekyll and Mr. Hyde. Robert Mamoulian. 1931) es la respuesta de la Metro frente a las legendarias producciones de la Universal. Un respuesta señera, quizás la mejor adaptación de la obra genésica de Robert Louis Stevenson (aunque los exégetas de El extraño caso del doctor Jekyll. (Dr. Jekyll and Mr. Hyde. Víctor Fleming. 1941)no están del todo de acuerdo. Mamoulian consigue una conjunción revolucionaria de elementos audiovisuales, una estética imaginativa e ilimitada, junto a una vocación experimental en la forma que lo elevan por encima de la media de las versiones (algunas bastante mediocres) del mito stevensiano. 

Partiendo de la experimentación  sobre la doble naturaleza del ser humano, con el objeto de erradicar los comportamientos negativos (aislándolos y erradicándolos), el Dr. Jekyll elaborará una fórmula que diseccionará a su propio yo, escindiendo su duplicidad moral y espiritual, incluso hasta el cambio físico. El resultado obtenido con la ingestión del mejunje de Jekyll no es el esperado. La división anímica del yo deja escapar la oscuridad que anida en el hombre, la soterrada maldad, la rotura de las convenciones sociales sin importar las consecuencias sobre los otros. Porque el ser que surge desde el abismo, solicitando sus derechos mundanos, es la libertad en estado puro. Esto es sin ataduras, sin convenios, sin reflexión ni conciencia. Sin empatía. La vida, de aparente monotonía, del respetado Doctor, se transforma; durante la noche; en una desaforada búsqueda del hedonismo. Un ejercicio de libertad alternativa donde no se rinden cuentas a nada ni a nadie.  Sin importar las consecuencias.



La ventaja de su rodaje antes de la llegada del Código Hays, le permite hacer un retrato certero de la penumbra moral, de la violencia  o del erotismo salvaje y desatado. Mamoulian juega con la cámara subjetiva desde la secuencia donde no vemos el rostro de Jekyll hasta que se para en el espejo del vestíbulo. Para ello hemos seguido desde el ojo de la cámara, sus dedos sobre el órgano. La cámara subjetiva le sigue hasta llegar a la clase donde los alumnos le esperan.

Tratándose de un producto MGM el tratamiento de la puesta en escena es minucioso y lujoso. La recreación de los distintos ambientes es una verdadera dicotomía entre la reconstrucción de la vida de la clase alta con los locales de baja sociedad o la sordidez del laboratorio del investigados. Fedrich March, un actor siempre correcto, extrae de la parábola un variado juego de matices, especialmente en los momentos en que se convierte en el libertino Mr. Hyde, donde el lenguaje corporal y el uso de la voz son especialmente notables. Miriam Hopkins juega con las posibilidades de era Precode, lo cual permite gran libertad narrativa y una actitud provocadora e intensa en el personaje. Mamoulian desarrolla una variado juego de encuadres, con escaleras, espejos, etc, destilando un rico lenguaje audiovisual renovador para la época.

El juego actoral es extraordinario y la anécdota no se limita a presentarnos una historia de terror al uso. La dualidad de todo ser humano es la baza que esta en juego. Jekyll nos envía el mensaje para no ignorar esa zona de sombras en la que todos también habitamos. Ignorarla es encerrarla y no analizarla, lo cual lleva a la represión. Sobre el film planea una filosofía nietzscheana donde lo apolíneo y los instintos más primitivos habitan dentro de la misma cáscara. Jekyll se encuentra encorsetado por las normas sociales, por el orden y la racionalidad, por el equilibrio. Mr. Hyde es la cara oculta de la moneda. Una bestia sin empatía, embriagada por su instinto, sin los filtros sociales, sin freno. 



El sendero directo hacia lo dionisíaco. El argumento es un absoluto revulsivo para los bienpensantes y las buenas costumbres, porque Hyde representa las cosas tal y como son (sin el disfraz de la civilización), dice la verdad desnuda y sin ambages. A Ivy (Miriam Hopkins) lo que más le asusta del alter ego es que lee los pensamientos. Los pequeños detalles son tan importantes como el mensaje primordial. No en vano los rasgos del engendro que surge del interior de Jekyll cuando consume la poción y se libera de convencionalismos es el reflejo de nuestros ancestros. El doble es un personaje simiesco, con rasgos atávicos. Evolucionistas. El mensaje darwiniano sobrevuela los actos instintivos de Mr. Hyde. Un ser civilizado liberado de toda atadura social e histórica. El director juega con encadenados diagonales, mostrando dos actos al mismo tiempo, juega con metáforas visuales como la inmensa biblioteca (inabarcable) que nos comunica la imposibilidad de adquirir todos los conocimientos. El erotismo es elegante al tiempo que instintivo. Como muestra baste la secuencia donde una Miriam Hopkins de altísimo voltaje deja balancear su pierna desnuda (como el resto de cuerpo) sobre la cama. Travellings rapidísimos, superposiciones, cortinillas. El despliegue visual es apabullante y está perfectamente imbricado en el pathos, para concluir en esa escena (fotograma a fotograma) en la que el cadáver de Hyde retorna a su originario Jekyll ante la mirada asombrada de los policías. Primera adaptación sonora del clásico de Stevenson fue proyectada en el Festival de Venecia de 1932. Pese a sus reminescencias de “silentmovie”, lo avanzado de la planificación y la utilización de la cámara como recurso narrativo la han convertido en una referencia impecable sobre el mito del Doble. Sobre la oscuridad que habita en nuestra luz.  




Las influencias de este film podrán rastrearse después en otras obras del autor como Ámame esta noche (Love Me Tonight). 1932)  o La reina Cristina de Suecia (Queen Christina. 1933). Robert Mamoulian consigue misturar un  cuento visual de terror victoriano con el análisis certero y la disección de la dualidad humana, siempre con un espejo-metáfora como protagonista.  Y lo narra con una modernidad envidiable, con una extraordinaria puesta en escena, con un envidiable ritmo. Con sabiduría fílmica integra las teorías freudianas dentro de un aparataje que bebe directamente de la imaginería del Drácula(Drácula.1931)  de Tod Browning. Miriam Hopkins esta soberbia en su personaje de cantante cockney exhibicionista y Fedrich March borda un ancestro unicejo con  uno de los mejores maquillajes de la época. La puesta en escena londinense es de las más atractivas que se han filmado. Justificar los actos de Hyde como un apéndice escindido de Jekyll no es algo que se pueda creer. El desenfreno que se desata en el doble procede, sin ninguna duda, del interior aparentemente pulcro del doctor.

“Te lastimé porque te amo. Te deseo. Lo que quiero, lo consigo” (Hyde)

 

miércoles, 29 de junio de 2022

Luz para un paisaje. Plácido Ramírez Carrillo

 

                                                              LUZ PARA UN PAISAJE



 

Decía mi abuela (con esa sabiduría popular que va perdiendo la batalla frente a la tecnología), ese es un “culo de mal asiento”. No acaba cosa ninguna y empieza ciento. También tenía otra expresión de sabiduría cotidiana. “Ese es un reidero”; adjetivo incunable que hace referencia a personas cuyas opiniones, actitudes o conducta, únicamente producen mofa o chacota en el personal. Plácido Ramírez es un culo de mal asiento, con la diferencia de que él sí termina aquello que comienza. En un mundo cultural donde abundan esos reideros, que mi abuela detectaba con castiza facilidad, la aportación de personas como Plácido permite que la cultura sea una textura viva. No un panfleto manejado por los intereses de hunos y hotros. Gracias a todas las personas como él, que hacen posible que la literatura, la música, el conocimiento lleguen a rincones que, de otro modo, carecerían de estas posibilidades ¿Quién hace cultura realmente? Las entidades no hacen cultura. La gestionan. Pueden ser sustituidas por otras sin que apenas se note. Las ideologías no hacen cultura, la deforman. La pliegan a sus intereses, filias y fobias particulares. La cultura de base, de a pie, la hacen aquellos que poniendo muchas veces de su propio bolsillo para gasolina, llevan a un pueblo un espectáculo que combina lo literario con lo musical, ofreciendo su tiempo y sus dones un día y otro. Los que patean el camino y no piden a cambio más que unos aplausos y la satisfacción de compartir sus creaciones.




Vivimos malos tiempos para la lírica. Tiempos en los que el hecho cultural intenta ser captado, doblegado y estandarizado por causas externas. Donde el mensaje se intenta filtrar por el colador de ideologías y credos para que la comida salga en su punto. Un poco de sal y un poco de pimienta, si me permiten la metáfora culinaria. Es frecuente observar como la creación y los creadores se pliegan a lo coyuntural, a lo que se lleva, a lo que va a gustar a determinado sector o tiene más posibilidades de ser apoyado, más por su contenido que por su continente. Flaco favor se le hace a la cultura cuando se somete a lo circunstancial y lo pasajero, cuando  las características de lo artístico son la universalidad y lo atemporal. El autor de Luz para un Paisaje, su último libro poético, desarrolla también su faceta de columnista en un diario del terruño, donde entremezcla la metáfora con la textura social, la recreación del lenguaje con la observación cotidiana de la realidad y su juicio desde una perspectiva humorística. No le arriendo las ganancias (que también lo decía mi abuela). Habitamos una curiosidad de experimento social donde a nadie le gusta que le saquen los colores, pero ellos si se los sacan a los hotros, donde nadie quiere la más mínima crítica, ni reseña. Pero a ellos les falta tiempo para criticar o reseñar a los hunos. La doble vara de medir. El ancho del embudo. La parte estrecha para ti, la ancha para mí. De estos sinsabores, que Plácido irá aprendiendo conforme se introduzca más y más en esa Ítaca, para nada soñada, que es nuestra sociedad. Conforme sus artículos continúen abriendo con su bisturí literario las “cosillas” de hunos y de hotros. Con el tiempo y unas cañas (llena otra vez Josué), el poeta-articulista ha ido edificando un estilo propio, un andamiaje que combina la revisitación de la palabra olvidada, casi oxidada, de una población o grupo social, con el neologismo. Capaz de misturar la claridad de pensamiento, frente al hecho cotidiano con que nos castigan nuestros próceres un día sí y al otro también, con esa visita continua de su prosa al ámbito más poético, con certeras y cotidianas metáforas. El Plácido articulista impregna sus máximas y observaciones del entorno árido e irritante de lo social, arropándolo con el milagro de la palabra bruñida, del verbo recreado.

Como tantos otros, hace tiempo que se dio cuenta de que no existe la Arcadia prometida. El hecho cultural está sometido al hecho actual, la creación al oportunismo. Luchar contra los molinos de viento forma parte del paisaje, pertenezcan los molinos a los hunos o a los hotros.

A lo largo del tiempo, Plácido ha sido cofundador de la Casa de Extremadura de Leganés, de la Asociación Cultural “Puebla de la Jara”, director de la Revista Tamujar, colaborador en diversas publicaciones periódicas. Presidente de la Asociación de Amigos del Museo Luis de Morales o coordinador de los Lunes Líricos de la sala Ámbito de El Corte Inglés, entre otras…

Escaso tiempo a tenido para merodear por las mesas de banquetes donde se reparten las prebendas y se recogen las migajas a los que son fieles a las causas.

Luz para un paisaje es el libro número nueve del autor. Un retorno, un viaje cíclico (como todo en esta vida). Unas palabras que nacen desde la añoranza, en ese “Madrid sin corazón” con que se encuentra el exiliado. Una ciudad de grandes ausencias y de hombres rotos que caminan aferrados a la mano de su padre. Es la tragedia del exilio, de la emigración, del desamparo vivida en carne propia. Una ciudad inhóspita a veces, que por las noches se les escapaba de las manos.



Poesía a píe de calle, pero teñida de una carga  de profundidad social que no precisa de aspavientos, que no solicita hacer ruidos, que no se acompaña de banderías ni sonido de tambores. Porque para denunciar el dolor y la injusticia basta la palabra. La palabra  exacta en el lugar más adecuado. Básicamente en eso consiste la literatura. De esto, Plácido Ramírez conoce todos los senderos. Como aquel jardín donde Borges ofrecía los senderos que se bifurcan. La palabra ajustada, en esa lírica de amplia querencia popular que caracteriza al poeta, el símbolo certero del articulista que dibuja con pinceladas diestras aquella actualidad que nos rodea (y también nos incomoda), aquellos personajes que, directamente y sin rodearnos, nos incomodan un día sí y al  otro también.

La luz que alumbra el paisaje de estas páginas es la figura señera, soberbia y anhelada del padre. Un padre,  cuya mano aferra con fuerza el niño que comienza a mirar el mundo. Por encima de las penalidades, de las dudas, de esa capacidad de retener los instantes como si aún permanecieran que tiene el ser humano. Y que, precisamente nos hace humanos.

Porque sabíamos, padre,

Que la esperanza habría de llegar,

Más tarde o más temprano…

 

El paisaje de este libro está iluminado por la certeza del recuerdo, por la capacidad de sublimar los momentos oscuros (Con la lluvia, padre, llegó la noticia), por otros momentos llenos de plenitud, inolvidables, luminosos:

 

(Y recordaremos siempre al compañero. Y al decir su nombre, no habrá olvido).

 

Los recuerdos del autor forman una hermosa elegía a la vida, al amor, al sufrimiento gozado (si se sufre, es porque antes se amó mucho). Por sus páginas encontramos esa capacidad humana de superar la grisura, de enfrentarse al dolor y la desesperanza. A ese terrible desafío que es la incertidumbre.

 

(Y al llegar la noche, la ciudad se nos escapaba de las manos)

 

Consigue el poeta transmitir la humana trascendencia, la aventura y el desaliento, con ese lenguaje de claridad sonora que se ha convertido en su sello. Esa aventura sonora que convierte la palabra en diáfana sin perder hondura (en el caso de Plácido podríamos decir “jondura”, dada su querencia por el jondo y el modo en que convierte el clásico recital literario en un espectáculo poliédrico y atrayente (como decíamos en el inicio “haciendo cultura”). Ese sello peculiar que le permite escapar de la estridencia para navegar senderos humanos, hacer cercana una tragedia como la que pinta con su pluma en la paleta de estas páginas. Una tragedia colectiva, universal y eterna:

(Como tantos hombres rotos por la rabia

Y las palabras, no llegaba ni siquiera a los labios)

No es ese su caso. A Plácido Ramírez le nacen las palabras como espigas. Detrás de la amapola habita el grito desgarrado, detrás del grito, la esperanza:

(Y recordaremos siempre al compañero.

Y al decir su nombre, no habrá olvido)

Comenzamos presentando al hombre que gestiona desde de base, al militante de la cultura, al animador que convierte el hecho artístico en lúdico, la gravedad en regocijo.  

Sólo queda pedirle que siga por ese sendero y no tome ninguno de los otros que se bifurcan. La historia nos enseña que quienes se adocenan para recoger las migajas del mantel, terminan hozando entre el cieno. Que aquellos que obtienen sus sinecuras acercándose al sol que más calienta, terminan desapareciendo cuando lo hacen sus mecenas (ya sean los hunos, ya sean los otros), que aquellos que destacan únicamente gracias a la prebenda, se convierten en olvido y en notas desafinadas.  O algo aún peor, como decía mi abuela. Se convierten en reideros

Ya solo nos queda vociferar delante de unas birras heladas o unos vinazos del terruño:

¡Llena otra vez, Josué!