viernes, 28 de octubre de 2022

Prime. El cristal y la hiena. 41 Festival de teatro Vegas Bajas.

 

               


"Prime. El cristal y la hiena" es un notable espectáculo, dotado de genuina autoría y contemporaneidad, que nos adentra en cuitas y congojas de plena actualidad. Pero bajo el disfraz de la inestabilidad laboral, bajo la apariencia de un testimonio de la situación juvenil ante las expectativas en el trabajo, se oculta un giro final donde el thriller solapa a la denuncia social. José A. Lucía perfila un personaje con ciertas reminescencias de aquel “Satanás” que creara de la mano de Marino González Montero. Un demiurgo que invita a los veinteañeros a formar parte de una cadena de trabajo con suculentas remuneraciones, en una suerte de habitáculo opresor que les aísla del exterior y extrae sus emociones más viscerales y soterradas. El trabajo de los jóvenes actores es sólido y ágil. Perfilan los personajes con acierto, dotándolos de carácteres bien definidos, con sorprendente naturalidad. 

Simón Ferrero ha pergeñado un texto robusto y expresivo, donde las peripecias del grupo humano, que accede a un inquietante empleo de paquetería, encerrados al modo reality show; bastante sospechoso; dado que los emolumentos no coinciden con lo básico de su premisa laboral: poner pegatinas y colocar cajas. El movimiento escénico es dinámico y las potentes coreografías dotan de fluidez narrativa a un conjunto que mistura con acierto el drama y el suspense, con matices de comedia y con gags acertadamente diseñados e imbricados en el conjunto. El extraño contratista ejerce de ruptura dramática con entradas y salidas que canalizan las emociones, reacciones y decisiones de los jóvenes contratados, cuyas actitudes y roles van cambiando conforme avanza la trama, destilando todo tipo de pasiones humanas. Desde el optimismo y vitalidad del inicio, ante la promesa crematística, hasta la desconfianza, el miedo y la inversión de los roles. Los depredados se convierten de depredadores (hienas) con un giro final que invierte las emociones en una catarsis colectiva y pesimista. La negritud se apodera de una narrativa que hasta el momento fluctuaba entre la comedía ácida y el drama social.



La inserción de los flash-back permite acercarse a las motivaciones de los personajes y los hechos que conforman sus existencias, al tiempo que sirve de revulsivo frente a temas candentes como la enfermedad mental, la homofobia o el abuso. Los sketches están insertados de modo que el ritmo narrativo avanza sin escollos ni altibajos, abocetando las vivencias de los voluntariosos incomunicados.

El texto posee notable sustancia. Presentado bajo diálogos que amalgaman momentos de amplia comicidad con instantes trágicos, nos oferta una visión desoladora y certera de una sociedad donde el sistema encarcela los pensamientos, anhelos y sueños dentro de una apócrifa cárcel con cristales, en lugar de barrotes. Cristal Prime es una empresa que va a llevar al extremo las emociones humanas de los contratados y extraer de ellos lo más extremo. El tempo narrativo está dotado de energía y  nervio, donde la dirección (Ferrero-Martín) extrae un juego actoral de amplia expresión corporal, correcta declamación y certera definición de los personajes.



El mensaje de una sociedad mecánica, inhumana, de cierto matiz orwelliano y con referencias del “Metrópolis” de Fritz Lang, se ofrece a modo de pinceladas narrativas donde cada escena es un derroche de creatividad visual con aprovechamiento de la opresiva atmósfera (El Molino) y eficiente uso de la luminotecnia (Javi Mata) para potenciar sensaciones y situaciones mediante el uso de colores adecuados a cada espacio psicológico o luces cenitales sobre el personaje de Luis Lucía, de matiz expresionista. El debate moral está presente con la crítica al feroz capitalismo que juega con ilusiones y futuro de una generación Es destacable la claridad con la que todos los jóvenes actores (Alba Cayuela, Miguel Pérez Polo, Esther Lapié, Daniel Lázaro y María Raserón) se meten en la piel de los personajes, enfrentados a ese maquiavélico maestro de ceremonias, expresando diversas emociones y estados de ánimo con naturalidad apabullante. Capaces de realizar la escisión del personaje con soltura y lozanía.  Hay que destacar el apoyo de un eficiente tándem en el sonido (Alicia Sánchez/Kai Salander/Esteban Gómez). Frente a ellos, Lucía notable construcción de un sibilino personaje de matiz psicopático, con diversas texturas y registros, desde la ironía a la sordidez del alma atormentada. Breves confusiones en el texto, con apenas importancia, derivan del ritmo apresurado en algunos diálogos y tienen fácil solución. 


La narrativa, de amplia fuente cinematográfica, se convierte en una espiral cuando los actos de antaño renacen hogaño para repetir el ciclo de la historia. El mensaje es claustrofóbico: no hay salida. Todo retorna, todo vuelve. Conforta y vivífica la aparición de estas nuevas narrativas contemporáneas que arriesgan, juegan con parámetros no transitados y asumen el escenario como arte, entretenimiento y (al tiempo), mensaje reivindicativo o militante. Si lo hacen con la calidad de esta obra de El Avispero Producciones, mucho mejor.

Escrita y dirigida por Simón Ferrero & Isabel Martín

Intérpretes: Jose A. Lucia, Alba Cayuela, Miguel Pérez Polo, Esther Lapié, Daniel Lázaro y María Raserón

Compañía: El avispero producciones (Extremadura)

Duración: 70 minutos

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