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miércoles, 4 de marzo de 2015

Exposición: Tebeos de Posguerra

                                           

Es difícil mensurar cuanto tiene que agradecer el historiador o el cronista al coleccionista febril, que dedica gran parte de sus ocios a reunir catálogos; más o menos especializados; de los más diversos menesteres y querencias. Encontrarse como fuente de información con un detallado inventario de objetos, recuerdos, y cachivaches varios, a los que de otra forma hubiera sido imposible acceder, facilita la labor del investigador. El acceso a un patrimonio histórico reunido, cuidado y clasificado, es apreciado por los que tienen ocasión de estudiarlo a nivel  privado, o como en el caso de estas iniciativas culturales, sirven para promover su acercamiento al público que de otra forma no tendría posibilidades de disfrutarlo. Tebeos de Posguerra, es un paseo por nuestro pasado; el que recordamos o el que queremos olvidar; pero no por ello menos certero y evocador. 
Dividida en cuatro secciones “históricas”, este recorrido por aquellos tebeos apaisados, preñados de aventuras inverosímiles, nos traslada a una época en que los chicos más afortunados, corrían con ilusión a comprar el episodio semanal que les transportaría a lugares exóticos, en aventuras inimaginables. Eran otros tiempos (que duda cabe) y la utopía que transmitían las aventuras imposibles de aquellos héroes invencibles, ayudaba a superar la grisura cotidiana y la plomiza neblina que envolvía al país. Armados de su último ejemplar del Jabato (luchador ibero contra las huestes de Roma) o de El Capitán Trueno (castellano aguerrido y reivindicador) recorrían paisajes exóticos, desiertos inalcanzables, civilizaciones perdidas. Nada escapaba a la imaginación de los guionistas. Rodeados de mayores peligros que sus creaciones, sorteaban la censura y el “efecto Mogambo” que alargaba la falda reticente o rellenaba escotes lujuriosos. Llamado así por la película del mismo nombre, donde nuestros inteligentes Torquemadas, habían convertido una amante (Grace Kelly) en hermana. 



Los inquisidores patrios influenciaron durante años en el mismo concepto del héroe carpetovetónico, creado a imagen y semejanza del mito hispano nacionalcatólico. El monje-soldado, nacido a la sombra directa de El Guerrero del Antifaz; descabezador de morisma; desfacedor de entuertos varios y eterno aspirante al virginal amor de Doña Ana María. La fórmula del trío aventurero fue explotada en diversos tebeos. En El Capitán Trueno, encontramos a Goliat, desempeñando el papel de fuerza de la naturaleza y Crispín que sustituye con astucia su juventud. En los tebeos de El Jabato, encontramos repetido el mimético esquema: Heróe/Forzudo/Personaje cómico, correspondiendo a Taurus y al poeta Fideo de Mileto, estos roles estandardizados, que se repetirían en El Cosaco Verde o El Corsario de Hierro. En todos ellos, una joven vestal (preferentemente soltera y entera) aguardaba pacientemente y sin consumación, el puro amor del héroe. A su favor hay que reseñar que no se trataba de mujeres-florero. Eran beligerantes y estaban a la altura del personaje masculino en cuanto a coraje y entereza. A los funcionarios de la tijera y la goma, no les desagradaba este modelo épico de hembra hispana racial, defensora de los valores patrios como una Agustina de Aragón viñeteada, pese a que las heróinas eran foráneas. Sigrid (amada del Capitán, era vikinga) y Claudia (El Jabato) era una patricia romana. Los muchachos menos favorecidos practicaban el trueque o el alquiler. Sentados; bajo la vigilancia implacable del kiosquero; accedían a mundos desconocidos, desarrollaban su imaginación y un escapismo inconsciente de su entorno. 

En los primeros años del férreo Régimen prevalecen las historietas y tebeos de corte patriótico o directamente sectario (Flechas y Pelayos) dónde la diversión iba paralela al adoctrinamiento o la exaltación de la raigambre y el acervo hispano. Los guionistas preferían lanzar a sus héroes al espacio exterior o a civilizaciones desconocidas, donde el enfrentamiento con la censura era mas leve. Pero no por ello escapaban a los tópicos y la servidumbre política. De este modo los enemigos, incluso de otras civilizaciones, eran representados con rasgos del “peligro amarillo” o con uniformes y escenarios de influencia sovietica. En Freddy Barton el Audaz, aparece una civilización extraterrestre; taimada y aviesa; recién salida de Doctor Zhivago con sospechosos rasgos caucásicos. La Guerra de Corea, la Guerra Fría, agentes secretos invencibles, llenaban las tardes soleadas y las mañanas invernales de aquellas generaciones que vivían con intensidad las últimas hazañas del Capitan Misterio, o dejaban escapar unas sonrisas con joyas como el TBO, dónde las inquietudes de La Familia Ulises, o los inefables inventos del Profesor Frank, se mixturaban con reflejos de una España que comenzaba a salir de la miseria con personajes tomados de la cotidianeidad (Carpanta, Las Hermanas Gilda, Doña Urraca). Junto a estos convivían atípicas empresas como El Inspector Dan, uno de los mejores tebeos de la época; dónde el cine negro se mixturaba con homenajes a las películas de terror de la Universal, con un trazo magistral y claroscuros expresionistas. 





Esta exposición hermana el trazo grueso y el feísmo formal de un mito como El Cachorro, con la línea de físicos alargados y posturas inverosímiles de Gago (El Guerrero del Antifaz, El Pequeño Luchador) creador de una escuela imitada hasta la saciedad. En estas páginas se encuentra una parte importante de nuestra cultura, joyas de literatura gráfica, estan cotizadas como merecen en los mercados de coleccionismo o reeditadas en facsímil para facilitar el acceso a lo desaparecido. Completan la exposición figuras representando a los héroes de las viñetas de estas décadas. Unas viñetas que nos permiten comprender con nostalgia y aceptación, que nosotros; los de antes;ya no somos los mismos.

 




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