jueves, 24 de marzo de 2022

La verdadera lengua de los pájaros. de la luna libros

 

                                              

Fotografía: José Mª Benítez Cidoncha

 

Nos sorprende “de la luna libros” con un libro-paisaje, una suerte de cuaderno de campo poético (Marino González Montero), donde junto a las espléndidas fotografías (José María Benítez Cidoncha) encontramos retazos naturalistas en bilingüe concepto, porque parte de los textos se presentan también en inglés de la mano de Ben Clark. Sorprende (digo) la calidad editorial del producto, la soberbia presentación visual y el difícil equilibro entre los retazos poéticos, la plasticidad señera de las imágenes y su acompañamiento con datos de corte naturalista-ecológico. El aspecto poético corre de la mano de Marino González Montero que no traiciona sus referencias helénicas (Las garzas de ojos glaucos) o nos vuelve a colocar en el punto de mira de Tiresias o nos retorna a lo primigenio de su pluma (digno vástago de Afrodita), a las originarias fuentes de las que beben los literatos (y asomas tras Eneas, majestuoso y solemne) En este poema titulado “Calamón”, Marino González introduce hasta siete referencias clásicas, inspiradas en una impresionante fotografía. Un primerísimo plano, una paleta en azul y rojo, un intenso carmesí desde los ojos del ave que adivina; sin duda; la belleza del verbo que reflejará ese instante supremo que recoge el objetivo límpido, la apertura exacta, la luz precisa, la velocidad certera. Porque si algo tiene la fotografía de aves (y naturaleza en general) es su tremenda dificultad. Acechar en los hides a la espera del instante anhelado, buscar la combinación adecuada de velocidad de obturación (que condiciona en estos casos) con la apertura diafragmática. Y un elevado porcentaje de “suerte”, que nace de las horas dedicadas a estos menesteres.



Este hermosos bestiario de plumíferos nos desvela 50 especies a las que, de otro modo, no tendríamos acceso. Y lo hace en su intimidad más cercana, en sus instantes más reveladores. Esos primerísimos planos parecen extraer alguna suerte de psicología aviaria, sin olvidar la exquisita composición. Ese flou que envuelve la espectral fotografía del mirlo (una de mis favoritas), el efecto poético de la neblina en la fotografía de inicio o esos contraluces negrísimos sobre la paleta de un anaranjado atardecer. Aquí se destila una paciencia colosal y un amor inmenso al trabajo que se está realizando. El camino (como diría Tiresias) para encontrar la verdadera lengua de los pájaros. Las acotaciones; con la narrativa de circunstancias en que se tomaron las fotografías; añaden un ritmo interno al conjunto, con descripciones que nos hacen entender la dificultad de este trabajo, como esa persecución de la instantánea (al final alcanzada) del esquivo Torcecuello.

José Mª Benítez Cidoncha



Hay instantes mágicos del lenguaje, cuando Marino González se aleja de Tiresias, para aproximarse a la orfebrería del verbo. Como esas patas de los Moritos “buril sobre el cieno húmedo” o la Oropéndola cuyo mundo se “ha quedado ciego de caricias”. Es el poeta abierto en canal, sangrante, palpitante. Tampoco abandona su habitual filosofía de la predestinación, que tanta querencia tiene en su obra teatral. Aquí, envuelve con el hálito vital de una hermosa grulla “los días que burdamente creímos tan nuestros”. Es difícil expresar más con menos. Ese palpitar de hombre frente al abismo, esa certeza de paso y breve estancia que se sublima en los ojos de las aves, cuyo concepto del tiempo y la existencia están por encima de todo eso.

Nos hallamos ante un libro ciertamente hermoso, nacido de la pasión y del trabajo. No por ello hay que obviar la imprescindible realidad económica, sin cuyo apoyo es difícil sacar adelante un proyecto de este nivel y que; en este libro; nace de la Ayuda a la Edición de la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes.

Se echan de menos los datos técnicos, acompañando a las imágenes, que tanto habrían disfrutado los aficionado (por poner un reparo). “Cada atardecer es una plegaria” dibuja el poeta sobre la gallarda fotografía de una garza que parece observarnos, altiva y misteriosa; como intrusos en su mundo. Como ignorantes (o míseros aprendices) de la verdadera lengua del universo. La lengua de los pájaros.

José Mª Benítez Cidoncha


sábado, 19 de marzo de 2022

Plácido Ramírez Carrillo. La metáfora como arma

 

                                          


-Recitales, conferencias, Ateneo, colaboraciones en revistas, Asociación de Amigos del Museo, Vocal de cultura de Santa Marina, muchos kilómetros a cuesta para propagar la cultura en los pueblos.  ¿No le da la risa floja cuando escucha a quienes hablan de cultura o reciben prebendas más por sus afinidades que por su mérito?

-Pues la verdad es que si, risa floja, y en lo oscuro. Cuando nadie me ve. A carcajadas por tanto pelaminbres y trepa que hay en la cultura.

- ¿Una metáfora o una buena caldereta? O la caldereta como metáfora de la vida…

-Las dos cosas. Me encanta rebuscar, descubrir metáforas.  Uno de mis libros  el sexto se titula Ensayo de la metáfora (2006) porque cuando la gente me preguntaba que como iba la poesía, le decía, bueno, ahí vamos, ensayando metáforas…  y una buena caldereta une mucho, y te trae recuerdos de otro tiempo, sacia el hambre y aúpa el ánimo (que no otras cosas). También he dicho alguna vez que cuando gane el ciudad de Badajoz, (siete veces finalista) que invitare a mis amigos  a una buena caldereta (incluso) a los envidiosos.

-Ya tiene calle en su pueblo (Puebla de la Reina) ¿Que se siente cuando pasa uno por su propia calle?

-Orgullo y satisfacción, en ocasiones te dan ganas de llorar, como así lo hice en la inauguración en abril de 2007: te acuerdas de los familiares que ya no están, como mi padre. Y se siente algo especial cuando viene tu nombre en las cartillas del médico, porque allí está el ambulatorio, y el centro de día, en tiempos escribía una carta a mi tía Ana Ramírez (q.e.p.d) que murió en tiempos del COVID, y sentí un respingo al poner la dirección. Otra anécdota cuando se aprobó en el pleno, y me mandaron una copia, mi mujer observó, mira para una vez se ponen de acuerdo los políticos. Hubo mayoría absoluta de los partidos que formaban el gobierno municipal, PSOE, PP e Izquierda unida. La verdad que era un reconocimiento que quizás este humilde jornalero de la metáfora, no merecía, no sé. Lo agradezco, sobre todo a mis paisanos. A mi pueblo, siempre lo llevé dentro y lo llevaré aunque no me hubieran puesto esa calle.  

-Vivimos malos tiempos para la lirica (y para todo lo demás) ¿sigue siendo la poesía un arma cargada de futuro?

-Pues la verdad, que tantas redes sociales alta, tanta alta tecnología, Wasap, Twitter, FB…ya creo, que actualmente, no es tanta arma cargada de futuro.

-Caminamos hacia una sociedad donde el postureo se impone a pasos agigantados. La cultura no es ajena a esta enfermedad mediática ¿Puede uno mantener la pureza y la independencia sin caer en la tentación del amiguismo y el favoritismo?



-Cierto, el postureo, el fardar, los premios de fulanito de tal, los me gusta. Parece que a algunos le da derecho a escupirte en el hombro, o en la cara, según la envidia, y si no eres de su cuerda, más fuerte el escupitajo. Se debiera mantener la independencia sin caer en el amiguismo, pero es tarea difícil, desgraciadamente no ocurre eso

-En su poesía hay una permanencia de lo rural, del halo de lo cotidiano. La persistencia del pasado y de lo vivido ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

-Eso parece, el discurso antes era de verdad, mucho más sincero, más puro, directo al corazón ahora es más mediático, y estás expuesto a que en cualquier momento te hagan la cobra. O cosas peores

-El Auxilio Social, la enfermedad, la emigración ¿Qué le dicen estas palabras cuando echa la mirada hacia atrás?

-Me dicen mucho, porque lo he vivido en mis propias carnes. Mi padre emigró a Alemania en busca de un futuro mejor para nosotros, y al poco cayó enfermo de esclerosis múltiple, con tan solo 36 años,  después de veinte años de luchar con la enfermedad murió a los 56. En el 63 nos trasladamos a  Madrid, y en principio compartimos un piso en Leganés dos familias, mi tío Antonio hermano de mi madre. A mi hermano y a mí nos metieron en colegios de auxilio social, en Paracuellos del Jarama, mi hermana que tenía dos años se quedó con mi madre, que tuvo que trabajar duro para sacar a la familia adelante, fregando escaleras y un colegio. Entonces no había ayudas. Y mi padre, no recibía paga ninguna de Alemania, porque al parecer no había terminado contrato. En fin, tiempos difíciles. Yo tuve la suerte de pasar al instituto Nazaret, para hacer el bachillerato, luego al cumplir los 15 compartía trabajo y estudio (ya por libre). Y me puse a trabajar en diferentes oficios. Una infancia  y adolescencia muy dura, pero fuimos felices a nuestra manera. El desarraigo  también fue  un tiempo de silencios. Con ocho años, extrañas muchas cosas ya vividas.

-Repasando los títulos de sus obras encontramos ese continuo aferrarse a la levedad del tiempo, a la precisión del instante. Al fin y al cabo, somos sombra enamorada…

-Sin duda alguna. En Madrid nos silbaba el aire de la tierra, aunque los veranos eran mágicos al volver a la olorosa claridad del pueblo, a la familia a los amigos. Sombra enamorada, y siempre, a la huella de la dignidad.

-Diario Azul del titiritero es una de sus obras. Pero, en la vida real, ¿no estamos rodeados de titiriteros bastante nefastos?

-En mi libro, en el que hizo el prologo el escritor y sacerdote Sánchez Adalid, hablamos de los titiriteros de la palabra, que así me defino algunas veces. Pero en la vida real, en este tiempo de extraños malabares, hay mucho tonto con terraza a la plaza, y que dañan la cultura de verdad, porque van a sus intereses, más que nada, y los que hablamos pues no salimos en la foto.

-Uno es el resultado del agua que bebe, de la fuente y el río del que manan sus experiencias y sus vivencias ¿De que fuentes literarias se alimenta o se ha alimentado?

-Por supuesto, nos influyen las lecturas de la infancia, de la juventud, sobre todo. Los clásicos, generación del 98, los Machado, Juan Ramón, Unamuno, del 27, Lorca, Alberti, Aleixandre… Hernández, Neruda, Huidobro, Blas de Otero, Gabriel Celaya José Hierro, generación del 50: Ángel González, Francisco Brines, José Agustín Goytisolo, Caballero Bonald, Claudio Rodríguez y luego los extremeños, además de los regionalistas Galán y Chamizo, a los tres más recientes Valhondo, Lencero y Pacheco (a los tres los conocí, los traté y con ellos recité) aprendí mucho de ellos. Luego una larga lista de extremeños, sobre todo, Castelo, Bartolomé Collado, José Iglesias Benítez, Ángel Campos, J. C Rodríguez Búrdalo, Santos Domínguez, Efi Cubero, Irene Sánchez Carrón, Emilia Oliva y un largo etcétera.




- ¿Habitamos una distopía donde se recompensa la proximidad a lo coyuntural antes que la calidad y la filiación doctrinaria antes que el buen hacer? Se recrea en el neologismo, en la metáfora de lo cotidiano, en la recuperación del vocablo olvidado ¿Nos sirve el lenguaje para elevarnos desde el abismo de la realidad? ¿Para alzarnos cada día desde este vacío existencial?

-Pues sí, son tiempos difíciles, como siempre para la lirica, a mi me gusta escribir sobre lo cotidiano, sobre el día a día, los poetas somos personas, aunque algunos se crean dioses, o diosas. Creo en la poesía de verdad, de la experiencia, del conocimiento, del hombre …el compromiso del compromiso

-Practica una forma personalísima de artículo de opinión. Lo mismo trae a colación la utilización de la badila de antaño que a esos santos varones (Dios tenga en su gloria) que van de estropicio en estropicio con cargo a fondo público. En su prosa cohabitan la infamia del vividor profesional con la nostalgia del dobláo y la lluvia descreída.

-Así es, desde el principio que me lo propusieron, que fue hace algo más de cuatro años, apadrinado por Tomas Martin Tamayo, que fue quien me animó, y finalmente me empujó a escribir artículos, anteriormente lo rechace porque no me veía en esa faceta y estaba en otros líos literarios. He querido darle , desde el principio un toque muy personal, un poco de ternura poética, informar de algunas actividades culturales que no salen en la prensa, ni en canal Extremadura , para darle visibilidad , como se dice ahora , cuanto se repite esta palabra, un toque o tirón de orejas a nuestros políticos , que a unos les gusta y otros me lo critican, pero es lo que hay,  no sé si acertado, mezcló un poco de todo, y lo difícil es que quepa todo en 400 palabras ,  termino siempre con una frase muy popular que desde el COVID se emplea menos, quedara como recuerdo  ¡Llena otra vez Josué, que nos vamos ¡de momento tengo buenas críticas. Y Josué existe, es real.

- ¿Podrá la poesía librarnos de zascandiles, tumbaollas y palmeros?

-Será difícil, habrá que llamar al Tío de la vara, por lo menos. Creo que ni escribiendo décimas o sonetos con metáforas de piedra de rio, y duro y a la cabeza.



- ¿Se puede sobrevivir de la literatura en la cuna del clientelismo patrio?

-En absoluto, los que trabajamos por la cultura en general, y con mayúsculas, sin esperar nada a cambio, casi siempre nos cuesta tiempo, trabajo, e incluso dinero…nos conformamos con el aplauso y el reconocimiento, si algún día llega, y sino tampoco pasa nada

-En uno de sus poemas (Soñar que la vida empieza), apunta por “oler a lluvia y a verdad”. Un deseo bastante improbable en la realidad y la grisura que habitamos.

-Puede que a lluvia sí, y a claveles rojos. Pero a verdad, en este tiempo de mentira y reflexión, será algo difícil. Cada día se miente más, y son mentiras gordas. Y no crece la nariz.

-Al final ¿Habrá merecido la pena? 

-Posiblemente, así será. Si nos alejamos de grupos y capillitas que son nocivas para la poesía y la literatura. Hace falta más ternura

-Por manipular, nos manipulan hasta la literatura, fomentado y apoyando los acólitos de las distintas divergencias y olvidando o ignorando aquellos que no genuflexan ¿Existe aún esa figura bohemia del poeta maldito?

-Yo creo que no, los tiempos han cambiado. Puede ser que haya poetas de redes sociales, influencers que tienen miles de seguidores quinceañeras en las redes, se ven largas colas en algunas ferias del libro …que nos hace reflexionar hacia donde caminamos. Triste. O te arrodillas, o te quedas en la cuneta

- “Ante lo tirano, ante lo injusto, se vuelve grito mi palabra”. Son versos de su libro “Vereda”.

-Desgraciadamente para luchar contra la injusticia y el mal en la vida real se necesitan métodos más contundentes, aparte de la palabra.  Desgraciadamente,  así es, habría que pasar a la acción, como antiguamente , huelga de hambre , a la protesta , manifestación... te hacen caso según quien gobierne… ya sabemos los extremeños ,por ejemplo ni tren digno, ni autovías  nada de nada solo promesas…milana bonita

-Se ha atrevido hasta con el castúo ¿Tenemos poca conciencia frente a otras autonomías que potencian hasta las últimas consecuencias sus hechos diferenciales?

-Si, el castúo, o el extremeño como nos gusta llamar, existe de alguna manera o de otra, mi pueblo está a escasos 25 km de Guareña la patria de Chamizo. Por eso cuando leí el Miajón de los Castúos, de muy joven, lo entendía perfectamente. Porque, más o menos, así hablaban mi abuelo, mi padre, mis paisanos. Pero es verdad que tenemos poca conciencia, y es mas en ocasiones sentimos como vergüenza. Por eso me atreví y escribí algunos poemas en castúo que era la forma de hablar de mis antepasados…casi siempre en tono reivindicativo.

lunes, 14 de febrero de 2022

La tumba de las luciérnagas. 1988. Isao Takahata

 


La Tumba de las Luciérnagas (Hotaru no haka. Isao Takahata. 1988), es la obra maestra de su autor. Una aportación que dejaba patente que el cine de animación no era, necesariamente, un producto dirigido a niños. Desde el inicio del metraje la opción elegida por el autor se muestra sin ningún tipo de concesión a la galería, cruel y áspera. La producción de Studio Ghibli se abre con un comienzo impactante, adaptando un texto de Akiyuki Nosaka, al principio reacio a la adaptación de su obra, aunque cambió de opinión al ver el resultado.

Seita y Setsuko son dos hermanos que contemplan, sin que les de tiempo de llegar la refugio, el bombardeo de la ciudad de Kôbe por parte de los norteamericanos. Los dos hermanos van en busca de su madre en un viaje iniciático de gran dureza y enorme tristeza. La capacidad de supervivencia del ser humano se enfrenta a la crueldad de que son capaces otros. Para sobrevivir en ese terrible mundo de adultos los niños se van obligados a perder la inocencia, narrado en diversos arcos narrativos, plenos de oscuridad narrativa y tristeza.

El director se vuelca en el diseño de los personajes. La animación es espléndida, la técnica insuperable y se nos presente por medio de una narración fluida. Para la emoción, se apoya en la banda sonora de Michio Mamiya que va desgranando la situación psicológica de los personajes. Tristeza, melancolía y diversos sentimientos nacen de la hermosa partitura que invita al sentimiento profundo y a la meditación sobre lo que estamos viendo.



Este film no gozó de muchas simpatías en el país del sol naciente. Fue de la mano del maestro Hayao Miyazaki cuando, después del éxito de Nausicaä del Valle del Viento (1984), invita a Isao y a Toshio Suzuki a fundar una empresa que llevaría la animación a sus mayores cumbres: Studio Ghibli. La temática, jovialidad y sobriedad de las cintas creadas, los llevaron a lo más alto. Hasta que presentaron esta fuerte crítica a la sociedad japonesa que es La tumba de las luciérnagas. La crudeza autobiográfica del relato (el autor vivió en persona el bombardeo) y el juicio sobre la actitud de los japoneses en esos instantes, el egoísmo latente, no gustaron demasiado a la audiencia.

La visceralidad del relato no solicita escenas lacrimógenas ni fomentar el dramatismo, basando su dureza en la representación y la puesta en escena. Se transmite una enorme belleza en la relación del hermano con su hermana pequeña, condenado a mostrarle una realidad inventada, adelantándose al Roberto Benigni de La vida es bella (La vita è bella. Roberto Benigni (1997).

El autor diferencia los diferentes mundos (el del más allá y el real) mediante soberbias iluminaciones que se misturan con el hermoso acabado de los dibujos, contorneados en marrón, para obtener suavidad.  Mientras los dos niños construyen su realidad se ven obligados a convivir con la otra realidad, la guerra y sus consecuencias. El mundo de los niños lleva banda sonora, el de la guerra carece de ella. El minimalismo característico del estudio sobrevuela los hermosos planos, es utilizado para representar escenas de gran crudeza que la animación consigue sublimar y hacer más digeribles. Las escenas en que Setsuko carga a su hermana en las espaldas están basada en tristes realidades cotidianas durante los bombardeos, donde era normal ver a hermanos cargando a las espaldas a los pequeños. Una de las características de esta obra es que no trata de acercarse a un realismo animado (oxímoron) ya que basa toda su dramática en la densidad de lo emocional, sin importar que los personajes no sean reales.



En La tumba de las luciérnagas, Takahata consigue unos de esos hitos de la cinematografía.  Un soberbio diseño, una estética sublime, un guion potente y certero. El pulso narrativo es modélico, salvo pequeños instantes y la visión del momento histórico está traducida en imágenes inolvidables.  Hay que agradecer al autor esa huida del melodrama al uso, la evasión de la lágrima fácil por el sentimiento más profundo. Mucho más cercana al neorrealismo que al melodrama, dejando que los planos se asienten, sosteniéndolos. En el estilo de la poesía japonesa que utiliza las “palabras almohada” (makurakotoba), a medio camino entre las pausas y la puntuación. Se trata de metáforas preestablecidas El director utiliza estas tomas intermedias para separar dos escenas (al estilo de Yasujiro Ozu) y crear una poesía visual que, al liberarnos del hecho literal de actores reales, no permite fusionarnos más fácilmente con los personajes.



Las referencias visuales beben de la fuente del artista japonés Hiroshige (XVIII) de su discípulo Hergé (creador de Tintín). El sentido del paisaje es evocador y también toma modos de la animación moderna japonesa. Esas bocas insignificantes cuando están cerradas, pero enormes cuando se abren hasta ver las amígdalas, esos cuerpos infantiles y facciones de enorme plasticidad. Esos ojos como platos bebiendo del desenfado conceptual del anime más tradicional. La banda sonora se mueve entre lo lírico y lo dramático, con aires de evocación que envuelve una leve tristeza. El minimalismo nos deja instantes intensos en el tema principal y un bello empleo de la voz femenina. La partitura se vuelca en lo descriptivo, dejando fragmentos pausados e hipnóticos que se integran en lo visual con perfección. El tono oriental no desprecia las influencias de Morricone o John Carpenter o la música barroca. El juego con los vientos es la baza principal. La imprimación con la pantalla es milimétrica, sin excesos, en su justa medida y expresión, subordinando las notas a las vivencias. Huyendo del alarde y encontrando la perfección en la humildad de la propuesta y su poesía latente.

Me quedo con esa escena final: Los espíritus de Seita y Setsuko bien vestidos, parecen felices, se sientan juntos, cercados de luciérnagas. La cámara se mueve desde arriba. Vemos a los dos hermanos mirando hacia abajo a la ciudad de Kobe en el momento actual.



jueves, 3 de febrero de 2022

Satanás de Marino González Montero. La rebelión de las máquinas.

 

                    


En medio de las ruinas de una Hélade derrotada, un luzbel casquivano, empurpurado, con querencia de commedia dell´arte, aguarda; rodeado por la lava; la llegada de Hombre y Mujer. A priori nada de extrañar, tratándose el epílogo de la trilogía que iniciara el autor con “Muerte por ausencia” y “Laberynto”. Una partitura de preguntas primordiales sobre la humana existencia y sus postrimerías que, ahora, alcanza su coda con este “satanito” con modos de pícaro del áureo siglo y con patina de estafador anímico. Un truhán teológico de rica verborrea y ademán de cantante de night-club. Un potente personaje al que José A Lucía le extrae todas las posibilidades, destilando sensaciones, juegos de palabras y actitudes que convierten al ángel caído en alguien por el que el espectador llega a sentir cierta cercanía y ternura. La expresión corporal del actor le obliga a recorrer todo el espacio escénico, parco, pero efectivo. Ese es otro de los estilemas del autor. Los espacios espartanos, las simbólicas ruinas, las zonas de sombras. Lugares donde se desarrolla la ceremonia de la palabra, en un modo teatral que solicita atención del espectador. Porque detrás de su disfraz de sátira, de su lúdica apariencia, habita un embozado mensaje sobre los miedos primordiales, las pasiones ocultas, el desconocimiento del devenir. Marino González Montero disfraza el mensaje de inteligente comedia, lo envuelve en una amplia gama de posibilidades que van desde la esgrima verbal a instantes de musical, del inserto filosófico a la referencia jocosa. El equilibrio entre tan diversas propuestas surge de modo fluido. En una obra de González Montero es posible que en medio de un escenario expresionista y tras un diálogo con aristas teológicas, el Ángel de las Tinieblas se marque una milonga o baile una divertida coreografía con Mujer (Ana García), plena de humor.




Satanás es la culminación de una propuesta circular. La propuesta final que el personaje que Hombre y Mujer encuentran en las ruinas (pensando que se trata de un orate), es la lógica conclusión sobre la situación actual del ser humano. El desarrollo dramático es fluido, jugando con el espacio y con una adecuada iluminación donde rojos y azules crean un ámbito expresionista y una chaqueta roja sobre la columna, es omnipresente símbolo luciferino. Si en las otras obras de la trilogía, las acciones humanas se desbordaban con la intensidad de un volcán, aquí es el mismo volcán el que forma parte del pathos. La recapitulación final y la anagnórisis conducen a una reconciliación de los personajes consigo mismos. Tragedias inmensas en escenarios minimalistas.

El texto es una intensa poesía de lo reflexivo. Juega con las referencias clásicas, sin acartonamiento, introduciendo esas marinomostescadas que sólo son posibles en el universo del autor. Los ramalazos nihilistas, la sombra beckkettiana, el absurdo misturado con la coreografía arlequinesca del Príncipe de la Oscuridad. Es el gran teatro del mundo. Un rincón donde los hombres reciben como don su propia humanidad. Tanto Ana García como Jesús Manchón, desarrollan con fluidez dos personajes que son trasuntos de sus anteriores creaciones, dotándolos de una vis cómica notable y jugando con solvencia con los instantes trágicos. El mito ancestral, el dios desconocido, el abismo y la orfandad humana están presentes en este texto soberbio, pero lo están a golpe de ironía. De humor respetuoso con el público, de inteligente humor luciferino. Un lucifer que utiliza el método socrático para hablar con los hombres.

NAZARET NOVA: PORTADA

Otro de los estilemas del autor, consiste en complicar la vida y la hacienda del compositor que reviste sus letras imposibles de certeras notas. Unos acordes que resuenan en medio de la desnudez escénica, consiguiendo imbricarse en el contexto con fluidez narrativa, sin chirriar. Sin discordancias conceptuales. El mérito lo posee, sin duda, el músico Claudio Gutiérrez, capaz de “cuadrar” con acierto las notas con esas irreverentes estrofas del dramaturgo. Hermosos arpegios de guitarra acústica y certeros acordes de teclado; con hermosos contrapuntos de bajo; ha conseguido transformar textos (en origen inmusicables) en hermosas canciones. El otro extremo es la interpretación vocal de José Antonio Lucia, que defiende las obras con solvencia y naturalidad, desde la perspectiva de un Satanás, vestido de rojo, que “es un truhán y es un bribón…”

Hermosa culminación para este triángulo dramático sobre la falta de certezas de la humanidad (excepto la muerte), para la sed de eternidad y la búsqueda de la belleza absoluta.

No podía tener mejor maestro de ceremonias que ese Luzbel lúdico, canalla y bufonesco.  Un demonio al que Lucia le saca las aristas, lo pule y lo deposita, desarmado, palpitante, en manos de los hombres. Como un inverso Prometeo.

viernes, 14 de enero de 2022

El Estudiante de Salamanca. Cuentos y Leyendas y Novela. La visión de TVE

  





Durante los años 60 y 70 la ficción española fue señera sembradora de cultura, especialmente literatura traducida al incipiente lenguaje televisivo de la época. Es cierto que la bisoñez de las técnicas y las carencias técnicas no permitían demasiados alardes, pero la creatividad de los autores, la imaginación y (sobre todo) la calidad actoral del momento, permitieron una serie de aportaciones señeras y que convirtieron aquella época un momento áureo para el teatro y la literatura. Estudio 1, se convirtió en un referente del teatro televisado, mientras que Novelase especializaba en adaptar grandes novelas a la pequeña pantalla.Cuentos y Leyendas jugó con ambas posibilidades. El ritmo de grabaciones era intenso (entre 30 y 50 al año) que se emitían de lunes a viernes en episodios de unos 30 minutos. El guion fue de Jose María Font, que fue el último guionista en incorporarse a la serie.

El Estudiante de Salamanca(Antonio Chic. 1972.) convirtió los versos polimétricos de Espronceda en prosa y adaptó la historia con los precarios medios visuales, arrastrando todos los hallazgos y todas las innovaciones. En el terreno técnico el uso del primer plano y el plano-contraplano son la marca de la casa. Esta arteriosclerosis visual se sostiene dada la calidad dramática de los intérpretes, su certera dicción, su juego gestual. Sobre unos eficientes y bien diseñados personajes, Sancho Gracia es el achulado y prepotente Don Félix de Montemar[lch1] . El actor extrae al personaje todo un bagaje de actitudes y posturas vitales, recreando al altanero, irreverente y corrompido protagonista. Charo López dibuja una eficiente Elvira de Pastrana de rasgos etéreos y alma intensa. El rol de Diego de Pastrana está desarrollado por uno de los actores de mayor entidad de la época: Paco Morán. La producción peca de uno de los estilemas imperantes tanto en lo cinematográfico como en lo televisivo, el uso destemplado e indiscriminado del zoom para resaltar un instante. La versión de “el estudiante” de Cuentos y Leyendas (José Briz Méndez. 1975) comparte esta lacra visual tan propia del momento. También comparten (curiosamente) un instante en que la cámara contempla un crucifijo en una pared como punto de transición para escenas. La oralidad, que es uno de los caracteres de la obra, queda contemplada en la versión de “Novela” mediante el uso de una canción que transmite los versos genésicos en off, donde se nos va narrando (antiguas historias cuentan) el desarrollo de la historia y que resulta de los más apropiado para desarrollar el entorno dramático. 



En el caso de la versión de Cuentos y Leyendas, el uso de la banda sonora es efectista y para ello utiliza clásicos de matiz siniestro como “Was Requiem. Op 66: Dies Irae. Bach”. Como era habitual en la época en los créditos no se mencionan ni los autores de las obras, ni los títulos, ni las localizaciones. Aunque lo mas nefasto era que reutilizaban las cintas para grabar encima, por lo que se ha perdido gran parte de las producciones de la época.  Las localizaciones en el caso de la versión de Sancho Gracia son meramente anecdóticas, ya que TVE tan sólo podía permitirse el lujo de interiores y decorados bastante menesterosos, como la mencionada pared con crucifijo. El mayor presupuesto y avance en el terreno creativo y crematístico se observa en la escena final donde Sancho Gracia encuentra a la novia-muerte en un callejón de decorado y termina la serie con el rostro de calavera. En el otro caso, existe una aportación creativa más elaborada: altas columnas simulando unas ruinas, espacio exterior con niebla, etc. La fidelidad al epílogo del drama es mayor, ya que Montemar muere sobre la tumba mientras el hermano de Doña Elvira oficia la ceremonia necrófila. Además, hay un conato de efectos especiales donde el rostro de Sandra Mozarowsky se va descomponiendo lentamente ante un soberbio e inconsciente Ricardo Merino (Montemar) que no tiene miedo de Dios ni del Diablo. Los precedentes del drama surgen de obras como El burlador de Sevilla de Tirso de Molina, No hay Plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague, de Antonio Zamora. 



Pero también pueden encontrarse reminescencias del Lisardo (Jardín de flores curiosas), El niño diablo de Vélez de Guevara, El mágico prodigioso o El rufián dichoso de Cervantes. No podemos olvidare una cierta influencia hoffmaniana, lo lóbrego, la literatura gótica. De hecho, la obra postula la entrada en nuestro país del género fantástico a golpe de romancero. En este aspecto, la visión del director Briz Méndez es mucho más próxima al espíritu de romanticismo enfermizo mediante el uso de neblinas, callejones, etc. Las localizaciones salamantinas se reducen a callejones y planos repetidos de la Catedral vieja, donde se desarrolla el duelo entre Félix de Montemar y Don Diego de Pastrana, así como interiores inespecíficos de conventos que podrían corresponder a cualquier ciudad. Briz también opta por la prosa, olvidando el ritmo y la musicalidad de la obra genésica, así como su rica polimetría y adjetivación netamente romántica.

El Don Félix de Sancho Gracia incide mas en la aptitud inconsciente, falta de empatía y soberbia de un personaje desagradable y extremo. El de Ricardo Merino tiene más riqueza poliédrica. Se permite secuencias de canciones de taberna, risas (las de Sancho Gracia son casi ofensivas pro la prepotencia), diálogos jocosos y acercándose más al prototipo de rebelde romántico. El Montemar de Sancho Gracia segrega bilis, cinismo y un halo de psicopatía incipiente. No en vano el autor vive en la época del positivismo y refleja en un personaje sin miedo a lo fantástico esta característica.

 Ricardo Merino se permite cierto halo de grandeza, irreverencia y valentía (no exenta de inconsciencia). En esta versión tiene escaso juego actoral la protagonista: Sandra Mozarowsky, quizás por su primera presencia delante de la cámara, mientras que la interpretación de Charo López es soberbia, rica en matices y llena de aristas.


La trama está imbricada perfectamente en la tradición y maneja con habilidad los topos, con la avanzadilla de lo fantástico introduciéndose en la literatura patria. Nada en el proceso inicial: os juegos de taberna, la oferta de soborno, los personajes mujeriegos, permiten prever el epílogo fantástico, que se aleja del lirismo del prólogo. Montemar es lo dionisiaco, lo negativo, frente a los apolíneo, representado por Elvira y su ciega positividad. En el epílogo también se omiten las referencias religiosas que acompañan la aparición de la figura fantasmal de Doña Elvira y se insiste en que la hybris del protagonista es la causa de su desgracia inevitable. Doña Elvira es un personaje homérico transformado en espectro que guía a Montemar (personaje órfico) por una Salamanca siniestra y fantástica. Hasta el final la soberbia de Don Félix le lleva a querer enfrentarse “con Dios o con el Diablo”, pero tan sólo encuentra espectros de sus víctimas y su víctima mayor; Doña Elvira; en una mistura de ironía y tragedia. Don Félix, como un Orfeo inverso, termina sus días en una ceremonia oficiada con espectros tras descender por la escalera que lleva a una eternidad nada tranquilizadora.

Hubo un tiempo en que la televisión era cultura. En que los textos de grandes autores llegaban semanalmente a las casas de los ciudadanos, que podían escuchar y ver obras clásicas y contemporáneas. Que se familiarizaron con la literatura y el teatro de modo cotidiano. El Estudiante de Salamanca fue una de aquellas Novelas que serían el prefacio de las ficciones seriadas posteriores como La Saga de los Rius, Curro Jiménez. Era el momento de las ficciones basadas en guiones originales y no en obras literarias previas.



El éxito de estas propuestas condujo a realizaciones como Cañas y Barro, La Plaza del diamante o Los gozos y las sombras.  Pero esa, es otra historia.

viernes, 3 de diciembre de 2021

El Gato con Botas. Programa Ópera joven. Teatro López de Ayala

 

                                                     

Yeraldín León

Xavier  Montsalvatge se aproxima al mundo de la ópera después del éxito de “Cinco canciones negras”, su primera incursión en las vicisitudes de la voz humana. Estas obras, escritas para la soprano catalana Mercé Plantada (en realidad le había encargado una), plenas de antillanismo, que se convirtieron en su obra más celebrada y grabada por Victoria de los Ángeles, Caballé o Berganza.

El gato con botas es la primera de sus tres óperas. Montsalvatge intenta parafrasear el estilo operístico característico del XVIII. Para ello remeda los recitativos, las arias, el final feliz o los episodios de ballet, consiguiendo que esta obra se represente prácticamente todos los años, incluso en Broadway, posiblemente por su temática que se adapta a un público más joven. Se estrenó en El Liceu el 1º de enero de 1948 con libreto de Néstor Luján.

La obra está muy influenciada por el impresionismo. Pero no es esta su principal lectura, que bebe de fuentes dispares y enriquecedoras. Desde el cromatismo raveliano (sin duda basado en la lectura de L´Heure Espagnole), hasta el nacionalismo de Manuel de Falla y las referencias dieciochescas. La partitura es neoclásica y plena de efectos onomatopéyicos, que los cantantes recrean con coreográfica certeza, recreando las notas con movimientos o directamente onomatopeyas, surgiendo del cantante. Como el instante en que habla en el interior de la trompa. Montsalvatge dibujó una partitura mitad ballet, mitad ópera bufa, inspirándose en los personajes travestidos de la ópera del siglo XVIII.

Mar Morán


Se ha aplicado una “reducción” de orquesta que, en el original, además de la sección de cuerdas completa, requiere 3 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagotes, 2 trompetas, 4 trompas, 2 trombones, tuba, arpa, piano o celesta, percusión: timbales, caja, xilófono, metalófono triángulo, platillos y gong.

Está escrita originariamente para cinco voces (mezzosoprano, soprano, tenor, barítono y bajo)

La cuerda ataca un vibrante staccato al alzar el telón. Desde la escena inicial del molinero, se aplica un leitmotiv para identificar al gato, consistente en dos rápidos glissandi ascendentes. La obertura es ligera, chispeante con ciertas reminescencias de temas infantiles.

Desde este inicio queda patente el dominio del personaje que tiene la mezzo tanto en lo vocal como en la expresividad corporal. Un hermoso dueto con reminescencias de opereta nos presenta el plan del astuto gato. Durante este andante ya se definen estos dos personajes con certeza.

Elena Rocha


La obra retoma el clasicismo en su segundo cuadro con ese recitativo a piano solo (calmato) que es replicado por el gato en 6/8 con la graciosa canción infantil del Señor Don Gato. A lo largo de la obra, las pinceladas irónicas y humorísticas serán notables.







En el Tercer Cuadro la melodía con añoranzas del verismo, romántica, que preludia el brusco cambio (agitato) y tras la subida del telón encontramos al barítono (Rey) a cuyo castillo llega el gato ceremoniosamente en alas de un arioso para presentarle los conejos. El rey le contesta con un recitativo cercano a la vanguardia del siglo XX por su lenguaje atonal, que se convierte en aria. A destacar el hermoso dueto de corte italiano: En vuestros ojos se asoma un blando fuego. El telón vuelve a caer con la canción de Don Gato en forma de coda.

En el Cuarto Cuadro, tras un interludio desarrollando el tema del dueto, acontece el recitativo. Llega la astuta maniobra del molinero ahogándose y la invitación al palacio del fingido marqués. La estratagema se desarrolla en un número concertante donde los cuatro personajes misturan un diálogo al modo pucciniano. La marcha real se transmuta en interludio cromático para enlazar al siguiente cuadro. La melodía se desarrolla sobre una sola nota, como un recitado.

Quinto Cuadro. Estamos ante un moderato de matiz genésica impresionista. Los acordes cambian y se oscurecen cuando nos presentan el palacio del ogro, sentado en su trono descomunal. El ogro aprovecha para hacer un manifiesto alcohólico de tono grotesco con su aria da capo, con notables efectos vocales cavernosos del barítono Manuel Torrado (Ogro), que se deja engañar por el gato para convertirse en ratón. Las diversas transformaciones del ogro son coreografiadas con imaginación y riqueza visual por la bailarina que imita los diversos animales. El vals de la Danza del Papagayo evoca aires ravelianos.



En adagietto, la Princesa y el Molinero se confiesan su amor, después se transforma en trío con la intervención del rey, en un esforzado juego de palabras que se cruzan para finalizar en “Éste hombre nos conviene a los dos”. Tras el Finale concertante llega la contradanza ceremoniosa a tempo di polonesa, los personajes se despiden saludando al gato.

Sobre las tablas queda sólo el gato. “El cuento ha acabado y mi misión también”. Después de desperezarse, los glissandi de su motivo suenan mientras la luna ilumina su sueño.

Se presenta esta obra dentro de la producción propia con la Orquesta Sem Fronteiras (0SF), formada por seis músicos portugueses y otros seis del Conservatorio Superior de Música “Bonifacio Gil”, bajo la batuta del director italiano Enrico Pagano.

La mezzosoprano Yeraldín León, encarna con solvencia y larga experiencia (debutó con este papel en el Taller de la UC DE Bogotá) la personalidad del astuto gato, componiendo instantes humorísticos con adecuada expresión corporal, desenvoltura vocal y extremada simpatía. La soprano pacense Mar Morán anda sobrada de facultades, enriqueciendo con un timbre, casi pucciniano, una ópera “aparentemente” ligera. Manuel Torrado pergeña un personaje, de tonos metálicos, que se simbiotiza en las transformaciones con la levedad de la bailarina Elena Rocha, perteneciente a Kalik Danza-Teatro y coreografiada por Cristina Silveira. Tiago Matos posee certera declamación y hermoso timbre en los recitativos (casi teatrales) y sobrada solvencia en un papel que solicita vis cómica. Gabriel Alonso es el molinero que confía en las artes del gato para su futuro.

La dirección técnica de la ópera ha corrido a cargo de Javier González Pereira. Una acertada propuesta para acercar la cultura y el mundo operístico a los más pequeños. La mistura entre danza, interpretación y canto es fluida y el empaste con la orquesta y sus onomatopeyas musicales dota de ese aroma naif y lúdico que solicita la representación del cuento infantil. Pero no nos equivoquemos, el mismo Montsalvatge en la didascalia del libreto pone énfasis en no “dar una interpretación demasiado infantil”. De hecho las estructuras musicales y vocales son cualquier cosa menos infantiles, aunque remitan, por coherencia, en determinados instantes a canciones populares se inspiren en estos.

La utilización de un maping donde se van desarrollando algunas escenas o acompañando como fondo, es de lo más acertada. Los dibujos de tono inocente y bello cromatismo, crean un clima acorde con el argumento, enriqueciendo los instantes y sirviendo de transición de sucesos.

Javier González Pereira


Las actividades didácticas se han dirigido al público joven en diferentes localidades como Olivenza, Montijo, La Codosera o Llerena. El día anterior al estreno, el López de Ayala estuvo lleno de niños y jóvenes, alumnos de los distintos conservatorios. Retomar este proyecto “Ópera Joven”, después de los tiempos aciagos que hemos vivido, supone todo un acierto por parte de los promotores. Que instituciones como Diputación de Badajoz se impliquen activamente en estos proyectos culturales de base, es de agradecer. Ricardo Cabezas, Vicepresidente de la Diputación, explicó claramente estos objetivos: “Hemos producido un espectáculo de ópera (es decir, no nos hemos limitado a contratar una producción ya existente) y, complementariamente, hemos conformado un programa con un claro carácter divulgativo y pedagógico gracias a las diferentes actividades propuestas”.

jueves, 2 de diciembre de 2021

Poetry (Poesía). 2010 Lee Chan.dong

 



Lee Chang-dong sabía muy bien lo que hacía cuando reclamó a la actriz coreana retirada Yoon Jeong-hee para su película Poesía (Poetry. 2010). La veterana actriz llevaba a sus espaldas más de 300 películas y ninguno de los guiones que le remitían conseguía convencerla para que retomara su profesión. Hasta que llegó a sus manos el guión de esta película. Mija Yang es una señora elegante que cuida a un hombre mayor y vive junto a su nieto en un paupérrimo apartamento. El descubrimiento del cadáver de una chica flotando en el río y la llegada del Alzheimer a su vida serán los detonantes de su futuro. Miembro de un club de poesía, la protagonista ha creado su propio universo.

Comienza a escribir poesía, pero tan sólo ve a su alrededor sufrimiento, tristezas, muerte. Durante más de dos horas de metraje, Lee acerca al espectador  a verdades del hombre como la felicidad, el arte, el machismo o el sacrificio. Todo el andamiaje se apoya sobre la soberbia interpretación de la actriz y una puesta en escena inspirada y certera.

¿Qué es poesía?, se pregunta la protagonista. “Poesía es buscar la belleza de las pequeñas cosas”, le responde su profesor. Este es el detonante para que Mija comience a ver la belleza cotidiana de simples objeto. Al mismo tiempo un suceso le hará ver la vida como algo no tan hermoso como le gustaría. Esto la hará iniciar una huída de la realidad, refugiándose en las cosas bellas que puede encontrar a cada paso.



Poetry deviene hermoso canto a la belleza. Nos explica que la belleza cuesta y tiene su aduana en la vida. A través de sus fotogramas desfilan los sentimientos elementales o profundos del ser humano. Lo miedos, la angustia, la indefinición de ser humano. Se convierte en certero azogue de las contradicciones que componen el universo humano. La búsqueda de la belleza por parte de Mija es una metáfora de la búsqueda del ser humano para dar un sentido a su vida, para encontrar un horizonte. Cada minuto de este metraje está aprovechado, no hay rellenos, no hay tiempos muertos. Cada imagen y cada plano tienen un sentido propio, aumentado por la ausencia musical, lo cual potencia la belleza de los sonidos originales. Lee posee una maestría inusual para la meticulosidad del plano, enorme inteligencia para el desarrollo a tiempo real y para conseguir que el espectador empatice con el mensaje y la protagonista. Además su capacidad de misturar el dolor con la crudeza, lo hermoso con lo inclemente la convierte en una propuesta palpitante, latente. Plena de sufrimiento, pero también de esperanza y ternura.

La recreación de Yoon Jeong-Hee es sublime. Tan fluida como el curso de un arroyo. No hay excesos, no hay histrionismos. Aquí el llanto y el dolor se derraman mansamente en un ejercicio de sabiduría y coraje interpretativos. Esta ambivalencia entre dolor y belleza no es nueva en la filmografía del autor. Ya en Secret Sunshine (2007) exploraba el perdón en un extenso y lentísimo film. La aparente sencillez de lo narrado oculta complejidades y zonas soterradas. El manejo del tempo narrativo se presta a la reflexión y seduce al espectador por la sencillez con que se acerca a sucesos profundos, por la lucidez de su propuesta.

 

Lee se acerca a lo emocional en modo feroz, no hay progresión dramática al uso. Todo está en lo alto desde el principio, carece del obligado crescendo  al uso, no hay concesiones, pero sin deslizarse en el terreno de lo emocionalmente obsceno, para mostrarnos la fortaleza del ser humano cuando se enfrentan a situaciones límite. La propuesta de Lee es una pregunta básica de la vida: ¿Sería posible la belleza si no pudiéramos compararla con el dolor?



Con ese tempo oriental que destila el director se nos habla sobre la naturaleza de la vida, sobre el lugar de la muerte, sobre la importancia de los recuerdos. Pero la verdadera poesía de esta mujer, incapaz de escribir un poema se da en la propia vida. Esa vivencia de instantes encadenados que llamamos existencia. Construida minuto a minuto. Esa es su verdadera poesía.

Después está la metapoética, el estudio sobre la misión de un artista, donde se vierte la propia identidad del director. Son proféticas las palabras de su profesora ante la frustración de la alumna que no es capaz de crear un poema: “No es difícil escribir un poema, pero tener corazón para escribir uno”. Enfrentada al dilema de hacer lo correcto frente a la conducta de su hijo, Nuevamente el director nos muestra como en otros filmes el poder y el dinero en una sociedad donde todo se puede comprar. Hay un amplio uso de la profundidad de campo (Kim Hyum-seok) con abundancia de tomas largas que sirven para representar el paisaje mental de su protagonista.




La actriz consigue componer un personaje elegante y pleno de complejidad. Sereno, pero jugando con actitudes infantiles y otras veces maduro. Hace del contraste un arte en medio de una puesta en escena que elige la sobriedad como arma. Consigue que sin ocultar nada, el espectador permanezca afuera de sus pensamientos. En realidad la película no busca respuestas. Quizás la vida y la poesía sean una misma cosa y vivir sea sólo ese susurro del viento entre los árboles o un entrañable partido de bádminton frente a la fealdad moral de aquellas situaciones que nos obligan a actuar contra nuestra conciencia. Luz y oscuridad son necesarias para crear un solo poema…

 

lunes, 29 de noviembre de 2021

Frankenstein. La humanidad del monstruo. El Desván Teatro. Muestra Ibérica de de Artes Escénicas. MAE

 

                            


Diversas han sido las adaptaciones del relato escrito por Mary Shelley, nacido de una apuesta en las largas noches de invierno. Fue difícil librarse de la iconografía de la pantalla con respecto al personaje, al que James Whale dotó en 1931 de unas características que definirían las posteriores versiones de la criatura. Unos dones físicos claramente alejados del concepto de la escritora y que, convertían casi en una caricatura, aquel ser que se rebela contra un creador irresponsable y soberbio. No sería hasta la versión cinematográfica de Kenneth Branagh (1994) cuando se recuperaría el concepto original de la criatura: un amasijo de cicatrices y trozos de cadáveres.

Alberto Conejero ha tenido como guía la obra genésica para su adaptación a las tablas. En 1800 la universidad de Ingolstadt (lugar de nacimiento de los Illuminati) poseía gran fama, quizás esto decidiera a la escritora a situar allí el infame experimento del Doctor Víctor Frankenstein en su intento de suplantar la divinidad.

El Desván Teatro ha situado la obra en su ambiente originario. El laboratorio y todos los artefactos poseen un aroma gótico inconfundible que se potencia con el uso de una acertada luminotecnia (Fran Cordero) de matiz expresionista, que potencia los momentos álgidos o sitúa al espectador dentro de la compleja psicología de algunos personajes. Luces azuladas, ocres, contraluces, cementerios con niebla que potencian la escenografía angustiosa de Diego Ramos.

La criatura nace de la notable interpretación de Alfonso Alonso con declamación y timbre de lo más adecuados para el personaje, capaz de expresar los matices de sufrimiento, ofuscación y profunda metamorfosis que solicita este ser repudiado por su “padre”.



Educada sólo en el odio, la criatura sin nombre trata de potenciar sus sentimientos y afecto, algo que le es negado por su creador. Alberto Amarilla compone un investigador que navega entre la soberbia del Prometeo que roba el fuego a los dioses y las tribulaciones y dudas de quien juega con fuego. El uso de los artefactos permite, acertadamente, convertirlo en cadalso, laboratorio, cementerio o puerto, Los instantes escultóricos son de una siniestra belleza, potenciados por el excelente vestuario de Sol Curiel. Coreografías como el instante grupal en el cementerio son de una profunda e inquietante belleza y de un enfermizo romanticismo. Noelia Marló, rica en tonalidades, regala una interpretación plena de frescura para su Elizabeth Lavenza.

La música (Álvaro Rodríguez Barros), se imbrica adecuadamente en la dramaturgia con suaves e inquietantes arpegios e instantes de cuerda con lúgubres efectos. El uso del espacio escénico es plural y acertado, sacando provecho a todas las perspectivas, rincones y posibilidades del aparataje y el escenario.

La obra disecciona ante el espectador dilemas éticos y eternos. Atemporales como la inteligencia artificial o la posibilidad de crear o clonar vida. El deseo del hombre de ser libre, descubrir los secretos de la muerte y la vida, el juego con el orden natural, la responsabilidad o la culpa.

Víctor Frankenstein ha creado su propio Génesis: una criatura a su imagen y semejanza.

Este “Frankenstein” de El Desván Producciones es una recomendable, certera y respetuosa adaptación al teatro de la obra señera de Mary Shelley, que recrea; con precisión quirúrgica; todo el universo nacido aquellas gélidas noches de invierno en Villa Diodati. Hoy convertidos en leyenda.



 

Ficha Técnico – Artística

Dirección. Antonio Castro Guijosa.
Dramaturgia. Alberto Conejero (a partir de la novela de Mary W. Shelley)
Diseño de producción.
 Domingo Cruz.
Actores. 
Alberto Amarilla, Alfonso Delgado, Noelia Marló, Francisco Blanco, Gonzalo Validiez y Ángela Carrero.

Diseño de espacio escénico. Diego Ramos

Diseño de vestuario. Mónica Tejeiro

Composición musical. Álvaro Rodríguez Barros

Iluminación. Fran Cordero

Ayudante de dirección. Juan Vázquez

Diseño gráfico. Alberto Rodríguez

Realización de vestuario. Sol Curiel

Realización de escenografía. Talleres el Molino

Coordinación técnica. Nicolás Sanchez

Administración y producción. Rosario González

Comunicación. Toni Escobero

Fotografía. Esther Patricia Grande e Ivan Ortiz de Frutos

Fotografía cartel. Luis Saguar

Técnico de sonido. Jose Manuel Espinosa (Espi)