miércoles, 29 de junio de 2022

Luz para un paisaje. Plácido Ramírez Carrillo

 

                                                              LUZ PARA UN PAISAJE



 

Decía mi abuela (con esa sabiduría popular que va perdiendo la batalla frente a la tecnología), ese es un “culo de mal asiento”. No acaba cosa ninguna y empieza ciento. También tenía otra expresión de sabiduría cotidiana. “Ese es un reidero”; adjetivo incunable que hace referencia a personas cuyas opiniones, actitudes o conducta, únicamente producen mofa o chacota en el personal. Plácido Ramírez es un culo de mal asiento, con la diferencia de que él sí termina aquello que comienza. En un mundo cultural donde abundan esos reideros, que mi abuela detectaba con castiza facilidad, la aportación de personas como Plácido permite que la cultura sea una textura viva. No un panfleto manejado por los intereses de hunos y hotros. Gracias a todas las personas como él, que hacen posible que la literatura, la música, el conocimiento lleguen a rincones que, de otro modo, carecerían de estas posibilidades ¿Quién hace cultura realmente? Las entidades no hacen cultura. La gestionan. Pueden ser sustituidas por otras sin que apenas se note. Las ideologías no hacen cultura, la deforman. La pliegan a sus intereses, filias y fobias particulares. La cultura de base, de a pie, la hacen aquellos que poniendo muchas veces de su propio bolsillo para gasolina, llevan a un pueblo un espectáculo que combina lo literario con lo musical, ofreciendo su tiempo y sus dones un día y otro. Los que patean el camino y no piden a cambio más que unos aplausos y la satisfacción de compartir sus creaciones.




Vivimos malos tiempos para la lírica. Tiempos en los que el hecho cultural intenta ser captado, doblegado y estandarizado por causas externas. Donde el mensaje se intenta filtrar por el colador de ideologías y credos para que la comida salga en su punto. Un poco de sal y un poco de pimienta, si me permiten la metáfora culinaria. Es frecuente observar como la creación y los creadores se pliegan a lo coyuntural, a lo que se lleva, a lo que va a gustar a determinado sector o tiene más posibilidades de ser apoyado, más por su contenido que por su continente. Flaco favor se le hace a la cultura cuando se somete a lo circunstancial y lo pasajero, cuando  las características de lo artístico son la universalidad y lo atemporal. El autor de Luz para un Paisaje, su último libro poético, desarrolla también su faceta de columnista en un diario del terruño, donde entremezcla la metáfora con la textura social, la recreación del lenguaje con la observación cotidiana de la realidad y su juicio desde una perspectiva humorística. No le arriendo las ganancias (que también lo decía mi abuela). Habitamos una curiosidad de experimento social donde a nadie le gusta que le saquen los colores, pero ellos si se los sacan a los hotros, donde nadie quiere la más mínima crítica, ni reseña. Pero a ellos les falta tiempo para criticar o reseñar a los hunos. La doble vara de medir. El ancho del embudo. La parte estrecha para ti, la ancha para mí. De estos sinsabores, que Plácido irá aprendiendo conforme se introduzca más y más en esa Ítaca, para nada soñada, que es nuestra sociedad. Conforme sus artículos continúen abriendo con su bisturí literario las “cosillas” de hunos y de hotros. Con el tiempo y unas cañas (llena otra vez Josué), el poeta-articulista ha ido edificando un estilo propio, un andamiaje que combina la revisitación de la palabra olvidada, casi oxidada, de una población o grupo social, con el neologismo. Capaz de misturar la claridad de pensamiento, frente al hecho cotidiano con que nos castigan nuestros próceres un día sí y al otro también, con esa visita continua de su prosa al ámbito más poético, con certeras y cotidianas metáforas. El Plácido articulista impregna sus máximas y observaciones del entorno árido e irritante de lo social, arropándolo con el milagro de la palabra bruñida, del verbo recreado.

Como tantos otros, hace tiempo que se dio cuenta de que no existe la Arcadia prometida. El hecho cultural está sometido al hecho actual, la creación al oportunismo. Luchar contra los molinos de viento forma parte del paisaje, pertenezcan los molinos a los hunos o a los hotros.

A lo largo del tiempo, Plácido ha sido cofundador de la Casa de Extremadura de Leganés, de la Asociación Cultural “Puebla de la Jara”, director de la Revista Tamujar, colaborador en diversas publicaciones periódicas. Presidente de la Asociación de Amigos del Museo Luis de Morales o coordinador de los Lunes Líricos de la sala Ámbito de El Corte Inglés, entre otras…

Escaso tiempo a tenido para merodear por las mesas de banquetes donde se reparten las prebendas y se recogen las migajas a los que son fieles a las causas.

Luz para un paisaje es el libro número nueve del autor. Un retorno, un viaje cíclico (como todo en esta vida). Unas palabras que nacen desde la añoranza, en ese “Madrid sin corazón” con que se encuentra el exiliado. Una ciudad de grandes ausencias y de hombres rotos que caminan aferrados a la mano de su padre. Es la tragedia del exilio, de la emigración, del desamparo vivida en carne propia. Una ciudad inhóspita a veces, que por las noches se les escapaba de las manos.



Poesía a píe de calle, pero teñida de una carga  de profundidad social que no precisa de aspavientos, que no solicita hacer ruidos, que no se acompaña de banderías ni sonido de tambores. Porque para denunciar el dolor y la injusticia basta la palabra. La palabra  exacta en el lugar más adecuado. Básicamente en eso consiste la literatura. De esto, Plácido Ramírez conoce todos los senderos. Como aquel jardín donde Borges ofrecía los senderos que se bifurcan. La palabra ajustada, en esa lírica de amplia querencia popular que caracteriza al poeta, el símbolo certero del articulista que dibuja con pinceladas diestras aquella actualidad que nos rodea (y también nos incomoda), aquellos personajes que, directamente y sin rodearnos, nos incomodan un día sí y al  otro también.

La luz que alumbra el paisaje de estas páginas es la figura señera, soberbia y anhelada del padre. Un padre,  cuya mano aferra con fuerza el niño que comienza a mirar el mundo. Por encima de las penalidades, de las dudas, de esa capacidad de retener los instantes como si aún permanecieran que tiene el ser humano. Y que, precisamente nos hace humanos.

Porque sabíamos, padre,

Que la esperanza habría de llegar,

Más tarde o más temprano…

 

El paisaje de este libro está iluminado por la certeza del recuerdo, por la capacidad de sublimar los momentos oscuros (Con la lluvia, padre, llegó la noticia), por otros momentos llenos de plenitud, inolvidables, luminosos:

 

(Y recordaremos siempre al compañero. Y al decir su nombre, no habrá olvido).

 

Los recuerdos del autor forman una hermosa elegía a la vida, al amor, al sufrimiento gozado (si se sufre, es porque antes se amó mucho). Por sus páginas encontramos esa capacidad humana de superar la grisura, de enfrentarse al dolor y la desesperanza. A ese terrible desafío que es la incertidumbre.

 

(Y al llegar la noche, la ciudad se nos escapaba de las manos)

 

Consigue el poeta transmitir la humana trascendencia, la aventura y el desaliento, con ese lenguaje de claridad sonora que se ha convertido en su sello. Esa aventura sonora que convierte la palabra en diáfana sin perder hondura (en el caso de Plácido podríamos decir “jondura”, dada su querencia por el jondo y el modo en que convierte el clásico recital literario en un espectáculo poliédrico y atrayente (como decíamos en el inicio “haciendo cultura”). Ese sello peculiar que le permite escapar de la estridencia para navegar senderos humanos, hacer cercana una tragedia como la que pinta con su pluma en la paleta de estas páginas. Una tragedia colectiva, universal y eterna:

(Como tantos hombres rotos por la rabia

Y las palabras, no llegaba ni siquiera a los labios)

No es ese su caso. A Plácido Ramírez le nacen las palabras como espigas. Detrás de la amapola habita el grito desgarrado, detrás del grito, la esperanza:

(Y recordaremos siempre al compañero.

Y al decir su nombre, no habrá olvido)

Comenzamos presentando al hombre que gestiona desde de base, al militante de la cultura, al animador que convierte el hecho artístico en lúdico, la gravedad en regocijo.  

Sólo queda pedirle que siga por ese sendero y no tome ninguno de los otros que se bifurcan. La historia nos enseña que quienes se adocenan para recoger las migajas del mantel, terminan hozando entre el cieno. Que aquellos que obtienen sus sinecuras acercándose al sol que más calienta, terminan desapareciendo cuando lo hacen sus mecenas (ya sean los hunos, ya sean los otros), que aquellos que destacan únicamente gracias a la prebenda, se convierten en olvido y en notas desafinadas.  O algo aún peor, como decía mi abuela. Se convierten en reideros

Ya solo nos queda vociferar delante de unas birras heladas o unos vinazos del terruño:

¡Llena otra vez, Josué!

miércoles, 8 de junio de 2022

Esperando la carroza. La comedia de los reproches. Suripanta Teatro. Versión de Esteve Ferrer


 

     


                            

Esperando la carroza” es una de las comedias más representativas del “grotesco criollo”, hoy en día convertida en un clásico y referente de la dramaturgia porteña. En esta obra, Jacobo Langsner condensó, dibujando prototipos de la clase media-baja, toda una oda a esas situaciones familiares; desgraciadamente reales; y a esos personajes, aún más reales. El director Esteve Ferrer ha pulido aquellas aristas del original que se enraizaban en exceso en la cultura hispanoamericana, que podrían producir una sensación de extrañeidad o ajeneidad entre el público y alejaban del concepto, más europeo, contemporáneo y cercano, con el que aborda la dramaturgia.

Eligiendo como estética un costumbrismo, cercano a neorrealismo, la veterana compañía Suripanta pergeña  una comedia disparatada, desopilante, ácida y plena de inteligente  humorada negra. Entre las grietas de inteligentes y corrosivos diálogos se cuelan mensajes tan importantes como la situación de nuestros mayores en la sociedad; ese oculto descarte de la tercera edad; el egoísmo latente de los hijos o la telaraña de relaciones tóxicas que; a través de los años; traza la geografía familiar.

Es el principio de una sinfonía de reproches familiares donde el espectador reconocerá la realidad de su cotidianeidad, la lacerante verdad, las amonestaciones, las segundas intenciones y comentarios sotto voce  que en todas las familias surgen. No es de extrañar que, en su momento, la obra produjera el rechazo de ciertos sectores (incluida la crítica) ya que en el espejo social que nos muestra, es fácil reconocerse. El rechazo se refería a la visión de la familia cristiana, el culto a los muertos y los irrespetuoso de la obra, definiéndola como bocaccisca, en la traducción de chismosa, charlatana o bocazas. Obviamente aquellos cronistas no supieron leer entre líneas la inteligente crítica social y la carga de profundidad de este “grotesco rioplatense”.

La adaptación elimina localismos (querés, acostás, vos, reíte, pelotudo, falluta), elimina momentos como la toma de datos de la desaparición de Mama Cora por parte Peralta, o la noticia en la televisión y la dureza lingüística de algunos diálogos (¡Vieja de mierda, la puta que te parió) (La puta que los parió, maricones, para que aprendan), desaparecen personajes (la sorda, Doña Gertrudis), buscando fluidez en la narrativa y transformar en un neosainete disparatado (no exento de mensaje), lo corrosivo y grotesco de la obra genésica, algo alejada de los parámetros actuales, para llevarla al terreno de las emociones cotidianas y su toxicidad, con una visión propia. Aunque por mucho que se pode el árbol, la carga de profundidad social, política y humana del texto sigue siendo un revulsivo en la actualidad.

La armazón dramática de esta divertidísima sátira, esta soportada sobre los arbotantes de unos actores en estado de gloria (difícil destacar alguno), que desarrollan estos personajes-prototipos dotándolos de vida propia y diversidad de matices. Pese a tratarse de una propuesta coral, es obligado reconocer que todos los actores extraen lo mejor de sus personajes, incluso en los papeles más breves como la bonachona Mamá Cora (prácticamente convertida en personaje fantasma, excepto en el inicio y el epílogo) de la que, el versátil Jesús Martín Rafael, extrae todo un catálogo de realidades (bondad, perplejidad, humor) pese a la brevedad del papel. Al igual que en la película, Mamá Cora es interpretada por un actor. El otro personaje de grafía episódica es la joven Matilde, una niña zangolotina y makinera, que vive inmersa en sus melodías ochenteras, interpretada con acierto (e hiperactividad) por Marina Morales. Los personajes que interpretan Ana Trinidad (Elvira) y Paca Velardiez (Nora) son dos verdaderos regalos para cualquier actriz. La frivolidad de la adultera Nora, la femme fatal, está acompañada de un acertado lenguaje gestual y notable sentido del humor, componiendo un personaje entrañable en su patetismo y cercano en sus imperfecciones humanas. Elvira es un arquetipo del cinismo pagado de sí mismo. Nihilista, epicentro de la hipocresía y la falta de empatía. Ana Trinidad regala un personaje divertido en su crudeza humana y en su capacidad de darle la vuelta a la tortilla, con amplio dominio del timing y una vis cómica notable.

Entre el acertado decorado, cuyas piezas cambiables representan el interior de los pisos  o un jardín hay todo un mundo que gravita en torno al chime, el flujo de información (o desinformación) que desemboca en el hilarante momento del (supuesto) funeral, donde todo modo de conducta racional o esperada por parte de los asistentes es pura coincidencia.

La máscara desaparece y cada protagonista aparece como es en realidad. Quizás sea el personaje de Susana, un rol que desarrolla con naturalidad y eficacia Ana García, el único positivo en este maremágnum de cinismo, histeria y egoísmo que se despliega en el escenario. Pedro Montero encarna a Sergio con su habitual vis cómica. Un personaje que se define por sus palabras, como en el instante en que todos van a buscar a Mama Cora, recién desaparecida, y deja caer que van en “su descapotable”. Pedro Rodríguez es Sergio, un hombre con cierta bonhomía y algo perezoso y Simón Ferrero encarna a Jorge, algo patán y el miembro más gris de esta incómoda familia, con su carga de culpa por su nivel de vida desdichada.  Uno de los instantes más dinámicos es la irrupción de Emilia (Matilde Donoso); un personaje que solicita difícil equilibrio entre la tragedia, el histrión y el patetismo; que la actriz saca adelante con meritorio dominio del lenguaje gestual, arrancando carcajadas desde la platea.

Esteve Ferrer se ha inspirado en la película homónima (boicoteada en su estreno) dirigida en 1985 por Alejandro Dorio, donde la familia se llamaba Musicardi. Mientras esperan la carroza que, supuestamente, trae a Mamá Cora, la familia destapa todas sus miserias. Como si de insectos se tratara, los diálogos y actitudes nos van mostrando su conducta, sus modos de supervivencia, sus desdichas. Tras el disfraz de la carcajada, la catábasis de Eurípides (descenso a los infiernos), oculto con el embozo del humor, hay una carga de profundidad que se adelanta a su tiempo a modo de fábula ecuménica.

La música eighties  sirve de transición, dotando de fluidez el desarrollo, donde no hay tiempos muertos.  Esperando la Carroza deviene denuncia social, análisis entomológico de la disfuncionalidad del núcleo familiar, caricatura de la clase media y  estudio de la hipocresía cotidiana. Moviéndose con equilibrio en el difícil territorio de la farsa, La versión de Suripanta es una notable propuesta escénica donde la combinación de lo cómico y lo dramático, el absurdo y lo cotidiano, la sátira y lo descarnado, aseguran carcajadas, reflexión y diversión. Larga vida a la familia Costa. 

                                                      

                                                             EQUIPO ARTÍSTICO

 Autor JACOBO LANSGNER Dirección y adaptación ESTEVE FERRER

Diseño de iluminación JUANJO LLORENS Diseño de escenografía MERCÈ LUCCHETTI  Diseño de vestuario  MAITE ÁLVAREZ Diseño gráfico JAVIER NAVAL  Audiovisual ANTONIO GIL APARICIO (EMBLEMA FILMS) Producción ejecutiva y Ayudante de dirección PILAR GÓMEZ Ayudante de producción JESÚS MARTIN RAFAEL Dirección de Producción  PEDRO RODRÍGUEZ

 Una producción de SURIPANTA S.L

 REPARTO

 PERSONAJES  Y ACTORES

Susana ANA GARCÍA

Elvira ANA TRINIDAD

 Nora PACA VELARDIEZ

Jorge SIMÓN FERRERO

Sergio PEDRO RODRIGUEZ

Antonio PEDRO MONTERO

Emilia EULALIA DONOSO

Matilde MARINA MORALES

Mamá Cora JESÚS MARTÍN RAFAEL

 

 

 

miércoles, 1 de junio de 2022

Entre bobos anda el juego. Amoríos en El Cigarral. Verbo Producciones. Dirección Paco Carrillo

 

 


Los italianos tienen un término (aggiornamento) para designar la renovación o modernización que se aplica sobre algo. Esto es lo que ha hecho Fernando Ramos, traer hasta nuestros días esta comedia de figurón (término tan apto para estos tiempos), que surgiera de la pluma de Francisco de Rojas Zorrilla. El adaptador ha sustituido pensamientos, lugares, referencias y diálogos, tan caros al áureo siglo, por conceptos y situaciones contemporáneas. Entre bobos anda el juego podría ser la primera de las comedias de este subgénero, mérito que también se atribuye El marqués del cigarral, de Castillo Solórzano o a La dama boba de Lope de Vega. Aprovecha para dotar de un sesgo reivindicativo, militante y de justicia sobre algunos temas y conceptos que, en la época eran inviables. El tono ligero (no por ello menos acerado) sirve de presentación, en clave de esperpéntica, de las peripecias y las andanzas de un grupo de personajes, nada envidiables en cuanto a intelecto y pretensiones anímicas. Se maneja con habilidad ese elemento crítico que diferencia al “figurón” de la “capa y espada” tradicional, superando los parámetros habituales de “enredo” de ese mismo macrogénero en base a su posicionamiento crítico sobre los personajes, las clases sociales y la situación de la mujer en el momento histórico. Adoptando un tono burlesco, que se apoya en la excelente expresión corporal y la picardía de los diálogos, se nos presenta una propuesta heterogénea donde se deslindan los géneros. Diálogos desternillantes, amoríos cruzados, caballeros de escaso desarrollo intelectual e hidalgos. Y enredos, muchos enredos. 
Fotografía: Diego Casillas


La sátira dirigida hacia las clases sociales y personajes extremos, constituyen el elemento que aleja esta obra del conjunto de “lances  y capa”, y  la aproxima a un percepción más moderna y reivindicativa, donde la crítica a conceptos morales y sociales (disfrazados de humorada) subliman la comedia de espadones. Paco Carrillo (Las Suplicantes, Los Gemelos, El cerco de Numancia) extrae certeras caricaturas de los personajes humorísticos y dota de amplia humanidad y equilibrio al personaje central. Una Doña Isabel, interpretada fluida y enriquecedoramente, por Isabel Solís, plena de matices.  El carácter del altisonante Don Lucas del Cigarral (Manuel Menárguez), de elemental psicología; y aún más elemental humanidad; es desarrollado con sabiduría escénica dotándolo de amplia humanidad con dominio del timing y amplio registro para un personaje que termina inspirando cierta ternura por su humana simpleza (y su  querencia bisoña por la cornamenta). Pedro Montero (Cabellera), revalida su calidad de actor todoterreno, destilando vis cómica a raudales, con amplia expresión corporal e instantes soberbiamente jocosos, como su transmutación en enano con lámpara. La peripecia se desarrolla con fluidez, equilibrio y amplio sentido del ritmo dramático, eludiendo tiempos muertos entre actos y aprovechando con habilidad el acertado decorado con ese ajardinamiento esplendente. Todo un acierto la puerta rodante (La Caja Escenografía), que permite visualizar (dándole la vuelta) la entrada y salida al aposento, dotando de un intenso ritmo plástico. 

Fotografía: Diego Casillas

María José Guerrero desarrolla el personaje de la criada Andrea con acierto, dotándola de esa bonhomía filosófica y picaresca a pie de calle característica que solicitan estos roles de fámulos. Se desdobla en la hermana (Doña Alfonsa), un personaje puro histrión, en el que desarrolla una certera comicidad, extrayendo instantes desternillantes como su conversación nocturna con el galán. Los prototipos más arduos se han reservado para los personajes de Don Luis y Don Pedro (dos galanes que dejan mucho que desear), cuyo tono esperpéntico solicita amplia y fluida expresión corporal, en ese peligroso límite del exceso. Tanto el galán toreador y “socorrista”, como el pretendiente con declamación dental, ambos deben jugar con la desmesura como arma y la hipérbole como definición de sus personajes, consiguiendo un certero equilibrio que no chirría pese al carácter extremo de las figuras. Bebiendo de las fuentes bufonescas de la Commedia dell´arte.  Dani Jaén despliega un gigoló, de blanquecino rostro, gracias a los polvos de arroz, saltarín y zascandil que lleva la caricatura al extremo, introduciendo en los diálogos letras de canciones contemporáneas sin caer en el exceso sin lo reiterativo. Un recurso con cierto riesgo del que salen incólumes, consiguiendo arrancar carcajadas continuas. Ambos personajes consiguen equilibrar el registro desmesurado, lo esperpéntico (casi circense) y potenciar el movimiento espacial, creando tableaux vivants divertidos y pantagruélicos


Fernando Ramos ha prosificado el verso original con objeto de acercar al espectador no acostumbrado al verbo polimétrico rimado, ha potenciado la figura de la protagonista (Doña Isabel de Peralta), que simboliza con fidelidad  el personaje de una mujer protofeminista que se opone a ser parte de un contrato entre su padre y su pretendiente. También utiliza recursos de acercamiento a los tiempos modernos, con guiños, morcillas y referencias reconocibles, jugando con la comedia de puertas, el esperpento y la más canónica farsa de capa y espada. Además de la tarea de poda en algún personaje y escena que no eran imprescindibles. La música está integrada y sirve de transición ligera y humorística entre actos. Debemos destacar el excelente vestuario, diseñado por Verónica Conejo, que enriquece y sitúa a los personajes. Una obra altamente recomendada de la veterana compañía extremeña, fogueada en argumentos clásicos que nos ofrece el aggiornamento de un texto soberbio.
6 de Mayo de 2022. Teatro López de Ayala. Badajoz
FICHA ARTÍSTICA:
REPARTO (Por orden de aparición): Beatriz Solís, María José Guerrero, Pedro Montero, Fernando Ramos, Rubén Arcas, Dani Jaén y Manuel Menárguez
DISEÑO ILUMINACIÓN: Francisco Cordero
DISEÑO SONIDO: Jose Mato
DISEÑO DE MAQUILLAJE: Lilian Navarro
MÚSICA: Ana Fernández
DISEÑO CARTELERÍA: Alberto Rodríguez
VÍDEO Making off: Alberto Trejo; Visto y no Visto Producciones
IMPRENTA: Grandizo
AYUDANTE DE PRODUCCIÓN: Ignacio Javier
DIRECCIÓN DE PRODUCCIÓN: Fernando Ramos
PRODUCCIÓN EJECUTIVA: Verbo Producciones S.L.
AYUDANTE DE DIRECCIÓN: Eva Maidero
VERSIÓN: Fernando Ramos
DIRECCIÓN: Paco Carrillo
DISEÑO ILUMINACIÓN: Francisco Cordero
DISEÑO SONIDO: Jose Mato
DISEÑO DE MAQUILLAJE: Lilian Navarro
MÚSICA: Ana Fernández
DISEÑO CARTELERÍA: Alberto Rodríguez
VÍDEO Making off: Alberto Trejo; Visto y no Visto Producciones
IMPRENTA: Grandizo
AYUDANTE DE PRODUCCIÓN: Ignacio Javier
DIRECCIÓN DE PRODUCCIÓN: Fernando Ramos
PRODUCCIÓN EJECUTIVA: Verbo Producciones S.L.
AYUDANTE DE DIRECCIÓN: Eva Maidero
VERSIÓN: Fernando Ramos
DIRECCIÓN: Paco Carrillo
 
Fotografía: Diego Casillas


 
 

miércoles, 25 de mayo de 2022

Pequeños Cerebros. Las andanzas del profesor Paco Pepe

 

                 

Pequeños Cerebros de Francis J. Quirós

Una de las variantes más difíciles del teatro es el que va dirigido a los más pequeños. El teatro infantil (que no teatro para niños) requiere adaptar el mensaje, las formas externas y los modos a la capacidad de comprensión (mucho mayor de lo que nosotros pensamos) de los más pequeños. También es el cimiento para formar una cantera de futuros espectadores y conocedores capaces de apreciar con criterio lo que están viendo sobre las tablas. Francis J. Quirós realiza en “Pequeños Cerebros” todo un homenaje a aquellos programas de divulgación científica que aunaban la diversión con la enseñanza. Lo pedagógico con lo lúdico.  Docere dum habens fun. Enseña mientras de diviertes. Quirós atrapa la larga tradición de programas educativos como El laboratorio de Beakman, Alterados por PI, A spacetime odyssey, Cosmos o Mystery Science Theater. Para ello ha reproducido un laboratorio catódico hasta los más mínimos detalles. El profesor Paco Pepe se mueve entre aparatos absolutamente kitsch con la colaboración de un ancestro de “Alexa” o de “Cortana”, llamada XTrini3000, que ejerce de compañera, informante y pluriempleo vario. En clave familiar el profesor chiflado, con reminescencias de Jerry Lewis, presenta una serie de juegos-experimentos donde la interactividad con el espectador y la ruptura de la cuarta pared (con la cual bromea el autor) son el motor que hace avanzar el aparato. “La ciencia es tendencia” repite Quirós, habitado de blanca bata y zapatillas cantosas, tirantes y un juego gestual que es la marca de la casa. No en vano con su heterónimo (el entrañable clown Cucko) consiguió ser ganador del talent showGot Talent España” por unanimidad. Con acertado sentido del timing (algo imprescindible cuando se trata con los más pequeños) agilidad escénica y gran dominio de la improvisación, Francis J. Quirós mantiene un espectáculo que nos lleva viajando desde el átomo, hasta la jocosa presencia de Darwin (que se encontraba en el baño) o los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible). No cabe duda de que la propuesta del actor es de lo más apropiado para este “Teatro en Familia” (Fundación La Caixa), un vehículo adecuado para orientar a los futuros ciudadanos sobre temas tan importantes como la sostenibilidad, la conservación del medio ambiente o el desarrollo de la curiosidad como arma de conocimiento. 



El actor-mimo cimenta su show sobre la fluidez de su expresión corporal, una correcta proyección-declamación, ampliamente versátil, que le permite jugar con timbres, acentos (genial ese habitante del terruño) o hacer de la gamberrada un espectáculo lúdico, educativo, que abre puertas a una posterior investigación al salir del teatro. Construye desde la desmesura y la jocosidad el teatro como elemento vivo, del cual se sale lleno de preguntas y observando la ciencia como algo divertido y gratificante. Quirós ha dado preferencia a lo científico antes que  a lo dramático, a lo experimental que al armazón teatral. Este profesor, un poco friki, nos acerca a un meteorito hallado en la Siberia Extremeña, llamado Señor Blue, combate afanosamente con un pulpo o viaja en el tiempo con un artefacto cutre-salchichero que intercambia consciencias. Un espectáculo  clownesco, recomendable, pleno de ternura, risas, sorpresas. que demuestra que no existe el teatro para niños.Es teatro infantil (que no es lo mismo). Un espacio mágico donde descubrir que “la ciencia es tendencia”.


jueves, 5 de mayo de 2022

Agustín de Almorchón y Metacarpio. El fracaso como una de las Bellas Artes

 



Nos presenta Francis Lucas este falso biopic del peor escritor del áureo siglo. Un literato que tuvo la mala suerte de ser contemporáneo de “personajillos” como Góngora, Quevedo, Cervantes, Calderón o Lope, lo cual ocultó las bondades de su literatura (que tan sólo existían en su imaginación). El personaje está anclado en la más pura picaresca de la época y vuelve (en forma de espectro) para reivindicar su obra, al tiempo que atacar inmisericordemente a los que considera culpables de su fracaso como autor (los anteriormente mentados). El actor consigue que el público se identifique con este deshabitado letraherido, que se ría con el (y mucho), que conozca las peripecias y aventuras (tal vez inventadas) que han conformado al personaje, un golfo frustrado y bilioso.

Una obra pensada como pieza de cámara, representable en íntimos espacios, donde la provocación, la sátira y los juegos de referencias, sirven de guía para la supuesta semblanza de un tipo la mar de divertido (hábil solo en el plectro de su lengua), abocado al fracaso, trasunto de creadores como Ed Wood, territorio donde el fracaso es la medida de la verdadera victoria. Navegando por cárceles, mendigando en Cortes, habitando  la mediocridad como morada y alimento, éste desdichado pasea su fracaso por el Siglo de Oro, representando el porcentaje más numeroso de la sociedad (los que no están tocados por la genialidad). Francis Lucas nos lleva a través de las vivencias del escritor malogrado con expresión corporal dinámica y ritmo dramático envidiable (con débitos al slapstick), jugando con un parco atrezzo (apenas un par de puertas, un jarrón, un asiento) del que saca el máximo provecho para los diversos momentos. Especialmente jocoso el instante en que habla usando las puertas como marco de su rostro, sin olvidar las improvisaciones y “morcillas” con las que atrapa al público y le hace partícipe de canciones y chirigotas. Tras el disfraz de lo jocoso, tras la cortina de la ocurrencia, hay una acerada crítica y una reflexión sobre aquellos que; careciendo de talento y genialidad; poseen un entusiasmo disparatado, un ciego optimismo y un desconocimiento supino de su propia mediocridad.

Agustín de Almorchón y Metacarpio nos presenta las mundologías disparatadas de un infeliz que sufremofas y escarnio de los grandes creadores, la escatología, la antropofagia (literalmente) y todas las penurias que en aquel tiempo se podían tolerar, sin renunciar a ninguna. La agilidad del montaje presenta las extremas peripecias del personaje y sus tropezones con un envidiable sentido del humor. Un monólogo jovial, perspicaz y pleno de “mala milk”, donde Lucas puede lucir su correcta declamación y su versátil paleta cómica, al tiempo que reivindica la figura del fracasado.Aquel que crece a la sombra de otros. Una reencarnación festiva, un Segismundo nacido durante la pandemia de la pluma de Francis Lucas, condenado a llevar alegría y risas por los escenarios (entendemos que a su pesar).


jueves, 14 de abril de 2022

Requiem de Mozart. Coro Amadeus y Anam Camerata. Ibercaja Cultural. Música y Maestros


 
                                          
 
 
 
 
Detrás de la creación del soberbio Requiem de Mozart encontramos una de las historias más extravagantes de la música. Un Requiem, encargado por un misterioso caballero, que Mozart exponía que estaba componiendo para él mismo, pues veía cercana la hora de la muerte.
Desde los primeros compases de la obra, que recuerdan una marcha fúnebre, la Anam Camerata consigue transmitir esa emoción que solicita la partitura. Una melodía expuesta cuatro veces en diferentes alturas con el delicioso contrapunto imitativo en los vientos. En el Introitus se alarga el tema principal con requiem aeternam en los bajos del coro, semejando la eternidad de los muertos. Tras el cambio de tonalidad, la soprano Sara Garvín, inicia la oración contestada con el coro en forte: exaudi orationem meam, ad te omnis caro veniet.
Lacrymosa fue la parte más emotiva de este hermoso concierto con esos conmovedores silencios del  suspiratio en los violines (casi llorando), esa melodía (aparentemente truncada) donde la orquesta inicia una escala ascendente (anábasis), siempre arropando a un certero coro que destila belleza durante los ocho compases mozartianos. Especialmente en la progresión diatónica de las sopranos en corcheas desarticuladas sobre el texto “Resuget”.  Hasta el compás 8 del Lacrymosa fue compuesta por el genio de Salzburgo, el resto fue completado, supuestamente, por su discípulo Sussmäyr, que se inspiró en los bocetos e ideas del maestro.
La escritura despliega diversos recursos retóricos. La agrupación poblanchina sabe extraer (y conseguir) el objetivo de transmitir tristeza y desazón humana ante el Juicio Final, en esa melodía cromática ascendente (Anábasis) y ondulada. En el epílogo, el clamor final de “reus”. Fue completada en su mayor parte por el discípulo Süssmayr (y Eybler), aunque por desacuerdos terminó haciéndose cargo Süssmayr, según las indicaciones de Mozart.
El Kirie es una sobrecogedora súplica, una petición de compasión que nace de la desesperación. El salto de séptima disminuida descendente se utiliza desde el barroco para obtener expresiones de sufrimiento y desesperanza. El Coro Amadeus destila las distintas tonalidades que solicita la obra y extrae unos parámetros sobrecogedores de esta fuga doble, que el compositor expresa con series de notas rápidas, para culminar en esa sensación confusa, inesperada, plena de amargura que se denomina dubitatio. Allí, el coro deja una cierta incertidumbre en el aire, superando con nota la exigencia para las voces altas (en especial la de soprano) que solicita la escritura. Esta Fuga tiene gran complicación: vertebrar la polifonía por el contrapunto entre varias voces, con coloraturas que precisan de agilidad y un virtuosismo que la agrupación demuestra sobradamente, consiguiendo dibujar una intensa emoción.
En la partitura ambos sujetos tienen el mismo protagonismo. El juego contrapuntístico (posibilidad de ser transportado una doceava inferior) sin perder efectividad es; puramente; genial. El viento-madera de la Orquesta Anam Camerata extrae tintes masónicos en la mezcla sonora. Mientras trompetas y timbal repiten la cadencia en dos únicas notas: Re y La, robusteciendo los puntos dominantes. Curiosamente, el epílogo llega en una quinta “vacía”, construcción arcaica que destila una aire antiguo.
Armando Possante



Dies Irae, popularizada en la película Amadeus (Milos Forman. 1984) en una de sus secuencias clave, está compuesto de un texto aterrador y una soberbia narrativa musical cuyos motivos parecen surgidos del más absoluto estado de desesperación humana. Inquietante y señero ese soberbio tremolans que parte de la sección de bajos “Quantus tremor est futurus” y nos transmite esa angustia vital (casi pánico) o temblor. Al de Salzburgo debía llenarle el recurso, ya que retorna al mismo en La Flauta Mágica cuando Papageno deja de ser ratón y se esconde ante la llegada de Sarastro o en el primer movimiento de la Sinfonía nº 25 en sol menor K. 183, donde contiene el dramatismo del tema principal para abrir un espacio de distensión. El coro ataca “ex abrupto” hasta llevarnos a un tornado que devasta la creación, un remolino que culmina secamente, navegando entre el cromatismo ascendente de las semicorcheas en la orquesta, que juega con trémolos en las cuerdas, acordes repetidos en metales o figuras sincopadas. La ira de Dios.  Aquí la orquesta ataca con notas batidas en cuerda y agresivas trompetas, el tempo es desenfrenado, los motivos ascienden y descienden mientras se mixturan con la melodía del coro.
Sara Garvín   Lucinda Gerdhardt Carlos Monteiro
Excelentes los agudos en Rex Tremendae Majestatis, con el ritmo de obertura francesa (maestoso) en la orquesta para señalar la majestad de Dios, que culmina en la súplica dulce y casi de esencia infantil. El diapasón en el Barroco es la representación del Todopoderoso y Mozart intenta recrear esa grandeza con las notas encadenadas, el contrapunto imitativo o el fabordón (tan caro a Palestrina). La orquesta envuelve en una solemnidad mística la súplica del coro, cuyas voces ascienden envolviendo todo el dolor del texto. El resultado es sobrecogedor, con ese equilibrio mozartiano entre lo severo y lo amable, lo abrupto con lo afable, entre lo antifonal y lo homofónico. Entre lo majestuoso y la humildad. Este número coral sirve de transición para esa separación entre Luz-Tinieblas que el compositor selló con su tonalidad favorita, el Sol menor. La versión del coro es conmovedora y dolorosa al tiempo, con las voces adaptando el ritmo punteado de la orquesta o repitiendo la angustiosa llamada “Rex” durante las pausas de la Orquesta. Curiosamente estas sílabas “Rex” caen en el tiempo débil de los compases, causando un efecto sorprendente. El hermoso canon alterna voces altas y bajas con un efecto de jadeo espeluznante, con el metal atronando. La cadencia coral, casi carente de acompañamiento, agoniza en un acorde D abierto (como en el Kirie).
Alonso Gómez Gallego

Recordare, es genialidad mozartiana en estado puro. Un ejercicio de sublime melodía (con referencias a Bach), donde las partes de los solistas de misturan de forma magistral. Tras la conmovedora ternura que surge las voces de Sara Garvín, Armando Possante, Carlos Monteiro y Lucinda Gerhardt, hay un manantial de notas embriagadoras que consiguen camuflar los vericuetos técnicos que encuentran los intérpretes tras el disfraz de lo esencial y lo conmovedor. La orquesta agoniza del mismo modo, casi en íntimo abandono.
Durante el Confutatis, el giro melódico de los bajos consigue simbolizar la ira en su relación interválica (otro estilema mozartiano presente en varias obras)[1] para desaparecer y transmutarse en el epilogo en matices sutiles, latidos y ruegos.
Agnus Dei se supone compuesto en su totalidad por Süssmayr, quien lo relata en una carta a Breitkopf un Härtel (la casa de edición más antigua de Alemania), aunque también es probable la intervención de Mozart, dado la similitud entre compases del Agnus con los compases 39 a 81 de la Misa Brevis en Do Mayor K. 220. Retorna a utilizar toda la orquesta con carencia en la indicación del tempo. Después de un compás de la orquesta, el coro ataca en homofonía. Esta escritura, a pesar de ser íntegramente obra de Süssmayr, podría clasificarse como netamente mozartiana, lo que ha sugerido un acceso a material musical que Mozart habría destinado al Réquiem por parte del alumno.
Coro Amadeus[/caption]
Debemos destacar la pureza vocal de Sara Garvín en “Te Decet Hymnus” con el arrullo del coro, devolviendo una sensación de esperanza. Sobresalientes las interpretaciones de los cuatro solistas, especialmente en Tuba Mirum, con esa trompeta de Gabriel (temible y poderosa), arropando el sólido metal de la garganta de Armando Possante (Tuba mirum spargens sonum) que culmina en esa hermosa secuencia mistura el musgo en la voz de Lucinda Gerhardt, la seda de Sara Garvín y el ruiseñor de Carlos Monteiro, entrelazados (cum vix justus sit seccurus), arropados por el aroma imitativo de la cuerda. Para llenarnos de serenidad. Para elevarnos hacia la luz.
Miguel Morán
Acertada la elección de esta obra señera del maestro salzburgués para cerrar el ciclo “Ibercaja Musical. Música y Maestros”. También para celebrar el 25 aniversario deAmadeus”, hoy convertido en un referente cultural extremeño por sus aportaciones interpretativas, de investigación y sus distintas secciones. Durante la presentación se hizo mención por parte de los representantes de Ibercaja y CB, de aquellos tiempos en los que era necesario contratar orquestas y coros foráneos para poder escuchar una interpretación de este nivel. También se rememoró la figura fundamental en la música nacional de Carmelo Solís, erudito al que nunca se ha reconocido la verdadera importancia de su aportación. Nada extraño en un terruño donde la pirotecnia cultural y el clientelismo, solapan la capacidad y el talento.
El director del Coro Amadeus, Alonso Gómez Gallego, ha obtenido la afinación melódica y armónica que solicita la obra, en base a una formación de Amadeus donde retornan algunos antiguos miembros. Una obra que también requiere dominio del fiato, ritmo exacto y, sobre todo, cohesionar el color del coro. La Orquesta Anam Camerata, sabiamente guiada por el montijano Miguel Morán, nos deja instantes de intensa poesía instrumental, pulso certero  y ganas de volver a escucharlos. Un concierto memorable.
 
 
 

[1] Aria de la Reina de la noche, Don Giovanni o Concierto 20 para piano.

martes, 12 de abril de 2022

La soprano extremeña Mar Morán recibe el premio Especiale Donizzetti en el XIV concurso internacional Giulio Neri

 


La soprano extremeña, Mar Morán, recibe el premio Speciale Donizzetti en el XIV concurso internacional de canto lírico Gulio Neri con un aria de “Lucia di Lammermoor”: Regnava nel silencio, siendo la única finalista española.

El premio «Giulio Neri», dedicado al aclamado cantante al que su ciudad natal Torrita di Siena rinde homenaje con la organización del evento.

El premio especial Donizetti lo compartió ex-aequo la soprano española María del Mar Machado Morán con el tenor chino Sun Tianxufei. El jurado presidido por el célebre barítono Leo Nucci. PREMIO DONIZETTI: ofrecido por el Dr. Amedeo Monfardini y reservado a la mejor interpretación de un aria de Gaetano Donizetti que se puede presentar

 Jurado: presidente Leo Nucci (barítono)

– Andrea Castello (director artístico de Vicenza en Lirica y presidente del archivo histórico Tullio Serafin)

– Eleonora Leonini (directora artística Concurso Internacional de Canto de Ópera Giulio Neri)

– Mauro Montalbetti (director artístico del Sitio Internacional de Arte)

– Tiziana Tramonti (soprano y profesora de la Escuela de Música de Fiesole)

– Riccardo Zanellato (bajo)



 Regnava nel Silencio es un cavatina de la ópera Lucia di Lammermoor, donde Donizzetti compone hermosos adornos sobre palabras como “Pallido”, “Bruna” o “Luna”, especialmente en la palabra suspiro, que da a la cantante una hermosa oportunidad de expresión. Mar Morán se muestra exigente en los tres trinos que escribió el compositor en "si pria limpida" , muestra amplia coloratura y gran expresividad  y amplia agilidad dramáticas, juega con los tonos fuertes y suaves, mostrando una paleta de intensas coloraturas, soberbio vibrato y notable brillo. El vaivén anímico de la protagonista se manifiesta en la diferencia de tonalidad de cada una de las tres estrofas, mostrando un personaje sensible, pleno de miedos y presagios oscuros, que le permite, con su generoso, fiato solventar los largos fraseos. Belcantismo del bueno. Sin afectación, con soltura en las agilidades y ornamentos y  con sincera interiorización emocional. 


 Regnava nel Silencio. Mar Morán      




jueves, 24 de marzo de 2022

La verdadera lengua de los pájaros. de la luna libros

 

                                              

Fotografía: José Mª Benítez Cidoncha

 

Nos sorprende “de la luna libros” con un libro-paisaje, una suerte de cuaderno de campo poético (Marino González Montero), donde junto a las espléndidas fotografías (José María Benítez Cidoncha) encontramos retazos naturalistas en bilingüe concepto, porque parte de los textos se presentan también en inglés de la mano de Ben Clark. Sorprende (digo) la calidad editorial del producto, la soberbia presentación visual y el difícil equilibro entre los retazos poéticos, la plasticidad señera de las imágenes y su acompañamiento con datos de corte naturalista-ecológico. El aspecto poético corre de la mano de Marino González Montero que no traiciona sus referencias helénicas (Las garzas de ojos glaucos) o nos vuelve a colocar en el punto de mira de Tiresias o nos retorna a lo primigenio de su pluma (digno vástago de Afrodita), a las originarias fuentes de las que beben los literatos (y asomas tras Eneas, majestuoso y solemne) En este poema titulado “Calamón”, Marino González introduce hasta siete referencias clásicas, inspiradas en una impresionante fotografía. Un primerísimo plano, una paleta en azul y rojo, un intenso carmesí desde los ojos del ave que adivina; sin duda; la belleza del verbo que reflejará ese instante supremo que recoge el objetivo límpido, la apertura exacta, la luz precisa, la velocidad certera. Porque si algo tiene la fotografía de aves (y naturaleza en general) es su tremenda dificultad. Acechar en los hides a la espera del instante anhelado, buscar la combinación adecuada de velocidad de obturación (que condiciona en estos casos) con la apertura diafragmática. Y un elevado porcentaje de “suerte”, que nace de las horas dedicadas a estos menesteres.



Este hermosos bestiario de plumíferos nos desvela 50 especies a las que, de otro modo, no tendríamos acceso. Y lo hace en su intimidad más cercana, en sus instantes más reveladores. Esos primerísimos planos parecen extraer alguna suerte de psicología aviaria, sin olvidar la exquisita composición. Ese flou que envuelve la espectral fotografía del mirlo (una de mis favoritas), el efecto poético de la neblina en la fotografía de inicio o esos contraluces negrísimos sobre la paleta de un anaranjado atardecer. Aquí se destila una paciencia colosal y un amor inmenso al trabajo que se está realizando. El camino (como diría Tiresias) para encontrar la verdadera lengua de los pájaros. Las acotaciones; con la narrativa de circunstancias en que se tomaron las fotografías; añaden un ritmo interno al conjunto, con descripciones que nos hacen entender la dificultad de este trabajo, como esa persecución de la instantánea (al final alcanzada) del esquivo Torcecuello.

José Mª Benítez Cidoncha



Hay instantes mágicos del lenguaje, cuando Marino González se aleja de Tiresias, para aproximarse a la orfebrería del verbo. Como esas patas de los Moritos “buril sobre el cieno húmedo” o la Oropéndola cuyo mundo se “ha quedado ciego de caricias”. Es el poeta abierto en canal, sangrante, palpitante. Tampoco abandona su habitual filosofía de la predestinación, que tanta querencia tiene en su obra teatral. Aquí, envuelve con el hálito vital de una hermosa grulla “los días que burdamente creímos tan nuestros”. Es difícil expresar más con menos. Ese palpitar de hombre frente al abismo, esa certeza de paso y breve estancia que se sublima en los ojos de las aves, cuyo concepto del tiempo y la existencia están por encima de todo eso.

Nos hallamos ante un libro ciertamente hermoso, nacido de la pasión y del trabajo. No por ello hay que obviar la imprescindible realidad económica, sin cuyo apoyo es difícil sacar adelante un proyecto de este nivel y que; en este libro; nace de la Ayuda a la Edición de la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes.

Se echan de menos los datos técnicos, acompañando a las imágenes, que tanto habrían disfrutado los aficionado (por poner un reparo). “Cada atardecer es una plegaria” dibuja el poeta sobre la gallarda fotografía de una garza que parece observarnos, altiva y misteriosa; como intrusos en su mundo. Como ignorantes (o míseros aprendices) de la verdadera lengua del universo. La lengua de los pájaros.

José Mª Benítez Cidoncha


sábado, 19 de marzo de 2022

Plácido Ramírez Carrillo. La metáfora como arma

 

                                          


-Recitales, conferencias, Ateneo, colaboraciones en revistas, Asociación de Amigos del Museo, Vocal de cultura de Santa Marina, muchos kilómetros a cuesta para propagar la cultura en los pueblos.  ¿No le da la risa floja cuando escucha a quienes hablan de cultura o reciben prebendas más por sus afinidades que por su mérito?

-Pues la verdad es que si, risa floja, y en lo oscuro. Cuando nadie me ve. A carcajadas por tanto pelaminbres y trepa que hay en la cultura.

- ¿Una metáfora o una buena caldereta? O la caldereta como metáfora de la vida…

-Las dos cosas. Me encanta rebuscar, descubrir metáforas.  Uno de mis libros  el sexto se titula Ensayo de la metáfora (2006) porque cuando la gente me preguntaba que como iba la poesía, le decía, bueno, ahí vamos, ensayando metáforas…  y una buena caldereta une mucho, y te trae recuerdos de otro tiempo, sacia el hambre y aúpa el ánimo (que no otras cosas). También he dicho alguna vez que cuando gane el ciudad de Badajoz, (siete veces finalista) que invitare a mis amigos  a una buena caldereta (incluso) a los envidiosos.

-Ya tiene calle en su pueblo (Puebla de la Reina) ¿Que se siente cuando pasa uno por su propia calle?

-Orgullo y satisfacción, en ocasiones te dan ganas de llorar, como así lo hice en la inauguración en abril de 2007: te acuerdas de los familiares que ya no están, como mi padre. Y se siente algo especial cuando viene tu nombre en las cartillas del médico, porque allí está el ambulatorio, y el centro de día, en tiempos escribía una carta a mi tía Ana Ramírez (q.e.p.d) que murió en tiempos del COVID, y sentí un respingo al poner la dirección. Otra anécdota cuando se aprobó en el pleno, y me mandaron una copia, mi mujer observó, mira para una vez se ponen de acuerdo los políticos. Hubo mayoría absoluta de los partidos que formaban el gobierno municipal, PSOE, PP e Izquierda unida. La verdad que era un reconocimiento que quizás este humilde jornalero de la metáfora, no merecía, no sé. Lo agradezco, sobre todo a mis paisanos. A mi pueblo, siempre lo llevé dentro y lo llevaré aunque no me hubieran puesto esa calle.  

-Vivimos malos tiempos para la lirica (y para todo lo demás) ¿sigue siendo la poesía un arma cargada de futuro?

-Pues la verdad, que tantas redes sociales alta, tanta alta tecnología, Wasap, Twitter, FB…ya creo, que actualmente, no es tanta arma cargada de futuro.

-Caminamos hacia una sociedad donde el postureo se impone a pasos agigantados. La cultura no es ajena a esta enfermedad mediática ¿Puede uno mantener la pureza y la independencia sin caer en la tentación del amiguismo y el favoritismo?



-Cierto, el postureo, el fardar, los premios de fulanito de tal, los me gusta. Parece que a algunos le da derecho a escupirte en el hombro, o en la cara, según la envidia, y si no eres de su cuerda, más fuerte el escupitajo. Se debiera mantener la independencia sin caer en el amiguismo, pero es tarea difícil, desgraciadamente no ocurre eso

-En su poesía hay una permanencia de lo rural, del halo de lo cotidiano. La persistencia del pasado y de lo vivido ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

-Eso parece, el discurso antes era de verdad, mucho más sincero, más puro, directo al corazón ahora es más mediático, y estás expuesto a que en cualquier momento te hagan la cobra. O cosas peores

-El Auxilio Social, la enfermedad, la emigración ¿Qué le dicen estas palabras cuando echa la mirada hacia atrás?

-Me dicen mucho, porque lo he vivido en mis propias carnes. Mi padre emigró a Alemania en busca de un futuro mejor para nosotros, y al poco cayó enfermo de esclerosis múltiple, con tan solo 36 años,  después de veinte años de luchar con la enfermedad murió a los 56. En el 63 nos trasladamos a  Madrid, y en principio compartimos un piso en Leganés dos familias, mi tío Antonio hermano de mi madre. A mi hermano y a mí nos metieron en colegios de auxilio social, en Paracuellos del Jarama, mi hermana que tenía dos años se quedó con mi madre, que tuvo que trabajar duro para sacar a la familia adelante, fregando escaleras y un colegio. Entonces no había ayudas. Y mi padre, no recibía paga ninguna de Alemania, porque al parecer no había terminado contrato. En fin, tiempos difíciles. Yo tuve la suerte de pasar al instituto Nazaret, para hacer el bachillerato, luego al cumplir los 15 compartía trabajo y estudio (ya por libre). Y me puse a trabajar en diferentes oficios. Una infancia  y adolescencia muy dura, pero fuimos felices a nuestra manera. El desarraigo  también fue  un tiempo de silencios. Con ocho años, extrañas muchas cosas ya vividas.

-Repasando los títulos de sus obras encontramos ese continuo aferrarse a la levedad del tiempo, a la precisión del instante. Al fin y al cabo, somos sombra enamorada…

-Sin duda alguna. En Madrid nos silbaba el aire de la tierra, aunque los veranos eran mágicos al volver a la olorosa claridad del pueblo, a la familia a los amigos. Sombra enamorada, y siempre, a la huella de la dignidad.

-Diario Azul del titiritero es una de sus obras. Pero, en la vida real, ¿no estamos rodeados de titiriteros bastante nefastos?

-En mi libro, en el que hizo el prologo el escritor y sacerdote Sánchez Adalid, hablamos de los titiriteros de la palabra, que así me defino algunas veces. Pero en la vida real, en este tiempo de extraños malabares, hay mucho tonto con terraza a la plaza, y que dañan la cultura de verdad, porque van a sus intereses, más que nada, y los que hablamos pues no salimos en la foto.

-Uno es el resultado del agua que bebe, de la fuente y el río del que manan sus experiencias y sus vivencias ¿De que fuentes literarias se alimenta o se ha alimentado?

-Por supuesto, nos influyen las lecturas de la infancia, de la juventud, sobre todo. Los clásicos, generación del 98, los Machado, Juan Ramón, Unamuno, del 27, Lorca, Alberti, Aleixandre… Hernández, Neruda, Huidobro, Blas de Otero, Gabriel Celaya José Hierro, generación del 50: Ángel González, Francisco Brines, José Agustín Goytisolo, Caballero Bonald, Claudio Rodríguez y luego los extremeños, además de los regionalistas Galán y Chamizo, a los tres más recientes Valhondo, Lencero y Pacheco (a los tres los conocí, los traté y con ellos recité) aprendí mucho de ellos. Luego una larga lista de extremeños, sobre todo, Castelo, Bartolomé Collado, José Iglesias Benítez, Ángel Campos, J. C Rodríguez Búrdalo, Santos Domínguez, Efi Cubero, Irene Sánchez Carrón, Emilia Oliva y un largo etcétera.




- ¿Habitamos una distopía donde se recompensa la proximidad a lo coyuntural antes que la calidad y la filiación doctrinaria antes que el buen hacer? Se recrea en el neologismo, en la metáfora de lo cotidiano, en la recuperación del vocablo olvidado ¿Nos sirve el lenguaje para elevarnos desde el abismo de la realidad? ¿Para alzarnos cada día desde este vacío existencial?

-Pues sí, son tiempos difíciles, como siempre para la lirica, a mi me gusta escribir sobre lo cotidiano, sobre el día a día, los poetas somos personas, aunque algunos se crean dioses, o diosas. Creo en la poesía de verdad, de la experiencia, del conocimiento, del hombre …el compromiso del compromiso

-Practica una forma personalísima de artículo de opinión. Lo mismo trae a colación la utilización de la badila de antaño que a esos santos varones (Dios tenga en su gloria) que van de estropicio en estropicio con cargo a fondo público. En su prosa cohabitan la infamia del vividor profesional con la nostalgia del dobláo y la lluvia descreída.

-Así es, desde el principio que me lo propusieron, que fue hace algo más de cuatro años, apadrinado por Tomas Martin Tamayo, que fue quien me animó, y finalmente me empujó a escribir artículos, anteriormente lo rechace porque no me veía en esa faceta y estaba en otros líos literarios. He querido darle , desde el principio un toque muy personal, un poco de ternura poética, informar de algunas actividades culturales que no salen en la prensa, ni en canal Extremadura , para darle visibilidad , como se dice ahora , cuanto se repite esta palabra, un toque o tirón de orejas a nuestros políticos , que a unos les gusta y otros me lo critican, pero es lo que hay,  no sé si acertado, mezcló un poco de todo, y lo difícil es que quepa todo en 400 palabras ,  termino siempre con una frase muy popular que desde el COVID se emplea menos, quedara como recuerdo  ¡Llena otra vez Josué, que nos vamos ¡de momento tengo buenas críticas. Y Josué existe, es real.

- ¿Podrá la poesía librarnos de zascandiles, tumbaollas y palmeros?

-Será difícil, habrá que llamar al Tío de la vara, por lo menos. Creo que ni escribiendo décimas o sonetos con metáforas de piedra de rio, y duro y a la cabeza.



- ¿Se puede sobrevivir de la literatura en la cuna del clientelismo patrio?

-En absoluto, los que trabajamos por la cultura en general, y con mayúsculas, sin esperar nada a cambio, casi siempre nos cuesta tiempo, trabajo, e incluso dinero…nos conformamos con el aplauso y el reconocimiento, si algún día llega, y sino tampoco pasa nada

-En uno de sus poemas (Soñar que la vida empieza), apunta por “oler a lluvia y a verdad”. Un deseo bastante improbable en la realidad y la grisura que habitamos.

-Puede que a lluvia sí, y a claveles rojos. Pero a verdad, en este tiempo de mentira y reflexión, será algo difícil. Cada día se miente más, y son mentiras gordas. Y no crece la nariz.

-Al final ¿Habrá merecido la pena? 

-Posiblemente, así será. Si nos alejamos de grupos y capillitas que son nocivas para la poesía y la literatura. Hace falta más ternura

-Por manipular, nos manipulan hasta la literatura, fomentado y apoyando los acólitos de las distintas divergencias y olvidando o ignorando aquellos que no genuflexan ¿Existe aún esa figura bohemia del poeta maldito?

-Yo creo que no, los tiempos han cambiado. Puede ser que haya poetas de redes sociales, influencers que tienen miles de seguidores quinceañeras en las redes, se ven largas colas en algunas ferias del libro …que nos hace reflexionar hacia donde caminamos. Triste. O te arrodillas, o te quedas en la cuneta

- “Ante lo tirano, ante lo injusto, se vuelve grito mi palabra”. Son versos de su libro “Vereda”.

-Desgraciadamente para luchar contra la injusticia y el mal en la vida real se necesitan métodos más contundentes, aparte de la palabra.  Desgraciadamente,  así es, habría que pasar a la acción, como antiguamente , huelga de hambre , a la protesta , manifestación... te hacen caso según quien gobierne… ya sabemos los extremeños ,por ejemplo ni tren digno, ni autovías  nada de nada solo promesas…milana bonita

-Se ha atrevido hasta con el castúo ¿Tenemos poca conciencia frente a otras autonomías que potencian hasta las últimas consecuencias sus hechos diferenciales?

-Si, el castúo, o el extremeño como nos gusta llamar, existe de alguna manera o de otra, mi pueblo está a escasos 25 km de Guareña la patria de Chamizo. Por eso cuando leí el Miajón de los Castúos, de muy joven, lo entendía perfectamente. Porque, más o menos, así hablaban mi abuelo, mi padre, mis paisanos. Pero es verdad que tenemos poca conciencia, y es mas en ocasiones sentimos como vergüenza. Por eso me atreví y escribí algunos poemas en castúo que era la forma de hablar de mis antepasados…casi siempre en tono reivindicativo.