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lunes, 24 de julio de 2017

Los Pelópidas. Las trampillas de la Hélade. Noches de Verano

En 1966 el dramaturgo Jorge Llopis satirizaba en el escenario del Bellas Artes aquellas desaforadas tragedias helénicas, pletóricas de maldiciones, suicidios, parricidios y nefastos pecados a manos deidades veleidosas. "Los Pelópidas" es vocacionalmente iconoclasta, como ya lo fuera aquella "venganza de Don Mendo" de Muñoz Seca. Aquí, el metateatro está presente exprimiendo una ironía corrosiva, con situaciones de un surrealismo atroz y desenfadado, donde el absurdo campa a sus anchas ¿Acaso no lo hace en toda la Tragedia Clásica? Para ello, Llopis toma los arquetipos y los vuelve del revés, les arranca la piel en que habitan y los deja desnudos. Cautivos y desarmados ante el absurdo y la desmesura de la narrativa trágica. 



Florián Recio adapta los ripios de Llopis para esta hilarante astracanada, le añade situaciones próximas y referencias reconocibles por el público, partiendo del lenguaje de los 50 y con cariñosas referencias castúas. 
La veterana compañía Suripanta, aborda el desafío en una escenografía (Ana Garay) llena de trampillas (casi un trasunto de las comedias de puertas) y casi con aire de vodevil. En esta vuelta de tuerca del panegírico heleno nada es lo que parece. Los amantes son hermanos, los hijos son padres, las criadas; herederas; las fámulas se convierten en madres y un largo etc, desternillante. Sobre todo en el último tramo.


En "Los Pelópidas" lo importante es el verbo. La utilización del lenguaje como arma arrojadiza, como denuncia, del absurdo como postura intelectual frente al absurdo cotidiano. Aquí la labor de Florián Recio ha sido notable, en cuanto a contribuciones personales se refiere, sobra una joyita de texto de los que ya no se escriben (desafortunadamente) hoy en día. La apariencia estrambótica y surrealista de la trama. oculta cargas de profundidad de amplio calaje, sostenidas por una literatura dramática de primera división, plena de inteligencia, de juego verbal, donde el retruécano o el análisis lúcido y humorístico de la condición humana, son la contraste.
Bien saben los amantes de Talía que; pese a la patina que cubre a los interpretes del drama en estado puro; la comedia es la más difícil de las artes. 



Y esta compañía sale con orejas y rabo (si es políticamente correcto el símil taurino) de esta aventura tebana. y casi "montypythonesca"
Los actores demuestran las tablas y el buen hacer de la compañía, en roles tan diferenciados como el usurpador Phideos (Simón Ferrero) y su aire "makinero", que regresa al escenario en el epílogo para bordar una sorpresiva madre (Arsinoé) en este embrollo heleno-genealógico, Paca Velardiez se aposenta en el piel de Electra para extraer una "vis cómica" certera que caricaturiza las heroínas de la Hélade clásica. Excelente también Eulalia Donoso con una Yocasta desternillante, y casi expresionista,  con influencias de aquella "Doña Urraca" de posguerra. dibujada por Miguel Bernet Toledano, habitada de luto de pies a cabeza. Todos los actores de este montaje dirigido por Esteve Ferrer, cumplen sobradamente con sus roles. haciendose cercanos, e insuflando vida. Destacar a la divertida Menesta (Ana García), al sorprendido rey Ántrax, que retorna a un mundo del revés, interpretado por Pedro Rodríguez de cuidada dicción y "vis cómica" notable. Otro personaje destacable es la creación que Eva Rodríguez hace de una Creosota disparatada e impetuosa. Juan Carlos Tirado recrea un Faetón de Estraza que representa a todos aquellos acólitos, escuderos, criados y pícaros que acompañan al protagonista en la dramaturgia clásica. Su personaje consigue el equilibrio entre lo esperpéntico en el lenguaje gestual (sobre todo al inicio), para madurar en un imprescindible amigo-filósofo. Posee un notable timbre y proyecta la voz con precisión.



Jesús Martín Rafael extrae con naturalidad (está sembráo, dicen en mi pueblo), un Zeus esperpéntico y tronchante, para transmutarse en mensajero que hace parecer sencillo el arte de la comedia. Se echa de menos una música diegética más eficiente, que jugara con personajes y situaciones, representando con sonidos y notas los estados de ánimo, los constantes cambios y; sobre todo; un leitmotiv para las originales apariciones de los personajes en las trampillas, etc . El maquillaje y caracterización han corrido a cargo de Pepa Casado, con vestuario de Maite Álvarez y eficiente diseño de iluminación de Juanjo Llorens


El publico pacense rió sin parar con esta hilaro-tragedia donde los arquetipos helénicos (y universales) se aproximan desde la vertiente del humor más satírico. Propuestas tan valientes como esta, sirven para hacer el teatro más próximo, para darle un sesgo de vecindad. Aunque tras la aparente sencillez de este puzzle helénico, hay mucha enjundia, muchas tablas y (afortunadamente) mucha inteligencia.


                 REPARTO
Pedro Rodríguez
Paca Velardiez
Simón Ferrero
Juan Carlos Tirado
Eulalia Donoso
Jesús Martín Rafael
Ana García
Eva Gómez
CUADRO ARTÍSTICO TÉCNICO

Diseño de Iluminación: Juanjo Llorens
Diseño de Escenografía: Ana Garay
Diseño de Vestuario: Maite Álvarez
Dirección de Producción: Pedro Rodríguez
Ayudante de Producción: Pilar Gómez
Producción Ejecutiva:  Suripanta S.L
Versión:  Florián Recio
Autor:  Jorge Llópis
Dirección:  Esteve Ferrer

 


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