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lunes, 2 de julio de 2018

A5. Vocal Ensemble. Le Goût Français. Apoteosis Barroca. Convento de Santo Tomas. Sevilla


                  



Una de las acepciones del vocablo “goût” es justamente: estilo. Y estilo derrocha el A5 Vocal Ensemble, en este paseo por el amor y la muerte del barroco frances, que abarca sus tres épocas desde el primero al tercer barroco (Charpentier muere en 1733)  y con muestras de la primera etapa y su lucha contra la polifonía. Un extenso y ecléctico programa.
Los motetes del occitano Guillaume Bouzignac se conservan en dos manuscritos. El poliinstrumentista, fue uno de los autores de mayor nivel de la época, imbuido por las más excelentes tradiciones del arte polifónico de la edad de oro. Con conceptos musicales en sus motetes que profetizan a Charpentier o Carissimi. Injustamente olvidado, quizás porque nunca vivió en Paris y trabajo en iglesias menores. De este autor el coro seleccionó tres obras, interpretadas con exquisita limpidez y elegancia. Con esa pureza que el autor imprimía a sus obras, ese valor estético y funcional en los grupos de sonido, lo imprevisto de sus relaciones y oposiciones, tan lejanas de la oscuridad de Victoria, o la pompa suntuosa de los sonidos venecianos. Estas son melodías claramente “modernas”. Exquisitas armonías, largas y reposadas notas dentro un empaste perfecto para este impresiónate motete  SATBB: Ha! Plange filia jerusalem (Crucifixión). El “Jubilate Deo”, Salmo 99 (Pentecostés), es un riquísimo juego cromático que el coro atacó con brío y precisión, elevando el himno doxológico, apoyándose en la excelente acústica de la bóveda del Convento Dominico de Santo Tomas.

Excelente la superposición de las distintas texturas para el “Fuge Dilecte mi” (Cantar de los Cantares), super Montes, super montes...
Étienne Moulinié vio como muchas de sus composiciones se transformaban en textos sagrados, para su uso en la iglesia, pese a que había escrito géneros como “airs de cours” y “airs á boire”, nada más lejano del recogimiento sacro. Otras de sus obras fueron de concepto religioso desde su génesis. En las 36 composiciones que se recogen en la colección “Mesianges Cristianos”; prácticamente un testamento musical; destaca su control de armónicos, el denso y claro contrapunto, unido a innovadoras disonancias, a las que el mismo hace referencia en el prefacio de la colección. En Alemania, el luteranismo abocaba a una religiosidad severa, en Italia el virtuosismo de castratos y violines conquistaba las cortes. En Francia convocados por el rey, esta corte de músicos desarrollaba el “gout français”. El motete se crece en este primer Barroco, con compositores como Moulinié, cuya capacidad motetistica da paso al cambio del Renacimiento al barroco musical, con los ideales de la Contrarreforma filtrados con ese “gusto” genuinamente frances. Diversidad rítmica y melódica. 

El diseño armónico de las melodías de Moulinié es muy riguroso, estable, asertivo y claro,  así como el contraste entre  timbres y números. Lo que se busca ahora, y Moulinié lo deja muy claro, ya no es impresionar con la complejidad del contrapunto o del número de voces. Ahora, en estos primeros años del Barroco, los compositores buscan una mayor expresividad, buscan impresionar por la belleza, la intimidad y la emoción que surgen de estas obras, siguiendo así los ideales de la Contrarreforma romana (obviamente filtrados con un gusto y un estilo totalmente franceses).
“Lauda Sion” es una secuencia de la misa de Corpus Christi. Un motete a cinco al Santo Sacramento. Durante la interpretación de “Fulcite me Floribus”, el grupo jugó con las frases y respuestas, recreando una pieza de gran belleza. Las partituras de Moulinié requieren gran virtuosismo vocal sin olvidar esa “dulzura francesa”; de aspecto más teatral; de reminiscencias cortesanas,  que las aleja del madrigal italiano.
Couperin fue una leyenda del teclado en vida. El Kirie de la “Messe pour les Convents”, de François Couperin fue desgranado con técnica y sentimiento por Juan Batanero, consiguiendo un instante de gran intensidad sacra para un género (Organ Mass), que estaba gobernado por estrictas reglas, relacionadas con la liturgia y en las que el “estilo francés” consiguió colocar diferentes configuraciones musicales, en conjunción con las partes escenificas de los diversos instrumentos. 
Le restaba una libertad muy limitada al organista, que difícilmente podía desarrollar (un poco) el acompañamiento de Offertory, Elevation y Deo Gratias. La misa de convento no poseía canto llano. Las dos misas de Couperin representan el apogeo del género en Francia.
Charpentier es uno de los compositores más olvidados y originales del Barroco. De enorme elegancia en el contrapunto vocal. La agrupación eligió una obra señera “Le Renienment de Saint Pierre”, donde se recrean las negaciones de Pedro, con Teresa Martínez en un papel masculino (Pedro). Charpentier supo alejarse de los esquemas estilísticos rígidos de Lully, consiguiendo un lenguaje musical de flexibilidad expresiva, con contrastes  instrumentales, vocales y de color, que beben de la operística italiana. El oratorio “Le Reniement de Saint Pierre” fue todo un tour de force para la agrupación. Los diálogos y contrapuntos que dramatizan la narración bíblica, fueron desarrollados con afinación y empaste por las voces, recreando el clima con amplia ductilidad. Excelente la densidad del bajo Alejandro Ramírez, la agilidad del tenor Julio López  o los hermosos timbres de las sopranos María Jesús Pacheco y Raquel Batalloso, que supieron jugar con los contrastes dinámicos obteniendo, una gama cromática amplia y de gran brillo.
Ningún otro compositor podría haber escrito la partitura para la bellísima oración de San Buenaventura (siglo XIII) “Transfige dulcisime Jesu”. Conectando las secciones de 5 voces en tutti y los pasajes más íntimos con 1, 2 o 3 voces. Charpentier transcribe magistralmente en su música la expresividad y la sensualidad del texto, mediante un contrapunto denso y variado. Esta es una obra plena de matices, y espiritualidad, amplios paisajes sonoros y belleza estructural. Es exigente y compleja. Los melismas se elevaron, apoyados en la notable acústica de la iglesia. Tremendamente hermoso ese juego final de timbres: et firma, et immobiliter semper sit radicata mens mea, et cor meum


Rameau quizás haya sido el más grande orquestador del siglo XVIII. Usaba todo tipo de percusiones, desde timbales comunes a redoblantes, tambores gigantescos y panderetas. Tiene escasa obra sacra
Componer una fuga coral o un motete no es un esfuerzo menor a componer un concierto para piano.
El motete “Laboravi Clamans” Treaty of Harmony ... , París: Ballard, 1722, p. 341
Género: Motet
Catálogo: RCT 16 fue una obra que Rameau utilizó este trabajo como un ejemplo para la parte dedicada a la fuga en su 'Traité de l'Harmonie', donde teoriza sobre el “bajo fundamental”.
 Esto podría ser un movimiento de un motete perdido. Una hermosa y sentida interpretación del A5 Vocal Ensemble, extrajo de esta obra toda la belleza y espiritualidad que emana de esta hermosa notación. Este concierto fue ofrecido como primicia por A5 Vocal Ensemble, para los afortunados espectadores que se acercaron al convento de Santo Tomas. Numerosos aplausos de un público que sabía muy bien lo que había escuchado, muchos de ellos músicos. Un extraordinario programa de apoteosis barroca. 




PD: Es tan solo una opinión de este cronista, pero si los programas se acompañaran con el idioma nativo de las obras, sería más fácil su seguimiento.