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martes, 4 de noviembre de 2014

Adam Resucitado

Título en V.O.: Adam resurrected
Nacionalidades: USA Año: 2008 
Duración: 106 min.
Género: Drama
Color o en B/N: Color
Guión: Noah Stollman
Fotografía: Sebastian Edschmid
 No cabe duda que con esta película Paul Schrader se mantiene fiel a sus estilemas y obsesiones cinéfilas. A esos personajes autodestructivos, condenados al dolor, por los que tanto aprecio siente el antiguo guionista de Taxi Driver. Adam Resucitado, esta basada en la novela "El hombre perro" de Yoram Kaniuk, acometiendo una tarea que en su día se habían planteado genios cono Werner Herzog o el mismísimo Welles, y que arrastraba la maldición de infilmable. El actor-fetiche de Schrader, Willen Dafoe, interpreta al comandante del Campo de Concentración dónde recluyen a Adam Stein (Jeff Goldblum) un famoso cómico judío de los años 30. En una exótica mezcolanza de Alguien voló sobre el nido del cuco, El pequeño salvaje y La Lista de Schindler, el cineasta trata de huir de la truculencia que podría esperarse, y se concentra en las secuelas sicológicasy los demonios interiores, resultado de esta tragedia. Esto permite a un actor como Goldblum; todo el tiempo en escena; recrear un personaje en una extraordinaria performance donde el genio, loco, cuerdo o canalla (nada queda claro) domina un paisaje patético en su endogamia, descolocando al espectador con sus recuerdos y flashback en blanco y negro. Este intento de exorcizar los fantasmas del pasado, de utilizar la locura como cauce ante el dolor, resulta chirriante en algunos momentos. El director fuerza el histrionismo del protagonista y lo extremo de las actitudes, de un desaprovechado Derek Jacobi, y una morbosa enfermera, personalizada en Ayelet Zurer, que podrían haberse exprimido aún más. Buscando fidelidad en sus universos enfermizos, Schrader dirige una mezcolanza de tremendismo y frialdad que solicita cierta complicidad del espectador para proyectarle hacia una redención; quizá un tanto precipitada; que llega de la mano de un niño que cree ser un perro y desata los fantasmas ocultos del cómico. Durante su estancia en el campo, Stein había sido obligado a vivir como un perro por el comandante, era su mascota personal. 

También acompaña con el violín a los que caminan a las cámaras de gas. Un día se ve obligado a tocar mientras su mujer e hija transitan hacia la muerte. Deshumanizado, desciende a los infiernos de la locura para sobrevivir, hasta ser internado, después de la guerra en el psiquiátrico dirigido por Derek Jacobi, en donde crea su particular universo, manipulando, entreteniendo, seduciendo a la enfermera y escapando de la realidad que les rodea. Todo en el filme es excesivo, algo comprensible en un sanatorio dedicado a supervivientes de los campos nazis, que niegan su condición o la disfrazan con diversas anomalías y patologías. Hasta que Stein, en una escena magistral e incomoda, consigue que se reconozcan como tales y comiencen su catarsis. Todo es insanía y agobio en este metraje, que por algunos momentos parece escapar de las manos de director para seguir su propios dictados, ausentes del mundo racional y cercanos a la esquizofrenia que se nos narra. El espectador se asoma a un vacío existencial, a la aventura sombría en que Steiner trata de salvar al niño-perro, para  alcanzar su propia redención. En Adam Resucitado aparece el dolor del superviviente que demanda cada día al cielo la razón de la muerte de su hija. La razón de tanto sufrimiento. Esta pregunta retórica flota como una niebla insana, como una atmósfera maldita sobre la que giran los personajes (y sus consecuencias) todos ellos convertidos en tiovivo de un destino que no solicitaron. Goldblum, especializado en personajes torturados; de compleja psicología; como en El sueño del mono loco o Mr Frost, se recrea en un personaje hecho a la medida. Quizás por esto su redención final descoloca, hace que pierda fuelle todo el tortuoso entramado que se nos había ofrecido. La originalidad del guión se basa en huir de mostrar la violencia y la sordidez que tan caras son al género del Holocausto. La violencia ejercida por el comandante nazi es mucho peor. Es el descenso a los abismos de la degradación, que le ofrenda a cambio de la vida su dueño y señor; interpretado por el siempre eficiente Willen Dafoe. Es la aceptación voluntaria de esta nociva parafilia por parte de Stein, ya que en ningún momento se le trata con violencia física. Incluso hay una cierta; y terrible; complicidad entre dos seres desarraigados de si mismos, en un perverso juego de espejos. Toda la construcción está estructurada para incomodar al espectador. La narración fragmentada, la idefinición, los gestos, los arrebatos, los monstruos interiores, la caricatura desmesurada, la luz; fría como una navaja; los incómodos giros del guión que nos inducen a subir en su montaña rusa. La novela gozaba del extraño honor de su inclusión en la infame lista de films infilmables (añadamos el Ulises de Joyce, Cien años de soledad, Absalóm o Rayuela) hasta que Schrader se empeñó en llevar a la pantalla este estudio nebuloso sobre los efectos del dolor en el alma. Sin llegar a alcanzar las cotas de intensidad de Aflicción (Nick Nolte), Schrader disecciona el alma humana, en un difícil equilibrio entre el ridículo y lo terrible de algunas escenas. Personajes al límite, diálogos desapacibles, histrionismo actoral, zooms que desarman, componentes simbólicos o míticos que componen un microcosmos; ciertamente incómodo; e inquietante. La pregunta final es si nos encontramos ante una narración sobre el holocausto, o sobre los recovecos de la mente humana. Sobre las dos cosas. O sobre ninguna. Quizá pudiera explicarlo la  turbia y morbosa enfermera (Ayelet Zurer), quien se siente fascinada por el hombre asomado al abismo. Hombre que pierde todo magnetismo para ella, cuando se recupera y vuelve a la grisura del ser humano cuerdo. A la cotidianidad nuestra de cada día.

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